Entrada para categoría ‘Murrrtasión !!!’

Juan y Medio

Saqman
8 Septiembre 2010

Ya estaba tardando Sombrerero Loco™ en hacer una entrada dedicada a ese grande de la televisión que es Juan y Medio. El único, el enorme, el azote del Inserso. ¿Existe algún otro presentador, y exceptuemos a Jesús Vázquez, que haya chupado tantas y tantas horas de cámara? Desde luego nuestro querido Juan y Medio es único. Bien podría pensarse que es el auténtico Gran Hermano del libro de George Orwell, ese que nos vigila desde el tubo catódico sea la hora que sea.

Porque, durante años, pusiera uno la cadena que pusiera, y a la hora que fuera, ahí que se daba de bruces con el bigotillo de nuestro querido almeriense. ¡¡¡Que portento el tío!!! Y encima aguantando a esa panda de niños repelentes e insufribles, con guiones prefijados, que se lucen desafinando mientras el abuelito que les acompaña limpia sus lágrimas de emoción con un pañuelillo de tela, de esos que se dejaron de fabricar en la época de Alfonso Guerra. Una estampa propia de la infracultura andaluza, aquella que insiste en machacar con la copla hasta la extenuación, olvidando que los pueblos pueden avanzar de la mano del folklore, sin necesidad de estancarse. Y de ahí, nada menos que con los entrañables ancianitos que en su pobre soledad buscan una novia, si es posible de cincuenta, que les hagan compañía, y de paso les planchen la ropa y les frieguen las gotillas de orín que el tiempo dejó secándose en la taza del retrete.

Para suicidarse.

Pero claro, que si a uno de nuestros fieles lectores le pagaran el pastonazo que cobra nuestro querido Juan, allá que iba rápido a Canal Sur a soltar chascarrillos y picardías para señoras mayores. Y a los niños repelentes, y sus descerebrados padres, venga que les iba a aguantar de todo.

Tengo una relación de amor/odio con Juan y Medio. Le odio principalmente por su trabajo. Porque creo que este hombre podría dar mucho más de sí, pero prefiere dedicarse a programas nefastos. Quizá fuera mejor dejarle entrevistar seriamente, sin chorradas y a personas de cualquier edad y condición. Me sacan de quicio sus chistes verdes en que juega al doble sentido, y mira a la cámara con aire inocente, para resultar gracioso. Bueno, no me saca de quicio, me revienta directamente. Luego, ese porte para aguantar a los críos, siempre llevando a su ex Lolita para que los infantes le hagan preguntas para imbéciles, creyéndose muy graciosos. Sobre todo le tengo ganas al gordito del tambor. A ese le odia media España. Juan, hijo mío, ¿no te entran ganas de liarte a guantazos?

Por otro lado, debo reconocer que me cae bien, porque estoy segurísimo de que a nivel personal tiene que ser una persona afable y muy cachondona, con la que uno se puede ir tanto de copas, como ir al cine, como a los toros. Un colega para todo. Además, creo que el bagaje cultural que lleva encima, con su época de mánager de los Hombres G y todo eso, debe resultar bastante interesante. Me recuerda mucho a Bertín Osborne, un cachondón que ha venido al mundo a pasárselo bien.

Hace tiempo que no veo a Juan y Medio en la tele. Siempre me acuerdo de esa pintada en una fachada en Madrid que rezaba “Juan y Medio, gilipollas entero”, y no puedo evitar reirme por la ocurrencia de quien perdiera el tiempo demostrando a la sociedad su odio a este showman andaluz que tan chispeantes y picaronas pone a las mujeres mayores. “No se, Maruja, como que me entra un cosquilleo y un calorcillo por ahí por los bajos”.

Eres grande, Juanito.


Últimamente estoy viendo que el número de cantantes o presentadoras de televisión tirando a gansas y/o sosas, en plan Dama de las Camelias, está creciendo de manera creciente.

¿Que eres un sosaina y tienes menos gracia que este Sombrerero pero sin embargo quieres triunfar en el mundo de la televisión o de la canción? Pues no te preocupes, que alguien más gansorrio que tú ha triunfado con anterioridad. Y si no, échale un vistazo a estos vídeos:

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Esta tía es tan tristona que convertiría la canción de “El Negro No Puede” en un auto sacramental. No digo que cante mal, pero es que vaya tela, qué poca gracia.

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Lo mismo digo de esta mangurrina: Es más sosa que yo bailando el Bimbó; cuando acaba de cantar en vez de aplaudirla te dan ganas de darle una palmadita de ánimo en el hombro.

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Vale, tal vez esta tía no sea la más gansa de todas las que he puesto, quizá entra más en la categoría de “un montón de siesa”, pero, como pueden ver en este vídeo, en el que suelta un buen rollo, tampoco es que sea la alegría de la huerta. Irse con ella y su marido de fiesta, con la chispa natural que les caracteriza, debe ser tan divertido como asistir a una cremación.

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Ésta está un montón de buena, la verdad, pero es el ganserío personificado, la muchacha. Ahí la tenéis, enseñando la casa de sus viejos, con dos cojones. Si no estuviera esta tía tan buena, seguramente no la hubieran contratado ni en Tele-Cintruénigo.

El gansismo músico-televisivo es un rasgo que me apasiona, así que si ustedes conocen algún artista o presentador con cara y modos tristones y sin gracia, por favor, no duden en descubrírmelos en los comentarios de abajo.


Si hay algo que da mas miedo que “The Ring I” y “The Ring II”; si hay algo que da mas pavor que “Holocausto Caníbal” ó “El Exorcista: el montaje del directo”;  es oír ruido en la habitación  de tu hija de dos años a las cinco de la mañana, levantarte para ver que ocurre y encontrártela en la cama sin chupe y con el cuento de la Bella Durmiente en la mano diciéndote con la mirada: “¿Me lo cuentas: sí ó sí?”.

Como respeto enormemente el descanso del resto de la familia y por supuestísimo el del resto del vecindario; pues con dos ojeras como dos huevos fritos me levanto con la susodicha niña, me voy al salón y pongo la televisión.  Y es aquí donde comienza nuestra historia de hoy…………..

A esas horas tan MALAS, prácticamente todos los canales tienes un programa en directo en los que adivinos, brujos, chamanes, y en definitiva un sinfín de “cuentistas” hace las cabriolas necesarias para sacarles los cuartos al personal insomne.

Ya sé que encontrarte en la “caja-tonta” videntes que en directo te dicen el futuro, no es algo nuevo, pero lo que llamó poderosamente mi atención fue que alrededor del adivino se monte un programa con su presentador e incluso con ¡¡¡su música en directo!!!.

Haciendo un zapping por todos esos programas en pos del ciudadano que necesita saber que le va a deparar esta rueda de la fortuna, que es la  vida; encontré algunas diferencias entre unos y otros. Por ejemplo, los nombres de los que poseen el don de la adivinación; ó son muy pintorescos y enigmáticos como Casandra, Afrodita, Estrella Mágica ó son nombres cercanos al pueblo  como Maruja, La Sole, Pepe.

Otra diferencia, los diferentes materiales que utilizan para ser iluminados, y es que lo mismo ven el futuro en la tradicional baraja española ó la no menos tradicional bola de cristal que en los posos del café, en los granos de arroz ó en una patata del Carrefour.

Me hace gracia la presentadora que animaba al personal para que llamara diciendo: “esta libre la línea de nuestro mago, no pierdas la oportunidad de hablar con uno de los mejores adivinadores del momento”. Una reflexión: tan, tan bueno no será, cuando está pringao a las cinco de la mañana, seguro que él preferiría levantarse mas tarde aunque fuera para trabajar en un plan de empleo del Ayuntamiento.

En una cosa si coinciden: unos y otros son igual de farsantes y estafadores; realmente se dedican a especular y decir obviedades. Por ejemplo la noche del madrugón; llama “amiga virgo” de 43 años a preguntar como le va a ir en el amor y la vidente de turno le dice con sus santas narices: “veo que has estado enamorada en alguna ocasión y no te ha ido bien en el amor pero vas a conocer a alguien que te va a interesar”.

Vamos a ver si con 43 años no ha estado enamora en su vida, es que debe ser un autómata ó ha vivido sola en una isla (incluso siendo así,  por la inclinación del ser humano hacia el amor se hubiera enamorado aunque hubiera sido de un coco ó un chimpancé).

Dice que no le va bien en el amor ¡vaya birria de adivinación!, sí está levantada a las cinco, gastándose la pasta en tiempo de crisis, muy bien no le debe ir a la amiga virgo.

Y por último “le adivina” (leer con tono irónico) que va a conocer a alguien. ¿Cuántas probabilidades tiene de conocer a alguien? Amiga virgo está sola, no muerta.

Como diría Bisbal, “es increíble” que se permita engañar tan impunemente a las personas que lo único que necesitan es oír algo bueno; eso si no tiene el adivino un mal día y antes de acabar y sin que nadie le pregunte te avecina: “por cierto, vas a sufrir una fractura, ó van a tener artrosis amiga Leo de 94 años”.

Por favor que vuelta la tele-tienda, que por lo menos los Tupper y los cuchillos Yin Seng  son inofensivos.

 


Este lluvioso invierno me fuerza a hacer cosas de lo más impensables. Sin ir más lejos, el otro día, me sorprendí a mi mismo viendo con estupefacción un programa de esos de relleno para el Sábado por la mañana y del que ya había oído hablar con cierto entusiasmo: El Último Superviviente (pésima traducción de “Ultimate Survivor”, pero eso es harina de otro costal), protagonizado por Bear Grylls, un ex-SAS venido a menos.
En la serie se narran las aventurillas de este pamplinas por los parajes más inhóspitos del mundo, haciendo el ganso y el inconsciente a partes iguales, convirtiéndose automáticamente en el héroe de la nueva generación de macarras españoles, esos que no saben interpretar un mapa, que creen que montañismo es ir a un bosque con barbacoas de piedra y que, en una isla desierta, al menos hay un chiringuito abierto de 10 a 22 horas.

Dentro de unos cuantos años podremos agradecerle al señor Grylls el que un montón de domingueros palurdos la hayan diñado en la Sierra de Cádiz, o se la jueguen en la playa de Cortadura o hasta incluso en la piscina del cuñado adinerado. Y es que cuando un farsante se convierte en héroe sus lecciones quedan más grabadas en la memoria que muchos consejos sabios. Hoy estaba hablando con el profesor de Biología del Instituto y me ha comentado que prácticamente todo lo que dice ese hombre es falso, y cuando acierta, lo único que da son consejos banales, pero que en situaciones extremas son complicados de seguir ¿O acaso sabes diferenciar una rana venenosa de otra que no lo es? ¡Pero si la mayoría de los españoles cuando van a la playa y ven un cangrejillo gritan escandalosamente como si de una nueva especie se tratara!

Otro consejo que me daba este profesor de Biología, que es contrario al que da Bear Grylls es que, si alguna vez os da por comer algo del bosque, cocinadlo antes. Y no porque lo diga él, ni yo, sino porque lo hacen los indígenas que viven en la selva, y de esto seguro que saben más que nosotros. Si comes carne cruda puedes tener una diarrea, y aunque biológicamente estamos preparados para ello, lo cierto es que no estamos acostumbrados, son miles y miles de años sin catar un filete de ternera a pelo.

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Puede que Bear Grylls sea un superhombre que fabrique batidos y refrescos de amplios sabores, horchata de mierda de ñú, infusión de ortiga y pimiento chili, gelatina de holoturia (más comúnmente conocido como carajo de mar)… pero, al contrario de lo que él dice, la gente normal no debe beber orina en situaciones de deshidratación. Si bebes orina deshidratado eres hombre muerto, y la explicación es bien sencilla; al estar deshidratado tu cuerpo sigue produciendo deshechos metabólicos, tus células están poco hidratadas y necesitan agua. Al beber tu orina estas bebiendo un liquido con una concentración muy superior en sales que destruyen el equilibrio osmótico de tu cuerpo y hace que te deshidrates antes incluso ¿Magia? No, es ciencia, pura y dura.

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Y como esas burradas que acabo de mencionar, cien más. Burradas que, a ojos de nuestros patrios McGivers, domingueros de bocata, Rambos cañís y pegavoces, sirven de excusa para lanzarse a lo desconocido a pecho descubierto, y sin ningún tipo de respeto por la Madre Naturaleza en general. Por mi, a seguir así, y que la selección natural siga su curso. Desde luego Darwin debe estar partiéndose el pecho de risa desde el cielo.


Este Sombrerero no es de risa fácil, me cuesta mucho reírme cuando lo que se pretende es eso: Hacerme reír. Sin embargo, con la Hora Chanante, que descubrí casi por casualidad una vez viendo la extinta cadena de televisión Localia, conseguí partirme el culo. Era un gag en el que salía un tío haciendo de Bill Cosby y este Bill Cosby hablaba con una mezcla de acentro entre albaceteño y conquense. Ver a Bill Cosby, muy bien caracterizado, hablando en “manchego” es que me hizo descojonarme vivo. Luego me empecé a bajar de Internet todos los capítulos que había de la Hora Chanante y descubrí ese humor absurdo del que hacen gala estos mangurrinos de Albacete. Yo creo que me hacían tantísima gracia por que jugaban con esa paradoja de mezclar personajes famosos ya venidos a menos con ese acento tan característico y esas expresiones tan manchegas, junto con un humor completamente absurdo y descacharrante.

De esa manera, La Hora Chanante se convirtió en un programa casi de culto, seguido por una amplia minoría de personas seducidas por las “tontás” de esta gente. Poco a poco, y gracias al boca a boca, los gags de La Hora Chanante y sus personajes, como El Payaso, El Gañán, Bocaseca Man, etc, etc, se fueron haciendo cada vez más famosos y lo petaban en medios como Youtube.

Era sólo cuestión de tiempo que saltaran de una cadena temática, Paramount Comedy, a una cadena generalista, como así fue. El programa pasó a emitirse en La 2 de TVE, con el nombre de Muchachada Nui. El máximo miedo que teníamos los seguidores de La Hora Chanante era que el programa perdiera la frescura original con la que contaba, y, obviamente, así fue, ya que ya hace 8 años que se emitía por primera vez ese programa, y es normal que se vaya perdiendo la frescura; pero el inagotable talento de Joaquín Reyes, Ernesto Sevilla, Julián López y Raúl Cimas hace que esta natural pérdida de frescura se note menos, ya que la fórmula original (la absurdidad y las chorradas manchegas) sigue intacta, amén de, y ya con más presupuesto en la cadena pública, pulir sus caracterizaciones y sus gags dándoles a algunos de ellos una calidad cuasi-cinematográfica y con cultos guiños dirigido al público más avezado. Esto es lo que yo entiendo por “humor inteligente”.

Como es obvio, antes o después Muchachada Nui terminará. Sólo espero que lo haga dignamente, en la cima, y que sepan reinventarse cuando la fórmula esté agotada. Y si me está leyendo algún miembro de Muchachada Nui, que todo puede ser, una petición: Un Celebrities dedicado a Jean Michel Jarre…. ¡¡YA!!


Durante la pasada década, y por lo que se ve, en esta también, el principal problema de los medios de entretenimiento ha sido la incapacidad de realizar algo original. Sobre todo se ha visto afectado el sector cinematográfico, plagado de secuelas y reboots.

Ayer pude comprobar que la televisión en España sufre del mismo cáncer. Yo no se por qué, pero a alguien se le ocurrió la maravillosa idea de realizar un especial de la mítica serie “Farmacia de Guardia” de Antena 3, pero quince años después. Una especie de telefilm que contara qué había pasado con los personajes de tan insigne farmacia con el paso del tiempo.

Y he de reconocer que a mí, a principios de los noventa, la serie me gustaba. Evidentemente era consciente de sus defectos y de la infantilización progresiva de la apuesta televisiva. Pero, no se por qué, había algo que me enganchaba. Y eso que el pelirrojo me caía como tres patadas en los cojones. La serie era tonta, pero había un desfile de secundarios graciosos en cada capítulo, y los actores eran bastante buenos. Bien es cierto que la mano empalagosa de Antonio Mercero estropeaba algunos capítulos, pero no se, era entretenida.

Anoche quise ver (o al menos empezar a ver) “La Última Guardia“, que es como llamaron al telefilm. En él se muestra a una farmacéutica a punto de jubilarse que pasa su último día de farmacia junto a sus hijos, su exmarido, su novio, y todo Dios.

¡¡¡Un auténtico esperpento!!! Me estuve debatiendo entre la risa y la lágrima por asistir a semejante subproducto fruto de las ganas de trincar pasta de todos los allí implicados. Los personajes no sólo habían envejecido, sino que lo habían hecho fatal. El gordito pelirrojo se había quedado igual de enano que en la serie. ¿Nunca creció? Estaba exactamente igual, pero con cara de hecho polvo. Y encima hacía de político. ¿de político, con esa cara de pavo? Bueno, quizá eso fuera lo más realista de la película. El hermano mayor, que aquí era el mejor parado, volvía de África o yo que se de dónde carajo, y se limitaba a aparecer por ahí sonriendo y sin hacer nada más. Daba lástima ver cómo pasa el tiempo con el pobre Algarrobo (perdón, Álvaro de Luna), ya casi un anciano, aunque para mi gusto es el que mejor se conservaba. Porque lo que dejaba estupefacto era la cara de Concha Cuetos, después del lifting facial que asemejaba un orondo sapo con los labios fijos y estirados. Si esa mujer era guapa en su madurez ¿para qué cagarla con la maldita cirugía? Pero quien se llevaba la palma, y lo dejo para el final, era el señor Carlos Larrañaga. Yo no se si estaba ebrio hasta caerse durante la grabación, o le ha dado una apoplejía o qué se yo, pero no se le entendía un pimiento cuando hablaba. Se limitaba a balbucear de un modo terrorífico. Parecía como cuando uno está hasta arriba de cubatas y se esfuerza en hablar bien, con el único resultado de no decir nada correcto, y encima hacer el ridículo. Así, en lugar de “mundo, decía “bubdo”, y en vez de “cárcel” decía “cábcel”. Un auténtico pifostio interpretativo, de tomo y lomo.

Mi mayor intriga era ver cómo había envejecido la pequeña Fanny, que por aquel entonces contaba con cinco o seis años. Y mis esperanzas se hicieron realidad. La Fanny en cuestión es ahora un pibón del quince, y encima lesbiana, con una novia que es otro pibón del quince ¡¡¡Es usted un viejo guarro, señor Mercero!!!

En fin, esto es como Indiana Jones 4, pero a la española. Otro sublime ridículo.


Esta semana que he estado de vacaciones he aprovechado para acostarme tarde resarciéndome así de todos los madrugones que me pego y, por curiosidad, algunas noches he visto el programa de Buenafuente. Antes, cuando estaba en Antena 3, lo veía algunas veces, así como cuando fichó por La Sexta.

Recuerdo partirne el culo con El Neng. Antes de que este personaje fuera tan conocido (ahora la era Neng ha pasado, por fortuna) la verdad es que a mí me pareció todo un descubrimiento, un descacharrante retrato de un angango un tanto desfasado que pueblan las discotecas y los macrobotellones de nuestras comarcas y terruños. Luego ya El Neng se convirtió en un fenómeno que casi se come a su propio autor, y resultó ser una cansinería de muchísimo cuidado. Por suerte, El Neng ya es sólo un buen recuerdo.

Por no hablar de Rodolfo Chikilicuatre. A mí, toda esa movida que se formó con este tío me pareció una jugada maestra por parte de Buenafuente y la aplaudí hasta la extenuación. Al final, Chikilicuatre cansaba igual o más que El Neng, pero reconozco que me emocioné y todo cuando ganó la preselección para ir a Eurovisión y me tragué el festival enterito (cosa que no hacía desde décadas atrás).

Esos personajes y otros muchos, hacían de Buenafuente un programa con el que realmente te reías, novedoso, con buenas ideas y con una cantera de “nuevos talentos” en lo que el mundo del descojone se refiere, pero ahora… ¿En qué se ha convertido el programa de Buenafuente ahora?

Pues se ha convertido en el típico programa “late night” un programa tan manido y tan copiado de los americanos que ya hasta produce asco: El presentador sentado ante una mesa gigantesca y detrás de él el decorado que simula una ventana donde se ve la ciudad iluminada de noche. El presentador del “late night” tiene que ser graciosete, como Buenafuente, y ha de tener con él, y esto es imprescindible, una taza. El contenido de la taza, vete tú a saber cuál sea (¿Será whiskey? ¿Será “Lehendario” con Coca Cola? ¿Será Colacao? ¿Será sebo de burra?), pero lo de la taza es fundamental. Imaginación al poder, sí señor.

Pues esto es ni más ni menos Buenafuente ahora: Al principio sale haciendo un monólogo (este tío es gracioso, sí, pero hay que reconocer que los monólogos le salen muy largos, hay que rellenar programa) y luego el programa se lo ventila haciendo la típica entrevista chascarrillosa y pelotillera al invitado de turno que viene a promocionar lo que sea; luego aparece el tal Berto (al que Buenafuente ha metido en La Sexta hasta con calzador) a decir cuatro patochadas y a disfrazarse, junto con su jefe, de Íker Jiménez y de la tía que sale con él (una con dientes); luego sale una tal Ana con menos gracia que yo, suelta tres “tontás” y de vez en cuando el músico de la banda (otro ingrediente fundamental en un “late night”, la banda en directo) también suelta alguna patochada muy poco graciosa y fin del programa. Toma ya.

¿Dónde están el resto de colaboradores? ¿Dónde están esos personajes y esas ideas que hicieron famoso al programa? Supongo que haciendo su propia vida y haciendo sus propios programas con más o menos (más bien menos) éxito. Sin embargo, Buenafuente, lejos de reciclarse e ir en busca de nuevas ideas, se ha ido por la dirección más cómoda y se ha convertido en un programa de lo más inocuo, aséptico, poco original y soso.

Así, Buenafuente ha quedado reducido a un programa en donde cuatro mangurrinos sueltan la patochada padre y hacen una inocua entrevista; así de simple y así de triste. En mi opinión, el programa de Buenafuente no es más que un cadáver televisivo, renqueante y en decadencia, que alarga su agonizante vida sin necesidad alguna y que sigue en antena porque la cadena que lo emite, La Sexta, es propiedad, en parte, del propio Buenafuente. Creo que ese programa, que fue muy solvente hace muy poco tiempo, necesita la visita de un cura que le dé la extremaunción ya: Es hora ya de que desconecten la máquina que le está dando vida artificialmente a este programa.


Si comparamos a un niño de mi generación (yo nací en 1975) con los niños de ahora, la verdad es que en cuanto a la oferta de diversión que existe en la actualidad, los chaveas de mi generación salimos perdiendo por goleada.

Si cuando yo tenía 8 ó 9 años me dicen que habría canales enteros de dibujos animados, que estarían emitiendo todo el santo día programas para niños y dibujos, creo que habría fallecido en el acto de la emoción y el gusto que me habría dado.

Y es que cualquier treintañero que nos esté leyendo en estos momentos recordará que en los 80 sólo había dos canales, la “primera” y el UHF (que nunca he sabido qué coño significaban esas siglas, sólo sé que se veía como el culo y que era un coñazo). También recordarán nuestros precoces viejunos lectores que programas para niños habían más bien pocos: Si mal no recuerdo, durante los días de diario sólo echaban Barrio Sésamo por la tarde, que todos y cada uno de nosotros veía religiosamente hasta sabernos las historias de Espinete y Don Pimpón de pe a pa, y algunas veces antes o después de Barrio Sésamo te echaban dibujos de la Warner (que yo siempre he dicho que no eran los más indicados para los niños ya que eran bizarros a más no poder, con ese Pato Lucas explosionado, al que se le caía el pico, o ese Coyote víctima de un sinfín de putadas por parte del insoportable y rechupante Correcaminos, pero hay que ver cómo te reías con esos dibujos) o con los más amables y delicados dibujos de Hannah Barbera (no sé cuántos episodios habré visto del Oso Yogui o de la Tortuga Dartañán o de Leoncio y Tristón, por no hablar de Maguila Gorila).

Recuerdo que algunas veces ponían también unos dibujos animados chinos o japoneses que eran un auténtico coñazo. Lástima que este blog no tenga sonido, porque recuerdo la sintonía perfectamente, pero no me acuerdo de qué trataban. Sólo me acuerdo que mientras sonaba la sintonía, salía un dragón chino volando con unos niños en la grupa, y ésa era la señal que me hacía levantarme e irme a jugar al Spectrum porque sabía que esos dibujos eran un rollazo.

Los fines de semana, como los chaveas no teníamos que ir al cole, los señores de TVE tenían la deferencia de poner después de las noticias una serie de dibujos animados. Creo que absolutamente todos los que ya no cumplimos los 30 recordamos esas series que ponían después de comer: David El Gnomo (y su menos lograda segunda parte, que contaba las aventuras de un juez gnomo, una especie de Garzón o Juez Torres en miniatura), Ferdy (una hormiga que pasó sin pena ni gloria y que sólo es recordada por frikardos como este Sombrerero), Rui Pequeño Cid (mis recuerdos son vagos, pero os puedo cantar la canción de cabo a rabo), Los Fruitis (delirante serie donde las haya donde una niña en paños menores convivía con una serie de frutas y hortalizas que hablaban y hacían patochadas) o el inolvidable Willy Fogg (tremenda serie que también conoció una lamentable segunda parte donde ya la infografía y los dibujos por ordenador le parecían cantosos hasta a un chaval de mi edad).

Por no hablar de cuando se instauró la tele matinal, en la que los fines de semana te echaban Cajón Desastre, con una Miriam Díaz Aroca que conseguía poner palote a todos los niñardos de la época en cuyas venas corriera sangre y no flash de naranja o aquel programa rarísimo y entrañable que se llamaba La Bola de Cristal. Quizá si un niño de ahora ve ese programa te dice que es sebo puro, pero es que nosotros no teníamos otra cosa y nos gustaba.

Qué tardes más inolvidables ésas de de los años 80, deseando que llegara como agua de Mayo la hora de que empezara Espinete y compartir con ellos esas historias tontescas y esas canciones absurdas que cantábamos sin cesar. O cómo esperábamos ansiosos el fin de semana a ver si Willy Fogg conseguía zumbarse a Romy o un troll se cargaba de una puta vez de un pisotón al enano relamido ese…

Sin embargo, los niños de ahora lo tienen chupado: Le pegan a un botón y, hala, ya tienen a Pocoyó ahí dando por saco (por cierto, que el tío que inventó a Pocoyó debe aparecer en el Forbes), o al Caillou o a los Little Einsteins. Ya no tienen que contar las horas para que les pongan dibujos, sino que lo tienen al alcance del dedo dándole al botón del mando, tan fácil como eso. Además, gracias a esas cadenas sólo para niños, los padres tienen un respiro, ya que sientas a los niños frente al televisor y se quedan embobados. Y sino, que se lo digan al Ñu, que yo no sé cuánto tiempo lleva el hombre sin ver la tele “normal”. Debe estar de Play House Disney hasta los cojones, el hombre…

Hombre, ahora están mucho mejor los niños con tanta distracción, ya me hubiera gustado tener tanta variedad como ellos en mi época, pero esto quita un poco el componente entrañable que tenían todos esos dibujos y programas infantiles que había en nuestra infancia. Ahora todo se está volviendo tan fácil y deshumanizado…


Así sin más, el nombre puede asociarse a cualquier majara de tres al cuarto de esos que pueblan nuestras urbes, pero si proporcionamos el nombre de pila, la neblina comienza a disiparse, Jose Ramón.
Y si ya, para completar la adivinanza mencionamos que era el protagonista de una sección en el programa Dabadabadá, las bombillas, y la nostalgia, por qué no, comienzan a encenderse.

¿Quién de nuestra generación no recuerda Dabadabadá, o Sabadabadá (dependiendo de si era sábado o no)? Este macro-programa infantil cuya presentación correspondía a la todoterreno Mayra Gómez-Kemp, y que como celebérrimos colaboradores tenía el lujo de contar con el showman Torrebruno, que se encargaba de los juegos y concursos, además de aportar su música al programa (especialmente popular se hizo el tema Tigres y Leones), la cantante Rosa León y sus proge-himnos que cantábamos con denodado fervor, y, por último, a la estrella de este post, el dibujante José Ramón Sánchez, también conocido en aquella época como el bigotes del rotulador.

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José Ramón Sánchez, siempre intentando inculcar cierta cultura a nuestros maleables cerebros, usaba su destreza con el rotulador, para retratar situaciones de lo más variopintas, un dibujo de Buster Keaton como Maquinista de la General por aquí, una caricatura de los Hermanos Marx por allá… La verdad es que tenía mérito ponerse a dibujar delante de todas aquellas fieras infantiles en directo con tan templado pulso. Y los resultados eran espectaculares, o al menos a mi me parecía eso.

Realmente, los dibujos de José Ramón conseguían transmitirme una cierta sensación de desasosiego, de angustia desbordada. Esos ojos diminutos y sin vida, esos dientes pequeños y afilados al más puro estilo de Los Chicos del Maíz, esos perfiles hirsutos y aguileños, esos colores vivos en contraste con la apatía del dibujo en si. Recuerdo que contemplar un dibujo de José Ramón era como tener la certeza de que pronto la vida iba a dejar de ser de color de rosa y que acabaría viendo las cosas de la manera en la que el tipo ese lo estaba retratando, todo un auténtico acierto, a la postre.

Y ciertamente, como dice Saqman, visto un dibujo de José Ramón, vistos todos. El estilo de este artista queda definido desde el primer momento, y es que los diseños de Jose Ramón me recuerdan a aquellos dibujos que años antes inundaron la portada del Yellow Submarine de los Beatles, y su correspondiente película como alegato a las drogas de diseño.

Sea como fuere, con mensajes subliminales en sus dibujos o sin ellos, el bigotes del rotulador se merecía por derecho propio un hueco en el Olimpo de este blog junto al resto de estrellas arrinconadas, pero nunca olvidadas, de nuestra infancia.


FlashForward

Saqman
19 Octubre 2009

Hoy en día la publicidad lo es todo. Es una lección que aprendí en mi primer trabajo, y que me recuerda constantemente la óptica, el filtro por el que debo mirar las cosas. Uno puede tener el mejor limpia zapatos del mundo que, si no lo publicita adecuadamente, no venderá ni tres unidades.

Dedicar un altísimo porcentaje presupuestario a una campaña de publicidad no es ninguna tontería. Auténticas porquerías audiovisuales han tenido una gran acogida gracias a una fuerte inversión en su presentación mediática. Es el caso de Flashforward.

Todos nos hemos sentido intrigados con esos anuncios televisivos que, mostrando muy poco, intrigaban mucho. Una nueva serie televisiva que se anunciaba como la nueva “Perdidos” ¿Tan vieja es Lost como para tener que buscar una nueva? Todo una alarde de originalidad comparar una nueva propuesta con otra exitsa y consagrada (aunque un rollo, la verdad).

En el trabajo todo el mundo comentó ese primer capítulo tan molón, y tuve que hacer serios esfuerzos en esquivar los detalles del guión, que tanto tenían ganas de contar. Total, que al final acabé bajando el piloto subtitulado y me lo tragué de un tirón. Y el segundo y el tercero. Tras analizar estos primeros episodios deduje que no me había llevado una idea equivocada. La serie es bastante mala.

Claro, aquí entra de lleno la subjetividad. Podríamos decir que las series televisivas se dividen en tres tipos. Aquellas cuyos capítulos son autoconclusivos, muy de moda en los setenta y ochenta. Las otras, cuya trama se desarrolla episodio a episodio, y se establece una fuerte continuidad en los mismos. Y, finalmente, aquella que, emitiendo capítulos autoconclusivos, crea una subtrama que crece, episodio a episodio, y que al final predomina como leit motiv. Ésta última es, sin duda, mi preferida. Es por ello que series como Buffy, Battlestar Galactica, Life on Mars o Expediente X han obtenido una legión de seguidores. Un espectador se podía incorporar a las mismas en cualquier punto, e ir creciendo con ellas sin necesidad de ver los anteriores.

Desgraciadamente Flashforward pertenece al segundo tipo. La premisa es de sobra conocida. Un desvanecimiento de un par de minutos en la población mundial, donde cada persona puede entrever su futuro, sirve de arranque a una investigación por parte del agente Mark Benford, del FBI. Un intento de originalidad que realmente se queda en eso. El espectador rápidamente cae en la cuenta de que la serie será un continuo tira y afloja, donde irán dando pistas poco a poco para marear la perdiz, y cuyo principal aliciente será descubrir enel último capítulo qué ha producido el incidente. ¿Les suena a Lost? Porque a mí sí.

Lo lamentable es que la facturación de la sere deja mucho que desear. Y es curioso que su artífice sea David S. Goyer, aclamado guionista cinematográfico con muchísimas adaptaciones Marvel/DC a sus espaldas. Los personajes relacionan lo sucedido demasiado rápido, y caen en todos los tópicos (el que no ve nada, el que ve a su hija muerta, etc.) Además, la serie no deja ni un leve filón de suposición al espectador. Es tremendamente explícita. Cuando uno cae en la cuenta de que tal personaje o tal situación significa tal cosa, van los actores y lo sueltan tal cual. Y hablando de actores, todos fatal. En especial Joseph Fiennes, un hombre con dos muecas en su haber, que jamás debió pisar un plató. Si es que es hasta ridículo ver la relación de los padres con su hija, del policía con su novia, etc. Queda claro que están siendo manejados por un pésimo director de actores.

El tempo de la serie cae ya en el segundo capítulo, y en el tercero pierde todo su interés, a merced de inroucir personaje/pista. Es decir, personaje que entra, pista que añade. Además, la paradoja temporal es demasiado sosa. Pongo aquí la foto en el mural porque soñé que así estaba. No se, muy muy cogida por los pelos. Igual de ridículo es el hecho de que un departamento de cuatro personas del FBI monten una investigación, por su cuenta, y sean capaces de gestionar la extradición y puesta en libertad de un antiguo nazi. Así como la creación de una página web donde se relacionan todas las visiones y un algoritmo (que a saber que ruso endiabladamente inteligente diseñó) que encuentra pautas repetidas. Por no hablar de los personajes secundarios, la mayoría de los cuales sobran en la historia, y son mero relleno. Y para ridículo, que tropecientos aviones se estrellan y aquí como que no ha pasado nada…

No se, espero equivocarme, a pesar de todo, pero me da a mí que esto del Flashforward va a pasar a ser un coñazo muy, pero que muy pronto.