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STAR WARS In Concert |
Saqman
22 Marzo 2010 |
El evento al que asistimos el sábado por la tarde no fue, ni de lejos, un concierto. Si hubiera sido en un teatro, con una orquesta sinfónica, una iluminación simple y elegante, un público en silencio, que aplaude al entrar el intermezzo, entonces sí. Entonces estaríamos hablando de un concierto.
Pero la pasada tarde, en el Palacio de los Deportes de Madrid, lo que aconteció fue un auténtico espectáculo. Un show al más puro estilo yankee, orientado a todo tipo de público y muy alejado del caracter elitista de los conciertos sinfónicos. Un evento multimedia con lasers, colores, altavoces, bebidas, comidas, como si de un concierto de rock fuera. Y el público, con una entrega total y libre de tabúes.
Lo he repetido miles de veces. A pesar de las críticas, a pesar de la discutible calidad cinematográfica, a pesar de la insistencia del tito George en cobrar cada céntimo de su producto. A pesar de todo, STAR WARS mueve montañas.
STAR WARS In Concert. Así se llama la gira mundial a la que tuve la suerte de asistir. Y, después de pagar un ojo de la carapor los billetes de AVE, y el ojo que me quedaba por las entradas, debo admitir que salí más que satisfecho.
A la entrada, una pequeña muestra de trajes y figuras de La Guerra de las Galaxias. El barullo era tan enorme que resultaba casi imposible disfrutarla. Y de ver por allí deambulando a un Darth Vader de dos metros, varios soldados y tres o cuatro princesas Leia que competían para ver quién era más sexy, de todo, me quedo con haber visto el auténtico Han Solo en Carbonita. La macro figura friki que siempre quise tener en mi cuarto de baño para colgar las toallas.
Y es que el escenario era ya de por sí espectacular. Utilizando una pantalla LED enorme, y un juego de luces y lasers de avanzada tecnología, no dejaba de ser una puesta en escena sinfónica. Pero los pequeños detalles estaban ahí, los muros eran similares a las alas de los TIE-Fighters, y hasta el atril del director tenía un cierto toque al atrezzo utilizado en el templo Jedi.
El comienzo del concierto fue sencillamente espectacular. Con las luces apagadas, comenzó la fanfarria de la 20th Century Fox, que acabó con el clásico “A long time ago, in a galaxy far, far away…” que provocó la primera oleada de aplausos. Acto seguido, explosión luminosa y el logo inicial de STAR WARS recorriendo la pantalla, a ritmo del clásico de John Williams, un auténtico desfase.
Es curioso que el Palacio de los Deportes estaba abarrotado, y nosotros, que estábamos en fila seis de pista, tuvimos la suerte de que las dos filas anteriores estaban vacías, y pudimos desplazarnos más cerca. De ese modo vimos la entrada del genial Anthony Daniels, como presentador/ narrador/ showman del evento. No pude más que emocionarme por tener allí delante al magnífico C3PO, que incluso me dirigió una mirada cuando respondí con los labios a una de las preguntas que hizo.
El encanto natural de Daniels nos llevó a otro de los grandes temas: Duel of Fates, del Episodio 1. El coro, que hizo una entrada relativamente floja, fue ganando enteros conforme avanzaba la interpretación. Aunque para ser sincero, confieso que me decepcionó muchísimo la inclusión de diálogos de las películas junto a la filmación, porque restaba importancia a la música (y de la música se trataba) e incluso me llegaba a molestar. Ahí padezco una dicotomía esencial. Por un lado soy fan de Star Wars, pero por otro, soy un auténtico enamorado de la música (y de su música) y mi mayor interés era ver cómo interpretaban ciertas piezas, y qué instrumento en particular se utilizaba para cierto sonido. Sin embargo, una vez admitido que no era un concierto al uso, sino que era consecuencia de una conceción bien distinta, tuve que rendirme y disfrutar.
Fueron varios temas los que desfilaron por ahí, siempre acompañados con imágenes de los films y divertidas presentaciones de Daniels. Escuchamos el Tema de Anakin, tan difícil y hermoso, el Tema de los Droides, A Través de las Estrellas, la Batalla de los Héroes, pero me quedo sin duda alguna con la carrera de vainas. Y es que en particular, este tema sufrió variaciones con respecto al original, y era un arreglo especial del propio Williams para su pusta en escena en concierto. Y, aunque era el mismo, los enlaces entre las diferentes partes eran nuevos, y bastante buenos. Además, la Royal Phillarmonic Orchestra lo interpretó con suma eficacia, bajo la batuta del genial Dirk Brossé.
La primera parte acabó con un gran hit, La Marcha Imperial, que dejó boquiabierto a todo el público, y que, para que negarlo, me hizo sentir escalofríos. Estaba, después de tantísimos años, escuchando el tema de Darth Vader en directo. ¡¡¡ Que pasote !!!
Lo más curioso del intermedio era ver a muchísima gente devorando unos trozacos de pizza que quitaban el sentido. Cómo se notaba que esto era un espectáculo enfocado al público norteamericano. Los padres con los niños disfrazados, los frikardillos que iban de Jedis, las espadas de colores… lo clásico.
La segunda parte del concierto fue la que verdaderamente traspasó mi corazón, y el de todo el público. Y aquí he de rendirme a la evidencia. Vale que John Williams hizo un magnífico trabajo con la nueva trilogía, y creó bandas sonoras que escucharé por siempre. Pero las clásicas son las clásicas, y con esas hemos crecido. Y al llegar al Episodio IV, V, y VI, no hacía más que lagrimear. Escuchar el escape del Halcón Milenario a través del campo de asteroides me retrotrajo a mi infancia. Realmente no creía estar viviendo eso. Es más, ¿hay alguien al que no se le puso los vellos de punta al escuchar el Tema de Yoda? Sencillamente maravilloso. Por no hablar de la batalla en el bosque de la luna de Endor, con el arreglo para conciertos que ya hizo Williams hace muchos años. Y la gente casi se pone de pie con el tema de la Cantina. Aquí sí. Aquí milimétricamente interpretado. Hasta yo me quedé clavado al asiento. Qué maravilla, señores.
De todos, quizá el más hermoso, el que me llegó al corazón fue el tema de Luke y Leia. Ese corte de El Retorno del Jedi que traía al Williams más melódico y nostálgico. Fue un momento de esos que me hacen recordar que, quiera ya o no, Star Wars es una parte no sólo de mi vida, sino también de mí mismo. Una parte que no puedo arrancar.
No menos espectacular resultó el ataque a la Estrella de La Muerte, con esas imágenes de las naves en pleno enfrentamiento aéreo, y del Halcón Milenario recorriendo túneles. Y un final hermoso, con Light the Force, el tema en que Luke lleva a la pira funeraria a un redimido Vader, ya convertido en Anakin Skywalker de nuevo, tras una vida de dolor y odio. Qué grande Williams.
El final estaba claro: Throne Room and Finale. Eso sí, en la versión reorquestada del 2005, que es aún si cabe más espectacular. Aquí ya nos entregamos completamente a la emoción, con un popurrí de las imágenes más emblemáticas de la saga, para acabar en los títulos de crédito, donde se hacían repaso de todas las películas y de las sesiones de grabación de un cada vez más mayor John Williams. Lacrimógeno, total, pero emocionante como nada para el fan de toda la vida.
No se cómo recordaré este concierto dentro de unos años. Quizá olvide partes, quizá recuerde otras a las que no le presté demasiada atención. Lo que tengo claro es que siempre agradeceré que haya personas que amen las películas, que amen su música, y que intenten llevar esta propuesta al público, que siempre responde. No importa el país, no importa el lugar, siempre responde. STAR WARS In Concert.
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