Este lluvioso invierno me fuerza a hacer cosas de lo más impensables. Sin ir más lejos, el otro día, me sorprendí a mi mismo viendo con estupefacción un programa de esos de relleno para el Sábado por la mañana y del que ya había oído hablar con cierto entusiasmo: El Último Superviviente (pésima traducción de “Ultimate Survivor”, pero eso es harina de otro costal), protagonizado por Bear Grylls, un ex-SAS venido a menos.
En la serie se narran las aventurillas de este pamplinas por los parajes más inhóspitos del mundo, haciendo el ganso y el inconsciente a partes iguales, convirtiéndose automáticamente en el héroe de la nueva generación de macarras españoles, esos que no saben interpretar un mapa, que creen que montañismo es ir a un bosque con barbacoas de piedra y que, en una isla desierta, al menos hay un chiringuito abierto de 10 a 22 horas.

Dentro de unos cuantos años podremos agradecerle al señor Grylls el que un montón de domingueros palurdos la hayan diñado en la Sierra de Cádiz, o se la jueguen en la playa de Cortadura o hasta incluso en la piscina del cuñado adinerado. Y es que cuando un farsante se convierte en héroe sus lecciones quedan más grabadas en la memoria que muchos consejos sabios. Hoy estaba hablando con el profesor de Biología del Instituto y me ha comentado que prácticamente todo lo que dice ese hombre es falso, y cuando acierta, lo único que da son consejos banales, pero que en situaciones extremas son complicados de seguir ¿O acaso sabes diferenciar una rana venenosa de otra que no lo es? ¡Pero si la mayoría de los españoles cuando van a la playa y ven un cangrejillo gritan escandalosamente como si de una nueva especie se tratara!

Otro consejo que me daba este profesor de Biología, que es contrario al que da Bear Grylls es que, si alguna vez os da por comer algo del bosque, cocinadlo antes. Y no porque lo diga él, ni yo, sino porque lo hacen los indígenas que viven en la selva, y de esto seguro que saben más que nosotros. Si comes carne cruda puedes tener una diarrea, y aunque biológicamente estamos preparados para ello, lo cierto es que no estamos acostumbrados, son miles y miles de años sin catar un filete de ternera a pelo.

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Puede que Bear Grylls sea un superhombre que fabrique batidos y refrescos de amplios sabores, horchata de mierda de ñú, infusión de ortiga y pimiento chili, gelatina de holoturia (más comúnmente conocido como carajo de mar)… pero, al contrario de lo que él dice, la gente normal no debe beber orina en situaciones de deshidratación. Si bebes orina deshidratado eres hombre muerto, y la explicación es bien sencilla; al estar deshidratado tu cuerpo sigue produciendo deshechos metabólicos, tus células están poco hidratadas y necesitan agua. Al beber tu orina estas bebiendo un liquido con una concentración muy superior en sales que destruyen el equilibrio osmótico de tu cuerpo y hace que te deshidrates antes incluso ¿Magia? No, es ciencia, pura y dura.

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Y como esas burradas que acabo de mencionar, cien más. Burradas que, a ojos de nuestros patrios McGivers, domingueros de bocata, Rambos cañís y pegavoces, sirven de excusa para lanzarse a lo desconocido a pecho descubierto, y sin ningún tipo de respeto por la Madre Naturaleza en general. Por mi, a seguir así, y que la selección natural siga su curso. Desde luego Darwin debe estar partiéndose el pecho de risa desde el cielo.


5 de Marzo

Zopaias
5 Marzo 2010

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“Mil años, mil más. Mil veces un millón de puertas a la eternidad, podría haber vivido mil vidas. Una interminable escalera de caracol trepa mil veces hacia una torre de almas. Si me llevara otros mil años, mil guerras, si las torres se levantaran innumerables alturas hacia el espacio, podría derramar otro millón de lágrimas, un millón de suspiros, un millón de nombres, pero no tendría nada más que una única verdad.

Un millón de carreteras, un millón de miedos, un millón de soles, diez millones de años de incertidumbre. Podría contar un millón de mentiras, cantar un millón de canciones, tener un millón de aciertos, un millón de errores, en todo este balance de tiempo.

Pero si hay una única verdad, una única luz, un sólo pensamiento, un único toque de gracia, entonces seguiría hacia ese punto único, esa llama única, el embrujo único del recuerdo de tu rostro:

Aún sigo queriéndote; aún sigo extrañándote.

Mil veces los misterios se desvelan por sí solos, como galaxias en mi cabeza.

Podría ser innumerable, podría ser inocente, podría saber muchas cosas, podría ser un ignorante, o podría cabalgar junto a reyes y conquistar muchas tierras, o ganar este mundo a las cartas para luego dejar que se deslice entre mis dedos. Podría ser un alimento esencial, podría ser destruído mil veces y renacer como un niño de la fortuna, para juzgar los crímenes de otros, o vestir los harapos de un peregrino o ser un simple ladrón; pero siempre conservaría esta única fe, siempre tendría esa única creencia:

Aún sigo queriéndote; aún sigo extrañándote.

Mil veces los misterios se desvelan por sí solos como galaxias en mi cabeza; y así los misterios seguirán desvelándose durante eternidades innominadas… Mientras tú sigas queriéndome”.


El Venazo

Zopaias
3 Marzo 2010

Nuestra querida sombrerera de arreboladas mejillas, Alfonsina, nos ofrece hoy una disquisición sobre un curioso fenómeno que todos hemos experimentado, en mayor o menor medida, alguna vez.

Definición: Venazo; cambio drástico y patente en una persona sin venir a cuento y sin causa aparente.

Sintomatología: El venazo es fácilmente detectable; de la noche a la mañana notas en la persona aquejada del susodicho venazo un cambio visible (vestimenta, complementos, pelo, agujeros corporales nuevos…) y/o invisible (al hablar con el personaje empieza a soltar una “tontá” tras otra con naturalidad).  Una característica muy frecuente en el venazo es que la persona que lo sufre es el último en ser consciente de lo que le está pasando, siendo las personas de su alrededor los que lo detectan antes que él. También es muy frecuente que sea la madre del “venazado/a” la primera persona en detectarlo y diagnosticarlo contundentemente  con un:  ”y a éste,  por donde le ha “dao”…”.

Temporalidad: Es muy variable, puede durar desde días hasta meses (en los casos de mayor gravedad). Lo que es muy significativo es su término brusco; igual que viene se va.

Gravedad: No suelen revestir gravedad ya que suelen ser inofensivos: De repente una pasión irrefrenable por la música reggae, lectura compulsiva de relatos de Sherlock Holmes. Sólo un 10% de los casos son graves; por ejemplo el caso del sujeto X que con 45 años, 1,60 de altura y 89 kilos de peso decide ser torero.

Caso Práctico: Ahora que la teoría está clara pasemos a un caso real-práctico con el fin de afianzar lo aprendido:

Llamemos al sujeto Bob con el fin de mantener el anonimato aunque las posibilidades de que  lea su caso, aunque aquí son bastantes insignificantes.

Bueno, el sujeto en cuestión suele ir a trabajar con un estilo “arreglao” a la par que informal: Vaquero, camisa y zapatillas deportivas, aseo adecuado, olor agradable.

Un día, sin más, viene al trabajo pulidísimo: zapatos castellanos, pantalón de pinzas, camisa metida muy correctamente por dentro. Un día de “pulición” no se puede considerarse venazo.

Día 2, 3, 4, 5… Pulidíiiiiisimo. Ya es venazo. Este diagnóstico se confirma cuando a la pregunta de: “¿Qué te está pasando? ¿Estás cambiado, no?”, el supuesto Bob responde: “¿A mí? No sé, no me pasa nada”.

Reflexión: “No te pasa nada y de repente parece que trabaja aquí el Conde Lecquio…”. Menos mal que, como ya se ha comentado anteriormente, el final del venazo es brusco;  un día sin más, Bob volvió a su ser.

Finalizaré contando mi venazo adolescente. Mi “venazo hippie”, una amiga y yo decidimos viajar por el mundo tocando la flauta y la pandereta y viviendo de lo que la gente nos quisiera dar. A Dios gracias, la “tontá” se me pasó antes de hacer las maletas (con lo ricamente que vivía en el piso de mis papis).



Era de esperar, algún día tenía que ocurrir. El caldo de cultivo creado por los NiNis que nos rodean, vagos redomados, politicuchos groseros…  empieza a dar sus frutos.
Por lo visto, el pasado lunes el “cantante” (ahora en este país todos somos cantantes) John Cobra, hizo su debut en la gran pantalla en la gala de aspirantes a Eurovisión, siendo presentado por Anne Igartiburu como “la pesadilla de los eurofans” (¡Uy! Qué malote debe ser este chaval).
John Cobra , un ultraderechista afiliado a España 2000, expresidiario, racista, violento, retrasado, intolerante, homófobo, ignorante, sectario, analfabeto. . . y no sé cuantas cosas mas hizo el ridículo durante su actuación recibiendo la reprobación del público asistente. La estrella no se tomó nada bien los abucheos de éstos, e inició una serie de exclamaciones obscenas mientras se echaba mano repetidamente a la entrepierna.
El dantesco espectáculo es cada vez es más difícil encontrarlo por internet, ya saben la censura de TVE, aunque aquí tenéis la escenita protagonizada por el interfecto y sus modales: de cabo a rabo se sigue el manual de “Cómo ser un perfecto angango”… un NiNi de los más bajunos, de esos que tan a menudo nos cruzamos hoy en día. Pero eso ya pasó, o al menos eso creía.

Hoy saltó la noticia; las cadenas de televisión Antena 3 y Telecinco están dispuestas a ganar dinero a cualquier costa y el último artista al que quieren fichar es ea eurovisivo John Cobra. Al parecer, ambas han sacado la chequera para ofrecer un contrato al cantante de exclusividad y se habla que estarían dispuesta a pagar entre 30.000 y 40.000 euros para que aparezca en programas del estilo Sálvame, La Noria, El Diario de Patricia, y los infectos informativos de Matías Prats.

Y lo triste no es que el ejemplo de Aznar haya calado, ya que llevamos demasiados años en este plan. Tampoco es que me sorprenda esto de las televisiones. A fin de cuentas Telecinco y Antena 3 sustentan su audiencia en Belén Esteban y escoria similar, paradigmas de la vulgaridad y la zafiedad.

Eso si, lo que no puedo dejar de preguntarme es hasta cuándo vamos a seguir apoyando estas decisiones, porque si es por llevar a anormales, incultos y descerebrados a la televisión a darles cancha, tenemos stock para varias décadas.


Es indignante lo que hacen en España los responsables de traducir el título de una película al castellano. ¿Es que piensan que somos imbéciles? Soy de los que opinan que es un tremendo insulto al espectador. Sobre todo cuando se hace tan mal como en el caso de la última producción animada de la Disney, “The Princess and the Frog“, cuya traducción literal (y lógica) es “La Princesa y la Rana“. Aquí, que somos como somos la conocemos por “Tiana y el Sapo”. ¿Por qué? ¿porque una rana no puede ser macho? ¿porque una princesa no puede ser negra? No lo entiendo en absoluto.

Mi indignación viene a cuento porque pienso que este nefasto título es un atentado a una película, a mi entender, casi redonda. Porque resulta una alegría que la factoría de las ideas vuelva a deleitarnos con un clásico de los de siempre. Los que me conocen saben cuánto me gustan los dibujos y la animación. Por eso la llegada de Pixar incitó a pensar que el futuro estaba en el 3D. Nadie tuvo en cuenta el factor esencial, y es que Pixar siempre, y digo siempre, ofrece un guión sólido y una dosis de calidad y entretenimiento en sus películas. No se puede decir lo mismos de los subproductos de Dreamworks, o de la Fox, léase Shrek o Ice Age; films hechos con un meor propósito comercial aparcando completamente el lado artístico.

Como les decía, la llegada de Pixar y el empeño absurdo por parte de Disney de sacar un film al año (cuestión de vender juguetes, oigan) llevó a la compañía a producir películas animadas de calidad más que dudosa, como Hércules, El Emperador y sus Locuras, Atlantis o la inefable Zafarrancho en el Rancho (otro ejemplo de traducción exquisita). Así, la inmejorable onda que habían generado películas como La Sirenita, La Bella y la Bestia, o Mulan, se difuminó hasta llevar al cierre de la sección animada de la compañía.
La Princesa y la Rana nos devuelve el mejor Disney, el que se convierte en un clásico desde el momento de su estreno. Un film innovador en muchísimos aspectos, pero que retorna al estilo de animación clásico, alejado de líneas rectas y aristas de las últimas superproducciones.

Y no puede llegar en mejor momento esta primera princesa negra, ¿casualidades de la vida? con un recién presidente de color en la Casa Blanca. No seamos injustos. Disney llegó primero. Una película de este tipo lleva una preproducción de varios años, y su gestación y posterior postproducción pueden alcanzar los cinco o seis años. Así que dejemos en Disney el crédito de intentar innovar y hacer algo que nunca se había realizado antes.

Y ese es quizá el acierto del film. Situarlo en New Orleans en un entorno humilde, en la primera mitad del siglo XX, permitiendo a los ilustradores dibujar escenarios realmente magníficos (¿nadie se fija en los fondos de las películas de Disney?) Por ello, la joven Tiana, muchacha sin recursos, decidida y con mucho sarcasmo, se perfila como el arquetipo de personaje Disney trasladado a nuestra sociedad actual. Y realmente simpático resulta el Príncipe Naveen, alejado al cien por cien de los ñoños principitos de capa y pluma tantas veces retratados. Aquí Naveen se presenta como un auténtico vago sinvergüenza, sin escrúpulos pero con un toque inocentón, y perfectamente doblado por el actor Bruno Campos. La película cumple con todos los requisitos establecidos: canciones, aventuras, secundarios divertidos, malo malísimo. Pero hay novedades. En este caso  mi preferida es la incorporación del villano d eturno, el Hombre Sombra, el Dr. facilier, interpretado por Keith David. Un diseño realmente conseguido, penamente acorde con la tonalidad del film. Me gustan casi todos los secundarios, quizá menos Mama Odie, pero Jim Cumming se lleva la palma con Ray, esa pequeña luciérnaga fea de horrores, enamorada de una estrella.

La película tiene muchos gags, en general sencillos y efectivos, pero desprende frescura. Es por eso que se hace tan agradable de ver, puesto que no hay ínfulas de crear una obra maestra. Quizá falla Randy Newman y, aunque sus composiciones cumplen su tarea, no consigue enganchar al público con sus canciones.
Recomiendo llevar a los niños a ver este film de los de antes. Un aapuesta segura para ellos que resulta, además, gratificante para nosotros.


Este Sombrerero no es de risa fácil, me cuesta mucho reírme cuando lo que se pretende es eso: Hacerme reír. Sin embargo, con la Hora Chanante, que descubrí casi por casualidad una vez viendo la extinta cadena de televisión Localia, conseguí partirme el culo. Era un gag en el que salía un tío haciendo de Bill Cosby y este Bill Cosby hablaba con una mezcla de acentro entre albaceteño y conquense. Ver a Bill Cosby, muy bien caracterizado, hablando en “manchego” es que me hizo descojonarme vivo. Luego me empecé a bajar de Internet todos los capítulos que había de la Hora Chanante y descubrí ese humor absurdo del que hacen gala estos mangurrinos de Albacete. Yo creo que me hacían tantísima gracia por que jugaban con esa paradoja de mezclar personajes famosos ya venidos a menos con ese acento tan característico y esas expresiones tan manchegas, junto con un humor completamente absurdo y descacharrante.

De esa manera, La Hora Chanante se convirtió en un programa casi de culto, seguido por una amplia minoría de personas seducidas por las “tontás” de esta gente. Poco a poco, y gracias al boca a boca, los gags de La Hora Chanante y sus personajes, como El Payaso, El Gañán, Bocaseca Man, etc, etc, se fueron haciendo cada vez más famosos y lo petaban en medios como Youtube.

Era sólo cuestión de tiempo que saltaran de una cadena temática, Paramount Comedy, a una cadena generalista, como así fue. El programa pasó a emitirse en La 2 de TVE, con el nombre de Muchachada Nui. El máximo miedo que teníamos los seguidores de La Hora Chanante era que el programa perdiera la frescura original con la que contaba, y, obviamente, así fue, ya que ya hace 8 años que se emitía por primera vez ese programa, y es normal que se vaya perdiendo la frescura; pero el inagotable talento de Joaquín Reyes, Ernesto Sevilla, Julián López y Raúl Cimas hace que esta natural pérdida de frescura se note menos, ya que la fórmula original (la absurdidad y las chorradas manchegas) sigue intacta, amén de, y ya con más presupuesto en la cadena pública, pulir sus caracterizaciones y sus gags dándoles a algunos de ellos una calidad cuasi-cinematográfica y con cultos guiños dirigido al público más avezado. Esto es lo que yo entiendo por “humor inteligente”.

Como es obvio, antes o después Muchachada Nui terminará. Sólo espero que lo haga dignamente, en la cima, y que sepan reinventarse cuando la fórmula esté agotada. Y si me está leyendo algún miembro de Muchachada Nui, que todo puede ser, una petición: Un Celebrities dedicado a Jean Michel Jarre…. ¡¡YA!!


La instantánea captura el momento en el ex presidente del Gobierno, José María Aznar, responde, con una calidez sin parangón, a los insultos y abucheos recibidos por varios jóvenes durante una conferencia que ofreció en la Universidad de Oviedo.

¡Qué finura! ¡Qué elegancia! ¡Qué distinción!. Pero si se compara con la educación y el saber estar de Alfonso Guerra, no hay color.

Aquí tenemos un ejemplo más de la ruindad de la clase política que pretende gobernarnos.

… ¡Ah! Y ese dedito, ¡para tu puñetera madre!


Nuestra querida Sombrerera de chapetas carmesíes, Alfonsina, nos ofrece, con su incomparable estilo, una sesuda, a la par que descacharrante, analogía entre los trenes y el amor.

Es interesante cómo reacciona el ser humano los viernes a punto de finalizar la jornada laboral. Qué debates curiosos e interesantes, surgen en esos momentos, con tal de evadirnos ¡POR FIN! de todo el trabajo de la semana. Los mayores descubrimientos de la historia sucedieron en viernes a puntito de fichar la salida.

En mi curro, este viernes a raíz de la proximidad de San Valentín y de cómo esta fiesta “inventá” empalaga todos los rincones, surgió un interesante debate sobre el tren, AVE, “gua-gua”, o “viajera” del amor.

Por un lado están los de la opinión de que tu “media naranja” es una persona en concreto que anda pululando por el mundo hasta que, más pronto o más tarde, da con su otra mitad. Es decir, que lo mismo puede estar en Horcajo de los Montes en plena berrea, que en Dubrovnik que en la sección charcutería del súper de al lado.

El problema surge cuando una vez encontrado/encontrada, por “cosas del destino” pierdes a esa persona. En esos casos, ya pasó tu tren, porque media naranja sólo hay una y las próximas personas que se crucen en tu camino serán… “pequeñas mandarinas”.

Por otro lado estamos los que pensamos que eses tren, AVE, “gua-gua”, o “viajera” del amor, no tiene por qué pasar sólo una vez.

De acuerdo, hay personas que  marcan para siempre y que su recuerdo acompaña toda la vida; porque lo que cada uno es, lo forma el conjunto de vivencias y experiencias que hemos pasado y las personas con las que las hemos compartido.

No obstante en el mundo somos 6.751.643.600 personajillos (San Google); creo que es bastante probable que haya más de una persona compatible con cada uno.

Cantaba El Cigala en Lágrimas Negras: “En la vida hay amores que nunca pueden olvidarse, imborrables momentos que siempre guarda el corazón, porque aquello que un día nos hizo temblar de alegría, es mentira que hoy pueda olvidarse con un nuevo amor”. ¿Tendrá razón?… ¿O no?


Durante la pasada década, y por lo que se ve, en esta también, el principal problema de los medios de entretenimiento ha sido la incapacidad de realizar algo original. Sobre todo se ha visto afectado el sector cinematográfico, plagado de secuelas y reboots.

Ayer pude comprobar que la televisión en España sufre del mismo cáncer. Yo no se por qué, pero a alguien se le ocurrió la maravillosa idea de realizar un especial de la mítica serie “Farmacia de Guardia” de Antena 3, pero quince años después. Una especie de telefilm que contara qué había pasado con los personajes de tan insigne farmacia con el paso del tiempo.

Y he de reconocer que a mí, a principios de los noventa, la serie me gustaba. Evidentemente era consciente de sus defectos y de la infantilización progresiva de la apuesta televisiva. Pero, no se por qué, había algo que me enganchaba. Y eso que el pelirrojo me caía como tres patadas en los cojones. La serie era tonta, pero había un desfile de secundarios graciosos en cada capítulo, y los actores eran bastante buenos. Bien es cierto que la mano empalagosa de Antonio Mercero estropeaba algunos capítulos, pero no se, era entretenida.

Anoche quise ver (o al menos empezar a ver) “La Última Guardia“, que es como llamaron al telefilm. En él se muestra a una farmacéutica a punto de jubilarse que pasa su último día de farmacia junto a sus hijos, su exmarido, su novio, y todo Dios.

¡¡¡Un auténtico esperpento!!! Me estuve debatiendo entre la risa y la lágrima por asistir a semejante subproducto fruto de las ganas de trincar pasta de todos los allí implicados. Los personajes no sólo habían envejecido, sino que lo habían hecho fatal. El gordito pelirrojo se había quedado igual de enano que en la serie. ¿Nunca creció? Estaba exactamente igual, pero con cara de hecho polvo. Y encima hacía de político. ¿de político, con esa cara de pavo? Bueno, quizá eso fuera lo más realista de la película. El hermano mayor, que aquí era el mejor parado, volvía de África o yo que se de dónde carajo, y se limitaba a aparecer por ahí sonriendo y sin hacer nada más. Daba lástima ver cómo pasa el tiempo con el pobre Algarrobo (perdón, Álvaro de Luna), ya casi un anciano, aunque para mi gusto es el que mejor se conservaba. Porque lo que dejaba estupefacto era la cara de Concha Cuetos, después del lifting facial que asemejaba un orondo sapo con los labios fijos y estirados. Si esa mujer era guapa en su madurez ¿para qué cagarla con la maldita cirugía? Pero quien se llevaba la palma, y lo dejo para el final, era el señor Carlos Larrañaga. Yo no se si estaba ebrio hasta caerse durante la grabación, o le ha dado una apoplejía o qué se yo, pero no se le entendía un pimiento cuando hablaba. Se limitaba a balbucear de un modo terrorífico. Parecía como cuando uno está hasta arriba de cubatas y se esfuerza en hablar bien, con el único resultado de no decir nada correcto, y encima hacer el ridículo. Así, en lugar de “mundo, decía “bubdo”, y en vez de “cárcel” decía “cábcel”. Un auténtico pifostio interpretativo, de tomo y lomo.

Mi mayor intriga era ver cómo había envejecido la pequeña Fanny, que por aquel entonces contaba con cinco o seis años. Y mis esperanzas se hicieron realidad. La Fanny en cuestión es ahora un pibón del quince, y encima lesbiana, con una novia que es otro pibón del quince ¡¡¡Es usted un viejo guarro, señor Mercero!!!

En fin, esto es como Indiana Jones 4, pero a la española. Otro sublime ridículo.


No hace falta presentación, tanto para aquellos que saben de fúbtol como para aquellos que saben de cine. Hoy toca recordar a Vinnie Jones, y repasar los aspectos más notables del que fuera otrora peón de albañil, con su característica jeta de demente desquiciado y coronado con un logrado corte de pelo militar que aún hoy día lleva con tan buen gusto.

Como futbolista, fue el estandarte del balompié de juego raso y tobillero, creando escuela a base de plantillazos, escalofriantes patadas, litros de escupitajos y malas artes, formando parte imprescindible de aquel Wimbledon de los años noventa, uno de los equipos más chapuceros y al tiempo irrepetibles de la historia, y su paradigma del fútbol cárcel.
Vincent Peter Jones fue un jugador marrullero donde los hubiera; nada de técnica, nada exquisiteces, el tiki-taka sólo lo practicaba para hacer crujir tibias y tabiques nasales… todo lo que hiciera falta por ganar.

Pero si  por algo será recordado en esta faceta deportiva, es por desplegar una maniobra de distracción en un partido contra otro futbolista borrachín de la época, Paul John Gascoigne del Newcastle El bueno de Vinnie le estuvo dando, como se dice vulgarmente, hasta en el DNI a Gascoigne, arreándole una buena tarascada al jugador cada vez que se le ocurría respirar. Le derribó 14 veces, le escupió en la cara, le amenazó de muerte y como colofón le agarró con inusitada violencia los testículos. La foto demuestra la angustia del momento.

La mala bestia de Watford también atesora el record a la expulsión más rápida en la liga, tal y como demuestra el vídeo adjunto (estad atentos, que si pestañeáis, os lo perdéis). Fue una más de las doce expulsiones que jalonaron la carrera del internacional galés.

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Se veía venir que esa actitud chulesca de matón de barrio, sus amenazas, su extrema violencia, harían de Vinnie Jones un profeta de la sociedad británica más chabacana, alcoholizada y depravada. Y ahí lo tenemos, haciendo carrera como actor más o menos despreciable, y convirtiéndose en un digno candidato de otro de nuestros actores fetiche, el gran Steven Seagal, aunque, la verad sea dicha, el estilo de Vinnie está poco depurado aún.
Desde luego, si me tuviera que quedar con una actuación de este rudo actor, ésta sería la de Tony “Dientes de Bala”, en Snatch, Cerdos y Diamantes (2000), aunque también ha destacado en papeles de matón en películas como Ella es el chico (2006), X-Men: la decisión final (2006), Operación Swordfish (2001) y Sesenta segundos (2000), entre otros títulos innombrables.

La figura de Vinnie Jones es, en definitiva, todo un guantazo de realidad en la época del fútbol marketing, de maniquíes con pelitos teñidos y mariquitas multimillonarias, así como en todo aquello que respecta al cine políticamente correcto, con sus nuevos actoruchos hipócritas y cínicos, con sus caras bonitas y papeles de bueno-buenísimo… de ahí nuestro sentido homenaje.
¡Párteles la boca a todos, Vinnie!