Entrada para categoría ‘Reflexiones desde el váter’

Yo sí que soy… de los que está hasta las pelotas de esto y del mangurriero que lo inventó:

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¿A alguno de vosotros en alguna ocasión le han echado una revista de la tele-tienda en su buzón? Son dignas de ver y de comentar.

El grosor de estas revistas suelen ser de 60 ó 70 páginas clasificables en dos grandes grupos:

-Las primeras 10 páginas son las páginas de la envidia: plasmas muy muy grandes, cámaras muy muy pequeñas, ordenadores portátiles, etc….

-El resto de páginas están llenas de tontás y cacharros inútiles.

Lo fundamental para vender un producto de la tele-tienda es ponerle un nombre enigmático, con el fin de enmascarar la inservible cosa que estas a punto de comprar.

Entre los cacharros que pude encontrar yo destacaría los siguientes:

-La Flaver Wave: “Cocina rápida gracias al calor halógeno y a su luz infrarroja”. Perdonarme pero yo no lo veo claro. Lo siento, pero no me imagino a mi abuela Mª Antonia cocinando los torreznitos con una luz infrarroja, es raro.

-Slim Ice: “La hieloterapia hecha gel. Un gel con el que podrás reducir una talla en 30 minutos”. Un poco arriesgada me parece la hipótesis de perder una talla en 30 minutos. Entonces si me lo hecho dos veces en el mismo día ¿perderé dos tallas? ¿Y si me lo hecho 30 veces seguidas, que me pasa, desaparezco? Dudo de los potentes poderes de la hieloterapia; los esquimales bastante expuestos al frío están y cinturita de avispa precisamente no tienen.

El tubillo del Slim Ice cuesta la friolera de 50 euros, pero te regalan ¡una cinta métrica! ¡OH gracias, que generosos!, con lo que cuesta el tubillo me puedo comprar un palé de cintas métricas del Chollo.

-New hair: “El primer sistema que combate la caída del pelo que utiliza luz láser de baja frecuencia infrarroja, ozono y masajes por impulso”. Tengo una duda ¿si me compro la Flaver Wave y me expongo a su luz infrarroja, entonces me crece el pelo?.

Tengo otra duda: ¿cómo lograr mezclar luz láser infrarroja y ozono?.

Y para finalizar el producto estrella, un ejemplo de lo lejos que ha llegado la tecnología:

-Molding control plus: “La primera faja con tratamiento de yesoterpia”. Esta faja incorpora un bolsillo delantero donde se introduce una lámina de yeso, podrás reducir una talla de manera espontánea. Pues si que es eficaz el yeso ¡una talla de manera espontánea! Es decir, tienes una boda y no entras en el vestido, pues te arrimas el yeso y ¡tatachán! ya entras.

Qué curioso, toda la vida pensando que mi cuñado era albañil y resulta que es un experto en yesoterapia.

¿De verdad hay alguien que compre estas cosas?, ¿A alguien le ha funcionado?. ¿Algunos de los inteligentes lectores del Sombrerero ha probado la faja Molding control plus con excelentes resultados?.


En un artículo de hoy firmado por Irene Hdez. Velasco he podido leer la siguiente perla:

“En ese mismo cubículo los arqueólogos ya encontraron en junio de 2009 una imagen del rostro de San Pablo del siglo IV antes de Cristo.

Así va la cultura de nuestro país…

http://www.elmundo.es/elmundo/2010/06/22/cultura/1277231934.html


Hoy es el día de los cenizos, de aquellos que “ya lo veían venir”, de esos de “eso ya lo sabía yo”, de los progres chaqueteros, de los catetos resentidos y de los snobs frustrados.

Pero lo que más me ha llamado la atención, es que durante todos estos meses atrás, todos estábamos con La Roja; unidos, convencidos, identificados, esperanzados, incondicianles, abnegados.
Todos a una, como una piña, con La Roja. “Yo soy de la Roja“, decía el anuncio, y otras grandes chorradas muy de ese estilo. La Roja: Un bálsamo, y por qué no, un remedio para la crisis económica y política que vivimos.

Pero ayer, si a las 4 de la tarde jugaba La Roja… a las 6 de ese mismo día, quien había perdido era la Selección Española. Ya no he vuelto a escuchar más “La Roja” en ningún sitio.

Curioso ¿no?


El Buen Doctor

Saqman
9 Junio 2010

Hace pocos días tuve la desgracia de conocer a un muy famoso neurocirujano andaluz. Y no crean, la desgracia de la que hablo no tiene que ver ni mucho menos con la personalidad del doctor, afable y cordial, un caballero con todas las letras. El buen hombre nos atendió con toda la amabilidad del mundo, y con la educación propia de un hombre que estudió fuera de España años ha.

Pero sí, fue un momento desgraciado. Porque si uno tiene que visitar al neurocirujano (en este caso no era para mí) es que tiene serios problemas en su salud.

Durante la consulta, pude captar la mirada de este hombre, quizá esquiva, quizá compasiva, que intentaba compensar con palabras de ánimo y de fortaleza. Y es que, para que mentir, no debe ser fácil. Puesto que, realmente un médico se ve obligado a veces a adoptar un segundo rol en su atención al paciente: el de psicólogo.

Una persona que acude desesperado a un médico tiene necesidad de recibir una cura física para su mal, pero también una cura mental. Ciertas palabras de apoyo que ayudan a mantener a raya el miedo, que no vencerlo, y a las que el paciente se agarra como cabo en naufragio. “No, no es tanto”, “este mal es muy común”, “el otro día operé a un hombre de lo mismo y salió perfecto”, “dentro de lo malo tiene usted suerte”… Expresiones manidas y reutilizadas para reconfortar al enfermo.

Tan difícil es mentir, y supongo que conlleva tantos remordimientos, que cierto sector médico utiliza lo que, por contraposición, se podría denominar una terapia de choque. Es decir, le informan a uno seca y tajantemente de su mal, sin contemplaciones. Le informan de los enormes riesgos a los que se enfrentan. Y lo hacen sin que les tiemble un pelo. Luego, a posteriori, le dicen a uno que en realidad la cosa no pintaba mal, y que son muchos los que se curan como usted, y que confiaban plenamente en el éxito de la operación.

Pero claro, tan difícil resulta separar el trabajo científico del humanitario. Si bien para el médico cada paciente no deja de ser, al cabo de unos años, un nuevo ingreso con número e identidad, para el pobre enfermo, que es su primera, única vez, y que tanto se juega, el médico es su tabla de salvación, es ese ser sobrepoderoso, casi sobrehumano, que le va a curar su mal, sí o sí, porque no queda otra. Y no hay margen de error, aunque uno lo firme y lo requetefirme. Es imposible conceder el beneficio de la duda a este hombre que debe curarte, porque si no, no hay nadie más. Los milagros divinos se canalizan por las manos de este doctor.

Nervioso y atemorizado estoy, ante lo que se avecina. Y ya les digo que no soy el afectado, aunque como si lo fuera, por el incondicional amor que me une a la enferma. El buen doctor andaluz, el mejor en su campo, el que salió en la tele, el que hizo milagros con la Duquesa. Ese mismo, es esta vez nuestra tabla de salvación, nuestro superhombre omnipoderoso que tiene que curar, sí o sí, y que tiene que enfrentarse a nuestras caras de temor, y asegurarnos que todo saldrá bien antes de partir a la guerra.

Dios nos acompañe en el trayecto…


De esta forma calificaría yo la huelga de funcionarios de ayer, donde pudimos comprobar una vez más, y esta vez de forma descarada, el baile de cifras del seguimiento (un 90% los sindicatos, un 10 % según el Gobierno).

Si los sindicatos se frotaban las manos los días previos a la convocatoria, hoy deben estar con el culo a la pared, puesto que el mensaje que se ha transmitido desde los trabajadores es el de “a vosotros tampoco os queremos”.
Está claro que el incompetente de ZP se está pasando últimamente de la raya ( y lo que queda por venir), y con él toda la clase política, de mucha labia pero pocas soluciones creíbles; pero el no sumarse a la huelga no es estar a favor del Gobierno (como muchos cretinos andan diciendo por ahí), sino en contra de los Sindicatos, desprestigiados, sumisos, insensibles. La verdad, no me siento representado ni por unos, ni por otros… por aquí ando, esperando a que alguien convenza de que el sistema puede funcionar de una forma justa y equilibrada.

Menos mal que dentro de dos días empieza el Mundial. Los políticos y sindicatos deben estar poniendo todo tipo de velas a San Judas Tadeo para que España gane la copa, y el tinglado no se venga abajo definitivamente. Porque si no, a la gente le va a dar por pensar, y por muy atrofiado que se tenga el cerebro, siempre a alguien se le enciende la bombilla.


Llevo así toda la mañana. El error no es reproducible, salta de vez en cuando. Cuanto más mensajes de log introduzco en el código para depurarlo, más difícil es que ocurra, y más difícil detectarlo.

¡¡¡ Me cago en el Principio de Incertidumbre de Heisenberg !!!


Quiero proponer un brindis por Pignoise y El Canto del Loco; no sólo han conseguido, con la música que perpetran, que les publiquen los discos una gran discográfica, sonar por la radio y amasar una buena caterva de fans, sino que también, y aún más alucinante, han logrado que no les corran a gorrazos por las calles de sus respectivos pueblos.

Mangurrino que cantas como el culo y quieres triunfar en el mundo de la música: ¡No te preocupes, si ellos lo han conseguido seguro que tú tambien podrás, porque aquí vale todo! Y para que veas que es posible, mira los vídeos de abajo:

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Cordura

Alfonsina
14 Mayo 2010

“Uno puede pasarse la vida diciéndose que la vida es lógica, prosaica y cuerda. Sobre todo, cuerda. Y creo que así es. He tenido mucho tiempo para pensar en ello. Y siempre vuelve a mi memoria la declaración de la señora Underwook antes de morir: “Así se entiende que cuando aumentamos el número de variables, los axiomas en si no sufren cambios.”.

Estoy realmente convencido de ello.

Pienso, luego existo. Tengo vello en la cara, luego me afeito. Mi esposa y mi hijo se encuentran en estado crítico tras un accidente de coche, luego rezo. Todo es lógico, todo es cuerdo. Vivimos en el mejor de los mundos posibles, de modo que ponme un cigarrillo en la izquierda, una cerveza en la derecha, sintoniza Starky y Hutch y escucha esa nota suave y armoniosa que es el universo dado vueltas tranquilamente en su giroscopio celestial. Lógica y cordura. Como la coca-cola, la vida es así.

Sin embargo, como tan bien saben la Warner Brothers, John D. McDonald y la Long Island Dragway, existe un Mr. Hyde para cada feliz rostro de doctor Jekyll, una cara oscura al otro lado del espejo. El cerebro tras esa cara nunca ha oído hablar de hojas de afeitar, plegarias y de la lógica del universo. Vuelves de lado ese espejo y ves tu rostro reflejado con una siniestra mueca, medio loca, medio cuerda. Los astrónomos denominan a la línea entre la luz y la oscuridad “el terminador”.

Esta lógica se devora a sí misma e indica que la vida es un mono sobre un palo, que gira histérica y errática como esa moneda que se lanza al aire para decidir quién paga el almuerzo.

Nadie mira ese otro lado a menos que sea preciso, y lo entiendo perfectamente. Es una ruleta y quien afirme que el juego está manipulado no hace más que lamentarse. No importa cuántos números haya, el principio de esa bolita blanca no sufre cambios. No digáis que es absurdo; es todo muy lógico y cuerdo.

Y esa naturaleza extraña no sólo se halla en el exterior, sino también dentro de uno, en este mismo instante, creciendo en la oscuridad como un puñado de setas mágicas. Llámala la “Cosa del Sótano” o el “Zorro de las Melodías Animadas”. Yo lo concibo como mi dinosaurio privado, enorme, viscoso y lerdo, que recorre a trompicones los hediondos pantanos de mi subconsciente sin encontrar nunca un hoyo de brea lo bastante grande para caber en él. ……(Rabia de Stephen King)”.

¿Será cierto que cada uno de nosotros tiene una especie de botón on/off que, de encenderse, nos haría perder el control?…¿y de ser así…….cual es el detonante que a cada uno de nosotros nos haría pasar de “nomal” a “loco”: un engaño, una ruptura, una injusticia, que se te cuelen en el súper, qué ocupen tu plaza de garaje?, ¿puede que al igual que Michael Douglas en “Un día de furia” halla algo concreto, particular, que a cada uno de nosotros nos hiciera perder el control?; y…………¿Qué sería?.


¿Quién no recuerda, allá por los años ochenta aquel famoso artilugio que causó furor entre el aspirante a españolito medio? Y no me refiero al “Anal Intruder, Tycoon Edition”, estoy hablando de las pulseritas Rayma. Todos las llevaban, desde mi tío Francisco hasta Don Jaime de Mora y Aragón (gran valedor e imagen publicitaria del producto).

Los 80, aquellos años en los que cualquier aberración comercial triunfaba si seguía los cánones establecidos de “hortera pero a la vez relamido”; mullets, hombreras, calentadores, George Michael, cardados, el Heavy Metal… fueron entes espantosos que mucha gente no dudó en lucir en público, y entre estos casposos iconos ochentenos, proveniente de una invasión silenciosa, apareció la pulsera Rayma.

Vendida en farmacias, así sin más (eran otros tiempos), al artilugio en cuestión se le atribuían asombrosas y chamánicas propiedades, llegando a afirmar sus especificaciones, con muy poca vergüenza, que “las células se comportan como diminutas “pilas” cuyo potencial eléctrico entre el interior y el exterior es del orden de 70 milivoltios en estado sano. Si las células enferman por infección, traumatismo, envejecimiento o cualquier otra causa pierden su energía, o sea se “descargan” como si de una pila se tratase. Tras un largo proceso de investigación, Grupo Rayma ha logrado combinar los conocimientos ancestrales de la medicina oriental, ying y yang, con la más avanzada tecnología sobre autoinducción”. Si Nikola Tesla levantara la cabeza…

Y la pregunta era obligada, cuando veías a alguien con la pulsera en ristre, moreno de Torremolinos y camisa blanca abierta hasta el tercer botón: “¿Funciona?” “No lo sé, pero últimamente siento un no se qué que qué se yo”. Efecto placebo, que lo llaman hoy día.

Por lo visto, tras varios juicios se logró que semejante estafa no incluyese sus “virtudes” terapéuticas, finalizando con estrépito el chollo de esos lenguaraces timadores que se forraban gracias a los incautos que compraban semejante mamarrachada-horterada supina.

Y nunca más se supo, hasta hoy, ya que, como buenos seres humanos que somos, volvemos a tropezar con la misma piedra tras un periodo de tiempo prudencial para enterrar con dignidad la pulsera Rayma. El sucesor es, ni más ni menos que la inefable Power Balance, o la reinvención del timo de la pulsera.

Todos los que se la han comprado hablan maravillas (o subnormalidades, según se mire) de ella, al igual que hace 25 años. Todos intentan que compres una, por aquello de que sentirse timado en grupo alivia un poco el ridículo de haberse gastado casi 40€ en un trozo de neopreno.
Y todos los que lucen hoy orgullosos hasta dos pulseras de esas (una en cada muñeca, no vaya a ser que se le gasten las pilas), negarán dentro de unos meses haberse comprado una Power Balance.

A mi, si me dan a elegir, me quedo con la Rayma… da más glamour ¿o no?