
Una vez llegados a Santiago de Compostela, y tras unos angustiosos momentos en los que, debido a mi proverbial zopismo, extravié la tarjeta de embarque, mi hermano Punch, nuestro queridísimo maestro Raúl Gonzalo y yo nos instalamos en nuestro flamante apartamento del hostal Casa Felisa, que luego sería conocido como el “HomoFlat”, y tras llamar a Juan para decirle que ya estábamos pastando por tierras compostelanas, quedamos todos en la Plaza del Obradoiro. Allí, como tantas y tantas veces, volví a sentir la emoción de ver a mis queridísimos compadres; uno de los reencuentros más especiales, creo que fue mutuo, fue el de Juan y mío: han sido muchas cosas las que hemos vivido él y yo, muchos emails, muchos proyectos, y, sobre todo, muchas ganas de volver a vernos en persona; fue, el nuestro, un abrazo de lo más emotivo y emocionante.
De esta manera, nos fuimos a papear a un sitio que nos recomendaron, el Orella, un lugar fantástico donde nos pusimos hasta el culo por una cantidad irrisoria. Eso sí la camarera era un montón de siesa y casi nos echan por obra y gracia a la aterciopelada y modulada voz de Complexy, pero cómo nos reímos en la conocida como “mesa escandalosa”.
Tras la comida nos dirigimos a un sitio a tomarnos un café. Es la primera vez que veo a alguien casi ser apaleado por pedirse un simple cortado y es la primera vez que veo que en un sitio te cobraban por los hielos. Increíble pero rigurosamente cierto. Tras esta tangada, nos fuimos a tocarnos la huevada un rato al hostal, ducharnos y cambiarnos y una vez hechas nuestras abluciones, nos dirigimos Raúl, Punch y yo a hacer un poco de turismo por Santiago (bonita ciudad, sí señor) para luego acabar, cómo no, trasegando unas cuantas sidras en una tasca que descubrimos y que luego se convirtió en nuestra tasca fetiche, donde lo pasamos del carajo pipa descubriendo las habilidades pedagógicas de Raúl, comprobando que se puede desatar una espiral de violencia si se hace referencia al grosor de los brazos del Maestro, o descubriendo las costumbres del típico búlgaro (quién no conoce al típico búlgaro)…

Tras eso, nos dirigimos hacia el sitio de la cena de fans del Josmar; allí me reencontré, con gran alegría por mi parte, con una gran cantidad de compadres a los que tenía muchas ganas de ver. Por allí también estaba Francis Rimbert, a quien, de alguna manera, y sabiendo que estaba allí mi compadre Juan, no me sorprendió mucho ver allí compartiendo la cena con nosotros.
En la cena, a decir verdad, me vine un poco abajo porque, salvo a unos pocos, no conocía ni a mi padre, me sentía como en una boda, y además estaba bastante cansado por el viaje; además Palopío y Carmen habían sufrido un retraso en su vuelo y no iban a llegar a tiempo para la cena, así que las esperamos para ir con ellas a otro sitio, de curioso y agreste nombre, en la Plaza del Toural (lugar donde se celebró la Rendez 2003), en el que su cena fue amenizada por un tío barbas haciendo música con un papel.
Como no teníamos muchas ganas de soplar, nos dirigimos a la Plaza del Obradoiro, donde estuvimos con Juan viendo cómo Jarre aún estaba sobre el escenario a las tres de la mañana. Cuando ya se retiraba a sus aposentos, Juan y yo le pedimos a un Jarre con muy mala cara que se echara una foto con los que allí estábamos, así que Fiona, su manager, nos hizo la instantánea y nos fuimos a dormirla.

Al día siguiente, durante el desayuno, nos llevamos una alegría al volver a ver a nuestros queridísimos compadres Saqman y Berni; a la hora del almuerzo volvimos a tentar la suerte yendo a comer al Orella, ya que el día anterior se llevaron un mal recuerdo nuestro, y vimos que la camarera no se había olvidado de nuestros caretos, ya que nos miró con una mezcla de odio y estupor en cuanto nos vio pasar… De nuevo nos pusimos hasta el mismo culo, nos cepillamos grandiosas jarras de sidra y nos lo pasamos del carajo pipa.
De nuevo, vuelta al hotel para ponerse el uniforme del concierto, ducharse y enseñarle nuestro cuco “HomoFlat” a nuestro querido compadre Le Soleil, con el que nos reencontramos ese día para nuestra alegría. Tras ponernos decentes nos fuimos hacia la Plaza del Obradoiro para ir cogiendo sitio para la cosa del concierto. Allí nos reencontramos con varios compadres más y allí estuvimos aguantando el tipo hasta que empezó el concierto, tiempo que transcurrió amenizado por algún que otro ensayo de los temas y con una arriesgada salida a mear en la que pisé hasta al tato. La plaza empezaba a estar ya hasta el culo y, para mi sorpresa, apareció por allí mi hermano Juan para darme un pase de backstage!! El tío lo había vuelto a conseguir y tuvo la enorme amabilidad de conseguir un pase para mí también, un detalle tremendo por su parte, ya que sin él y su trabajo no tendríamos ni pase ni tendríamos nada. Me dijo que, con la acreditación, podíamos ir a donde nos saliera de la pipa menos al escenario principal, así que quedamos los dos después del concierto para hacer uso de dichos pases; me hizo ilusión poder colgarme una de esas acreditaciones al pescuezo, jejejee.

Así ya empezó el concierto en sí y, madrecita, el Crazy Bloke ese de Wembley era Conchita a mi lado. Os puedo asegurar que, en compañía de Punch y de Raúl, me dejé literalmente la voz y los pies pegando botes en cada tema. Pegué saltos en todos, hasta en Souvenir of China, algo completamente inexplicable; gritamos, cantamos, saltamos, hicimos el corro de la patata, de todo, vamos, aunque nos vinimos abajo en varios temas seguidos, como fueron Oxygene 5, Variation 3 y Adagio, que destrozaron el buen ambiente que se había formado. Pero en seguida nos vinimos arriba con temazos como Rendez Vous 4, Rendez Vous 2, Chronologie 6 (creí morir cuando empezó ésta), Chronologie 2, etc… El concierto me encantó, me pareció totalmente espectacular, tremebundo, un espectáculo memorable y encima me lo pasé del carajo pipa… Desde luego, el marco era espectacular, y creo que no exagero si digo que el concierto de Santiago está entre lo más impresionante que ha hecho Jarre en su vida, y, salvando las lógicas distancias, me recordó mucho a Oxygen in Moscow, con la diferencia que, en mi opinión, el marco compostelano era mucho más impresionante que el moscovita.
Una vez finalizado el concierto, y con toda la adrenalina todavía en mis venas, me llama Juan y me dice de ir al Parador, donde estaba el “cuartel general” de Jarre y sus chaveas para ir a verles… Allí nos plantamos, con nuestros santos cojones, Juan y yo acompañados de Heide, una amiga de Rimbert, para ir a charlar un rato con el propio Rimbert, Claude Samard y Jerome Gueguen (los músicos josmareros) en su camerino. Yo ya estaba otra vez como cuando la entrevista a Jarre en Madrid hace tres años, lo veía y no lo creía… Ahí estaba yo, con la acreditación colgada del pescuezo, presto a entrar en la suite de los músicos de Jarre… Y allí que nos fuimos a charlar con ellos, mientras se cambiaban. Además, que los tíos se cambiaron allí delante de nosotros, se la sudaba que los viéramos en calzones. Imagino que se preguntaban que quién era el zopa ese que estaba allí en la habitación pero no le dieron la mayor importancia… Con ellos, estuvimos viendo el final de la retransmisión televisiva del concierto. Les pedimos unos autógrafos que plasmaron en unas descacharrantes hojas de ositos que me procuró Heide, ya que yo no tenía papel en ese momento, y nos dirigimos hacia la mismísima suite de Jarre. Lo que allí vivimos fue completamente surrealista, de verdad.

Allí estaba yo en una suite inmensa con unas 10 ó 12 personas a las que a la mayoría de ellos los había visto infinidad de veces en vídeos de Jarre: allí estaban Christine Ferreira, la fotógrafa de los conciertos, Pierre Garnier, asistente personal de Jarre, Fiona, Alain Corrieaux (el tío de sonido), la madre de Fiona, y algún tipo más que yo no conocía de nada… Y allí estaba el mismísimo Jean Michel Jarre, con la misma hortera indumentaria del concierto (una camisa de brillantina), sentado en un sofá, hinchándose a galletas y a Huesitos (sí, sí, a Huesitos, de verdad) y rajando que no veas… Empezaron a sacar jamón ibérico (que al principio Juan y yo pensábamos que era de Mercadona, pero luego resultó que no, que era ibérico de verdad), queso y un montón de bebercio de toda clase… Lo que más me llamó la atención es que con la acreditación que llevábamos tú podías hacer allí en la suite lo que te saliera de los cojones, comerte las galletas, coger jamón, hincharte a champán, e incluso echarte un vodka con limón. Yo estaba un poco cortado, la verdad, pero mi hermano Juan estaba como Pedro por su casa, el tío, y se puso púo de jamón y demás diciéndome “pero coge jamón, zopón, que está muy bueno”. Alí estuvimos hablando con Rimbert (al que Juan intentó convencer para irse con él de vacaciones a Saint Tropez) un buen rato, qué tío más enrollado, de verdad, y aprovechamos para hacernos fotos con él, con Samard (que se hizo una esperpéntica foto con nosotros con el jamón como protagonista) y con Gueguen.
Como ya he dicho Jarre raja que no veas, estaba de muy buen rollo y se produjeron algunas situaciones surrealistas como cuando sacó su portatil y nos puso a todos un vídeo de Youtube donde salía un ginecólogo brasileño haciendo una interpretación de Oxygene 4 haciendo “cuescos” con las manos. Jarre estaba literalmente descojonado, tanto que al final se puso a aplaudir y todo. También fue descacharrante cuando el tío se fue a cambiar para ponerse el chándal de “Jarre Enterprise” y se cambió allí mismo, sin cerrar la puerta ni nada; como a sus músicos, le importaba un carajo que hubieran allí algunos tipos desconocidos con una acreditación colgando del pescuezo.
Tras esto, Juan y yo fuimos a hablar un rato con Jarre al cual se le iluminó literalmente el careto cuando le dijimos que éramos los que llevábamos Fairlight Jarre y que éramos los traductores al español de su página oficial. El tío se puso más contento que unas pascuas (parecía una felicidad genuina) y no sé las veces que nos dio las gracias por nuestro trabajo; nos dijo que en el futuro iba a colaborar mucho más con nuestra página (a ver si es verdad) y que nuestro trabajo era importantísimo para él. Incluso en un arrebato de exaltación de la amistad, cuando nos despedíamos de él, al ir a darle la mano, va el tío y nos pega un abrazo de oso a cada uno de nosotros volviendo a darnos las gracias, todo emocionado.
Estuvimos en esa suite un par de horas por lo menos y luego ya bajó Jarre a firmar unos pocos autógrafos a los fans que quedaban esperándole, y se piró… Serían cerca de las 3 de la madrugada.
Cuando les conté a mis compadrazos las descacharrantes situaciones que vivimos ese rato no se lo creían, y les tuve que enseñar los Huesitos que habíamos sustraído Juan y yo como prueba de que lo que decíamos era cierto.
Tras esto nos fuimos Raúl, Punch, Zzero y yo a tomarnos la última… La última se convirtió en llegar a las 7:30 de la mañana al hostal, tras un encuentro con varios foreros recalcitrantes de la noche como Paquidermo o Laurica.
Y ya, por fin, nos despedimos de Santiago y de nuestro compadrazo queridísimo Raúl, que partía en su coche hacia Salamanca. En el aeropuerto nos volvimos a encontrar con Jarre y su equipo, que estaban esperando para pillar el avión hacia París, y allí, tras despedirnos de Paquillo, que cogía el avión con dirección a Valencia, Palopío, Carmen, Punch, Alomejo y yo nos embarcamos en el avión, que parecía conducido por Miliki y Fofito, con destino a Madrid. Allí tras una emocionante despedida, nuestros caminos se separaron, y ya nos hemos vuelto Punch y yo para Ciudad Real.
Desde aquí un agradecimiento especial a mi hermano Punch y a Raúl ya que con ellos he pasado dos días verdaderamente felices. Nos hemos reído como cosacos, no nos hemos despegado ni un momento, hemos acuñado nuevas y usadísimas frases, hemos desfasado como perros y nos lo hemos pasado como nunca. Hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien. Mil gracias, mis queridísimos compadres.
Y, cómo no, otro recuerdo especialísimo para mi compadre, mi Partner in Crime y mi hermano, el Sr. D. Juan Gomis, que, aunque lo hace con sumo placer, se ha pegado un trabajo de miedo y ha conseguido, una vez más, que nuestros más demenciales sueños se hayan vuelto a hacer realidad. Somos la repolla, querido Juan vaya que sí.
Y, por supuesto, darles las gracias a Jean Michel Jarre, y su equipo, en especial a Francis Rimbert, Claude Samard y Jerome Gueguen, por el inolvidable concierto que nos regalaraon y por el magnífico trato que nos dispensaron en el Hostal de los Reyes Católicos.
Creo que no me equivoco al afirmar que todos los que tuvimos la inmensa suerte de acudir a aquel concierto jamás olvidaremos esta fecha: El 31 de Julio de 2010.