Entrada para categoría ‘De Tatooine a Iskenderun’

El evento al que asistimos el sábado por la tarde no fue, ni de lejos, un concierto. Si hubiera sido en un teatro, con una orquesta sinfónica, una iluminación simple y elegante, un público en silencio, que aplaude al entrar el intermezzo, entonces sí. Entonces estaríamos hablando de un concierto.

Pero la pasada tarde, en el Palacio de los Deportes de Madrid, lo que aconteció fue un auténtico espectáculo. Un show al más puro estilo yankee, orientado a todo tipo de público y muy alejado del caracter elitista de los conciertos sinfónicos. Un evento multimedia con lasers, colores, altavoces, bebidas, comidas, como si de un concierto de rock fuera. Y el público, con una entrega total y libre de tabúes.

Lo he repetido miles de veces. A pesar de las críticas, a pesar de la discutible calidad cinematográfica, a pesar de la insistencia del tito George en cobrar cada céntimo de su producto. A pesar de todo, STAR WARS mueve montañas.

STAR WARS In Concert. Así se llama la gira mundial a la que tuve la suerte de asistir. Y, después de pagar un ojo de la carapor los billetes de AVE, y el ojo que me quedaba por las entradas, debo admitir que salí más que satisfecho.

A la entrada, una pequeña muestra de trajes y figuras de La Guerra de las Galaxias. El barullo era tan enorme que resultaba casi imposible disfrutarla. Y de ver por allí deambulando a un Darth Vader de dos metros, varios soldados y tres o cuatro princesas Leia que competían para ver quién era más sexy, de todo, me quedo con haber visto el auténtico Han Solo en Carbonita. La macro figura friki que siempre quise tener en mi cuarto de baño para colgar las toallas.

Y es que el escenario era ya de por sí espectacular. Utilizando una pantalla LED enorme, y un juego de luces y lasers de avanzada tecnología, no dejaba de ser una puesta en escena sinfónica. Pero los pequeños detalles estaban ahí, los muros eran similares a las alas de los TIE-Fighters, y hasta el atril del director tenía un cierto toque al atrezzo utilizado en el templo Jedi.

El comienzo del concierto fue sencillamente espectacular. Con las luces apagadas, comenzó la fanfarria de la 20th Century Fox, que acabó con el clásico “A long time ago, in a galaxy far, far away…” que provocó la primera oleada de aplausos. Acto seguido, explosión luminosa y el logo inicial de STAR WARS recorriendo la pantalla, a ritmo del clásico de John Williams, un auténtico desfase.

Es curioso que el Palacio de los Deportes estaba abarrotado, y nosotros, que estábamos en fila seis de pista, tuvimos la suerte de que las dos filas anteriores estaban vacías, y pudimos desplazarnos más cerca. De ese modo vimos la entrada del genial Anthony Daniels, como presentador/ narrador/ showman del evento. No pude más que emocionarme por tener allí delante al magnífico C3PO, que incluso me dirigió una mirada cuando respondí con los labios a una de las preguntas que hizo.

El encanto natural de Daniels nos llevó a otro de los grandes temas: Duel of Fates, del Episodio 1. El coro, que hizo una entrada relativamente floja, fue ganando enteros conforme avanzaba la interpretación. Aunque para ser sincero, confieso que me decepcionó muchísimo la inclusión de diálogos de las películas junto a la filmación, porque restaba importancia a la música (y de la música se trataba) e incluso me llegaba a molestar. Ahí padezco una dicotomía esencial. Por un lado soy fan de Star Wars, pero por otro, soy un auténtico enamorado de la música (y de su música) y mi mayor interés era ver cómo interpretaban ciertas piezas, y qué instrumento en particular se utilizaba para cierto sonido. Sin embargo, una vez admitido que no era un concierto al uso, sino que era consecuencia de una conceción bien distinta, tuve que rendirme y disfrutar.

Fueron varios temas los que desfilaron por ahí, siempre acompañados con imágenes de los films y divertidas presentaciones de Daniels. Escuchamos el Tema de Anakin, tan difícil y hermoso, el Tema de los Droides, A Través de las Estrellas, la Batalla de los Héroes, pero me quedo sin duda alguna con la carrera de vainas. Y es que en particular, este tema sufrió variaciones con respecto al original, y era un arreglo especial del propio Williams para su pusta en escena en concierto. Y, aunque era el mismo, los enlaces entre las diferentes partes eran nuevos, y bastante buenos. Además, la Royal Phillarmonic Orchestra lo interpretó con suma eficacia, bajo la batuta del genial Dirk Brossé.

La primera parte acabó con un gran hit, La Marcha Imperial, que dejó boquiabierto a todo el público, y que, para que negarlo, me hizo sentir escalofríos. Estaba, después de tantísimos años, escuchando el tema de Darth Vader en directo. ¡¡¡ Que pasote !!!

YouTube Preview Image

Lo más curioso del intermedio era ver a muchísima gente devorando unos trozacos de pizza que quitaban el sentido. Cómo se notaba que esto era un espectáculo enfocado al público norteamericano. Los padres con los niños disfrazados, los frikardillos que iban de Jedis, las espadas de colores… lo clásico.

La segunda parte del concierto fue la que verdaderamente traspasó mi corazón, y el de todo el público. Y aquí he de rendirme a la evidencia. Vale que John Williams hizo un magnífico trabajo con la nueva trilogía, y creó bandas sonoras que escucharé por siempre. Pero las clásicas son las clásicas, y con esas hemos crecido. Y al llegar al Episodio IV, V, y VI, no hacía más que lagrimear. Escuchar el escape del Halcón Milenario a través del campo de asteroides me retrotrajo a mi infancia. Realmente no creía estar viviendo eso. Es más, ¿hay alguien al que no se le puso los vellos de punta al escuchar el Tema de Yoda? Sencillamente maravilloso. Por no hablar de la batalla en el bosque de la luna de Endor, con el arreglo para conciertos que ya hizo Williams hace muchos años. Y la gente casi se pone de pie con el tema de la Cantina. Aquí sí. Aquí milimétricamente interpretado. Hasta yo me quedé clavado al asiento. Qué maravilla, señores.

De todos, quizá el más hermoso, el que me llegó al corazón fue el tema de Luke y Leia. Ese corte de El Retorno del Jedi que traía al Williams más melódico y nostálgico. Fue un momento de esos que me hacen recordar que, quiera ya o no, Star Wars es una parte no sólo de mi vida, sino también de mí mismo. Una parte que no puedo arrancar.

No menos espectacular resultó el ataque a la Estrella de La Muerte, con esas imágenes de las naves en pleno enfrentamiento aéreo, y del Halcón Milenario recorriendo túneles. Y un final hermoso, con Light the Force, el tema en que Luke lleva a la pira funeraria a un redimido Vader, ya convertido en Anakin Skywalker de nuevo, tras una vida de dolor y odio. Qué grande Williams.

El final estaba claro: Throne Room and Finale. Eso sí, en la versión reorquestada del 2005, que es aún si cabe más espectacular. Aquí ya nos entregamos completamente a la emoción, con un popurrí de las imágenes más emblemáticas de la saga, para acabar en los títulos de crédito, donde se hacían repaso de todas las películas y de las sesiones de grabación de un cada vez más mayor John Williams. Lacrimógeno, total, pero emocionante como nada para el fan de toda la vida.

YouTube Preview Image

No se cómo recordaré este concierto dentro de unos años. Quizá olvide partes, quizá recuerde otras a las que no le presté demasiada atención. Lo que tengo claro es que siempre agradeceré que haya personas que amen las películas, que amen su música, y que intenten llevar esta propuesta al público, que siempre responde. No importa el país, no importa el lugar, siempre responde. STAR WARS In Concert.


Serpientes gigantes, minotauros ávidos de sangre, colosos indestructibles, dragones salidos del mismísimo Averno, brujas y hechiceras vengativas, meretrices perversas, devoradores de hombres de Zamboula… ninguno de estos villanos ha estado a la altura de uno de nuestros héroes favoritos, Conan el Cimmerio.

De entre las sombras, de una de las cuevas más recónditas de Aquilonia, ha surgido un engendro, una bestia legendaria que amenaza con reducir a cenizas todo atisbo de vida reduciendo la Era Hiboria a sólo un vano recuerdo.

En manos de Conan, el Bárbaro, dejamos nuestras vidas… ¡Por Crom!


De esta forma, y al finalizar un examen, se dirigió a mi el alumno quizás de los más charlatanes que haya tenido en mi corta vida de profezó (o maet-tro, según la aldea de la de la que se trate).

Uno no puede negarse ante semejante requrimiento, así que asentí, y el alumno empezó a escudriñar en su bolsillo mientras me comentaba que confiaba en que yo tuviera la respuesta a sus dudas, puesto que, según él, yo había estudiado (¿acaso él no?).

De su bolsillo extrajo un diminuto trozo de papel, arrancado de cualquier cuaderno, con mil dobleces. Mientras desenrollaba el minúsculo papiro, comenzó su pregunta (*):

-¿Sabes tú quién es…? espera que lo tengo aquí apuntado. Es que tengo que hacer la tarea de lengua sobre este tipo y no sé quién es.

Por fín llegó al último doblez y empezó a leer, no sin cierta dificultad, un nombre que a priori, parecía sueco, orco o algo peor: “Luuuuc, luuuuuuc, escaiu, ¿Qué pone aquí? ¡Ah! Luc escaiualquer, o algo así ¿Sabes quién es?

La tiza que tenía en la mano se me cayó al suelo… ¡poc! Y el silencio se hizo en la clase. Pregunté en clase, con la voz temblorosa y evitando hacer pucheritos, si alguien sabía quién era Luke Skywalker, para ganar tiempo y recuperarme del mazazo que había acabado de sufrir. Al fondo, un alumno retraído levantó la mano, dando una respuesta medio convincente.

La curiosidad y el desánimo me invadían velozmente, 22 chicos y chicas de entre 12 y 16 años no sabían quién era Luke Skywalker, pero no quería hacer leña del árbol caído, así que pregunté, como quien no quiere la cosa, para qué necesitaba saber quien era ese tipo con ese nombre tan raro y difícil de escribir:

-Lo necesito para hacer un trabajo de Lengua. El maestro me ha dicho que haga una descripción de su antagonista.

Sabiendo que no conocían a la saga Skywalker, me aventuré a preguntar, a modo de redención para ellos qué era un antagonista, a lo que, con orgullo y soltura me dijo:

-¿El antagonista? Ese es el que va antes del protagonista, ¿a que si?

Estos son los momentos que se le quedan grabados a uno en la mente, y que recuerda el día de su jubilación, o en una reunión entre amigos como una anécdota graciosa. Realmente lo es, y ahora que lo pienso, es hasta divertida.

Sólo lo siento por ellos, personas con nulas ganas de aprender por cuenta propia (y ajena también) que van a ser carne de cañón, y no precisamente del cañón hiperlaser de la Estrella de la Muerte.

(*) Me he tomado la libertad de traducir el diálogo con el alumno, puesto que el original tenía pasajes ininteligibles.


Casualmente andaba yo por Sevilla, visitando a los suegros, cuando mi amigo Zzero me envió el siguiente SMS: “Megaexposicion star wars en corte ingles san juan aznalfarache. Desde hoy al 15 de septiembre. un abrazo.”

Me faltó tiempo para coger el coche, empaquetar a Berni, Anhulkito, un potito de frutas y tres pañales e irme directo al Corte Inglés de San Juan, a ver qué era exactamente eso. Y la verdad es que la sorpresa fue muy agradable, porque se trataba de una exposición de Merchandising relacionado con Star Wars. Pero no cualquier cosa, sino una colección de piezas rarísimas que hizo las delicias de todos los presentes.

De todos es conocido que el mundo del merchandising comenzó con la mítica película de Lucas. Anteriormente, el concepto de artículos derivados de un film era relativamente despreciado. De hecho esa fue la baza del tito George para montar su imperio. Pues si bien la mayor parte de lo recaudado en taquilla no llegó a sus manos, el barbas se reservó en su contrato el 100% de los derechos de explotación y merchandising de la (por entonces incipiente) franquicia. Y, visto en retrospectiva, hay que reconocer que ninguna película ha tenido la enormidad de merchandising que lleva generando Star Wars desde hace treinta años; y sigue, y sigue. Es imposible abarcar todo. Ni el propio Steve Sansweet (el poseedor de la mayor colección del mundo de productos Star Wars) consigue encontrar cada rareza que aparece de vez en cuando. A la ecuación hay que sumarle el hecho de que, desde hace algunos años, el interés por el merchandising de alto nivel, es decir, réplicas, bustos, trajes, armas, se ha disparado, gracias también a la Trilogía del Anillo de Peter Jackson.

La exposición no estaba nada mal, en cuanto a que, además de los clásicos Kotobukiyas, se podían encontrar piezas de auténtico lujo. Destacaba una réplica exacta del Halcón Milenario que los de Master Réplicas habían conseguido hacer escaneando la maqueta original que se utilizó en El Imperio Contraataca. El nivel de detalle era altísimo, y resultaba de lo más molona (para tenerla en la mesa comedor del salón, je je je). Lo mismo con un AT-AT, pulcramente pintado, que era parte de un diorama en que se podía ver el Ala-A de Luke Skywalker enterrado en la nieve. Incluso la propias huellas que el robusto armatoste dejaba en el nevado terreno. Una chulada. Otro artículo destacable era una reproducción a un tamaño considerable (no se si era 1:4) de un soldado de asalto pilotando un speederbike, tal y como aparecía en la Luna de Endor, en El Retorno del Jedi. Como frikada absolluta estaba la reproducción (también exacta, escaneada) del Ala-X de Luke Skywalker, firmada por Mark Hamill.

Reproducciones de figuras había mogollón. Darth Vader era el personaje más repetido. Había dos dioramas en particular que me encantaron. El primero era una reproducción del duelo con Obi-Wan Kenobi (Alec Guinness) en la Estrella de la Muerte. La perfección en el modelado del rostro del viejo Jedi era abrumadora. El segundo representaba el momento en que Vader entra en la Tantive IV, en La Guerra de las Galaxias, y agarra a un soldado rebelde por el cuello y le iza. Me encantó ver el interés que habían demostrado en esta figura, puesto que se acercaba a la realidad más detallista en la mente de un friki. Es decir, el casco de Darth Vader es más abierto de alas, y la máscara tiene los cristales para los ojos de color rojo oscuro, tal y como aparece en la película (que luego fue borrado en las siguientes).

También muy curiosa era la colección de las figuritas Kenner (aquellas con las que jugábamos de pequeño). Lo más interesante era comprobar que, sobre el mismo personaje, había enormes variaciones. Es decir, de Luke Skywalker con el traje de Bespin había cuatro o cinco modelos distintos en que sólo cambiaba un poco el rostro, o el color del pelo, o un leve e insignificante detalle. Se ve que entre los setenta y ochenta, con cada tirada que hacían, había pequeñas modificaciones. Conseguir una colección de ese calibre es un esfuerzo digno de aplauso.

Había varios artículos relativamente extraños de ver, que me sorprendieron. Una muñeca tipo Barbie de la Princesa Leia con traje de Palacio de Jabba (ummmm), que era producto exclusivo de la FAO Schwarz. También el set de maletitas de comida que los niños americanos llevan al colegio, con motivos varios, sobre todo las series televisivas Droids y Los Ewoks.

Dos pequeñas frikadas que me encantaron fueron sendos posters de La Guerra de las Galaxias, y de La Venganza de los Sith. El primero imitaba a los posters clásicos de las películas de Alfred Hitchcock. El segundo era un equivalente al poster “Circus” del Episodio IV, pero para el Episodio III. Toda una parida que seguro que nos gustó sólo a los más pirados.

La verdad es que, si uno se pone a pensarlo, reunir semejante colección es un trabajo de toda una vida. Yo entiendo el merchandising de Star Wars como algo que hay que disfrutar utilizándolo. Comprar los muñequitos Kenner para tenerlos en los blisters para mí no tiene sentido. Y tener la reproducción exacta del casco de Darth Vader no me hace ilusión si no la puedo lucir en algún lugar de la casa. Llega un punto en que el coleccionismo pasa a ser una obsesión, quizás sana, quizás no, y es cuando uno tiene que replantearse si disfruta con el objeto adquirido, o por el contrario disfruta adquiriéndolo. En cualquier caso, si reunir esa exposición permite a los fans regodearnos con tantos muñequitos, bienvenido sea.


Aunque parecía mentira que se cumpliera el calendario previsto, al final mi señora, mi nene y yo conseguimos la misión a la que tanto empeño habíamos puesto. Llegar a ver la Star Wars Exhibition que actualmente (y le queda poco) se encuentra en Madrid. Todos los lectores de SombrereroLoco saben lo desesperadamente fanático que soy de las películas del tito Lucas (que no de las novelas, comics, y demás basura del universo expandido). Llevaba yo años deseando ver una exposición de este tipo, sobre todo después de que mi hermana pudiera asistir a la que se exhibía en Washington allá por el 97, que fue de las buenas. Recuerdo que me trajo un libro de la misma, y una chulísima camiseta de Darth Vader imitando replicando el famoso “I Want You” del Tío Sam, que aún guardo por ahí.

De la exposición que hay en Madrid lo primero que puedo decir es que me sorprendió por la acogida popular que tuvo. Es increíble la cantidad de gente que se ha pasado a verla; una auténtico éxito. La planificación por parte del Centro de Arte Canal, imitando el interior de la nave Tantive IV, una auténtica esquisitez. La entrada no puede ser más espectacular: un enorme letrero anunciando la exposición y una réplica a tamaño real del Caza de Naboo que Anakin Skywalker pilotara en La Amenaza Fantasma.

La entrada a la exposición viene acompañada de la presentación de los dos anfitriones, que no podían ser otros que C3PO y R2D2. Expuestos al principio de la sala, uno no puede evitar emocionarse al ver a la pareja de droides más famosa del celuloide. Y se sorprende de las dimensiones de los mismos, y cómo de hermosos son vistos frente a frente. Y, sí, la pierna de C3PO es completamente plateada.

La exposición se divide en varias secciones cada una de las cuales representa un planeta de la galaxia Star Wars. En cada uno de ellos se suele encontrar una breve representación de las maquetas utilizadas durante la filmación de las escenas correspondientes, el vestuario de los personajes en ese planeta, bocetos o storyboards de las secuencias que cuentan y monstruos, alienígenas y demás especies que aparecen por allí.

Es asombroso ver la magia del cine. Si bien es cierto que los trajes diseñados por Trisha Biggar para lucir a la Reina Amidala son impactantes en pantalla, en la realidad resultan muy sencillos, incluso a veces bastante pobres. Hay algunos excepcionalmente hermosos, como el famoso traje rojo de las luces. Pero otros, como puede ser el vestido de celebración de el Episodio I, son un poco decepcionantes. Sin embargo lo contrario ocurre con los trajes Jedi. Resultan mucho más hermosos que en pantalla, puesto que se puede apreciar a la perfección la tela utilizada. Tejido propio de monje de monasterio, tal y como fue concebido que fuera un Jedi. Las botas y los adornos so muy llamativos, y uno se queda con las ganas de llevarse uno a casa, por eso de salir de Jedi en los Carnavales, y que le reconozcan (y así se quita de encima una espinita clavada). Resultan harto decepcionantes los trajes de Bobba y Jango Fett, sobre todo el de este último, que parece de papel de aluminio. Sin embargo, de todo el vestuario que pude ver allí, destaco dos trajes realmente maravillosos. Los dos cazarrecompensas que llevaban la Princesa Leia y Lando Calrissian en el palacio de Jabba el Hutt. Son fascinantes, y rápidamente trasladan al visitante a la magia de la oscura sala de cine y la proyección de El Retorno del Jedi.

Con las maquetas pasa más o menos lo mismo. Los de Industrial Light & Magic no tienen un pelo de tontos, y no invierten dinero, tiempo y dedicación en aquellas maquetas que no necesitan más definición en pantalla. Así pues, algunas son realmente curiosas de ver por su sencillez, como por ejemplo las gradas de la carrera de vainas. Sin embargo, otras son extremadamente definidas. Un auténtico despliegue de detalles y una complicada solución artística para envejecerlas y darles un aspecto real. Destacan los palacios de Naboo, y sobre todo aquellas maquetas de la trilogía original, las más apreciadas, que emocionan a los padres, más que a los hijos. Me quedé pasmado con algunas de ellas, como puede ser el B-Wing, el AT-AT (mucho más sencillo que en pantalla), o el TIE-Interceptor, con enorme parecido a la réplica de Hasbro que puedes encontrar en Toys’R'Us. Pero no sólo de maquetas vive el hombre. También se exhibían piezas a tamaño real: las vainas de Anakin y Sebulba, el mencionado caza de Naboo, la nave de Zam Wessell, o el increíble Speederbike de El Retorno del Jedi. Sin duda, la pieza que más llamó mi atención y la del señor Pettenman. Casi nos imaginábamos montados en esas motocicletas voladoras recorriendo a velocidad infinita los intrincados bosques de la luna de Endor.

Hubo momentos gloriosos, como fue la aparición de Chewbacca. Fue justo cuando Jr. se puso contentísimo a mover las piernas en el aire, para acercarse al insigne habitante de Kashyykk. ¿Será porque reconoció su muñeco preferido de la estantería de Mighty Muggs? ¿O simple casualidad? El tiempo lo dirá. Chewie fue toda una revelación, sobre todo por la altura del mismo, y el excelente diseño de producción que conlleva. Realmente está bien hecho, parece real. Mucho más que los Ewoks, que, como mi señora bien dice, son más bonitos en la exposición que en la pantalla. Pero de todos, quien se llevaba todas las miradas era el malvado lord Sith, el mítico Darth Vader. Tampoco debía ser bajito David Prowse, puesto que el traje impresiona. El Vader que estaba expuesto allí pertenecía a El Imperio Contraataca. Quizá puede sorprender por su sencillez. Se nota ya el paso del tiempo, y no da tanto miedo e impresión como en pantalla. Pero claro, uno se encuentra frente a frente a un mito del cine, y se deja embargar por la emoción.

Pero, no nos engañemos. Ya conocemos al viejo George, un hombre cuyo primer principio es “de cualquier cosa que hagas, saca dinero”. Así pues, es fácilmente detectable la maniobra del tito Lucas. Si esta exposición tiene éxito ¿por qué no una segunda, y una tercera?. De ese modo, faltaban piezas valiosísimas y muy interesantes, que todos nos hemos quedado con ganas de ver. No había ni un X-Wing, ni la maqueta de La Estrella de la Muerte (al menos la que está a medio construir). No estaba el traje de Luke, ni el de Han Solo, ni este último congelado en carbonita. Faltaban casi todas las armas y sables de luz. No había Tie-fighters, ni el muñegote de gom dentro del cual se metían los actores para representar a Jabba el Hutt.

Incidiendo en este último tema, al final de la exposición uno se puede encontrar con una tienda repleta de productos Star Wars. Camisetas, sables, figuras, muñecos, libros de pegatinas. Todo bastante caro, por cierto. Si usted busca alguna exclusividad, obvie directamente esta tienda, pues casi todo se puede encontrar fuera.

Pero al final, al salir, nos quedamos con lo mejor. El momento de excitación de ver a los droides, a Vader, las vainas, etc. Una auténtica catarsis emocional de una galaxia muy, muy lejana, que se aloja en Madrid.


Ya Estoy Nervioso…

Saqman
15 Diciembre 2008

Acabo de leer que John Williams ha reescrito gran parte de las bandas sonoras de La Guerra de las Galaxias para un próximo concierto titulado Star Wars: A Musical Journey, que interpretará junto a la Royal Philharmonic Orchestra el próximo Abril en Londres. Es una iniciativa que parte del propio Lucas y que se realizará con carácter oficial, acompañado de una gran pantalla que irá mostrando las escenas relacionadas con la música que se interprete en ese momento.

Pero realmente me han temblado las piernas cuando he leído que este concierto es el inicio de una gira por toda Europa trayendo la música de La Guerra de las Galaxias a todos los corazones. Ya me tiemblan las piernas a la espera de que anuncien los conciertos en España…


Un amigo es aquella persona que te acompaña durante toda la vida, con la que mantienes una relación afectuosa, que te presta consuelo en los momentos difíciles, que te aporta felicidad y divertimento. Como decía Victor Manuel, un amigo es aquella persona que nunca pide nada y siempre da.

Quería haber dejado este artículo para un futuro, pero ha querido el destino que se convierta en la tercera entrega de “Mis Músicos de Cine”. No voy a hablar de John Williams en calidad de compositor, de sus cualidades artísticas, o de su pericia técnica. Ni siquiera voy a hacer una breve reseña biográfica. Voy a hablar de Johnny como lo que es para mí, un amigo.

Desde mi más tierna infancia, jamás he podido separar cine y música. Para mí ambos conceptos han ido de la mano durante tantos años, que no he llegado a entender una película sin banda sonora, ni una música sin banda visual (aunque fuera en mi cabeza). También he de decir que poco o nada me ha interesado la música con letra hasta bien entrada mi edad adulta, y siempre que me ha gustado una canción ha sido por su melodía, más que por su contenido. He desarrollado en mi cerebro una capacidad para sobreponer la música a cualquier interferencia visual o sonora que pueda tener. El responsable de estos extraños comportamientos mentales ha sido, por supuesto, el viejo Johnny.

Nos conocimos allá por el año 79, en una sala de cine muy oscura, que sufrió el acoso y derribo de los ochenta, y que estaba encalomada en la calle Ciudad de Santander, en Cádiz. En pantalla aparecía un cielo muy estrellado, y el archiconocido símbolo de Superman, a tamaño gigante, brillaba en mi retina mientras la expresión de mi cara era de absoluto asombro. Recuerdo los créditos azules volando por el cielo, y la fantástica melodía que parecía decir “Suuuu - per - maaaaaan - ta - chán - tata - chán”. Mi padre, que me había llevado al cine, supongo que para disfrutar de mi ilusión, me explicaba la película escena por escena. A la salida, no puedo olvidar una barra de bar, un botellín de Coca-Cola y mi voz cantando, una y otra vez, esa sintonía que jamás me ha abandonado y que incluso, hoy en día, llevo encima en el iPod.

Por supuesto que esta presentación fue de lo más informal. Era demasiado pequeño para saber lo que era una orquesta, un director, un compositor. Sólo percibía la música, que llegaba a mi pequeño corazón y ahí rebotaba una y otra vez.

Luego llegó La Guerra de las Galaxias, El Imperio Contraataca y El Retorno del Jedi. ¡Guau! Lo curioso es que, para mí, venía a ser lo mismo. Una pantalla con el espacio de fondo y letras, y otra música espectacular que volvía a inundar mis sentidos. Y vuelta a empezar. Otra vez a tatarear la melodía, a separarla de la de Superman (hay gente que todavía no ha sido capaz, ni de adulto) y a revisar, una y otra vez, las escenas de Luke con el sable, de Vader ahogando a un imperial, de Chewbacca asustando al pequeño robotito que rodaba por la Estrella de la Muerte. Claro, con los años aprendía que la banda sonora de La Guerra de las Galaxias había sido un hit, un éxito de ventas, había vuelto a poner de moda el sinfonismo cinematográfico de Korngold, Steiner o Waxman. Entendamos que para mí, con tan poca edad, me era literalmente imposible adquirir el LP o el cassette con la banda sonora. De hecho, ni sabía que eso existiera. Pero recuerdo a la perfección que cuando utilizaban la música con tintes publicitarios en algún anuncio de la radio o de la tele, me entraba por el cuerpo una emoción insuperable. A mi memoria viene, invariablemente, esos magníficos anuncios de Reyes Magos en los que aparecían los muñecos de Obi-Wan, de Luke, de Han Solo, de la Princesa, las naves, los AT-AT, con unos fondos espectaculares, y con los Main Titles de Star Wars de telón de fondo. Un recuerdo imborrable en cualquier chaval de aquella época.

Y es que claro, en mi relación con John Williams un factor decisivo fue la suerte. Y digo esto porque, si las películas en que intervino no hubieran sido las maravillas que eran, no me hubiera podido gustar tanto su música. El clásico dicho de “los amigos de mis amigos son mis amigos”, en mi caso y el de Johnny, fue axiomático. Y andaba yo por segundo o tercero de la E.G.B. cuando llegó un tío con barbas, del que luego me enteré que era judío, que vino a compartir también la amistad con Johnny, y que se convirtió en otro inseparable. Los niños de mi clase, que ya parecían desarrollar un amor por el cine inusual, estaban revolucionados con el bicho ese feo, bajito, que hablaba raro, y que tanta expectación había generado en Estados Unidos. Que si cuando se estrena, que si no va a llegar a Cádiz, que se quedará en Jerez y habrá que verla allí, que si yo ya la he visto en Video-2000 pirata, que si mi padre me ha traído de la Base de Rota un muñeco que, al moverle la pierna, se le enciende el dedo. Me refiero, claro está, a Steven Spielberg y su E.T. el Extraterrestre.

Un auténtico fenómeno de masas por aquella época que marcó un antes y un después en la historia del cine. Yo no fui de los primeros en verla, y recuerdo que las colas eran tan largas en el Cine Municipal, que tuvimos que esperar a sesión de las once de la noche para verla. Mi madre, destrozada de cuidar de sus tres hijos, no pudo aguantar la proyección y se quedó dormida, la pobre. Pero yo, lo que son las cosas, con los ojos como platos. Yo era Elliot, sin duda, si hasta me parecía a él. Yo tenía ese amigo maravilloso y entrañable que me hacía sentir especial. Recuerdo a la perfección asombrarme con la escena del chico tirando la pizza y recogiéndola hecha una bola. Y de E.T. vestido de mujer, y del asco que me dió ver al extraterrestre blanco y hecho polvo tirado en un río, y del susto de los hombres de blanco que los metían por tubos y los estudiaban. Pero lo que recuerdo con más cariño es aquella famosa escena de Halloween, cuando Elliot cruza el bosque y E.T. utiliza su poder y entonces… ¡¡¡ la bicicleta volaba !!! Y ahí estaba otra vez. Que música, que maravilla. El tema principal de Williams sonaba con estruendosa potencia monofónica en el cine, y yo me quedaba maravillado con la música. ¡¡¡ Que bonita !!! Lo que son las cosas. Con los años, E.T. se ha convertido en mi banda sonora favorita de John Williams. Cuenta el propio Spielberg que durante la grabación de la música, en la interpretación de la Orquesta Sinfónica de Londres de las escenas finales de los chicos en bicicleta, era tan difícil cuadrar el tempo de la música (realmente espectacular, de verdad) con las imágenes, tanto que después de muchos intentos Williams llegaba a desesperar. El propio director optó por que se apagara la pantalla, Williams grabara la música a su antojo y luego, a última hora, volver a remontar la escena a ritmo de la música.

En 1984 conocí a Indiana Jones, cuando paseaba palmito por El Templo Maldito. Años después vería En Busca del Arca Perdida, La Última Cruzada, y hace bien poco, desgraciadamente, El Reino de la Calavera de Cristal. Vi la película en VHS pirata, sacada de un videoclub en Cádiz que tenía todas las películas de estreno en cine piratas, yo no se como lo haría. Pude ver a tiempo de estreno Los Goonies, Lady Halcón, o Rocky IV. Los tíos eran unos máquinas del pirateo en aquella época. Pero bueno, volviendo al tema, vaya tío Indiana Jones. Yo quería ser Indiana Jones, ir con el látigo por ahí saltando de aquí allá, salvando niños, y besando a Willie, que a mí me parecía preciosa. La verdad es que volví a alucinar con esa película, con las escenas de los raíles, y del puente colgante. Reconozcámoslo, es el film de Indy más injustamente tratado. A ojos de un niño es espectacular. El caso es que me volví a fijar en la música, con esa melodía que sonaba bastante en la película. Era chulísima, y estuve tatareándola durante mucho tiempo. De hecho, a día de hoy, escuchando En Busca del Arca Perdida, se me siguen poniendo los vellos de punta con el tema musical que adorna el descubrimiento del Arca.

Llegó un día, no se cómo, que de pronto todo cuadró. Creo que fue viendo En Busca del Arca Perdida en vídeo, que me puse a leer los títulos de crédito (para delante y para detrás mil veces) y vi que mi amigo se llamaba John Williams, y que ese nombre me sonaba ya de haberlo visto. Y en la reposición en la tele de Superman descubrí que era el mismo. Y luego me dijo alguien que el que había hecho La Guerra de las Galaxias era amigo que el que había hecho E.T., que además era el que había hecho Indiana Jones. Y yo, como buen matemático, sumé dos más dos y deduje que John Williams era el mismo tío que había compuesto toda la música, y que la “London Symphony Orchestra”, fuera lo que fuera eso para mi pobre inglés, estaba relacionada con todo.

Mi hermana se quedó a cuadros cuando le dije: “Irene, ¿sabes que el que hizo la música de La Guerra de las Galaxias, Indiana Jones y Superman es el mismo?”. Y mi hermana tuvo que pensar: “Este niño es que es tonto…”

Llegué a Primero de B.U.P. y mi amistad con John Williams estaba soldificada. Entró en escena un profesor de inglés, llamado Rafa Marín, que compartía exactamente mis gustos: los tebeos, Indiana Jones, Regreso al Futuro, las bandas sonoras, Star Wars, la literatura (y a día de hoy me atrevería a decir que Serrat), y fue una iluminación. Rafa era toda una fuente se sabiduría para mis catorce años en todos los aspectos. En particular volaban las cintas TDK que le pasaba para que me grabara las bandas sonoras de Williams ¡¡¡ Las tenía todas !!!. Así que entre Rafa y mi búsqueda personal descubrí que, además de las que ya conocía, existía una composición de Drácula, de caracter gótico, que me dejó alucinado, una obra maestra titulada Nacido el Cuatro de Julio, una sintonía genial para Encuentros en la Tercera Fase, composiciones que no me gustaron nada como El Turista Accidental o Presunto Inocente. Pero llegué a la conclusión de que John Williams era mi músico favorito, y así ha sido desde entonces.

Y este conocimiento me hizo rebuscar y descubrir a otros músicos, como John Barry, James Horner, Basil Poledouris, Danny Elfman y un largo etcétera que poco a poco voy a ir desgranando en esta sección. Descubrí bandas sonoras magníficas como Conan, o Rocketeer, o Somewhere in Time, y empecé a aficionarme en serio por coleccionarlas, llegando al día de hoy, que no puedo contar ya la cantidad de discos que tengo. Y todo gracias a John Williams.

Con los años he estudiado más en profundidad su música, y he llegado a amar obras menores, menos sinfónicas, mas intimistas. John Williams ha ido envejeciendo tremendamente bien, hasta convertirse en el entrañable ancianito que es hoy en día. Si bien sus últimas composiciones han cambiado un tanto en cuanto a estilo, siendo su música más incidental, menos melódica, el trabajo de Williams siempre ha sido digno de elogio. Un hombre con las ideas muy claras, que ha sabido compaginar con humildad su caracter artesano y de estrella mediática, fiel a sus amigos, nos ha regalado durante estos años un sinfín de melodías que han pasado a formar parte del subconsciente colectivo: Tiburón, Superman, La Guerra de las Galaxias, Harry Potter, Indiana Jones, La Lista de Schindler, Parque Jurásico, Encuentros en la Tercera Fase, E.T., y muchísimas más. Un gran hombre que ha hecho grande al cine. Así pues, querido Johnny, este artículo sólo puede acabar con la siguiente exclamación: ¡¡¡ Bravo, Maestro !!!


Singing John Williams

Saqman
15 Noviembre 2008

En Blog de Cine hemos encontrado este video que nos ha hecho francamente gracia. Aquí os lo dejamos…

YouTube Preview Image

[Encuentros en la tercera fase]
You must use the force (repeat ad nauseum)

[En busca del arca perdida]
Long time ago, far far away (repeat)

Kiss a wookie, kick a droid
Fly the falcon through an asteroid
Till the princess is annoyed
This is spaceships, it’s monsters, it’s Star Wars, we love it!

Come and help me, Obi Wan
X-wing fighter and a blaster gun
Dance with Ewoks, oh what fun!
This is spaceships, it’s monsters, it’s Star Wars, we love it!

[Superman]
Get in there you big, furry oaf
I couldn’t care less what you smell
I take orders from only me
Maybe you’d like it back in your cell
Your Highness, your worshipfulness, your highness, your worshipfulness

No one cares if you upset a droid
(nobody cares if you upset a droid)
That’s because droids don’t tear your arms out of socket.
(nobody cares)
I suggest a new strategy: let the Wookie win
That’s because nobody cares if you upset a droid.

[ET]
Now we listen to Luke whining:
One more season… One more season… One more season… One more season…

I was gonna go to Tashi Station for power converters
Now I guess I’m going nowhere.
It just isn’t fair.

[Tiburón]
Wooookie (repeat)

Someone move this walking carpet (repeat)
Kiss your brother, Kiss your brother (repeat)
Princess Leia
Well I guess you don’t know anything about women.
Who’s your daddy? (repeat)
[Jurassic Park]
Luke, I’m your father
(That’s not true!)
It is useless to resist
(My hand!)
Come with me my son, We will rule
(I’ll never join you!)
Search your feelings it is true

So you have a twin sister
Who Obi Wan was wise to hide
(Is that Leia?)
If you will not turn
Then perhaps she will
Give in to your hate
You are mine

Long Long Long Time ago… Far Far Far Far Away
Long Long Long Time Ago, Far Far Far Away (repeat)

Kiss a wookie
Kick a droid
Fly the falcon
Through an asteroid
Till the princess is annoyed
(She’s annoyed!)
This is spaceships, it’s monsters, it’s Star Wars, we love it, it’s true

Episode 3
Coming to you
In 2005

So Let’s go
(go go go to the movies)
Stand in line
(buy buy buy me some popcorn)
Cause it’s al-
(please I’d like extra butter)
most the time
(Join the dark side…)
May the Force be with you all

John Williams is the man


Que la nueva trilogía de Star Wars fue un fiasco para la generación que creció con la clásica, no es nada nuevo. Yo no me incluyo entre ellos, puesto que, a pesar de todo, no puedo dejar de sentirme un fan incondicional de la saga de los Skywalker, y revisito las películas en DVD cada vez que tengo oportunidad.

Tras ir al cine a comprobar que The Clone Wars es el film insulso e infantil que me imaginaba que iba a ser, estuve hablando un rato con mi mujer y, como quien no quiere la cosa, empezamos a imaginar cómo era, realmente, la nueva trilogía que esperábamos ver. Cuales cosas dejaríamos y cuales eliminaríamos sin duda alguna de los primeros tres episodios. Entrando así en un juego que, poco a poco, ha ido creciendo, voy a intentar resumir lo que me hubiera gustado ver y lo que no, en las pantallas de cine.

Para empezar, situaría la acción en una república bastante degradada y corrupta. Aunque habría varios senadores y representantes honrados, el global debiera ser un nido de cuervos. Si la trilogía clásica hacía alusión a la Segunda Guerra Mundial, la precuela hubiera debido inspirarse en la primera. Por tanto, la galaxia sería distribuida entre varias viejas y nuevas potencias en la que las colonias serían repartidas del modo más injusto. Aunque es cierto que sí me gusta y mantendría el doble juego de Palpatine para alzarse con el poder. Defender el Senado y sus poderes a campo abierto, mientras que por detrás instigaría al alzamiento y rebelión de las colonias. Lo que desataría una auténtica guerra galáctica en las que se harían alianzas gubernamentales y, lo que es más importante, habría derramamiento de sangre.

Esta premisa elimina por completo la existencia del Episodio I, por otro lado una historia sin trascendencia alguna, y se cargaría a personajes como Qui Gon Jinn, Jar Jar Binks, el jefe Gungan y los separatistas con cara de sapo, que son harto ridículos. Y, lo que es más importante, eliminaría de un plomazo el ejército de droides esmirriados, para así ver como en la guerra muere y sufren personas, y no droides (cosa que no duele al espectador). Así pues, situaría La Amenaza Fantasma en lo que realmente pudo ser El Ataque de los Clones.

De ese modo, comenzaría el primer episodio con la reunión del consejo Jedi. A propósito, que dicho consejo no serían cuatro gatos como en la película, sino una auténtica reunión como las de Naciones Unidas, pero en Jedi. En dicha reunión todos los Jedis libres recibirían como asignación sus nuevos padawans. De un plomazo insertaría a Obi-Wan y a un Anakin adolescente (un poco más joven que Luke en Una Nueva Esperanza). Por otro lado, me gusta la idea del complot para asesinar a la senadora Padmé Amidala, por parte de Jango Fett (o de cualquier otro cazarrecompensas). Eso serviría de puente para la relación entre Anakin y Padmé. Que, a propósito, no direrirían tanto en edad.

La misión de Obi-Wan en Kamino la considero necesaria. Ahí estoy de acuerdo con Lucas. Me parece una maniobra correcta el encargo de tropas clon para contener la insurrección separatista. Sin embargo, todo el rollo de clonar a Fett es un poco absurdo.

En fin, que el primer episodio terminaría, más o menos, como El Ataque de los Clones, con el nuevo ejército, Palpatine asumiendo poderes especiales (como hiciera César con el Senado romano), declarando oficialmente la guerra y el romance secreto entre el Padawan y la Senadora.

Ahora, el Episodio II debiera tratar, de un modo lógico, las guerras Clon. Separando a Anakin de Amidala, se forjaría una alianza entre los caballeros Jedi y la vieja República, donde éstos se encargarían de comandar las tropas clon. Algo parecido a lo que ocurre en la serie de televisión, pero con más realismo y crueldad. Habría que hacer hincapié en el caracter de Anakin como Jedi ultrapoderoso. Skywalker no debe ser el niñato repelente que es en las películas. En palabras de Obi-Wan, en el Episodio VI, “el buen hombre que tu padre era…”. Anakin debe ser el paradigma de los Jedis, un ser bondadoso y humilde, lleno de cualidades, ni mucho menos déspota como el personaje interpretado por Hayden Christensen. Además, la edad tendría que rondar los veintimuchos. Obi-Wan debería, pues, estar por los cuarenta. En este film narraría los horrores de la guerra, donde inocentes mueren a manos de soldados y Jedis que, si bien fieles a la República, se cuestionan el honor de Palaptine y los ideales que representan.

En este film es cuando Palpatine debe tentar a Skywalker. ¿Con qué? Pues la verdad es que no se me ocurre, pero me gusta más la idea de utilizar el poder para hacer el bien que el poder para resucitar (como en el Episodio III). Algo equivalente a lo que hace Julio César con Lucio Voreno en la serie de Roma. Desde luego Palpatine (que, conforme se corrompe por dentro, lo hace por fuera, en alusión opuesta al Retrato de Dorian Gray) es consciente del poder de Anakin, tanto como el consejo Jedi y Yoda, que será el que sospeche todo el complot. Otro punto que me hubiera gustado ver en pantalla es el triángulo amoroso que se pudiera haber producido entre Anakin, Padmé y Obi-Wan. El último perdidamente enamorado de la senadora, aunque en silencio. Y Anakin, cual Othello instigado por Iago, escucharía los susurros tenebrosos e insinuaciones de Palpatine que lo manipula. Así se podría explicar con cierta lógica la actitud paternal de Obi-Wan con Luke. De hecho, en este film debieran nacer los gemelos, y no en el tercero. Puesto que Leia debe recordar a su verdadera madre, según palabras de El Retorno del Jedi, al menos tendría que haber pasado tres años de su vida a su lado. De ese modo, Anakin caería en el Lado Oscuro al final de esta película, con los niños nacidos y acabando así, más o menos, el film.

Y en la tercera parte me hubiera gustado ver cómo Amidala escapa a Alderaan, se desintegra el senado, y como Anakin, ahora sí con los soldados clon bajo la orden 66 (un puntazo del guión de Lucas, las cosas como son) asesina a los Jedis, a los padawans. En cierto modo, como me gusta bastante La Venganza de los Sith, hubiera dejado muchas cosas tal cual están. El duelo entre Yoda y Palpatine, el asesinato Jedi, la desintegración del Senado. Lo que cambiaría totalmente es el duelo entre Anakin y Obi-Wan, que en la película es bastante soso y se preocupa más de la espectacularidad que de aportar elementos al guión. En este caso, en dicho duelo los dos contrincantes pelearían a la vez que, en pausas, se reprocharían las diferencias, Obi-Wan intentando hacer entrar en razón a Vader y Anakin en plena fiebre visceral. También se tratarían temas del poder del lado oscuro. Algo que fuera un símil con el duelo entre Vader y Luke en El Imperio Contraataca. Por supuesto, habría más tensión. Es decir, Kenobi no ganaría a Vader simplemente por estar en posición más alta. Tendría que haber más sufrimiento, más dificultad. Precisamente es la falta de dificultad una de las grandes lacras de la nueva trilogía. El final del duelo, el mismo, Vader descuartizado, quemado, recogido por el Emperador y transformado en el icono cinematográfico de sobras conocido.

Aunque me gusta el final de La Venganza de los Sith, yo hubiera alterado un poco el último plano. En lugar de ver a Obi-Wan entregando el bebé a Beru y Owen (que aquí sería el hermano de Kenobi, y no el hermanastro de Anakin), la última secuencia hubiera sido ver a Luke, con cinco o seis años, mirando el amanecer (y no el atardecer) de los soles de Tatooine. Una auténtica Nueva Esperanza.


Justo enfrente del pájaro que ya hemos comentado en este blog, ha aparecido recientemente, en los jardines que alojan al drago situado frente a la Plaza de la Constitución, una estatua de una vaca que ‘pasta’ plácidamente, ajena a la situación que se vive en la cuidad… paro desbocado, incultura y cerrilismo a espuertas, angangos defenestrados…

Esta aparición está relacionada con la iniciativa Cádiz de Color, que llenó de flores algunas plazas del centro de la ciudad, y que le da un toque pintoresco a las Puertas de Tierra.

Pero una cosa es promocionar la cuidad, y otra que nos tomen por tontos del mismísimo culo. ¿Una vaca lechera Holstein? ¿En la ciudad de Cádiz? Si se hubiera tratado de un cangrejo moro subiendo por el torreón de puerta tierra, hubiera tenido su pase.

En mi humilde opinión, yo hubiera puesto algo más típico, como un perro mixto-lobo cagando una mierda como una caballa de grande, mientras el dueño impertérrito mira con desprecio al cánido, con una expresión de “la mierda la va a recoger el que venga detrás”.

O mejor aún, una estatua coral, retratando una bella estampa bucólica de una familia (con abuela incluída) acampando en pleno jardín, ejerciendo su derecho constitucional de hacer una barbacoa donde les salga de los huevos, y dejándolo todo hecho una mierda, homenajeando así, de forma sentida y cariñosa, a la típica familia gaditana.

¡Ay Teo! Con la de cosas urgentes que quedan pendientes por resolver en Cádiz, más importantes que poner una estatua de una vaca en un jardín que, dicho sea de paso, de aquí a una semana aparecerá convenientemente descuartizada en algún puestecillo del baratillo: Parques semiabandonados, miseria social y cultural, una ciudad cuyos propios habitantes chuflas se encargan de desprestigiar día a día…

Pero claro, eso no se arregla poniendo una vaquita en el Parque de Varela. Para eso hay que ahondar en las raíces del Cádiz más profundo… y ahí si que nadie tiene agallas de atacar, porque corre el riesgo de dejar de salir en las fotos del Diario de Cádiz, haciendo autobombo y lo que sea necesario por un puñado de votos.

Que se lleven a la vaca ya de ahí, y que hagan algo serio en Cádiz, no cualquier chorrada para salir durante treinta segundos de gloria en “Está pasando…”, paradigma de la cutrez y la ordinariez supina.

Tenemos lo que nos merecemos.