Úbeda 2008

Saqman el 7 Septiembre 2008

Este verano, como viene siendo habitual, multitud de fans volvieron a congregarse en el Congreso Internacional de Música de Cine “Ciudad de Úbeda” que, año tras año, se ha revelado como el más importante evento para los amantes de las bandas sonoras de películas. Nombres como John Scott, Roque Baños, Joel McNeely o Patrick Doyle se acercaron allí paraa deleitar al público con conferencias, firmas de discos y conciertos.

Una pequeña muestra, grabada por un videoaficionado, del famoso “Non Nobis Domine” del film Enrique V, de Patrick Doyle, y del himno que sirvió como tema principal para La Caza del Octubre Rojo, del desaparecido Basil Poledouris. Espero que, a pesar de la calidad de sonido, lo disfrutéis.


Aquí va otro de esos artículos nostálgicos y autocomplacientes de cuando era un chavea. Se está convirtiendo en una rutina, pero cuando estás en esa frontera que son los treintaytantos en los que tienes aún tan frescos los recuerdos de tu infancia y juventud, nunca está de más solazarte y compartir estos recuerdos.

En esta ocasión le ha tocado el turno a un cómic que yo creo que es muy poco conocido en España, pero que me trae unos recuerdos verdaderamente imborrables. Se trata de un cómic holandés titulado “Bermudillo, el Genio del Hatillo“, creado por el dibujante Pieter Cornelis Wijn y por el guionista Thom Roep.

Los cómics tratan sobre las aventuras de un peculiar hombrecillo (digo hombrecillo por ser benévolo, era más bien enano) con barba blanca, que, como todo buen personaje de cómic que se precie, siempre vestía igual, con un traje verde y con un curioso gorro con una pluma, y que siempre llevaba con él un hatillo que no se sabía qué contenía exactamente, pero era mágico, ya que Bermudillo siempre sacaba del hatillo lo que necesitaba en ese preciso momento y dicho hatillo le salvó su pescuezo holandés en más de una ocasión, como cuando se enfrentaba a sus archienemigos y némesis, Rufo Rufianini y su sirviente, Pepe Patoso. Las aventuras de Bermudillo se desarrollaban en cualquier tipo de escenario, ya fuera bajo tierra, en el Polo Norte, en el campo, en el desierto, etc, y tenían lugar en una época indeterminada, pero, por las vestimentas de los personajes, yo diría que se desarrollaban en el siglo XVII o XVIII.

El dibujo de Wijn era realmente espectacular, muy cuidado, sin escatimar en detalles. Era un dibujo verdaderamente realista, pero a la vez caricaturesco, una curiosa mezcla que yo pocas veces he visto en otros trabajos y que resultaba elegante a la par que efectivo. Y los fondos eran igual de elegantes y deliciosos, sobre todo cuando retrataba escenas bucólicas o escenas de la campiña holandesa con sus molinos y sus tulipanes. Lo dicho, una auténtica delicia para los ojos.

Y si el dibujo era delicioso, también lo eran los guiones de Roep. Estos guiones tenían la habilidad de conjugar tanto el humor y la sorna, como la reflexión. Todos los álbumes que me leí de Bermudillo tenían un halo “filosófico” que te hacían reflexionar. Sobre todo recuerdo un título, “El Reino Secreto de los Animales” que me dejó sinceramente impactado, por el trasfondo tan profundo que reflejaba un cómic dirigido a los niños. Si tenéis oportunidad de leer tan sólo una de las aventuras de Bermudillo, elegid ésta.

En España, desgraciadamente, sólo se publicaron 6 volúmenes de Bermudillo, en ocasiones en cómics independientes, en ocasiones dentro de revistas como Zipi y Zape o Pulgarcito, pero en Holanda se han publicado un montón de aventuras de Bermudillo, teniendo tanto éxito y casi tanta longevidad como Mortadelo y Filemón aquí en España. Y también por desgracia, no creo que jamás se editen aquí en España las aventuras que se publicaron en Holanda, y a ver quién es el guapo que se pone a leer a Bermudillo con un diccionario de holandés al lado. En fin, c’est la vie, a ver si un día les a por reeditar la serie completa.

Escribiendo este artículo me han dado ganas de releer a Bermudillo y, de verdad, amantes del cómic que estáis por ahí, tratad de haceros con alguna de sus aventuras, aunque sea en alguna librería de viejo por Internet; seguro que me lo agradeceréis.


Pues miren ustedes que esta tarde me he levantado de una plácida siesta y, llevado por el sopor que este viento de Levante me causa, me he tirado en el sofá para continuar con mi letargo veraniego, a la espera del vivificador viento de Poniente. Pero nada, el sesteo se ha visto bruscamente interrumpido, y es que en un programa de esos de zapping, ha salido nada más y nada menos que la inefable Belén Esteban, gesticulando y berreando como nunca. Ha sido indescriptible lo que he visto en apenas quince segundos.

Siempre me digo que no me voy a meter con ella, porque ya tiene bastante con ser como es, pero por haberme subido la bilis por la epiglotis y ponerme de mala leche…se acabó la amnistía, hoy voy a por la Esteban.

Belén Esteban es la escoria sobrante del boom que vivió la prensa rosa a finales del Siglo pasado, con los días contados, como todas las estrellas efímeras que pasan por la palestra de la repugnante prensa rosa. El problema es que nadie sabe ni cómo ni por qué, se apalancó en una maniobra digna del propio Mariscal Rommel, en el programa de Ana Rosa Putana, pasando de ser morralla bajuna a la que traer de vez en cuando para el cachondeo, para convertirse en estrella indiscutible del show charcutero que Ana Rosa monta con habilidad e insidia día a día. Así, se dedica a vender su vida como tertuliana de lujo, y montando en cólera cuando en programas que no son “el suyo”, rajan de ella, o simplemente la mentan, teniendo tribuna libre para despacharse a gusto, con ese arrollador glamour y ese arrebatado estilo que sólo las más bajunas poseen.

Esa es su vida, salir por la tele y trincar el dinero, con la certeza que confiere el respaldo tanto de Ana Rosa, como el de la creciente legión de admiradores que, organizados en una página oficial, no dudan en ningún momento en proclamar a los cuatro vientos “Arriba la Esteban”.

Si dudan de la veracidad de esta información, visiten este link, donde pueden encontrar un sinfín de gags hoygan, consejos y hasta incluso un foro moderado por ella misma, por ejemplo:

  • Todo sobre mi: Preguntame lo que quieras saber sobre mi. Yo te contestaré… o no.

No hace falta que me juren que este foro está moderado por la Esteban, ¡Qué finura! ¡Qué distinción!

Estoy por darme de alta en el foro y preguntarle si esa bajundad, ese discurso ordinario y “caleti” del que ella tanto alardea es ensayado o le sale de sus propios adentros (o del jigo, como ella misma podría puntualizar).

Aunque también me asaltan las dudas de por qué sólo cuelga fotos ultra-retocadas con el Photoshop, y no nos muestra una con las bolsas del Mercadona colgadas de los ojos, delgadez rozando el ideal yonqui, los dientes amarillo-nicotinados… en fin, esa belleza de la calle de la que tanto se pavonea.

Por eso no quiero dejar pasar la ocasión para, decirte, desde mi propia tribuna libre lo siguiente: Lo siento, princesa del extrarradio humilde, para verborrea zafia, para chica de barrio ordinaria, para la macrobajundad (como diría mi colega el Viru) más extrema… ya tenemos en Cádiz unas cuantas que te dan un par de miles de vueltas, y no cobran ni un duro por ello.


Tras cuatro años de espera llega a nuestras pantallas la segunda adaptación de la famosísima obra de Mike Mignola. Con un título que, dicho sea de paso, suena más bien a película de serie B: El Ejército Dorado.

El propio Mike Mignola aparece acreditado como co-guionista, aunque no queda claro si realmente trabajó en libreto, o es una mera cortesía (y ardid publicitario) del propio Guillermo del Toro. En cualquier caso, esta secuela se aleja bastante del original, en tono y ritmo, y no para bien. Si ya de por sí la primera parte no terminaba de resultar un film redondo, y ni mucho menos una buena adaptación (más bien una correcta adaptación, y punto), esta película se infantiliza demasiado y, la verdad, no ofrece la sensación de estar leyendo un comic de Mignola. Pues es, sin duda, el guión lo que falla del film. Muy poco cuidado, y lleno de tópicos, cae en los mismos errores que la última entrega de Indiana Jones. Aquí el chico diablo se encuentra todo ya hecho. Realmente no descubre nada y mucho menos se esfuerza en las peleas. Eso sí, mucha cara de mala leche y mucha frase lapidaria tan típica en el cine USA.

La historia, de tan trillada, resulta tediosa. La separación en partes de un objeto muy peligroso, la antigua guerra entre humanos y seres mitológicos, la existencia de gemelos que conllevan una existencia en paralelo. En fin, mil argucias para, al fin y al cabo, volver a plagiar a Tolkien, o George R. R. Martin. Pero, a pesar de esta flaqueza, es justo reconocer que el film gana enteros en un cuidadísimo y exquisito diseño de producción. La combinación entre los decorados, la fotografía y un excelente vestuario hace que, junto al maquillaje de los actores, sea uno de los films con una estética más deleitable para el espectador. Resultan espectaculares, y lo mejor de la película, las recreaciones del príncipe Nuada y la princesa Nuala. Los cuidadísimos trajes son bastante más hermosos que los utilizados por Peter Jackson en su trilogía del Anillo, y espero así que el propio Guillermo del Toro utilice las labores del departamento de vestuario.

Respecto a la actuación del reparto principal, decir que resulta harto decepcionante. Ron Perlman parece cansado del personaje (o del maquillaje en sí, quien sabe) y no se esfuerza en una interpretación que resulta plana y llena de clichés. Por no hablar de Selma Blair, que pasea su expresión triste por todo el film. Incluso Doug Jones, un magnífico intérprete de la expresión corporal, no termina de despuntar. Quizá los más lúcidos en esta ocasión, sean Luke Goss y Anna Walton como los príncipes élficos, sobre todo el primero, cuidando al milímetro los movimientos, las expresiones faciales y la modulación vocal. Un auténtico despliegue de talento.

La banda sonora, como es habitual en la trayectoria de Danny Elfman es innecesaria y cargante. No aporta nada nuevo a los personajes, ni a la historia, y supone una marcha atrás catastrófica del original de Marco Beltrami, que era un auténtico despliegue musical. Personalmente me gustaría ver fuera de los circuitos cinematográficos a Elfman, un compositor que ya ha hecho todo lo que sus excesivas limitaciones le permiten, y se dedica actualmente a repetir ciertos esquemas ya establecidos.

Resultado, un film para pasar el rato sin más, muy por debajo del original, a pesar de su estética, y por el que no merece la pena pagar una entrada.


Hay personajillos de la tele que hacen gracia, otros dan lástima, la mayoría pasan inadvertidos y una “selecta” minoría despiertan en los espectadores unas ganas incontrolables de repatearles la cara. Uno de estos últimos es el “engendro” que se hace llamar (o hacía, porque hace tiempo que no lo veo por mi televisor) Torito. No sé qué tendrá o qué no tendrá, si será porque tiene la gracia en el culo, porque es zafio hasta más no poder o vete tú a saber porqué, pero el caso es que no lo soporto. Es verlo aparecer en la pantalla y empezar a ponerme de mala hostia. No soy una persona violenta, quienes me conocen bien lo saben, pero de buena gana lo hartaría a collejas.

En su curriculo tiene como mérito el haber sido despedido de “TNT”, estercolero que hacían pasar por programa de televisión en Telecinco, por considerarlo inapropiado para sus contenidos, ahí es nada. Por lo visto en su último reportaje simulaba una lluvia dorada, algo que la cadena no pudo tolerar, las excrecencias en la “cadena amiga” no se desperdician de esa manera, se reservan para hacer programas de máxima audiencia. El despido fue fulminante.

Haciendo de tripas corazón he visitado su página web, por eso de documentarse antes de escribir, confirmando tras una breve visita que me cae como dos patadas en los genitales. Si alguien tiene curiosidad que la busque. Desde que le dieron la patada en Telecinco no lo he vuelto a ver en ningún programilla. Si lo han fichado para alguno he tenido la suerte de no tropezarme con él en ningún zapping, esperemos que la racha continúe. Y el tío seguro que tiene hasta club de fans (a ver cuál es el primero que responde diciendo que somos unos envidiosos y unos reprimidos), hay gente pa tó.

Cada cuál tendrá su propio “Torito”, sobre disgustos no hay nada escrito, no es el único de mi lista. Así a bote pronto se me ocurren unos cuantos más a los que visitar bate de beisbol en mano, el siguiente el Jimmy Giménez Arnau de los cojones, ¡Dios!, me pongo malo solo de nombrarlo. Como decía mi abuelo, “¡que haya gente que madrugue para hacerles el pan a estos!”

Nota de Sombrerero: Todas las alusiones a actos de contenido violento no deben entenderse de forma literal, sino como figuras retóricas de expresión. En Sombrereroloco estamos en contra del maltrato de cualquier forma de vida, incluso de impresentables y mamarrachos.


Cantantes Mercachifles

Saqman el 1 Septiembre 2008

El Sombrerero Loco, además de gastar muy mala hostia, tiene un gusto musical que difiere del resto de lapoblación, digo yo, a tenor de la cantidad de grupos mercachifles que llevan inundando las parrillas sonoras de la radio y televisión desde hace varios años. Porque ya manda huevos aguantar a clientes imbéciles, a jefes inútiles y a cajeras de supermercado con mala hostia y peor acento, para que encima uno encienda la radio y tenga que escuchar al zurnormá de locutor lamiendo el orto de cantantes que, al entender del Sombrerero, merecerían el destierro, previa extirpación quirúrjica de genitales.

Es por eso que, como experimento para los pocos y bondadosos seres que nos leen, proponemos una encuesta para determinar el ranking del cantante o grupo más mercachifle de este país.

Jarabe de Palo. Nada mejor que empezar por un gran vaina. Resulta que esto es un grupo, aunque yo jamás he visto a los otros cinco miembros. Nada más que sale el barbas ese con cara de Pan Bimbo poniendo expresión de pena. No es fácil describir la fatiga que puede llegar a producir oir una canción con una única palabra repetida trescientas veces. Hay que tener poca vergüenza para creerse un letrista escribiendo semejantes mamarrachadas tan de seguido, oigan. Y encima el colega se dedica a plagiarse a sí mismo de canción en canción, cambiando una palabra por otra, y punto pelota. Si exiten nosecuantas mil palabras en el diccionario de la RAE, el tío tiene nosecuantas mil canciones pendientes. Para mandarlo, y ustedes perdonen la vulgaridad, al carajo, literalmente. Este es el primero de una larga lista de imbéciles que promueven el movimiento antigloblalización y luego conducen un BMW.

Los Secretos. Otros que tal bailan. Ahora que, por un extraño azar del destino, estamos en plena fiebre revival de los ochenta, llegan esta gente, que sólo han tenido dos canciones pasables en su haber, a soltarnos el rollo de que si la movida madrileña, que si la banda sonora de tu vida y que si leches en vinagre. Que también manda cojones que el pesao del Urquijo siga viviendo del cuento de la muerte de su hermano; al fin y al cabo el único que medio valía la pena. Vamos, el clásico ejemplo de músico carroñero que se aprovecha de la muerte un artista para sacar discos. Véase Shaila Dúrcal (a esa le daba yo de cates en la frente) o Rosario Flores. Supongo que esta gente se dedican ya a dar conciertos de esos patrocinados por el Ayuntamiento de turno, porque no habrá alma humana que suelte veinte euros para ver a esta gente.

Monica Naranjo. La carrera de esta piba también es digna de mención. Vengo observando desde hace un tiempo que existe un viejo truco para promocionar un artista en España. Si al nota en cuestión no lo conoce ni el tato, basta decir la siguente frase: “¡¡¡ (Aquí va el nombre del artista melón) llega a España proveniente de su fulgurante carrera de éxitos en México !!!”. Y, claro, como aquí nadie hace ni puto caso de lo que suena en Radio Chapultepec, pues todo quisqui se lo traga. Póngase de ejemplo, otra vez, a Shaila Dúrcal. Pues con esta tía pasó lo mismo. Llegó aquí a cantar unas canciones un taco de raras con sobredosis de efectos horteras, y mostrando un look que quedaba a medio camino entre putoncillo de barrio y dominatrix. Cómo no, la mezcla resultó un éxito del copón, sobre todo cuando empezaba a sacar pechera en revistas como MAN. Actualmente parece haberse reciclado en una especie de Sarah Brightman a la española, sin perder un ápice de hortereo cañí, y enseñando menos teta.

La Oreja de Van Gogh. Qué puedo decir de esta gente sin que me quemen en la hoguera por hereje. Un grupo de éxito rotundo a nivel nacional, hispano e internacional. Diez años de canciones en listas de radios, tops en ventas, discos de oro y platino. Pero el Sombrerero Loco deposita sus heces en cualquier lista de éxitos de la radio, y afirma categóricamente que odia a este grupo de anormales. A ver, por partes. Para empezar, el calvito con cara de ir en bici al trabajo. Tío, no me vendas más la moto de que tienes veinte años, con las camisetitas radicales, si sabemos que tienes un chalé en la Moraleja que quita el sentío. Por no hablar de la oronda cantante rubia, la abeja Amaia, que manda cojones. ¿Alguien me puede explicar cómo de bien canta esta tía? Porque, salvo poner voces forzadas y falsete, esta tía canta menos que Pepe Sonrisas siendo empernocado. Desafinar, lo que es desafinar, y un torrente de voz de diez elevado a menos quince decibelios. Vaya mamarracho. ¿Y encima la piba se plantea una carrera en solitario? No lo veo, no señor. Yo sólo soy capaz de imaginarla despatarrada en el sofá hinchándose a donuts. El otro es para ignorarlo, pasa tan gris y desapercibido como su música. Con quien me quiero ensañar es con el ricitos. Que tío más ñoño, carajo. Ese era el típico sabelotodo soplapollas y tocacojones del colegio, seguro. Ahí con los tecladitos, dando porrazos y poniendo cara de Goonie pajillero. El Sombrerero también le daría un toque de atención para que cambie el look de tontopolla y asuma la edad y los michelines con dignidad, que tienes dinero para hacerlo chaval. Opérate. Opérate ya y deja de agobiar al telespectador con tu presencia y tus canciones ñoñas. Aunque el pecado capital de este grupo, es que ha generado una cantidad de imitadores, a cada cual más nefasto. He ahí La Quinta Estación o El Sueño de Morfeo. Todos grupos con nombres de imbéciles que se creen muy cultitos por leer tebeos y estar suscritos a Círculo de Lectores. ¿Que morfeo, siendo el dios del sueño, tiene un sueño? Jo tío, que ingenioso eres. Ahora métete un dedo en el ano. Lo peor.

Manolo Garcia. Lo siento, Manolo, picha, en el fondo me caes bien, y tienes talento. Pero es que, ioputa, llevas veinte años con la misma canción. Que todo lo que cantas es igual, yendo así de eterno poeta incomprendido con unas letras del copón, y una cara de mejillón en escabeche que me da una tristeza de verte, no se, parece que te falte una razón para vivir. No te entiendo. Por no decir que llegas a ser un cansino mortal, porque cada año tus canciones se hacen más aburridas, y creo que ya ni tú mismo te las crees. En fin, Manolete, que no quería ponerte en esta lista, pero creo que un poco sí te lo mereces.

El Canto del Loco. Me dejo para el final el peor. A este grupo le pasa igual que al del cara de Pan Bimbo. No se cuantos son, pero siempre veo al imbéssi del tatuaje. En los cuarenta, con la Patricia Conde (ahí sí te marcaste un punto, lo reconozco), en series de televisión, en el cine. Tío más pesado, leñe. Este es la quintaesencia del personajillo ese que va de radical, de escupir al micrófono, del “tío, que guay soy”, del “llevo la ropa rota, que guay soy, joder”, de pegar saltitos en los conciertos, de ir de gamberrillo de barrio que las pone a cien, en fin, un vaina de tres al cuarto que al final, al igual que el otro, seguro que conduce un BMW del copón, y se gasta en ropa en un mes el presupuesto familiar de un año. Eso sí, se apunta a todos los mítines pro-zapatero y derechos sociales donde se le pueda ver. Del estilo del Manu Chao, que también manda cojones. Vaya tela, que me gustaría verle algún día sin los piercins y de traje haciendo una entrevista en Arthur Andersen. Estaría cachondo.

En fin, señores, opinen cual de todos ellos les merece un odio más execrable.

Grupo o Cantante más Mercachifle del Mercado

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Quiero ser el primero en hablar de Paul Newman, antes de que la carroña degenerada y ávida de sangre se ponga a decir sandeces y cuchichear cosas bizarras en programas del estilo de La Noria, en un último intento por defenestrarlo y manchar su buen nombre.

Paul Leonard Newman: Un hombre al que siempre le han colgado el sanbenito de guaperas de Hollywood, con todo merecimiento. Y eso que eran duros tiempos, en los que se tenía que competir con chicarrones como Robert Redford, Steve McQueen, Marlon Brando, Frank Sinatra… Varias generaciones de guaperas y aspirantes han tenido que apartarse ante la arrolladora sonrisa de Paul. Y es que por su aspecto bien parecido y sus hermosos ojos azules, Newman pudo haber sido un importante actor de cine romántico, pero buscó algo más que eso. Newman fue uno de los pocos actores que tuvieron una buena transición entre el cine convencional y moralista de los 50, y el cine más libre y comprometido de los últimos 60 y 70, obteniendo por ello nueve nominaciones al Oscar como actor, ganándolo en tres ocasiones.

Repasando su extensísima carrera cinematográfica, me quedo con tres o cuatro de sus films, que aunque puede que no sean sus mejores interpretaciones, me marcaron en su día.

En primer lugar “La gata sobre el tejado de zinc“, de Richard Brooks (1958), adaptación de la obra de Tennessee Williams, con su impecable encarnación del atormentado hijo de un rico empresario enfermo, produciéndose una química perfecta en pantalla con una turbadora Elizabeth Taylor.

También quiero destacar “Harper, detective privado” de Jack Smight (1966), peliculón de cine negro de los que hacen historia, y que supone su consagración definitiva como estrella de Hollywood.

Con “El golpe” de George Roy Hill (1973), segunda película de Paul Newman-Robert Redford y todo un fenómeno social en el momento de su estreno, la considero hoy día una de esas películas que envejece a la perfección, con una trama impactante y divertida, merced a las grandes interpretaciones del dueto protagonista.

Por último, destaco la superproducción del subgénero de cine catastrófico: “El coloso en llamas” (1974), de John Guillermin, que aunque hoy día puede verse como una película un pelín chufla, cuando la vi por primera vez con 12 años, me dejó boquiabierto varios días.

Aparte de su soberbia carrera cinematográfica, hay aspectos que son los que realmente hacen de Paul Newman un tipo cercano y afable: Estoy hablando del Paul Newman consecuente, honrado y comprometido con los demás. En 1982, Paul Newman fundó una línea de productos alimenticios, llamada Newman’s Own, en la que todos los beneficios obtenidos a través de la misma son donados a caridad. A fecha de 2006, se estima que la franquicia ha superado los 200 millones de dólares en donaciones. Hombre de gran conciencia política y social, Newman impulsó en memoria de su hijo, muerto por una sobredosis de Valium y alcohol en 1978, la Fundación Scott Newman, destinada a auxiliar y proteger a personas víctimas de la droga.

Y sobre todo, Paul Newman es un gran marido. Muchos y muchas deberían tomar ejemplo del matrimonio entre Paul Newman y Joanne Woorward, casados desde hace más de cincuenta años. Una pareja que es el claro ejemplo de la fidelidad y cuya historia de amor bien podría ser la base de un excelente guión de cine. La clave de la felicidad según Paul, reside en esta sentencia categórica que él mismo ha pronunciado ya unas cuantas veces: “¿Para qué comer una hamburguesa en la calle si tengo en casa un entrecot?”. ¡Ole, ole y ole! Ya con esto está todo dicho.

Recientemente aquejado de un cáncer, nuestro Paul Newman se sometió al tratamiento de quimioterapia, el cual no ha sido efectivo, por lo que ha tomado la decisión de pasar sus últimos días en compañía de su familia. En una entrevista realizada hace unos años ya, Newman aseguró que su deseo era que sus cenizas fueran esparcidas en el lago del campamento infantil de Connecticut que lleva su nombre y que ayuda a los niños aquejados de enfermedades terminales. ¿La razón? “Siempre admiré a los peces“, Genial.

Con Paul Newman retirado del cine, ya no es lo mismo… a cualquiera hoy día le proclaman, a bombo y platillo y de forma efímera la estrella más guapa del cine de todos los tiempos, para dos años después caer en el más absoluto de los ostracismos (ejemplo: el gordo de Leonardo DiCaprio).

Por eso, porque siempre es recordado el buenazo de Paul como un guaperas que cae bien, sólo puedo más que agradecerte las grandes aventuras que he vivido contigo con todas tus películas, y te deseo todo lo mejor, donde quiera que estés, y adonde quiera que vayas.


Me gustan los programas de cocina. La culpa no la tengo yo, la tiene “Con las manos en la masa” y las muchas tardes que pasó un niño acurrucado junto a su madre viendo guisar a la Santonja. Siempre que confieso mis dos perversiones televisivas, los programas de cocina y la Teletienda (las Cintas de Billy “Billy´s Boot camp” merecen post aparte), la gente opta o por descojonarse o por un “¡venga ya!”, pero así es.

El caso es que hace poco descubrí, gracias a otra seguidora de los programas culinarios, a estos dos tipos, Dave Myers y Simon ‘Si’ King, conocidos como los “Hairy Bikers”. Maquillador el primero y buscador de exteriores el segundo, un buen día decidieron recorrer el mundo en moto y darse unos atracones monumentales con los más exquisitos manjares de cada país. Y mientras se pegan la vida padre, van grabando documentales. El resultado es una mezcla entre Jamie Oliver (el chef-star británico), Ian Wright (el anteriormente simpático presentador de Lonely Planet) y Long Way Round (la serie donde Ewan McGregor y un colega se dan la vuelta al mundo en moto), pero con una alta dosis de simpatía. Si además de ser aficionado a la cocina te gustan las motos, viajar y eres un tipo peludo, regordete y sin complejos, te sentirás plenamente identificado con este dúo.

No esperéis encontrar en la serie platos al alcance de cocinas mundanas, porque seguramente no encontraréis ni la cuarta parte de los ingredientes. Lo que hace especial esta serie no es tanto qué se guisa sino cómo se guisa, y la alegría que transmiten los dos amiguetes cocinando, viajando, compartiendo, aprendiendo; en definitiva, disfrutando de lo que hacen. No hay más que verlos. Suelen preparar los platos al aire libre, compran en los mercados locales, paran las motos en algún paraje singular de la zona y sin más se ponen a cocinar en cantidades industriales, invitando a los que se encuentren por allí. A mí me han caído en gracia, y no soy al único, porque ya van por la tercera temporada. La serie está producida por la BBC, aquí la emite Localia TV los miércoles a las 23:00. Su página web es http://www.hairybikers.com/ . Voy a enviarles mi currículum por si les hace falta un pinche.


Tengo un conocido cojo. Pero cojo a un nivel normal. Vamos, que no va con muletas ni nada por el estilo. El chaval hace una vida bastante cotidiana. Compra en el super, asiste al teatro, se va de copas, disfruta de la playa, etc. Simplemente que, si te fijas, cojea un poco. Tampoco mucho, la verdad.

Resumiendo, que su situación es bastante regular, y su vida muy normal. Se le podría considerar, a todas luces, un tipo corriente. Salvo por un excepcional detalle: es un vago y un flojo de mucho cuidado.

Este chaval cumple el clásico perfil del trabajador caradura que no hace ni el huevo en horas laborales, que se escaquea de sus obligaciones y encima siempre despotrica de los inconvenientes e injusticias del trabajo. Es decir, el que espera que la empresa le devuelva un 170% cuando él entrega un 30%. El clásico ejemplo del que no da un palo al agua, pero se sabe el convenio colectivo de pe a pa. Un defecto ajeno al resto de su condición humana, por otro lado impecable. Pero vamos, que es el tipo de persona que hace que a los andaluces nos cuelguen el sanbenito de flojos.

El caso es que soy consciente de que este hombre le contrataron, en perjuicio de otro candidato, porque la empresa recibía un beneficio fiscal nada desdeñable. Encima, si no recuerdo mal, en su declaración le retenían menos. Y eso me lleva a preguntarme en qué punto legislativo una minusvalía se convierte en un factor de discriminación positiva. Porque tengo entendido que se ha presentado a una oposición, y ha conseguido plaza por haber reservadas plazas para minusválidos en relación mayor al número de presentados que en plazas ordinarias. Y lo más curioso del asunto es que el puesto en sí es de oficina, que supongo que será en un edificio oficial con sus correspondientes rampas de acceso. Es decir, para realizar un trabajo informático, o de burocracia legal, o de asistencia al público, ¿qué tiene de diferencia este chaval con respecto a una persona sin su problema en el pie? Permítanme autoresponderme: absolutamente nada. La minusvalía debería estar categorizada según el puesto a cubrir, pues si no, se producen situaciones de injusticia como la que les comento. Esto tiene un nombre y es discriminación positiva. Por poner un ejemplo, para un puesto burocrático en un organismo oficial, una persona en silla de ruedas debe ser considerada un igual a una que no. No así una persona con problemas auditivos, puesto que ésto sí que se consideraría una minusvalía a la hora de realizar su trabajo y es justo que exista un proceso de inserción favorable. A fin de cuentas, pienso que es una labor muy loable la inserción de los minusválidos, de cualquier tipo, en el mundo laboral, y que es parte de una política social concienciada hacerlo. Ya es putada tener un problema de este tipo, y encima carecer de trabajo. Pero como estamos en España, lo que se hace, se hace muy mal, y no se tiene en cuenta las igualdades de condiciones. Y este es un ejemplo.

Lo que son las cosas, oigan. Este hombre recibió un descuento muy, muy favorable al comprar un coche de marchas automáticas para poder conducir, de tal modo que al final el vehículo le salía más barato que su equivalente con marchas manuales para un conductor ordinario.

Y, aunque esta persona no es laboralmente constante, por utilizar un eufemismo, hay una cosa en que se le puede considerar una persona muy disciplinada e inamovible. Todos los domingos por la mañana queda para jugar al fútbol.


Nonis de barrio

¿A que suena raro? Ahora que el verano está en sus últimos estertores uno echa la vista atrás y aparte de las típicas preguntas de perspicaz reportero a pie de calle o hasta incluso del mismísimo Matías Prats: ¿Has hecho mucho más el amor en verano con tu amante?, ¿Tu melanoma ha crecido de tamaño?, se me ha encendido la bombilla y me he preguntado, en un moneto de hastío: ¿Un verano sin canción del verano?

Este año, y si me apuran, el anterior, se ha producido un vacío en tan dudoso honor, que para muchos, entre los que me incluyo, es un descanso, un gusto y hasta un alivio. Otros, sin embargo con las manos en la cabeza no hacen más que preguntarse ¿Qué ha pasado este año para que, como decía King África, con las boqueras blancas en la comisura de los labios, no haya un tema bomba del verano?

¿Dónde están las niñatas de encefalograma plano conocidas como las Ketchup? ¿Andarán recuperando las asignaturas que les quedan pendientes para terminar su Programa de Garantía Social (P.G.S.)? ¿Hay alguien ahí? Nada de nada… ni cachete, ni pechito, ni ombligo… ni bomba, ni aserejé, y mucho menos opá y su puñetero corral.

¡Ah! Y no vale decir que la canción del verano ha sido el ChikiChiki… porque ¿Quién recuerda al Adolfo Chiquileche en las fechas que estamos?

Hay un método que no falla para detectar la canción del verano, y es el de estudiar detenidamente los anuncios que echan por la tele de descargas de monotonos, politonos, multitonos y über-tonos para teléfonos móviles.

A partir de este método más que seguro, creo que quizás, y sólo digo quizás, lo que más se haya acercado a ser aspirante a la canción del verano es Corazón Contento, discreto éxito del verano cuya versión ha sido perpetrada por una nueva generación de subnormales de Operación Triunfo. Aun así, y a Dios gracias, no se ha escuchado hasta la saciedad, menos mal, porque se trata de una canción cargante en exceso.

En segundo lugar, y para que comprueben lo desierta que ha estado la lucha por la canción del verano, se encuentra el conejo que canta eso de caricias, besos y mimitos… ahí queda eso.

Hay que tener poca verguenza para autoproclamarse rey...Por eso, aunque esté en contra de toda forma de expresión como éxito del momento, bombazo efímero, copla refrescante… id est, la canción del verano, y esté celebrando con alegría unas vacaciones en paz, musicalmente hablando claro, uno es un caballero y no puede hacer más que quitarse el sombrero y reconocer la valía de uno de los grandes, el único que es capaz de poner a reggaetoneros (algún día hablaré de esta estirpe que necesita ser aniquilada con extrema urgencia), niñatos, puretas y demás gente de mal vivir en fila, a hacer el estólido al son del ritmo que sólo él sabe marcar con acierto.

Desde aquí pido el regreso de Georgie Dann, por la puerta grande, como no puede ser de otra forma ¡¡El trono te reclama, maestro!!