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La Importancia del Icono: Penélope |
Pettenman
9 Septiembre 2010 |
Será cosa mía, pero estoy observando que, últimamente, los modernos más modernos, esos de gafa pasta, camisetas con mensaje y cierto aire retro-progre llevan una pegatina de Apple en el coche, justo al lado de otra con el nombre del conductor acompañado de unos molones caracteres orientales, siendo el vehículo en su gran mayoría el Polo, Ibiza o utilitario de similares características.
Por lo visto, ahora toca La Manzana, ahora que eso de la esperpéntica pegatina con el nombre de él y de ella, en plan “Deborah y Yoni” ha pasado a un funesto recuerdo. Pegatina con los patronímicos que fue la encargada de suplantar a aquella del Toro de Osborne, cuya misión a su vez fue la de enterrar a aquellas de flores de Loreak multicolor que tanto daño han hecho en las retinas de los conductores.
Hay que ver la importancia que tiene un icono, sobre el propio icono del S. XX, el automóvil. Pero hoy nos vamos a centrar en un icono automovilístico de los ochenta casi olvidado, el logo de Penélope, esa enigmática mujer con sombrero y cabello largo, y que desde siempre su significado ha representado un gran misterio para mi…hasta hoy.
Primero conviene aclarar, para los neófitos, que esa mujer representa el logo de la Discoteca Penélope, creada en 1968 en Benidorm, destino turístico hortera donde los haya, y más en aquella época de la que hablamos.
Por tanto, la adopción de aquel logotipo haría las veces de rito iniciático a la movida nocturna, al Dabadaba Project, a las bolas de espejos y mullets en ciernes, al canalleo trasnochador de los macarrillas de los postreros 70 y principios de los 80, que colapsaban los Golfs GTI , SEAT Fuego y Citroën CX 2400 Palas con pegatinas de “la disco más cañera del momento”. Incluso, y he aquí un dato curioso, sólo habiendo acudido una –o ninguna- vez a la discoteca en cuestión.
El logo de Penélope y su filosofía de vida asociada rivalizaba, por aquellos entonces, con el memorable sol sonriente y su “Nuclear, no gracias!”, que indicaba, a todas luces, que el conductor de aquel R5 GT Turbo comulgaba con los ideales de Tierno Galván y Alfonso Guerra más que con los de Fraga Iribarne. También era muy común encontrar, sobre la parte trasera de un destartalado SEAT 131 Supermirafiori, una pegatina con la efigie de Camarón. No hace falta revelar la calaña que viajaba a bordo.
Todo aquello se perdió en la noche de los tiempos, sobre todo si hablamos de Penélope. Hoy día cuesta ver algún coche, con matrícula de tres letras, que lleve detrás dicho icono, quizás porque no se identifican con la vida nocturna que la discoteca Penélope ofrece, o simplemente porque Penélope ya no es lo que era (nada más que hay que visitar su página web y comprobar que los espectáculos de antaño brillan por su ausencia).
En cualquier caso, sirva este artículo para hacer un poco de justicia y darle la importancia que se merece a Penélope, esa enigmática mujer del sombrero en la parte trasera de un coche, icono de la vida nocturna y canalla ochentera donde los haya. Pero ya se sabe, la moda es pasajera, para bien o para mal.
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