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Malditos Damiens |
Saqman
31 Mayo 2008 |
Una amiga mía trabaja en una guardería. Me cuenta que hay un niño allí que es una delicia. El infante en cuestión tiene, como único objetivo en su corta vida, hacer la puñeta a los demás.
La primera vez lo vió haciendo una apuesta con otro chiquillo. A ver quién corría más rápido y cruzaba los aspersores del jardín. El cabrón éste encima se dedica a dar la salida… A la de una, a la de dos, ¡¡¡ a la de TRES !!! y el otro niño sale pitando directo al aspersor como un loco, sin mirar atrás dándose cuenta de que su compañero se ha quedado parado. Empapadito hasta los huesos, encima es blanco de las crueles burlas que el otro le hace.
La segunda vez fue un poco más allá. También existe en la guardería otro chico con serios problemas auditivos. con un tímpano estropeado, debe convivir con contínuas infecciones, pus e hinchazones de la zona en cuestión. El cacho mamón éste, viendo esta deficiencia como excusa perfecta para un descojono, se acerca sigilosamente al pobre niño e, instrumento en mano, le suelta un trompetazo en la oreja que deja al chaval medio tieso.
La última, todavía más cruel. Acompaña a otro chavalillo, que tiene una seria deficiencia mental, al baño. Cuando termina de hacer caquita, y antes de llamar a la profesora para que le limpie, el gran hijo de puta éste le convence de que meta el dedo en el agujero del culo y se lo chupe. Imaginad la cara de las maestras al encontrar al pobrecito niño con la boca llena de mierda y llorando.
En fin… la madre argumenta que esta desesperada, que su hijo está en tratamiento psicológico y que no sabe qué hacer ya con él. Sin entrar en el tema de los problemas que surgen con la atención a la diversidad en las escuelas e institutos, me da por pensar que a veces no es culpa de los padres. A veces la maldad se lleva en los genes, desde que el óvulo es fecundado. O, incluso, por una extraña ecuación química, la unión de dos bellísimas personas puede dar un perfecto hijo de puta. Quien sabe. Estos niños malnacidos, o estos Damiens de los cojones, como me gusta llamarles, están más cerca de lo que creemos. Nos rodean, nos vigilan. Nos miran con odio y, ocultos tras una piruleta, hacen planes despacito para destruir nuestra felicidad.
Putos niños tocapelotas. Cuando sean grandes se convertirán en asesinos, violadores, secuestradores, genocidas… o concursantes de Gran Hermano.
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Hoy toca cargar las tintas contra cierto sector de la sociedad, de la más baja estofa, todo sea aclarado, y del que hace tiempo venimos detectando un especial repunte en su presencia allá a donde vamos.
“4 de septiembre 1765. Los Mozart pasan un mes en Lille, y luego viajan a La Haya vía Gante, Amberes y Rotterdam. Los dos niños caen enfemos, sucesivamente, aquejados de fiebre tifoidea intestinal.”
“9 de mayo de 1791. A Mozart se le nombra director musical ayudante, sin retribución, de la catedral de San Esteban, de Viena. Se le promete la plaza de director cuando quede vacante.”
