
Curioso el concierto al que tuve la suerte de asistir anoche. Y no crean, no fue tarea fácil sacar un par de horas para poder sentarme a disfrutar de otra noche inolvidable.
Dentro de su programación anual, este año el Teatro Villamarta de Jerez nos ha sorprendido gratamente con la inclusión de este “Cine en Concierto“. Un evento inusual que ha tenido una respuesta muy favorable entre el público, a tenor de las localidades vendidas. Prácticamente aforo completo, con más mérito por ser lunes.
Saber que la Orquesta Sinfónica Nacional Checa iba a intepretar un repertorio variado de bandas sonoras me motivó a ir. No es común por estas tierras disfrutar de un evento así. Otra circunstancia llamativa era que, por primera vez, iba a asistir a un concierto sinfónico donde las labores de dirección las realizaba una mujer. En concreto, Inmaculada Lucia Sarachaga, de nombre artístico Inma Shara, una joven y prometedora directora española, natural de Álava.
Uno, que durante muchos años ha asistido a espectáculos en la Real Maestranza de Sevilla, se siente un poco desangelado ante la humilde puesta en escena del Villamarta. Al fin y al cabo, se trata de un pequeño teatro, cuyo escenario no es demasiado grande ni está preparado. De hecho, la orquesta se encontraba bastante apiñada, y no había diferencias de altitud, lo que prácticamente impedía ver los metales y los vientos, que quedaban detrás de las cuerdas muy escondidos. Tampoco la percusión, que se intuía en el centro, quedaba muy clara. Desgraciadamente la acústica del local tampoco acompañaba, porque, aún pudiendo distinguir todos los instrumentos, los sonidos quedaban algo apagados y encerrados en el escenario, resultando un volumen medio que supongo no cubría a la perfección el espectro de butacas.
La llegada de Inma Shara dejó claro el tipo de espectáculo que se ofrecería. Un concierto cercano, muy enfocado a un público neófito y acostumbrado a otra clase de espectáculos. Quizá el tono que la propia directora infería al concierto no es el adecuado, para mi gusto. Sobre todo porque era un contínuo alarde de gesticulación. Su batuta inquieta recorría el escenario, y no dejo de pensar que sobreexageró enormemente su actuación. Ella era la estrella. Aunque, por otro lado, no dejaba de ser divertido verla casi bailar por el escenario. Un buen rollito un poco preparado, pienso. Nada que ver con el modo en que Howard Shore o Ennio Morricone dirigen sus orquestas.
A pesar de las carencias detalladas, el concierto fue de exquisita belleza. Elegante, es la palabra que lo define. El amor de la directora por el cine italiano y su música quedaba patente en un programa de lo más sugerente.
El concierto comenzó con el famoso Vals que aparecía en la película Il Gatopardo. Un inicio prometedos, contenido, donde quedó clara la carencia acústica del Villamarta, pero bastante agradable de oir. Sin embargo, fue Max Steiner y la triunfal entrada de Lo que el Viento se Llevó cuando me sumergí completamente en el concierto, en la magia del cine y sus bandas sonoras. Es grandioso escuchar la mítica melodía del tema de Tara en directo, y entrañable, cómo no, para cualquier amante del cine como yo. Como ya he comentado, el repertorio de Inma Shara era muy distinto al que estamos acostumbrados en conciertos de música de cine. Se eligieron temas muy melódicos, de películas clásicas y mundialmente conocidas. El siguiente tema fue otro clásico de John Barry, Memorias de África. Yo, que ya había visto un concierto dedicado completamente a John Barry, con la Real Sinfónica de Sevilla, me sentí relativamente indiferente con esta versión, demasiado suave y monótona. Aunque reconozco que fue muy aplaudida. Luego, manteniendo el romance entre artistas y público, llegó el primer tema del maestro Ennio. Cinema Paradiso, y su canción de amor, que nos hizo soñar. Pero aquí debo confesar que los arreglos a cargo de Krystof Maref pincharon estrepitosamente. Quizá porque el tema en sí es sencillamente perfecto tal y como aparece en el disco, y retocarlo, reinterpretarlo es una blasfemia. Gustó, pero no tanto, e incluso pienso que la propia directora se quedó insatisfecha. Claro, que remontó de un modo espectacular. La suite de Bailando con Lobos, otra vez de John Barry, fue para ponerse en pie y aplaudir. Una ejecución sencillamente perfecta, con el tempo muy ajustado, que supuso un gran esfuerzo para los músicos. No era una consecución sencilla de temas. Y sin embargo el resultado fue exquisito, aunque el público (salvo yo) no le prestó demasiada atención, por no ser tan popular. Situación que Inma Shara reaprovechó para triunfar otra vez con La Vida es Bella, que se puede decir que es la banda sonora que le gusta a la gente que no les gusta las bandas sonoras. Fue una interpretación muy limpia y segura, pero que a mí me dejó frío, como si me hubiera mojado. De hecho, me mojé completamente, porque justo detrás empezaron los compases de Cantando Bajo la Lluvia. Y si no me puse a bailar allí fue de puro milagro. Que divertido es ver a la orquesta interpretarlo. Y por justicia he de decir que los arreglos fueron muy acertados, aportando al tema espectacularidad sonora. A esas alturas la propia orquesta disfrutaba de lo lindo, y no dudaban en ponerse en pie los solistas cuando tenían que hacer una entrada. Inma Shara seguía a lo suyo, dibujando círculos sonoros con su batuta, y con esas terminó la primera parte.
Breve interludio y… Dios, que bonito. ¿Cuántos no nos hemos enamorado de Audrey Hepburn mil veces? Las notas del clásico Moon River traspasaban el corazón de todos aquellos que hemos cumplido ya unos años. Una versión de Desayuno con Diamantes apasionante, cargada de energía pero sin perder su dulzura. El concierto crecía en calidad, y seguía rondando los temas románticos, puesto que las dos siguientes piezas, Verano del 42 y Love Story, fueron exageradamente aplaudidas. El maestro Morricone volvió a hacer de las suyas, y la orquesta comenzó los primeros compases del Gabriel’s Oboe, que nos trasladaban a las cataratas, a Rodrigo Mendoza, el Padre Gabriel y La Misión de San Carlos. supongo que por falta de un coro, se optó por tocar sólo los temas instrumentales, una pena, pues el clásico On Earth As It Is In Heaven hubiera sido una delicia, como lo fue en ese concierto del maestro italiano en Sevilla, en 2001. Y tras ese éxito… ¿qué concierto de música de cine puede haber en que no se interprete al maestro John Williams? Un desgarrador violín dejaba al público encogido en sus butacas mientras sonaba la trágica melodía de La Lista de Schindler. He de decir que la ejecución fue maravillosa, que la brillantez del tema impregnó la sala y que más de uno soltó alguna lagrimilla. Y de ahí, al momento culminante de la noche. Cuando Nino Rota despliega todo su talento y entra la abrumadora y maravillosa suite de El Padrino Parte II. Lo mejor, sin duda, de todo el concierto. El tema de Apollonia, el Vals del Padrino, el Emigrante, todo. Una auténtica obra maestra que me tuvo con la boca abierta, dando gracias porque exista el cine, porque Francis Ford Coppola y Nino Rota nos regalaran la mayor obra cinematográfica de la historia. Aclamación del público y paso al último tema… New York, New York. Un final agradable, evocador, diertidísimo, donde la orquesta casi se puso a jugar con los instrumentos. En fin, un conciertazo. Un final lleno de aplausos, y una Inma Shara muy contenta y deseosa de dar sorpresas.
Y llegaron, cómo no, en forma de dos temazos. De nuevo… Nino Rota, y su maravillosa melodía de Amarcod, quizá la música que mejor representa el séptimo arte, un verdadero himno al cine. Muy en la línea marcada por la propia Shara, que quiso ofrecer un concierto distinto. Y, cuando ya parecía que acababa… final apoteósico con Elmer Bernstein y Los Siete Magníficos. Alucinante, venga ya, toda la platea trasladada al viejo oeste, y la orquesta desplegando toda su fuerza, todo su volumen y pasándoselo ya en grande. Inma Shara prácticamente ni dirigía, sino que se dedicaba a “bailar” al son de la orquesta, pero claro, ya era un final feliz como debe ser.
Un buen concierto. Original en su programa, con un ritmo in crescendo y, sobre todo, muy emotivo.