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Juan y Medio |
Saqman
8 Septiembre 2010 |
Ya estaba tardando Sombrerero Loco™ en hacer una entrada dedicada a ese grande de la televisión que es Juan y Medio. El único, el enorme, el azote del Inserso. ¿Existe algún otro presentador, y exceptuemos a Jesús Vázquez, que haya chupado tantas y tantas horas de cámara? Desde luego nuestro querido Juan y Medio es único. Bien podría pensarse que es el auténtico Gran Hermano del libro de George Orwell, ese que nos vigila desde el tubo catódico sea la hora que sea.
Porque, durante años, pusiera uno la cadena que pusiera, y a la hora que fuera, ahí que se daba de bruces con el bigotillo de nuestro querido almeriense. ¡¡¡Que portento el tío!!! Y encima aguantando a esa panda de niños repelentes e insufribles, con guiones prefijados, que se lucen desafinando mientras el abuelito que les acompaña limpia sus lágrimas de emoción con un pañuelillo de tela, de esos que se dejaron de fabricar en la época de Alfonso Guerra. Una estampa propia de la infracultura andaluza, aquella que insiste en machacar con la copla hasta la extenuación, olvidando que los pueblos pueden avanzar de la mano del folklore, sin necesidad de estancarse. Y de ahí, nada menos que con los entrañables ancianitos que en su pobre soledad buscan una novia, si es posible de cincuenta, que les hagan compañía, y de paso les planchen la ropa y les frieguen las gotillas de orín que el tiempo dejó secándose en la taza del retrete.
Para suicidarse.
Pero claro, que si a uno de nuestros fieles lectores le pagaran el pastonazo que cobra nuestro querido Juan, allá que iba rápido a Canal Sur a soltar chascarrillos y picardías para señoras mayores. Y a los niños repelentes, y sus descerebrados padres, venga que les iba a aguantar de todo.
Tengo una relación de amor/odio con Juan y Medio. Le odio principalmente por su trabajo. Porque creo que este hombre podría dar mucho más de sí, pero prefiere dedicarse a programas nefastos. Quizá fuera mejor dejarle entrevistar seriamente, sin chorradas y a personas de cualquier edad y condición. Me sacan de quicio sus chistes verdes en que juega al doble sentido, y mira a la cámara con aire inocente, para resultar gracioso. Bueno, no me saca de quicio, me revienta directamente. Luego, ese porte para aguantar a los críos, siempre llevando a su ex Lolita para que los infantes le hagan preguntas para imbéciles, creyéndose muy graciosos. Sobre todo le tengo ganas al gordito del tambor. A ese le odia media España. Juan, hijo mío, ¿no te entran ganas de liarte a guantazos?
Por otro lado, debo reconocer que me cae bien, porque estoy segurísimo de que a nivel personal tiene que ser una persona afable y muy cachondona, con la que uno se puede ir tanto de copas, como ir al cine, como a los toros. Un colega para todo. Además, creo que el bagaje cultural que lleva encima, con su época de mánager de los Hombres G y todo eso, debe resultar bastante interesante. Me recuerda mucho a Bertín Osborne, un cachondón que ha venido al mundo a pasárselo bien.
Hace tiempo que no veo a Juan y Medio en la tele. Siempre me acuerdo de esa pintada en una fachada en Madrid que rezaba “Juan y Medio, gilipollas entero”, y no puedo evitar reirme por la ocurrencia de quien perdiera el tiempo demostrando a la sociedad su odio a este showman andaluz que tan chispeantes y picaronas pone a las mujeres mayores. “No se, Maruja, como que me entra un cosquilleo y un calorcillo por ahí por los bajos”.
Eres grande, Juanito.
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