“Uno puede pasarse la vida diciéndose que la vida es lógica, prosaica y cuerda. Sobre todo, cuerda. Y creo que así es. He tenido mucho tiempo para pensar en ello. Y siempre vuelve a mi memoria la declaración de la señora Underwook antes de morir: “Así se entiende que cuando aumentamos el número de variables, los axiomas en si no sufren cambios.”.
Estoy realmente convencido de ello.
Pienso, luego existo. Tengo vello en la cara, luego me afeito. Mi esposa y mi hijo se encuentran en estado crítico tras un accidente de coche, luego rezo. Todo es lógico, todo es cuerdo. Vivimos en el mejor de los mundos posibles, de modo que ponme un cigarrillo en la izquierda, una cerveza en la derecha, sintoniza Starky y Hutch y escucha esa nota suave y armoniosa que es el universo dado vueltas tranquilamente en su giroscopio celestial. Lógica y cordura. Como la coca-cola, la vida es así.
Sin embargo, como tan bien saben la Warner Brothers, John D. McDonald y la Long Island Dragway, existe un Mr. Hyde para cada feliz rostro de doctor Jekyll, una cara oscura al otro lado del espejo. El cerebro tras esa cara nunca ha oído hablar de hojas de afeitar, plegarias y de la lógica del universo. Vuelves de lado ese espejo y ves tu rostro reflejado con una siniestra mueca, medio loca, medio cuerda. Los astrónomos denominan a la línea entre la luz y la oscuridad “el terminador”.
Esta lógica se devora a sí misma e indica que la vida es un mono sobre un palo, que gira histérica y errática como esa moneda que se lanza al aire para decidir quién paga el almuerzo.
Nadie mira ese otro lado a menos que sea preciso, y lo entiendo perfectamente. Es una ruleta y quien afirme que el juego está manipulado no hace más que lamentarse. No importa cuántos números haya, el principio de esa bolita blanca no sufre cambios. No digáis que es absurdo; es todo muy lógico y cuerdo.
Y esa naturaleza extraña no sólo se halla en el exterior, sino también dentro de uno, en este mismo instante, creciendo en la oscuridad como un puñado de setas mágicas. Llámala la “Cosa del Sótano” o el “Zorro de las Melodías Animadas”. Yo lo concibo como mi dinosaurio privado, enorme, viscoso y lerdo, que recorre a trompicones los hediondos pantanos de mi subconsciente sin encontrar nunca un hoyo de brea lo bastante grande para caber en él. ……(Rabia de Stephen King)”.
¿Será cierto que cada uno de nosotros tiene una especie de botón on/off que, de encenderse, nos haría perder el control?…¿y de ser así…….cual es el detonante que a cada uno de nosotros nos haría pasar de “nomal” a “loco”: un engaño, una ruptura, una injusticia, que se te cuelen en el súper, qué ocupen tu plaza de garaje?, ¿puede que al igual que Michael Douglas en “Un día de furia” halla algo concreto, particular, que a cada uno de nosotros nos hiciera perder el control?; y…………¿Qué sería?.
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