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Cansinería en 3D |
Zopaias
3 Septiembre 2010 |
El otro día tuve la oportunidad de ver mi primera película en 3D. La verdad es que tenía ganas, oía a todo el mundo hablar maravillas de ver una película en relieve y tenía curiosidad. Eso sí, yo, que soy muy mío, me negué en rotundo a ver “Avatar” (que fue la película culpable de esta moda) y que ya la vería en mi casa sin necesidad de 3D ni zarandajas: Pienso que la película es buena o mala sin necesidad de mayores artificios. Pero lo cierto y verdad es que ya quería ver con mis propios ojos si el tan cacareado efecto de ver una película en 3D era para tanto como decía la gente y, sobre todo, si justificaba esta manía de hacer hasta “Los Bingueros” en 3 dimensiones.
Los primeros contactos que tuve con el 3D fue hace la tira de años. Imagino que los lectores del blog que ya tengan solera recordarán que a mitad de los años 80 se puso de moda lo del 3D. Recuerdo perfectamente que pasaron en la tele una película del oeste que era en 3D y que en los estancos vendían las gafas bicolores. Para mí fue todo un acontecimiento y me puse a ver la película esperando que los indios salieran de la pantalla y se pusieran a hacer la danza de la lluvia en mi salón y que cogieran a mi abuela y le cortaran la cabellera, pero lo único que vi fueron manchurrones rojos y verdes, menudo sebo de 3D. Luego, también por esa época, recuerdo que la cosa llegó al cine, concretamente en una película que se llamaba “Tiburón 3D“, pero el resultado también fue muy foski, nadie veía al tiburón saliendo de la pantalla para darte un sustillo, por lo que jamás se volvió a saber nada del 3D hasta ahora y supongo que el que tuvo la idea de usar el 3D en esa película se descerrejó un tiro.
Así que allá que fui a ver “Toy Story 3“. Lo primero que me llamó la atención es que esa película en concreto la tenías que ver en 3D pero por cojones, ya que ni siquiera existía copia en 2D. Lo segundo es que te cobraban 2 euracos más por la entrada por el mero hecho de ver la película en relieve. Lo tercero es que yo pensaba que te podías quedar con las gafas y nada de eso. Es más, al final incluso había un guripa allí puesto vigilando que todo el mundo dejara las futuristas antiparras en una especie de cesta y ay de a quien se le ocurriera hacer la bromita y llevarse las gafas a casa…
Así que, vistas las circunstancias, imagínense de qué humor llegué a la sala. Además, cuando giraba la cabeza y me encontraba a una sala llena de mangurrinos (yo incluido) portando las gafas, con ese aspecto de frikardo que se nos pone (parecíamos la versión esperpéntica de la portada de “Equinoxe”), no sabía si reírme o echarme a llorar al hombro del acomodador.
En eso que empieza la película y a la media hora yo ya estaba hasta los cojones de las gafas; como este Sombrerero gasta una apreciable almendra, las gafas me venían pequeñas y se me clavaban a los lados de la sesera, jodiéndome vivo. Además, llegaba un momento que el efecto 3D se me hacía muy cargante y optaba por quitarme las lentes cada dos por tres con el resultado de que empezaba a ver la película distorsionada. Total, que salí de allí con la cabeza como un avión.
Y me di allí cuenta de que, en mi opinión, el 3D era una “tontá” más. Vamos a ver, ¿de qué me vale a mí que el Woody ese, el muñeco vaquero de la película, salga un poco más adelantado con respecto del resto de la pantalla y que parezca que esté flotando delante tuya? ¿O de qué me vale que hagan algún sustillo que otro haciendo como si algo saliera de la pantalla y parezca que te salte encima? Quiero decir, son efectos que, si bien están bien conseguidos y no como en los 80, nada o muy poco aportan a la película o a su historia, y no hacen que, como he dicho antes, sea mejor o peor película. Es exactamente igual que el dolby surround, que parece que te están pegando el tiro al lado tuyo, sólo que en el caso del 3D es con imágenes. Y a mí no me cobran 2 eurazos más por oír la película en surround ni veo necesario para el desarrollo de la película ni que tenga surround ni 3D. Yo puedo ver y disfrutar de una película sin ningún tipo de efecto, lo que importa es lo que te cuentan, no que lo adornen de mil maneras y que encima te cobren por ello. No quiero con esto decir que haya alguna película en la que el efecto 3D sea cojonudo, pero se me hace muy difícil pensar en que dicho efecto sea indispensable para la película en cuestión.
Yo no sé cuál será el futuro del 3D pero, actualmente, parece que de nada vale un estreno sin su versión 3D. Quizá sea otra manera de atraer a la gente al cine, pero yo les aseguro que a mí me ha reforzado más en mi idea de ver las películas a la antigua usanza. Espero que esto no sea más que una moda (otra de tantas) de esas que van de cool y de recool, pero que ya llegan a la auténtica cansinería. Aunque, eso sí, cuando saquen “Los Bingueros” 3D yo seré el primero en verla.
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