Aunque la mayoría del gran público tiene una noción más o menos establecida sobre la composición de música de cine, realmente el mundo de las bandas sonoras es relativamente un misterio. John Williams, Jerry Goldsmith, Ennio Morricone, Nino Rota o Bernard Herrmann, nombres que suenan en la memoria colectiva, o cuya tipografía ha sido vislumbrada en algún título de crédito prácticamente olvidado.
No es difícil encontrar alguna banda sonora en la discoteca (o cedeteca) de cada hogar. Las más conocidas, algunas basadas en canciones, otras galardonadas con el Oscar®. Pero realmente es impresionante la gran cantidad de compositores que, viendo la poca viabilidad de la música sinfónica contemporánea, dedican sus esfuerzos y sus talentos a la composición de música de cine. La mayoría de ellos, perfectos desconocidos para el público.
Me gustaría comenzar esta serie de artículos con un músico que, a mi parecer, es un gran olvidado de los medios. El escocés Patrick Doyle.
Nacido en 1953, este compositor dedicó sus años de juventud al solfeo, canto y piano, en la Royal Scottish Academy of Music and Drama, aunque desde el principio mostró claras inclinaciones hacia la actuación, donde tiene en su haber un curriculum muy modesto, aunque en películas notables. Sin embargo, es en 1987, al unirse a la Compañía de Teatro Renacentista cuando conoce al, por aquel entonces, un emergente actor y director teatral, que estaba asombrando al público londinense con sus puestas en escenas y actualizaciones de las obras más famosas de William Shakespeare. Nos referimos, evidentemente, al irlandés Kenneth Branagh.
La incursión en la música de cine de Doyle viene de la mano del que fue proclamado “nuevo Olivier“, con su primer film, una modesta, pero a la vez ambiciosa adaptación de una de las obras más conflictivas del autor inglés: “Enrique V”. El compositor supo entender a la perfección la austera planificación del film (probablemente por restricciones presupuestarias) y las intenciones de Branagh de magnificar las batallas y los monólogos a partir de la partitura. Así pues, no dudó en engrandecer el aspecto visual a partir de una música poderosa y llena de matices, con temas in crescendo y una magnífica utilización de coros. Su magnífico tema “Non Nobis Domine”, interpretado por su hermana, fue galardonado con varios premios, e incluso fue base para la nominación del film a los Globos de Oro® en calidad de Mejor Banda Sonora Original.
A partir de aquí, la carrera del compositor y del cineasta han ido de la mano, con mejor o peor fortuna. Si bien existen scores modestos, como “Trabajos de Amor Perdidos” o el remake del clásico “La Huella”, la mayor parte de su colaboración resulta sencillamente espectacular. Cabe destacar obras como “Frankenstein”, una poderosa partitura rica en instrumentación y fuerza, cargada de un romanticismo casi asfixiante. “Mucho Ruido y Pocas Nueces”, un trabajo alegre, desenfadado, lleno de magia y de luz, como la misma película. “Morir Todavía”, donde, bajo las descaradas intenciones de Branagh de producir un film al estilo de Alfred Hitchcock, Patrick Doyle alcanza un acercamiento asombroso (y con mucha coña) al estilo tremendista y cargado de metales de Bernard Herrmann. “Hamlet”, quizá el cenit de su entendimiento, una partitura exquisita, cargada de sensibilidad y romanticismo, una auténtica obra maestra cuya calidad es digna de ser reconocida.

Pero el compositor ha sabido, además, ampliar los horizontes de su panorama musical, y ha conseguido, con resultados excepcionales, trabajar con reconocidos directores internacionales. “La Princesita” es uno de sus mejores trabajos, un disco que deleita de principio a fin, que transporta al oyente a un mundo mágico e irreal, pero a la vez enternecedor.
El director Alfonso Cuarón quedó tan impresionado con este trabajo que no dudó, tras dirigir la tercera entrega de Harry Potter, en recomendar a Doyle como digno sucesor de John WIlliams en las aventuras del archiconocido niño mago. Otro cineasta con quen logró resultados inesperados fue con el irregular Brian de Palma, en su (quizá mejor película) “Atrapado por su Pasado”, ese magnífico film donde Al Pacino interpreta al expresidiario Carlito Brigante. El adagio que sirve de leitmotiv es, a mi parecer, el tema más hermoso de este autor, y me sirvió de enternecedor acompañamiento mientras leía los capítulos finales de la más famosa obra de Emily Brontë. Otro director con el que obtuvo un gran resultado fue con Ang Lee en su film “Sentido y Sensibilidad”. Un score de corte romántico y victoriano que concordaban con el tono de un film un tanto superficial aunque muy divertido (como las obras de Jane Austen en general).
Doyle también ha tenido encontronazos, como en el caso del film “Eragon”, en que los productores exigieron a Doyle un estilo cercano a Mediaventures, la escuela musical fundada por Hans Zimmer y cuyas bandas sonoras suenan todas igual (se Piratas del Caribe, o La Roca). Un trabajo que dejó bastante descontento al compositor, y del que no guarda gratos recuerdos.
Patrick Doyle es un hombre de carácter afable y cercano, bien pueden atestiguarlo los asistentes al congreso de música de cine Ciudad de Úbeda. Entre las anécdotas que menciona una de mis queridas websites, BSOSpirit, se cuenta aquella en la que, siendo el compositor de la vieja escuela, mientras componía se estropeó el cassette donde grababa la música y, ni corto ni perezoso, cogió la Fisher-Price™ de su hija y la utilizó para almacenar los temas que sirvieron para el score. Y así tal cual se los presentó a los productores del film, que al principio pensaron que era una broma de mal gusto.
En 1997, Doyle fue diagnosticado con leucemia, enfermedad que le mantuvo alejado durante un tiempo del panorama musical, pero contra la que ha luchado por activa y por pasiva, y ha demostrado una valía personal y una vitalidad digna de los grandes. Es un compositor muy cercano al lirismo, y en cuyas obras se palpa un amor sin igual a la música clásica. Pero sabe dotar a sus composiciones de belleza, y escapa de los manierismos de los compositores actuales, no dejándose influir por la sobrecarga de instrumentación en sus obras, y buscando siempre la medida exacta para producir sensaciones, que al fin y al cabo, de eso se trata. Además de gran músico es muy humilde, pues siempre pone su trabajo al servicio del film, incluso cuando éste requiere que se frene en la composición.
Un gran compositor, en el cuerpo de un gran hombre. Patrick Doyle.