Entrada para categoría ‘De Mark a Jean Michel’

Hay muchas maneras de terminar odiando una canción: porque la asocies a un momento malo de tu vida, porque te recuerde a tu ex.

En mi caso, cuando me gusta mucho una canción, la escucho hasta la saciedad: me la pongo en el coche, en el mp3, en el mp4, en el trabajo, en el cassete de la cocina, del baño. Durante días, es lo único que escucho; la tarareo, la canto, la silbo, la blinco.

A las 48 horas, incluso cuando no suena, yo la sigo oyendo en mi cabecita.

Es más, como no soy nada egoísta, insisto en que la escuchen familiares, vecinos, amigos y compañeros.

Total que a los pocos días acabo tan empachada que tengo que dejar de oírla durante unos meses porque estoy “saturá” de canción (y por supuesto todos los de mí alrededor, en  fin, son los daños colaterales). Las últimas con las que me ha pasado han sido “Resistance” de Muse y “Frente a frente” de Bunbury; aunque no odio ninguna de las dos, ya estoy en proceso de cura.

Otra buena manera de terminar odiando una canción es escuchando siempre la misma emisora de radio. Por ejemplo, esa emisora de radio, que tú lector sabes a la que me refiero, que encima tienen el cuajo de decir “la mejor variedad musicaaallllll”. No se, puede que sea una atrevida haciendo la siguiente afirmación sin documentarme con anterioridad y ¡ojo! puede que esté equivocada, pero creo, es posible, que Queen tenga alguna canción más que el “I want to break free”. Pero ¡ojo, ojo!, insisto puedo estar cometiendo un error.

Pero, los genios, los reyes haciéndote odiar una canción, sin duda alguna son “Los Feriantes”. Porque ¿cómo es posible que en una feria, ya esté compuesta por 5 ó por 500 feriantes de diferentes etnias, razas y religiones, suenen en todos los puestos la miiiiiisma canción?

Yo tengo una teoría: debe haber una congregación secreta de feriantes al estilo templario que se reúnan antes de rular por todos los pueblos con el fin de decidir con que canción van a castigar este año nuestras pobres orejillas. ¿Con que fin?, quien sabe, quizás en un futuro libro de Dan Brown sepamos la respuesta.

Este año, si te dejabas caer por la feria de Ciudad Real; ya pasaras por el puesto de animales salvajes de madera,  el de berenjenas de Almagro, en la V ó en los ponys; solo escuchabas el “papa-americano”.

Que quieres una mazanaca de azúcar, pues “papa-americano”; que quieres coger patetes con el gancho, pues “papa-americano”; que quieres que la bruja del tren te despeluche a escobazos, pues “papa-americano”.

Y si por lo menos se pusieran de acuerdo poniéndola a la vez, pero cada uno a su bola. Por lo que entras en la feria oyendo el estribillo, te adentras oyendo el final y te vas oyendo el principio.

Además se da el agravante de que vivo cerca de la feria, por lo que regreso a casa oyendo el “papa-americano”, me acuesto oyendo el “papa-americano” y me duermo (agotaíta ya) oyendo, como no, el “papa-americano”.

Vale que tampoco es una canción que me fuera a poner de melodía en el móvil, pero no me incomodaba. Ahora, tras 7 días de feria, sería capaz de meterle astillas bajo las uñas de los pies al primero que me la cante.

Un consejo, y si mi traumática experiencia sirve para algo, si vas a la feria de tu pueblo, llévate los auriculares ó unas buenas orejeras.


Una vez llegados a Santiago de Compostela, y tras unos angustiosos momentos en los que, debido a mi proverbial zopismo, extravié la tarjeta de embarque, mi hermano Punch, nuestro queridísimo maestro Raúl Gonzalo y yo nos instalamos en nuestro flamante apartamento del hostal Casa Felisa, que luego sería conocido como el “HomoFlat”, y tras llamar a Juan para decirle que ya estábamos pastando por tierras compostelanas, quedamos todos en la Plaza del Obradoiro. Allí, como tantas y tantas veces, volví a sentir la emoción de ver a mis queridísimos compadres; uno de los reencuentros más especiales, creo que fue mutuo, fue el de Juan y mío: han sido muchas cosas las que  hemos vivido él y yo, muchos emails, muchos proyectos, y, sobre todo, muchas ganas de volver a vernos en persona; fue, el nuestro, un abrazo de lo más emotivo y emocionante.

De esta manera, nos fuimos a papear a un sitio que nos recomendaron, el Orella, un lugar fantástico donde nos pusimos hasta el culo por una cantidad irrisoria. Eso sí la camarera era un montón de siesa y casi nos echan por obra y gracia a la aterciopelada y modulada voz de Complexy, pero cómo nos reímos en la conocida como “mesa escandalosa”.

Tras la comida nos dirigimos a un sitio a tomarnos un café. Es la primera vez que veo a alguien casi ser apaleado por pedirse un simple cortado y es la primera vez que veo que en un sitio te cobraban por los hielos. Increíble pero rigurosamente cierto. Tras esta tangada, nos fuimos a tocarnos la huevada un rato al hostal, ducharnos y cambiarnos y una vez hechas nuestras abluciones, nos dirigimos Raúl, Punch y yo a hacer un poco de turismo por Santiago (bonita ciudad, sí señor) para luego acabar, cómo no, trasegando unas cuantas sidras en una tasca que descubrimos y que luego se convirtió en nuestra tasca fetiche, donde lo pasamos del carajo pipa descubriendo las habilidades pedagógicas de Raúl, comprobando que se puede desatar una espiral de violencia si se hace referencia al grosor de los brazos del Maestro, o descubriendo las costumbres del típico búlgaro (quién no conoce al típico búlgaro)…

Tras eso, nos dirigimos hacia el sitio de la cena de fans del Josmar; allí me reencontré, con gran alegría por mi parte, con una gran cantidad de compadres a los que tenía muchas ganas de ver. Por allí también estaba Francis Rimbert, a quien, de alguna manera, y sabiendo que estaba allí mi compadre Juan, no me sorprendió mucho ver allí compartiendo la cena con nosotros.
En la cena, a decir verdad, me vine un poco abajo porque, salvo a unos pocos, no conocía ni a mi padre, me sentía como en una boda, y además estaba bastante cansado por el viaje; además Palopío y Carmen habían sufrido un retraso en su vuelo y no iban a llegar a tiempo para la cena, así que las esperamos para ir con ellas a otro sitio, de curioso y agreste nombre, en la Plaza del Toural (lugar donde se celebró la Rendez 2003), en el que su cena fue amenizada por un tío barbas haciendo música con un papel.

Como no teníamos muchas ganas de soplar, nos dirigimos a la Plaza del Obradoiro, donde estuvimos con Juan viendo cómo Jarre aún estaba sobre el escenario a las tres de la mañana. Cuando ya se retiraba a sus aposentos, Juan y yo le pedimos a un Jarre con muy mala cara que se echara una foto con los que allí estábamos, así que Fiona, su manager, nos hizo la instantánea y nos fuimos a dormirla.


Al día siguiente, durante el desayuno, nos llevamos una alegría al volver a ver a nuestros queridísimos compadres Saqman y Berni; a la hora del almuerzo volvimos a tentar la suerte yendo a comer al Orella, ya que el día anterior se llevaron un mal recuerdo nuestro, y vimos que la camarera no se había olvidado de nuestros caretos, ya que nos miró con una mezcla de odio y estupor en cuanto nos vio pasar… De nuevo nos pusimos hasta el mismo culo, nos cepillamos grandiosas jarras de sidra y nos lo pasamos del carajo pipa.

De nuevo, vuelta al hotel para ponerse el uniforme del concierto, ducharse y enseñarle nuestro cuco “HomoFlat” a nuestro querido compadre Le Soleil, con el que nos reencontramos ese día para nuestra alegría. Tras ponernos decentes nos fuimos hacia la Plaza del Obradoiro para ir cogiendo sitio para la cosa del concierto. Allí nos reencontramos con varios compadres más y allí estuvimos aguantando el tipo hasta que empezó el concierto, tiempo que transcurrió amenizado por algún que otro ensayo de los temas y con una arriesgada salida a mear en la que pisé hasta al tato. La plaza empezaba a estar ya hasta el culo y, para mi sorpresa, apareció por allí mi hermano Juan para darme un pase de backstage!! El tío lo había vuelto a conseguir y tuvo la enorme amabilidad de conseguir un pase para mí también, un detalle tremendo por su parte, ya que sin él y su trabajo no tendríamos ni pase ni tendríamos nada. Me dijo que, con la acreditación, podíamos ir a donde nos saliera de la pipa menos al escenario principal, así que quedamos los dos después del concierto para hacer uso de dichos pases; me hizo ilusión poder colgarme una de esas acreditaciones al pescuezo, jejejee.

Así ya empezó el concierto en sí y, madrecita, el Crazy Bloke ese de Wembley era Conchita a mi lado. Os puedo asegurar que, en compañía de Punch y de Raúl, me dejé literalmente la voz y los pies pegando botes en cada tema. Pegué saltos en todos, hasta en Souvenir of China, algo completamente inexplicable; gritamos, cantamos, saltamos, hicimos el corro de la patata, de todo, vamos, aunque nos vinimos abajo en varios temas seguidos, como fueron Oxygene 5, Variation 3 y Adagio, que destrozaron el buen ambiente que se había formado. Pero en seguida nos vinimos arriba con temazos como Rendez Vous 4, Rendez Vous 2, Chronologie 6 (creí morir cuando empezó ésta), Chronologie 2, etc… El concierto me encantó, me pareció totalmente espectacular, tremebundo, un espectáculo memorable y encima me lo pasé del carajo pipa… Desde luego, el marco era espectacular, y creo que no exagero si digo que el concierto de Santiago está entre lo más impresionante que ha hecho Jarre en su vida, y, salvando las lógicas distancias, me recordó mucho a Oxygen in Moscow, con la diferencia que, en mi opinión, el marco compostelano era mucho más impresionante que el moscovita.

Una vez finalizado el concierto, y con toda la adrenalina todavía en mis venas, me llama Juan y me dice de ir al Parador, donde estaba el “cuartel general” de Jarre y sus chaveas para ir a verles… Allí nos plantamos, con nuestros santos cojones, Juan y yo acompañados de Heide, una amiga de Rimbert, para ir a charlar un rato con el propio Rimbert, Claude Samard y Jerome Gueguen (los músicos josmareros) en su camerino. Yo ya estaba otra vez como cuando la entrevista a Jarre en Madrid hace tres años, lo veía y no lo creía… Ahí estaba yo, con la acreditación colgada del pescuezo, presto a entrar en la suite de los músicos de Jarre… Y allí que nos fuimos a charlar con ellos, mientras se cambiaban. Además, que los tíos se cambiaron allí delante de nosotros, se la sudaba que los viéramos en calzones. Imagino que se preguntaban que quién era el zopa ese que estaba allí en la habitación pero no le dieron la mayor importancia… Con ellos, estuvimos viendo el final de la retransmisión televisiva del concierto. Les pedimos unos autógrafos que plasmaron en unas descacharrantes hojas de ositos que me procuró Heide, ya que yo no tenía papel en ese momento, y nos dirigimos hacia la mismísima suite de Jarre. Lo que allí vivimos fue completamente surrealista, de verdad.

Allí estaba yo en una suite inmensa con unas 10 ó 12 personas a las que a la mayoría de ellos los había visto infinidad de veces en vídeos de Jarre: allí estaban Christine Ferreira, la fotógrafa de los conciertos, Pierre Garnier, asistente personal de Jarre, Fiona, Alain Corrieaux (el tío de sonido), la madre de Fiona, y algún tipo más que yo no conocía de nada… Y allí estaba el mismísimo Jean Michel Jarre, con la misma hortera indumentaria del concierto (una camisa de brillantina), sentado en un sofá, hinchándose a galletas y a Huesitos (sí, sí, a Huesitos, de verdad) y rajando que no veas… Empezaron a sacar jamón ibérico (que al principio Juan y yo pensábamos que era de Mercadona, pero luego resultó que no, que era ibérico de verdad), queso y un montón de bebercio de toda clase… Lo que más me llamó la atención es que con la acreditación que llevábamos tú podías hacer allí en la suite lo que te saliera de los cojones, comerte las galletas, coger jamón, hincharte a champán, e incluso echarte un vodka con limón. Yo estaba un poco cortado, la verdad, pero mi hermano Juan estaba como Pedro por su casa, el tío, y se puso púo de jamón y demás diciéndome “pero coge jamón, zopón, que está muy bueno”. Alí estuvimos hablando con Rimbert (al que Juan intentó convencer para irse con él de vacaciones a Saint Tropez) un buen rato, qué tío más enrollado, de verdad, y aprovechamos para hacernos fotos con él, con Samard (que se hizo una esperpéntica foto con nosotros con el jamón como protagonista) y con Gueguen.

Como ya he dicho Jarre raja que no veas, estaba de muy buen rollo y se produjeron algunas situaciones surrealistas como cuando sacó su portatil y nos puso a todos un vídeo de Youtube donde salía un ginecólogo brasileño haciendo una interpretación de Oxygene 4 haciendo “cuescos” con las manos. Jarre estaba literalmente descojonado, tanto que al final se puso a aplaudir y todo. También fue descacharrante cuando el tío se fue a cambiar para ponerse el chándal de “Jarre Enterprise” y se cambió allí mismo, sin cerrar la puerta ni nada; como a sus músicos, le importaba un carajo que hubieran allí algunos tipos desconocidos con una acreditación colgando del pescuezo.

Tras esto, Juan y yo fuimos a hablar un rato con Jarre al cual se le iluminó literalmente el careto cuando le dijimos que éramos los que llevábamos Fairlight Jarre y que éramos los traductores al español de su página oficial. El tío se puso más contento que unas pascuas (parecía una felicidad genuina) y no sé las veces que nos dio las gracias por nuestro trabajo; nos dijo que en el futuro iba a colaborar mucho más con nuestra página (a ver si es verdad) y que nuestro trabajo era importantísimo para él. Incluso en un arrebato de exaltación de la amistad, cuando nos despedíamos de él, al ir a darle la mano, va el tío y nos pega un abrazo de oso a cada uno de nosotros volviendo a darnos las gracias, todo emocionado.
Estuvimos en esa suite un par de horas por lo menos y luego ya bajó Jarre a firmar unos pocos autógrafos a los fans que quedaban esperándole, y se piró… Serían cerca de las 3 de la madrugada.

Cuando les conté a mis compadrazos las descacharrantes situaciones que vivimos ese rato no se lo creían, y les tuve que enseñar los Huesitos que habíamos sustraído Juan y yo como prueba de que lo que decíamos era cierto.
Tras esto nos fuimos Raúl, Punch, Zzero y yo a tomarnos la última… La última se convirtió en llegar a las 7:30 de la mañana al hostal, tras un encuentro con varios foreros recalcitrantes de la noche como Paquidermo o Laurica.

Y ya, por fin, nos despedimos de Santiago y de nuestro compadrazo queridísimo Raúl, que partía en su coche hacia Salamanca. En el aeropuerto nos volvimos a encontrar con Jarre y su equipo, que estaban esperando para pillar el avión hacia París, y allí,  tras despedirnos de Paquillo, que cogía el avión con dirección a Valencia, Palopío, Carmen, Punch, Alomejo y yo nos embarcamos en el avión, que parecía conducido por Miliki y Fofito, con destino a Madrid. Allí tras una emocionante despedida, nuestros caminos se separaron, y ya nos hemos vuelto Punch y yo para Ciudad Real.

Desde aquí un agradecimiento especial a mi hermano Punch y a Raúl ya que con ellos he pasado dos días verdaderamente felices. Nos hemos reído como cosacos, no nos hemos despegado ni un momento, hemos acuñado nuevas y usadísimas frases, hemos desfasado como perros y nos lo hemos pasado como nunca. Hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien. Mil gracias, mis queridísimos compadres.
Y, cómo no, otro recuerdo especialísimo para mi compadre, mi Partner in Crime y mi hermano, el Sr. D. Juan Gomis, que, aunque lo hace con sumo placer, se ha pegado un trabajo de miedo y ha conseguido, una vez más, que nuestros más demenciales sueños se hayan vuelto a hacer realidad. Somos la repolla, querido Juan vaya que sí.

Y, por supuesto, darles las gracias a Jean Michel Jarre, y su equipo, en especial a Francis Rimbert, Claude Samard y Jerome Gueguen, por el inolvidable concierto que nos regalaraon y por el magnífico trato que nos dispensaron en el Hostal de los Reyes Católicos.

Creo que no me equivoco al afirmar que todos los que tuvimos la inmensa suerte de acudir a aquel concierto jamás olvidaremos esta fecha: El 31 de Julio de 2010.


A lo grande, con gritos de “torero, torero” fue aclamado una y otra vez Mark Knopfler en el concierto que el pasado 25 de Julio celebró en la Plaza de Toros de Córdoba. Y a juzgar por su sonrisa, parecía entender perfectamente la sensación que el público le intentaba transmitir. Hasta se atrevió a balbucear algo así como “muchísimos gracias amigous”.

Y no es para menos, puesto que a las 11 de la noche, unos minutos antes de que saliera Mark Knopfler y el resto de su brillante banda al escenario, los termómetros aún marcaban 37ºC de temperatura. La faena se presentaba, pues, complicada, ya que había que sumar además una lesión de espalda que obligó a Knopfler a estar medio sentado en un taburete (otros hubieran cancelado el concierto sin más). Y salió el toro.

Ya lo he dicho más de una vez, a pesar de que las seis cuerdas de Mark Knopfler no suenen tan rockeras como lo hacían en Dire Straits, grupo disuelto en la cima del éxito en 1992, el escocés ha demostrado en Córdoba ante 12.000 personas, ni un alma más cabía en la abarrotada plaza, que sus derroteros son otros, dotando a su música en directo de unos arreglos de una belleza difíciles de imaginar, a la altura de su lenguaje musical, y dejando el listón muy alto para lo que venga después, tal y como hizo hace un par de años en su anterior gira.

Temas como Border Reiver, Coyote o Piper to the End son interpretados por la banda para ser degustados una y otra vez, disfrutando de los arreglos de John McCusker, de la calidad de Richard Bennet, del piano de Matt Rollins, de los aromas celtas añadidos por Michael McGoldrick… Y para joyas, me quedo con Marbletown, Hill Farmer´s Blues (en el vídeo), y por supuesto, la poderosa Speedway at Nazareth, un tema que crece hasta dejar exhaustos tanto a la banda como al público.

YouTube Preview Image

Dejo para el final una canción que merece una mención aparte. Se trata de un clásico de los Dire Straits de 1982 (casi 30 años ya) y que no suele faltar en sus conciertos, hablo de Telegraph Road. En esta gira, se puede decir que Knopfler le ha dado una vuelta de tuerca a la canción, confiriéndole de una sensibilidad que quizás había perdido con el paso del tiempo. En esta nueva versión cobra más protagonismo si cabe todo lo que rodea a la letra, delegando en el resto de la banda pasajes musicales que desde siempre han pertenecido a la guitarra de Mark Knopfler. Ni que decir tiene, que la banda vuelve a estar, una vez más, a la altura de las circunstancias.

En definitiva, y a pesar de todo, parece ser que a pocos decepcionó el concierto. Quizás un poco corto (a mi me lo parecen porque siempre me quedo con ganas de mucho más), pero a la salida del mismo, todos los que estábamos en primera fila, aguantando esa ola de calor que tan oportuna vino a aparecer esta semana, nos despedimos con un “hasta la próxima”, sabedores de que este viejete, a pesar de su espalda, su accidente en moto, su devoción por el vino tinto, su calva reluciente y mirada de anciano, todavía le queda un poco de cuerda que intentaremos aprovechar. Y es que el Califa del Swing es mucho califa.

No me puedo quejar, pues sigo teniendo suerte.


… y que me perdonen los fans de Camilo Sesto, pero la senectud (o decrepitud en su caso) hay que llevarla con dignidad y orgullo, no con el pellejo estirado ni con los morros como dos morcillas de sangre.

No se trata de llegar a ser todos como Sean Connery, pero echarse a perder por puro narcisismo de esta manera me parece grave.

En este post se trata de encontrar las diferencias existentes entre dos renombradas artistas del panorama internacional. Yo, por más que busco y requetebusco, sólo he encontrado una diferencia, y es que una de ellas va vestida de blanco, mientras que la otra va vestida de negro.


El otro día se encontraba este Sombrerero viendo uno de los conciertos de Rock in Rio-Madrid (que, por cierto, ¿porqué coño se llama este festival de música Rock in Rio si precisamente se celebra en todos sitios menos en Río?) cuando ante mis ojos aparece una tía con un minivestido que muy poco dejaba a la imaginación. Acongojado vi que la mayoría del público presente en el concierto eran poco menos que niños y pre-adolescentes que gritaban, cual mulas tordas con guindilla en el culo, enfervorizados al ritmo de la música perpetrada en el escenario.

Cuál fue mi enorme sorpresa cuando el comentarista de la retransmisión dijo que la cantante ligera de ropa era Miley Cyrus. En un principio yo no sabía quién coño era esa Miley Cyrus. Me imaginaba que era una de tantísimas cantantes estereotipadas que se han acogido al rol de “artista-buenorra-que-pega-cuatro-berridos-sobre-una-base-pop”, pero la sorpresa vino cuando me enteré que la Cyrus esta era ni más ni menos que la celebérrima Hannah Montana. No, yo no veía la serie que hacía la tía esta, pero si no conoces a Hannah Montana, probablemente residas en las afueras de Raticulín.

Yo lo veía y no lo creía: O sea, la tía que había sobre el escenario creyendose un montón de buenorra era la misma persona que sale en el canal que mis sobrinas tienen todo el día puesto… ¡¡Increíble!!

Y es que, por lo visto, Miley Cyrus quería alejarse de su papel ñoño y edulcorado dirigido al público infantil y adolescente que encarnaba en Hannah Montana para dirigir su mercado hacia un público adulto. Vale, “mú rico”, pero digo yo: ¿Esta transformación no es demasiado radical? ¿Es normal que hace unos meses esta tía estuviera cantando canciones ñoñas y cambiándose de peluca y ahora aparezca pintada como una puerta y creyéndose la “ostien” en bicicleta? ¡Por Dios, que no tienes ni los 18 años cumplidos todavía, dónde coño vas, niñarda!

No me malinterpreten, cada cual puede hacer de su vida lo que quiera y esta Miley Cyrus que haga lo que le dé la gana con su vida y con su carrera, no soy un retrógrado, pero creo que es demasiado joven para andar ya con estas transformaciones radicales y con esos pensamientos de que para gustar a un público adulto y alejarse del público infantil hay que aparentar ser una mujer sexy. Y aún más teniendo en cuenta que la mayoría de sus fans son niños o adolescentes que ni siquiera creerán que la niña que salía en Disney Channel ahora parece una mujer que aparenta el doble de su edad real y que pretende ser sexy por cojones. A mí, inculcar este tipo de valores o imagen ante un público infantil, que lo quiera o no es su público mayoritario, me parece, cuanto menos, inadecuado.

Y creo que la culpa no es de ella, que es demasiado joven y a esa edad todos estamos bastante “ennortaos” (y supongo que más aún si estamos forrados de pasta y somos famosos), sino de los mayores que están a su alrededor, que pienso que deberían dejarle ver que ese tipo de transformaciones debieran ser paulatinas, poco a poco, no esta mañana soy Hannah Montana y por la tarde ya soy la Sharon Stone.

En fin, mi consejo gratuito para esta mangurrina es que se reúna la familia Cyrus al completo, cuñados y primos incluidos, y que apunten a esta muchacha a hacer un módulo o algo así, por que le veo un futuro musical (y personal) más negro que el sobaco de Eto’o.


YouTube Preview Image

Si este duete de puretillas nos hubiera regalado este vídeo hace… digamos ¿veinte años? ¡¡¡ Cuantas noches de onanismo hubiéramos pasado los adolescentes de mi generación !!!


Jamás pensé que vería estos dos nombres juntos de cabecera en un cartel. Un día largamente recordado, señor Pettenman…


Una vez más, volvemos a tocar en esta casa el tema de Eurovisión (si buscan en los artículos antiguos verán alguna referencia que otra a este festival); y es que a este Sombrerero le alucina y le intriga, a partes iguales, la supervivencia de este festival y ver que incluso tiene legiones de acérrimos fans que lo defienden a capa y espada: Yo conozco a alguno al que le pones “cutrada”, “apología del frikismo” y “Eurovisión” en la misma frase y puede acabar contigo allí mismo.

Lo que más me intriga de este festival de la canción es que realmente no sirve para nada; quiero decir, a ese concurso no van estrellas consagradas de cada país y cuanto más esperpéntica sea la actuación, mejor que mejor, sobre todo en estos últimos tiempos que corren: Recuerdo que algún país llevaba a un muñeco de un pavo que cantaba, o aquellos tíos vestidos de monstruos (o eso o es que eran una pechá de feos) que respondían al nombre de Lordi, por no hablar de nuestro Rodolfo Chikilicuatre. Sin embargo, y como ya dije una vez, el caso de Rodolfo Chikilicuatre me pareció una genialidad en sus orígenes (después ya se convirtió en una pesadez) y fue la única vez, gracias a su participación, en un montón de años que me tragué el festival entero y viví el momento de las votaciones al borde del infarto. Es más, recuerdo que en la preselección para llevar a Chikilcuatre a Eurovisión, cuando éste ganó, el Hobbit y yo, que vimos juntos la gala todo emocionados, brindamos y todo por el éxito de esta esperpentez. En ese caso, lo que nosotros aplaudíamos es que los cantantes que se enviaban en plan serio a Eurovisión quedaban en unos puestos lamentables, así que, ¿por qué no reírnos un poco de nosotros mismos y mandar a un esperpento de verdad? Pues resultó que Chikilicuatre cosechó el mejor puesto para España en el festival en varios años.

Supongo que en sus primeros tiempos el festival de Eurovisión sí que era algo importante, una especie de trampolín para darse a conocer en Europa y en el mundo, pero ahora… Bueno, pues ahora ya se sabe lo que hay. Y esto nos lleva a lo que me preguntaba antes: ¿Para qué sirve el festival de Eurovisión? ¿Alguien se acuerda del ganador del año pasado? ¿O acaso este ganador lituano, ruso o serbio ha tenido una carrera internacional de la ostia, y tras ganar Eurovisión se ha convertido en una estrella internacional conocido hasta en Cintruénigo? Pues no, del mangurrino que ganó  Eurovisión el año pasado no se acuerda ni su padre. Al igual que tampoco es que sea muy fulgurante la carrera de los representantes españoles que han participado en los últimos años en Eurovisión, amén de que el proceso de preselección del cantante a enviar al festival se ha convertido en un auténtico vivero de frikis y esperpentos.

Además, me alucina su supervivencia viendo el demencial método de votación dándose los puntos de un país vecino al otro, cosa que no deja de sorprender a este Sombrerero; ¿por qué ese pelotismo entre países adyacentes? ¿Temen acaso que si no le dan 12 puntos al país de al lado éste se cabree como una mona, lo invada y se desate la III Guerra Mundial?

Por no hablar del run-run de la voz del Uribarri ese… Buen ibuprofeno masticado me tuve que echar al coleto cuando terminó la gala aquella en la que participó el Chikilicuatre; la voz del Uribarri se me metió de tal manera en el cerebelo que no había manera de sacarla.

En fin, que si alguien puede aclararme ese gran arcano, ese gran misterio que es la supervivencia del festival de Eurovisión, le estaría muy agradecido.


Quiero proponer un brindis por Pignoise y El Canto del Loco; no sólo han conseguido, con la música que perpetran, que les publiquen los discos una gran discográfica, sonar por la radio y amasar una buena caterva de fans, sino que también, y aún más alucinante, han logrado que no les corran a gorrazos por las calles de sus respectivos pueblos.

Mangurrino que cantas como el culo y quieres triunfar en el mundo de la música: ¡No te preocupes, si ellos lo han conseguido seguro que tú tambien podrás, porque aquí vale todo! Y para que veas que es posible, mira los vídeos de abajo:

YouTube Preview Image

YouTube Preview Image


Cuando empecé a salir con la que, hoy en día, es mi mujer, allá por el año 94, intenté convencerla para que empezara a escuchar bandas sonoras. Ella nunca había sentido una especial inclinación hacia las mismas, pero pronto descubrió que la música de cine era un perfecto acompañamiento para estudiar en la biblioteca. Sobre todo, tras el almuerzo, cuando el sueño amenazaba con dar un espectáculo de ronquidos a través de las silenciosas mesas.

Ya por aquel entonces contaba yo con una extensa librería de bandas sonoras, distribuidas en vinilos, algún CD y, sobre todo, miles de cintas TDK de cromo. No crean, en una época en que no conocíamos el significado de la palabra internet, no era tarea fácil agenciarse discos de Maurice Jarre, o de Jerry Goldsmith, o incluso el mismo John Williams. Sobre todo si uno no disponía de mucho dinero (y había que salir por la noche, claro está). Así que me dedicaba a intercambiar con el uno, con el otro. Suerte tuve de tener un profesor de Inglés auténtico seguidor de la música de cine que me grabó piezas increíbles como el Drácula de John Williams o el Somewhere in Time de John Barry. Qué hubiera hecho yo sin el señor Marín por aquella época, auténtico mecenas de mi formación músico-cultural.

Lo que quedó rápidamente claro es que había varios discos imposibles de conseguir. Principalmente porque las ediciones que habían salido a la venta estaban plagadas de canciones pop de la época, y no contenían el propio score de la película.Un defecto más que habitual a mediados de los ochenta. Así, a bote pronto, recuerdo que entre mis imposibles estaba Karate Kid, Regreso al Futuro y Los Goonies.

De las dos primeras pude conseguir una copia en cassette. Y, aunque eran prácticamente todo canciones, incluían un par de temas orquestales, suficientes para calmar mi sed. Pero de la última, nada. Era un completo imposible. Realmente desesperante, puesto que era una de mis películas favoritas, que contaba con una música brillante, y no entendía que no fuera capaz de encontrar nada en la tienda de discos. Ni en Sevilla Rock, por aquel entonces la panacea de los sedientos de bandas sonoras, como yo.

Como les iba contando, mi mujer pronto entendió la importancia de la música en mi vida y contribuyó a ello. Por eso, en mi siguiente cumpleaños, y metida en una cajita, me encontré la cinta de cassette original de Los Goonies. Así de maravillosa ha sido siempre ella. Por lo visto, se pateó Sevilla de arriba abajo, entrando en todos los pequeños locales de discos de la ciudad. No se si ustedes conocen lo suficiente Sevilla, pero había una tienda de discos en los soportales al lado de Amor de Dios que era la leche. La regentaba un pobre hombre de cara tristona, pero sumamente eficiente. En ella conseguí rarezas de Jean Michel Jarre que el dueño se preocupaba por traer, y la verdad es que fui un cliente habitual hasta su cierre. Resulta que este tipo tenía en su casa guardada, y perfectamente precintada, la citada cinta de cassette, desde que la adquirió para su tienda en 1985, y nadie, absolutamente nadie, había preguntado por ella hasta aquel entonces.

Ni que decir tiene que la música que contenía eran las canciones pops de la época. Me encantaba el tema Goonies ‘r’ Good Enough, de Cindy Lauper, el tema principal que sonaba en la MTV. Además, incluía un único corte del score del film, compuesto por Dave Grusin, que era aquel que cierra la película. Un tema melódico y que rezumaba cierta nostalgia.

Quedé encantado con el regalo, a pesar de su carencia. Sobre todo quedé encantado con mi novia por el detalle.

A principios de la década, con la llegada de Napster, pude descargarme una edición piratilla de la banda sonora, con un sonido mediantamente deficiente, pero más que aceptable. Pude disfrutar entonces del tema Jailbreak, mi preferido, que acompañaba a los créditos iniciales del film, cuando los Fratelli se escapan de prisión. Incluso me diseñé una carátula bastante molona para el disco, y que todavía conservo.

Han pasado 25 años. Nada menos. Los que fuimos Goonies (toda mi generación, a efectos) ya tenemos niños y vemos cómo ha cambiado el cine desde entonces. Han desaparecido las películas de corte clásico, donde los buenos eran buenos, y los malos, malos, aunque simpáticos. No hay películas destinadas al público infantil que no sean meras memeces o vulgares animaciones 3D. Por decirlo de otra manera, ya no existen estrellas infantiles. Hasta Harry Potter ha crecido y se ha hecho homosexual. Por eso, que un presitigoso sello como Varese Sarabande lance la edición definitiva, 25 aniversario, de la banda sonora de Los Goonies supone, para muchos, una alegría cargada de nostalgia.

El lanzamiento ha sido realizado sin publicidad alguna, en venta directa por internet, y en una edición limitada de 5000 copias. El back-cover ni siquiera tiene un código de barras. Me enteré gracias a mi compadre Divo, en el foro de Failight, y tardé cinco minutos en adquirir una copia.

Lo que son las cosas. Le pide uno un libro a un librero y tarda tres meses en conseguírtelo, en un estado lamentable. Y uno encarga un CD por internet a California, y en cinco días lo tiene en su casa.

La edición es magnífica. No tengo más que palabras de agradecimiento a Mike Matessino por llevar a cabo este proyecto y hacer feliz a mucha gente. El resultado es un CD con una facturación increible, con un detalladísimo libreto que repasa el origen, la construcción y la reedición de esta magnífica banda sonora. Destaca la nitidez del sonido y la completitud de temas. Incluso incluye cortes descartados por Spielberg y reescritos por el autor.

Dave Grusin ofrece todo su talento en esta composición, y demuestra un cariño hacia esta pequeña historia de aventuras, que saca a relucir el niño que llevamos dentro. Un disco altamente recomendable, para escuchar en su plena calidad, sin compresiones ni descargas. Una verdadera joya, y un sueño hecho realidad.

Es más. Para celebrar el lanzamiento, incluso tendremos un concierto del propio Dave Grusin en Úbeda este verano. Lo dicho, indispensable.

http://www.varesesarabande.com/details.asp?pid=VCL%2D0310%2D1104