Topless Grotescos

Pettenman el 3 Julio 2009

Sé que me voy  a meter en un buen pantanal al tratar sobre este tema, y multitud de comentarios de pseudoliberales y progres van a salir a flote intentando rebatir mi humilde opinión acerca de los límites (por qué no) del topless en la playa.
Porque, reconozcámoslo, hay varios grados de topless, pasando el oteable (observado de refilón), el rijoseable (observado impunemente con o sin gafas de sol),  el indiferente y el grotesco.

Hoy me quiero centrar el ese topless grotesco que, desgraciadamente abunda cada vez más en nuestras playas, detalle del que no me di cuenta hasta que pasé un agradable día playero con Saqman y su familia de bien.

Supongo que la primera razón que lleva a las mujeres a enseñar el pecho es bronceárselo sin marcas de bikini, total, son sólo pechos, tetas, perolas, brevas de diversos tamaños y pelajes… ¿Qué hay de malo? Nada de nada, aparte de que quizá no es una buena zona para quemarla al sol (al igual que el escroto), pero sólo quizá.
Así cuando ellas luzcan un vestido estarán más monas, siguiendo los cánones de belleza actuales autoimpuestos por ellas mismas en las revistas Cosmopolitan y demás cutreríos mediáticos.

Ahora bien, dependiendo de su vergüenza ajena y/o amor propio, cada uno debería preguntarse qué es más estético y qué daña menos al prójimo:

a) ver esos pechos caídos y deslabazados, rebozados en arena, en posturas grotescas, desparramados sobre las hamacas…
b) lucir la marca del bikini.

Las revistas de moda dirán que la a), pero yo no lo tengo claro. Por ejemplo, mi sentido común, no me lleva a hablar de filosofía profunda, ni discutir acerca de los pormenores del Código Civil, y aunque que soy libre de hacerlo si me place, prefiero hacer mejor otras cosas, puesto que para ponerme en ridículo siempre hay tiempo.
De igual modo, todo el mundo es libre de hacer lo que le de la gana con su cuerpo, pero en medio de una playa, aparte de tu cuerpo corrupto en pelotas hay muchas otras personas, niños, niñas, abuelitas de la misma edad que no tienen que ver tan bochornoso espectáculo.

Soy de los que piensan que la sensatez se perdió hace tiempo, imponiéndose en su lugar el “porque me sale de los cojones”. Así, el vecino del 5º se pone a dar voces a las tantas de la madrugada por el patinillo, el niñato de turno se mea en la piscina comunitaria, el conductor irresponsable te adelanta por la derecha, porque pueden, y porque, por supuesto les salen de los cojones, sin importar nada el prójimo.

La sociedad, al igual que los topless, necesitan de un poco de cordura. Y ahora, que salten los progres


Me ha llevado más de veinte años amar la música de Jerry Goldsmith. Y puede resultar extraño, a ojos de un aficionado a esto de las bandas sonoras, mi rechazo insistente ante el que, a día de hoy, considero un genio. Quizá por pura seña de identidad adolescente no podía considerarme fan de Goldsmith. Es decir, era tan ultra fanático de John Williams que cualquier otro compositor que estuviera al nivel (y a veces por encima) obtenía mi rechazo. Es algo así como el Betis y el Sevilla, Mike Oldfield o Jean Michel Jarre, y el Donut blanco o el negro.

Incluso rechacé asistir a uno de sus conciertos en Sevilla. Claro, ahora me doy cabezazos por ello. Pero, no se por qé, no terminba de llenarme su música.

Sí, había temas muy chulos, como el archiconocido “Total Recall” que acompañaba a los partidos de fútbol del plus, o el inquietante tema de “Instinto Básico”. Pero ocurría una circunstancia fundamental, y es que la mayoría de las películas en que participaba Goldsmith no eran plato de mi menú. Y eso es fundamental en los amantes de la música de Cine. Amamos a Poledouris porque nos encantó Conan, y viceversa.

Pero los años dan sabiduría, y a base de escuchar, prestar atención, y conseguir extrapolar la música de la imagen, tuve que rendirme a la evidencia de que Goldsmith ha sido el gran genio cinematográfico de la segunda mitad del siglo XX. Tiene auténticas maravillas en su haber, dignas de ser estudiadas en clase de música en secundaria (y me consta que Morricone aparece en los libros de texto, toma ya, Erwillillo). Goldsmith era, sin duda, un autor todoterreno. Y esa es la característica que mayor valor le da. Capaz de componer una comedia, una melodía romántica, un ritual religioso, todo. Goldsmith no conocía fronteras musicales. Un autor lanzado, que no dudaba en introducir sintetizadores si la ocasión lo requería, y tampoco en experimentar con instrumentos poco comunes. A esta virtud hay que añadirle la prolífica carrera de este compositor, probablemente el que más bandas sonoras ha compuesto.

De Jerry Goldsmith, a día de hoy, me gusta casi todo. Incluso en sus obras más insulsas siempre puede encontrar uno dos o tres temas realmente magníficos. Es cierto que a veces cae en ciertas repeticiones inevitables, son muchos años y muchos pentagramas. Pero es imposible despreciar cualquiera de sus trabajos. Goldsmith se entrega, tanto que a veces la calidad musical supera con creces a la calidad artística de la película. Ha compuesto auténticas obras maestras para la serie Star Trek, teniendo en cuenta que cada película es más infumable que la anterior. De hecho, he probado con amigos a que escuchen temas de Star Trek sin saberlo y se han quedado sorprendidos.

Me acerqué definitivamente a Jerry Goldsmith con una de sus obras menores: “Hoosiers”. La famosa película de los ochenta del equipo de Baloncesto de pueblo en el medio oeste americano. Un muy correcto film que se ve engrandecido por una partitura maravillosa. Cualquier amante del deporte recordará su tema principal en los partido retrasmitidos por Ramón Trecet. En esta banda sonora se conjugan todos los elementos que me atraen de Goldsmith. El lirismo, la acción, el romanticismo, los sintetizadores, la sinfonía… todo parece mezclarse de un modo extraño resultando uno de sus mejores trabajos.

El siguiente paso para enamorarme de su música vino de la mano de Disney. Curiosamente con una de sus películas menos exitosas. Mulan, la guerrera de incógnito, se crecía con una música realmente espectacular. No existe concierto de Goldsmith en que no se haya interpretado esta pieza. Un auténtico despliegue de emociones que el compositor llevó a cabo rondando los ochenta años. ¿Qué autor, con esa edad, es capaz todavía de exhibir tanto talento? Mulan es una partitura de corte melódico, llena de referencias orientales, pero muy encaminada al estilo Disney, cargada de buenos sentimientos, y con un in crescedo que acaba dejando al espectador atónito. Desde aquí aseguro que es una maravilla que debería poseer cualquier amante de la música.

A partir de ahí escuché muchísima música de Goldsmith, pasando por “El Planeta de los Simios”, “Patton”, “El Guerrero Número 13″, “Acorralado”, “Gremlins”, “Poltergeist”, todas auténticas obras maestras.

Pero la que dió el golpe de gracia que me hizo arrodillarme ante el autor fue, curiosamente, la que le llevó al estrellado, al Oscar, al olimpo de los músicos de cine: “La Profecía”, el magnífico film de Richard Donner.¿Alguno de los lectores ha escuchado esta música? ¿Ha sido capaz de escucharla de noche, entre tinieblas? Goldsmith compone la que, para mí, es la pieza definitiva de la música de terror. Una coral satánica que transporta al oyente a lo más profundo del mito religioso, al más bajo de los temores y miedos del ser humano. Qué auténtica maravilla. El tema principal deja huella, y escuchar su interpretación en directo es, verdaderamente, una experiencia sobrenatural. Puedo asegurar que Goldsmith encontró la piedra filosofal con esta composición, que engrandece una película ya de por sí mítica, y que lleva las interpretaciones de los actores a otro nivel. De hecho, el propio Donner reconoce el valor de la música para aterrorizar al espectador.

Jerry Goldsmith faleció hace unos años, dejando una legión de seguidores por todo el mundo. El fandom de las bandas sonoras se rinde a su talento, y le consideran un intocable, una pieza única, un compositor con una trayectoria que jamás se podrá igualar. Y yo, veinte años después, les doy la razón.


Los Niñardos

Zopaias el 1 Julio 2009

No me gustan mucho los niños. De hecho sólo hay unos cuantos niños que me molen: Mis sobrinas, el hijo de mi amigo Lobo, Unai, el Pableras, que es el hijo del Reno Renato, y las niñas de Alfonsina (Reno y Alfonsina ya conocidos en esta casa).

No soy de ésos a los que se les cae la baba cuando ven a un niño y les hacen cucamonas. Cuando aparece un niño, por muy gracioso que sea, yo me quedo impertérrito, no sé cómo tratarles… Por ejemplo, a mis sobrinas sí sé cómo hablarlas y cómo tratarlas, porque son parte de mi familia, pero a un niño “anónimo” que se acerca por allí, no sé cómo tratarle, porque si le hago cucamonas me siento ridículo y tampoco le puedo hablar como si fuera una persona mayor, que quedaría más ridículo todavía, por lo que trato de mantenerme un poco al margen cuando aparece un niño en escena. Tanto es así y tan sieso soy con los niños que el Reno Renato “amenaza” a los niños que acuden a nuestro curro con llevarles con el Tito zopa si se portan mal, jojojojojo.

De todos modos, hay que distinguir el concepto “niño” del de “niñardo” El “niñardo” es el típico niño que existe en los restaurantes en todo lo ancho y largo de nuestro país, e incluso del globo terráqueo. Es ese niño porculero que se dedica a correr por entre las mesas, sin parar de gritar, rodeando tu silla, echándote su aliento mientras corre por donde estás sentado, incluso llegando a tirar alguna mesa o silla en sus demenciales carreras. Es ese niño al que te dan ganas de retorcerle el pescuezo porque todo lo que dice lo dice gritando. Más que gritando, rebuznando. Es ese niño tan típico de bodas, comuniones y saraos que lo único que hacen es dar por culo, cogerse rabietas, pegar a sus hermanos pequeños y desesperar a sus padres. Aunque hay padres, sobre todo los de los niñardos de restaurante,  a losque se la sopla lo que haga el niño o que se tome el comedor del restaurante como si fueran las 24 horas de Lemans: Los padres están ahí como si nada pasara, y, como mucho, someten al tierno infante a una pequeña amonestación en forma de decir su nombre completo (por ejemplo, si se llama Pepe, le dirán “José Antonio, para ya, por favor”) o en su defecto dirán su nombre alargando mucho las vocales (”Mameeeeeeeeeerto, estate quieeeeeeeeeeeeeto”). Y con eso creen que el niñardo les va a hacer caso.

Los niñardos, por regla general, además son bastante repelentes, bastante rechupantes y redichos, amén de caprichosos, egoistas y crueles. Alguna vez he visto algún capítulo del programa ese de Super Nanny y hay que ver qué perfectos hijos de puta en miniatura que hay sueltos por ahí, de esos que son capaces de  hacerte mirar con frenesí una soga y una banqueta.

No sé cuál es el motivo de la proliferación de estos niñardos. La verdad es que éstos son legión e ignoro si es por causa de la educación, tan metódica, a la que ahora son sometidos los niños tanto en lo social como en lo cultural (hay horarios para todo, actividades extraescolares, campamentos, Playstations, canales temáticos sólo para niños, etc, todo como muy calculado y medido), que la generación mía jamás conoció  o es problema de los padres “modernos” o no sé qué será, pero el caso es que la proliferación de estos pequeños Damiens hacen que a veces te acuerdes de Herodes con un suspiro de nostaliga y melancolía.


No sé si lo habréis visto en las noticias, eso de que el Rey de España está por ahí de viaje, y como no hay crisis ni nada, se nos marcha a las antípodas, a hacer sus labores de Rey, con dos cojones.

Y como dicen los más ancianos del lugar, allá donde fueres haz lo que vieres; Así lo han hecho durante estos días los Reyes con, por ejemplo, un gesto que es portada en muchos periódicos, y que consiste en unir las frentes y las narices.

Pero en una de estas recepciones ha estado a punto de formarse la marimorena, ya que se inició una danza tribal que comienza con tres bocinazos de una caracola. Entonces, un guerrero medio en pelotas se acerca al Rey con gestos intimidatorios, ocultando en su cinturón el rakau tapu, o el dardo símbolo de la paz.
El maorí arroja con desdén al suelo la saeta y, mientras, espera a que el invitado la recoja, para determinar si el visitante llega en son de paz, o con ganas de reyerta.
Juan Ca se agacha e intenta recoger el dardo en señal de sus buenas y sanas intenciones, pero llega una inoportuna cambayá del Rey que por poco es considerado por los allí presentes como causus beli con Nueva Zelanda.

El video recoge la cambayá de Su Majestad, y observándolo detenidamente, está claro que algo pasa con el Rey… pero no sabemos el qué, de ahí el motivo de esta encuesta:

NOTA: Es posible votar sobre dos hipótesis.

¿Cuál es el motivo de la cambayá de Su Majestad en Nueva Zelanda?

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GarciaLorcaLa música es muy golosa: todos nos acercamos a ella de una manera u otra. La consumimos bien escuchando, bien leyendo sobre ella, bien tocando algún instrumento… Y también es muy generosa: tenemos música de diferentes estilos, épocas, con diferente instrumentación… y que nos provoca diferentes reacciones, desde la más tranquila a la más enérgica. Así elegimos en cada momento qué tipo preferimos. También está la música que simplemente acompaña o envuelve algo: la cabecera de un programa de televisión, un anuncio, un acto público, la extracción de una muela…

…una obra de teatro, un poema…

La música está en todos lados y desde que el hombre es hombre.

Federico García Lorca fue un buen pianista. Hay grabaciones que así lo demuestran. Siempre estuvo interesado en ahondar en el folclore andaluz, engrandeciéndolo y haciéndolo suyo, de una manera muy personal y a la vez universal. Y su contacto y amistad con grandes del panorama intelectual español del siglo pasado, como Falla, Dalí, Buñuel, nos permiten entender la capacidad de este hombre para asimilar nuevos enfoques y tendencias en el arte en general, no sólo en la poesía o el drama. Pero mejor, y antes de meter la pata, cambio de tercio, que hay mejores páginas en internet hablando sobre él.

20071021elpepicul_8Como digo, la música es muy golosa. Yo mismo he querido acercarme bastante a ella, especialmente a través del teatro y de grupos que me han permitido colaborar con ellos. Lo malo es que es golosa hasta el punto de que en demasiadas ocasiones he tenido que trabajar con directores que también se sienten atraídos por la música, y por la tentadora tarea de componer: tarareando una melodía, un ritmo, proponiendo la utilización de un determinado instrumento, un arreglo… Así, cuando te sientas con ellos para ver cómo se puede musicar un drama, te indican cómo debe ser la música. Quieren que la hagas tú, pero como ellos te dicen. Y después de 14 años, todavía no sé cómo se puede hacer eso. En el mejor de los casos, sus propuestas son prácticas, funcionan, aunque estén basadas en clichés musicales, referencias musicales que todos tenemos de cómo puede la música acompañar o provocar un determinado estado emocional, etc. Y claro, en ese momento, la poca creatividad que tengas, queda totalmente abolida. Si quieres hacer algo de una manera mínimamente personal y sincera, te tienes que esperar. Es precisamente en ese momento donde entra en acción una habilidad que he ido desarrollando desde niño. Se trata de hacer ver que accedes a lo que te dicen, incluso poniendo un gran interés en ello, sorprendiéndote por la originalidad de la idea, para después hacer lo que te dé la gana, pero haciendo incapié en que era exactamente lo que te pedían, que has sido obediente. A veces funciona, a veces no.

Resulta que el dramaturgo para el que he tenido la suerte de hacer más música es Federico. Y la verdad, siendo pianista y amigo de Falla, siempre me queda la extraña sensación de que probablemente no aprobaría mis propuestas.

federico-garcia-lorcaCon veinte años hice con una guitarra sola “La Casa de Bernarda Alba”. Con el grupo universitario “Caramba Teatro!” hice (disfrazado de mosquito con el bueno de Emilio López, Manu Collado y Fernandito Guillén) “Los Títeres de Cachiporra”. También tocamos para la lectura dramatizada de “Poeta en Nueva York” y “El Maleficio de la Mariposa”.  (Por cierto, un verano, hace como diez años, recreamos la actividad de “La Barraca” y sus giras por los pueblos más pequeños de Andalucía, llevando el teatro donde no hay salas. En algún pueblo no había más de cincuenta habitantes. Este Lorca era un tío genial. Eso sí que es tener preocupación social). Y por último, este año hice para Germán Coronas y su grupo “El Amor de Don Perlimplín con Belisa en su Jardín”.

No sé si Lorca les daría el visto bueno.

Por si no tenéis nada mejor que hacer, os dejo algunos momentos de “El Amor de Don Perlimplín…”

“Ratones”

Tema principal de “Don Perlimplín”

“El Amor de Belisa (Perlimplín)”

“El Honor de Don Perlimplín”

“Herido” (Perlimplín)


Se va Michael Jackson

Pettenman el 26 Junio 2009

Se nos va Michael Jackson: el de “Beat it”, el de “Billy Jane”, el de “Dirty Diana”, el de “Liberian Girl”… el que hizo de cada lanzamiento de sus discos un auténtico espectáculo, el bailarín imposible al que se le permitía llevarse la mano al paquete sin ningún tipo de censura.
Se nos va Michael Jackson, el que consiguió que me cagara por la patilla abajo con 7 años con su vídeo de “Thriller”, el que acertó con Vincent Price como colofón a dicha canción; el que reunió a tantísimos artistas del momento para rodar su video de “Liberian Girl”, o cantar aquello de “We are the world“; el que me dejó boquiabierto con aquel primitivo morphing de “Black or White”.

Y se nos va el Michael Jackson que mató a Michael Jackson, el que lo dejó como un juguete roto; el de las mil y una operaciones de estética convirtiéndolo en una caricatura de si mismo; el hortera megalómano con sus delirantes y ridículas de sus excentricidades; el amigo de los niños, para lo bueno y lo malo; el orgulloso artista que no supo o pudo retirarse a tiempo.

Se nos va todo eso y más, y como lo cortés no quita lo valiente, hay que reconocer su valía.
Además, porque he visto a la Vane un poco triste desde que supo la noticia, me he sentido en la obligación de dedicarle este pequeño post, a ella y a Michael Jackson. Quizás porque Michael Jackson era para ella como para mi lo es Mark Knopfler, o como para Saqman y Zopaías significa aquel Jarre de antaño.

Y lo peor de todo, es que aquella profecía que balbuceó en plena borrachera un amigo mío comienza a tener sentido: “No, si al final Raphael los acabará enterrando a todos”.

Por lo pronto ya va para allá el Rey del Pop, que se dice rápido.


No hace mucho, enseñándome el Reno Renato las fotos de un viaje que hizo a Nueva York, me enseñó una que hizo que tuviera un amago de desprendimiento de sobaco: Se trataba de un cuadro expuesto en un museo de la ciudad en el que todo era azul. No había más, sólo un marco y todo lo demás pintado de azul. Y ese cuadro estaba colgado en un museo de arte de Nueva York, con dos cojones.

También recuerdo ir hace algún tiempo al Museo de Arte Reina Sofía y entre otros grandes cuadros, como el Guernica de Picasso y demás obras maestras, pasé a la sala dedicada a Miró y aquello fue como para mear y no echar gota, ya que si el arte moderno consiste en dar cuatro rayajos, tres colores y cuatro manchas, entonces, para mí, y sólo para mí como profano en el arte, el arte moderno es sebo puro reconcentrado.

No entiendo cómo pueden llamar arte a esos cuadros que pretenden ir de modernos, y que no te dicen nada de nada: Cuadros que consisten en brochazos sin ton ni son, colores que parecen puestos a lo loco, formas imposibles que no son absolutamente nada…. Al artista que crea estas obras, les parecerán geniales, al crítico de arte, lo mismo le parecen sublimes y al estudiante de arte quizá les parezcan el modelo a seguir, pero a este Sombrerero estas obras le parecen una pollada de dimensiones inabarcables.

Además, lo gracioso es que los autores de obras de arte moderno no sólo tienen los cojones suficientes para exponerlas al público en una galería de arte, sino que encima las venden y no por dos euros o por veinte… Los precios que se barajan en el mercado del arte son astronómicos: Por ejemplo, un cuadro de Miró, consistente en un fondo azul y cuatro rayajos y cuya reproducción les pongo un poquito más arriba, cuesta, como precio de salida en subasta, de 470.000 a 627.000 euros. Y encima el tío llamó a la obra “Blue Star“. rico.

Eso sí, habría que darle un premio al primer “artista” que expusiera o vendiera uno de estos cuadros compuestos de rayas y colores, que no sé quién sería. La pechá de reír que se pegaría el tío sería minina. Los demás verían que la cosa funcionaba y, hala, a crear arte moderno como churros, venga.

¿Quién compra este sebo puro al que llaman arte? Pues el ricachón aburrido, supongo yo, porque esto lo pinto yo (es muy dado a decirse sobre las obras de arte moderno que “estos tres rayajos los pinto yo”, pero es que en este caso este dicho popular es verdad), lo llevo a una galería de arte y les aseguro que lo más probable es que me obligaran a metérmelo por el orto. Pero claro, si ya es Miró el que lo hubiera llevado, pues ya estaría expuesto, admirado, y vendido a un coleccionista aburrido por una morterá de euros totalmente indecente, poco más o menos como en el fútbol.

Pues así es el arte moderno de este tipo (que no hay que generalizar, que hay arte moderno que se puede entender y disfrutar) para este Sombrerero: Broza pura, digan lo que digan en ARCO.


Lan Trong Ngoan

Saqman el 25 Junio 2009

“El perdón es la venganza de los buenos”.


Hoy he leído una de esas noticias de contenido liviano e intrascendente que me gusta comentar en este blog, porque tiene su miga.

La noticia trata sobre el adelanto de la pubertad femenina. En dicho artículo, se trata, de forma más o menos rigurosa, el adelanto del inicio de la pubertad femenina en un año en sólo una década y media.

Así, según un estudio más exhaustivo realizado en Europa sobre cómo está cambiando la edad de inicio de la adolescencia, si en 1991 la media de edad del inicio de la pubertad en las niñas se situaba en 10,88 años, en el 2006 había bajado a 9,86 años. O, lo que es lo mismo, la pubertad ya suele empezar antes de cumplirse los diez años.

El artículo se completa con escalofriantes testimonios afirmando que: “Nos llegan casos de niñas de siete años que inician el desarrollo mamario, lo cual es inaceptable en nuestro medio. Y son frecuentes las consultas por desarrollo mamario en niñas de ocho y nueve años“. Y es que ya lo decía el sapientísimo refranero español: Las niñas echan las tetas antes que los dientes.

No hace falta un estudio para corroborar este aspecto; nada más que hay que darse un paseo por la calle para comprobar que algunas impúberes ya apuntan maneras desde la tierna infancia. Y por más que en el artículo intenten culpar a contaminantes químicos que imitan los efectos de los estrógenos en el organismo, yo soy de la teoría de que la culpa la tiene la sociedad, la televisión, y por supuesto los progenitores de estas generaciones avanzadas.

Aunque yo echo en falta algún dato acerca de la pubertad en los chiquillos. ¿Y los niños? Pues acarajotados, como siempre ha sido, es y será per omnia secula seculorum.

Dentro de poco nos acostumbraremos a esas chocantes parejas de novios adolescentes, en los que ella le saca a él como medio metro de espaldas, dos cabezas por lo alto, y dos pedazo de melones por delante.

Los tiempos cambian, y parece que sólo ellas están preparándose para lo que les depara el futuro, bastante incierto de seguir Bibiana Aído en el gobierno de España, expeliendo pamplinas del aborto a los 16 años y demás tonterías.

Pero ese no es el mayor problema. Desde mi punto de vista, el principal inconveniente es que se adelanta un año la adolescencia, pero no se termina un año antes, por lo que la famosa y a la vez temida “edad del pavo” puede prolongarse la friolera de 10 años… o más, según el caso.

Así dan ganas de borrarse de padre.


El Bienqueda

Saqman el 24 Junio 2009

¿Cómo empezar un artículo sobre un capullo bienqueda?

Llevo conviviendo con bienquedas desde que andaba por Madrid. Allá en mi antigua empresa (aunque de mía no tiene nada) me topé ya con un personajillo de esos que suelen pulular por cualquier consultora informática que se precie, además de carapanes y katana boys. El tipo este, lleno de pecas y con el peinado de Tino el de Parchís siempre llegaba una hora tarde al trabajo, con una sonrisa de listillo perdonavidas que provocaba la ira de sus compañeros de equipo. Un auténtico arribista cabrón. El bueno de Eugenio sabrá a quién me refiero. Lo peor es que la última vez que le vi, unos tres años después, había llegado a gerente.

Hace poco tuve la suerte de encontrarme con un bienqueda en mi actual empresa. El tipo se llama Juan Luís, pero para mantener su anonimato le llamaremos… Juan Luís Bienqueda. Un auténtico capullo, oigan. Porque para acatar la normativa 2.25/38 de la Ley de Protección de Bienquedas hay que cumplir con ciertos requisitos. El primero de ellos es una eterna sonrisa. Da igual que la persona a la que se dirija sea el jefe, el lechero o un negro homosexual adicto al crack. El bienqueda de turno contraerá los músculos faciales para mostrarle la mejor caja de dientes de la que dispone. Tampoco importa si uno está en plena discusión con él. Siempre sonreirá y te dirá algo así como “tranquilo, chaval…”, dejando clara su superioridad social e intelectual. ¿Qué “chaval” ni que “chaval”? Lo que voy a hacer es cagarme en tu putísima madre, imbécil. Otro de los requisitos de los bienqueda es vestir a la última moda. Si lo que se lleva es traje de diplomático con corbata estampada, este personaje no dudará ni un instante en subirse al carro de los fashion victims. Y, cuanto más grande y llamativo sea el puño de la camisa, mejor. y si encima lleva gemelos y zapatos de punta larga, más bienqueda. Sobre su eterna sonrisa, siempre lleva el pelo de tal modo que parece despeinado, pero que es producto de horas de ajustes tras el espejo. Un pelito para acá, otra puntita para allá.

En el capítulo 7 del Manual del Joven Bienqueda se especifica claramente que es obligatorio incluir un “¡hostias!” o un “¡joder!” en el vocabulario del sujeto. Así mismo, en cualquier conversación es axioma mencionar a la mujer o los niños del interlocutor, siempre evitando el nombre, puesto que jamás se lo sabrá. Por último, un bienqueda siempre debe acabar una conversación con el prefijo “A ver si” y el sufijo “Un abrazo”.

En resumidas cuentas, el sujeto dirá, “Joder, hace mucho que no veo a tu mujer. ¿Qué tal los niños? Unos monstruos, ¿eh? A ver si quedamos un día para almorzar los cuatro, ¡hostias! Un abrazo, chaval”.

No piensen ustedes que los bienquedas se limitan a cuidar su vocabulario. Son unos auténticos adictos a la belleza y al deporte. Lucharán contra viento y marea para que les quepa la ropa de talla M de Sfera, e intentarán evitar la tripita cervecera tan agradecida en esta edad. Para ello, se machacarán en los gimnasios y destacarán en cualquier deporte. Pero no se confundan, un bienqueda no juega al futbito, se va a esquiar. O a jugar al Polo. Otro clásico es ver al bienqueda llegar a la oficina con su traje de diplomático y la funda de la pala de Paddel.

Lo más accesible, sin duda alguna, de los bienquedas es el agujero del culo. Estos tipos tienen una facilidad asombrosa para bajarse los calzones y adoptar la posición del “potrillo de Paterna” cuando al jefe le entran ganas de joder a alguien. Lo malo es que suelen ser bastante rencorosos, y si por desgracia tienen un subalterno, no tendrán piedad y repetirán la operación “toma Tulipán” con el pobre becario.

Nuestro amigo Juan Luís Bienqueda cumplía a la perfección todos los requisitos. Aunque, día a día, demostraba su completa ignorancia en cuanto a temas laborales se refiere, el tipo se movía como pez en el agua en eso de pelotear a diestro y siniestro, y utilizar todo tipo de eufemismos para decir mucho sin decir nada. Todo un político populista, de verdad. Este tío demostró su miseria durante mucho tiempo, y luego se marchó montando un espectáculo patético. El tío mierda para despedirse, invitó a comer y todo. Un auténtico despliegue culinario en el restaurante de menús a 8 euros que hay al lado de la factoría. Lo gracioso del caso es que el muy cabrón pasó tres kilos de invitar a sus compañeros de equipo (al que yo no pertenecía, a Dios gracias) e invitó sólo a los jefes de cada equipo de la empresa. Tó wena gente…

Otro clásico de los bienquedas son los correos de despedida. Después de muchos años he tenido la desgracia de leer demasiados emails de este tipo pero, sin duda, el que más me gustó fue el de nuestro amigo Juan Luís Bienqueda, que les copio abajo.

Queridos Todos,

Como os anticipé días atrás, hoy es mi último día trabajando para XXX. En este tiempo he tenido la oportunidad de compartir buenos momentos con la gran mayoría de vosotros, y aunque es triste tomar la decisión de partir, a todos nos llega el momento de decir adiós.

He aprendido mucho, con y de vosotros, y esto es algo que siempre irá conmigo a donde quiera que vaya. Me voy contento de haber tenido la oportunidad de conoceros personalmente y de haber trabajado con vosotros, y por ello quisiera agradeceros el compañerismo con que siempre me habéis tratado.

Especial mención y mi total gratitud a YYY (éste es el jefe), por darme la oportunidad de formar parte de esta empresa, y apoyarme en los momentos difíciles.

Un abrazo y hasta siempre

Lo que les digo, un crack.