El Sombrerero Loco, además de gastar muy mala hostia, tiene un gusto musical que difiere del resto de lapoblación, digo yo, a tenor de la cantidad de grupos mercachifles que llevan inundando las parrillas sonoras de la radio y televisión desde hace varios años. Porque ya manda huevos aguantar a clientes imbéciles, a jefes inútiles y a cajeras de supermercado con mala hostia y peor acento, para que encima uno encienda la radio y tenga que escuchar al zurnormá de locutor lamiendo el orto de cantantes que, al entender del Sombrerero, merecerían el destierro, previa extirpación quirúrjica de genitales.
Es por eso que, como experimento para los pocos y bondadosos seres que nos leen, proponemos una encuesta para determinar el ranking del cantante o grupo más mercachifle de este país.
Jarabe de Palo. Nada mejor que empezar por un gran vaina. Resulta que esto es un grupo, aunque yo jamás he visto a los otros cinco miembros. Nada más que sale el barbas ese con cara de Pan Bimbo poniendo expresión de pena. No es fácil describir la fatiga que puede llegar a producir oir una canción con una única palabra repetida trescientas veces. Hay que tener poca vergüenza para creerse un letrista escribiendo semejantes mamarrachadas tan de seguido, oigan. Y encima el colega se dedica a plagiarse a sí mismo de canción en canción, cambiando una palabra por otra, y punto pelota. Si exiten nosecuantas mil palabras en el diccionario de la RAE, el tío tiene nosecuantas mil canciones pendientes. Para mandarlo, y ustedes perdonen la vulgaridad, al carajo, literalmente. Este es el primero de una larga lista de imbéciles que promueven el movimiento antigloblalización y luego conducen un BMW.
Los Secretos. Otros que tal bailan. Ahora que, por un extraño azar del destino, estamos en plena fiebre revival de los ochenta, llegan esta gente, que sólo han tenido dos canciones pasables en su haber, a soltarnos el rollo de que si la movida madrileña, que si la banda sonora de tu vida y que si leches en vinagre. Que también manda cojones que el pesao del Urquijo siga viviendo del cuento de la muerte de su hermano; al fin y al cabo el único que medio valía la pena. Vamos, el clásico ejemplo de músico carroñero que se aprovecha de la muerte un artista para sacar discos. Véase Shaila Dúrcal (a esa le daba yo de cates en la frente) o Rosario Flores. Supongo que esta gente se dedican ya a dar conciertos de esos patrocinados por el Ayuntamiento de turno, porque no habrá alma humana que suelte veinte euros para ver a esta gente.
Monica Naranjo. La carrera de esta piba también es digna de mención. Vengo observando desde hace un tiempo que existe un viejo truco para promocionar un artista en España. Si al nota en cuestión no lo conoce ni el tato, basta decir la siguente frase: “¡¡¡ (Aquí va el nombre del artista melón) llega a España proveniente de su fulgurante carrera de éxitos en México !!!”. Y, claro, como aquí nadie hace ni puto caso de lo que suena en Radio Chapultepec, pues todo quisqui se lo traga. Póngase de ejemplo, otra vez, a Shaila Dúrcal. Pues con esta tía pasó lo mismo. Llegó aquí a cantar unas canciones un taco de raras con sobredosis de efectos horteras, y mostrando un look que quedaba a medio camino entre putoncillo de barrio y dominatrix. Cómo no, la mezcla resultó un éxito del copón, sobre todo cuando empezaba a sacar pechera en revistas como MAN. Actualmente parece haberse reciclado en una especie de Sarah Brightman a la española, sin perder un ápice de hortereo cañí, y enseñando menos teta.
La Oreja de Van Gogh. Qué puedo decir de esta gente sin que me quemen en la hoguera por hereje. Un grupo de éxito rotundo a nivel nacional, hispano e internacional. Diez años de canciones en listas de radios, tops en ventas, discos de oro y platino. Pero el Sombrerero Loco deposita sus heces en cualquier lista de éxitos de la radio, y afirma categóricamente que odia a este grupo de anormales. A ver, por partes. Para empezar, el calvito con cara de ir en bici al trabajo. Tío, no me vendas más la moto de que tienes veinte años, con las camisetitas radicales, si sabemos que tienes un chalé en la Moraleja que quita el sentío. Por no hablar de la oronda cantante rubia, la abeja Amaia, que manda cojones. ¿Alguien me puede explicar cómo de bien canta esta tía? Porque, salvo poner voces forzadas y falsete, esta tía canta menos que Pepe Sonrisas siendo empernocado. Desafinar, lo que es desafinar, y un torrente de voz de diez elevado a menos quince decibelios. Vaya mamarracho. ¿Y encima la piba se plantea una carrera en solitario? No lo veo, no señor. Yo sólo soy capaz de imaginarla despatarrada en el sofá hinchándose a donuts. El otro es para ignorarlo, pasa tan gris y desapercibido como su música. Con quien me quiero ensañar es con el ricitos. Que tío más ñoño, carajo. Ese era el típico sabelotodo soplapollas y tocacojones del colegio, seguro. Ahí con los tecladitos, dando porrazos y poniendo cara de Goonie pajillero. El Sombrerero también le daría un toque de atención para que cambie el look de tontopolla y asuma la edad y los michelines con dignidad, que tienes dinero para hacerlo chaval. Opérate. Opérate ya y deja de agobiar al telespectador con tu presencia y tus canciones ñoñas. Aunque el pecado capital de este grupo, es que ha generado una cantidad de imitadores, a cada cual más nefasto. He ahí La Quinta Estación o El Sueño de Morfeo. Todos grupos con nombres de imbéciles que se creen muy cultitos por leer tebeos y estar suscritos a Círculo de Lectores. ¿Que morfeo, siendo el dios del sueño, tiene un sueño? Jo tío, que ingenioso eres. Ahora métete un dedo en el ano. Lo peor.
Manolo Garcia. Lo siento, Manolo, picha, en el fondo me caes bien, y tienes talento. Pero es que, ioputa, llevas veinte años con la misma canción. Que todo lo que cantas es igual, yendo así de eterno poeta incomprendido con unas letras del copón, y una cara de mejillón en escabeche que me da una tristeza de verte, no se, parece que te falte una razón para vivir. No te entiendo. Por no decir que llegas a ser un cansino mortal, porque cada año tus canciones se hacen más aburridas, y creo que ya ni tú mismo te las crees. En fin, Manolete, que no quería ponerte en esta lista, pero creo que un poco sí te lo mereces.
El Canto del Loco. Me dejo para el final el peor. A este grupo le pasa igual que al del cara de Pan Bimbo. No se cuantos son, pero siempre veo al imbéssi del tatuaje. En los cuarenta, con la Patricia Conde (ahí sí te marcaste un punto, lo reconozco), en series de televisión, en el cine. Tío más pesado, leñe. Este es la quintaesencia del personajillo ese que va de radical, de escupir al micrófono, del “tío, que guay soy”, del “llevo la ropa rota, que guay soy, joder”, de pegar saltitos en los conciertos, de ir de gamberrillo de barrio que las pone a cien, en fin, un vaina de tres al cuarto que al final, al igual que el otro, seguro que conduce un BMW del copón, y se gasta en ropa en un mes el presupuesto familiar de un año. Eso sí, se apunta a todos los mítines pro-zapatero y derechos sociales donde se le pueda ver. Del estilo del Manu Chao, que también manda cojones. Vaya tela, que me gustaría verle algún día sin los piercins y de traje haciendo una entrevista en Arthur Andersen. Estaría cachondo.
En fin, señores, opinen cual de todos ellos les merece un odio más execrable.

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