Entrada para Diciembre, 2008

Feliz Navidad

Saqman
19 Diciembre 2008

Para que luego digan por ahí que los sombrereros no tenemos corazón. Desde aquí os deseamos una Feliz Navidad, un Próspero Año Nuevo en que siga bajando el Euribor, consigáis adelgazar y aprobar de una vez por todas las oposiciones.

Nosotros nos vamos de vacaciones hasta fin de año. No os preocupéis, durante el breve lapso de tiempo mis compañeros y yo iremos preparando nuevos sombreartículos (¿verdad, cabrones?).

Lo dicho, a descansar… que falta hace.


…no he dejado de amar las matemáticas, pero mi desprecio hacia los matemáticos sigue en aumento.


Deberían fabricar pasta de dientes con sabor a jamón serrano.


Estoy sentado en el autobús. Para ser hora punta está bastante tranquilo. Mordisqueo un sándwich mientras leo distraídamente un libro. El autobús se para, las puertas se abren. La tranquilidad se termina.

Acaba de subir un chaval de unos veinticinco años, que recuerda a Jabba the Hutt en todos los aspectos. Lleva un chándal ancho que en su vida será usado para hacer deporte y entre sus rechonchos dedos sujeta un móvil. No habla por el móvil, le grita sin miramientos, pero lo peor no es eso. Lo peor es que lo tiene puesto en modo manos libres y también se escucha en todo el autobus, algo distorsionada por el enorme volumen, la voz de la mujer que hay al otro lado.

Las pocas conversaciones que había en el autobús cesan y todos los ojos miran al Hutt mientras avanza por el pasillo. No te escucho, habla más alto, dice Jabba. ¡Pero si lo estoy escuchando desde aquí! pienso mientras se acerca torpemente a donde estoy sentado. ¡No por Dios!, no, no… mierda. Se ha sentado a mi lado.

Su risa es desagradable, su voz aún más. No vocaliza, cuesta trabajo entenderle, no sabe hablar. Eres tan fea que te metieron en una incubadora con cristales tintados le dice a la persona que hay al otro lado del teléfono. Una risa igual de estridente que sale del el altavoz del móvil destroza mis tímpanos. Voy a aparcar, se escucha. Entonces tenemos para largo, responde el de Tatooine. Marcha atrás, primera, marcha atrás, primera, ¡Que te gusta la marcha atrás!, ¡eh! Dice con esa risa insufrible. Entonces hace una pequeña parada. Con aires de superioridad recorre con la mirada y sonríe a su improvisada audiencia como diciendo ¡aquí estoy yo! Y por fin, con la atención captada, sigue hablando ¡esta tarde verás la que te voy a dar con la marcha atrás! Ahora se ponen a hablar de programas que desconozco de la televisión. Aprovecha cada vez que puede para meterse con su interlocutora. Se acomoda mejor en el asiento de plástico, pero no cabe en su asiento y decide tomar parte del mío. Sus pliegues me tocan. Los comentarios son cada vez más despectivos, parece disfrutar orgulloso al hacer pública su humillante conversación. El tío cada vez me da más asco, es el típico personaje de la América profunda salido de una película de Tarantino… pero para nuestra desgracia autóctono, 100% ibérico.

¿Ya has acabado de aparcar?, no me lo creo, con lo torpe que eres… cariño, continúa diciendo, podríamos salir en la tele, con la gracia que tenemos, como los de escenas de matrimonio… ¿Cariño?, ¿Ha dicho cariño?, sí, lo ha dicho. Muerdo el sándwich por no hacer cualquier otra cosa que se me venga a la cabeza. No han pasado ni tres minutos desde que se subió al autobús. No estoy en disposición de seguir aguantándole. El autobús se para, las puertas se abren. Decido que el resto del camino lo haré andando. Me bajo, la tranquilidad se restablece.


Ya estamos en Navidad, y lo sé porque mi buzón está inundado por folletos donde se ofrecen jamones de rata ibérica a precios relativamente asequibles, así como auténticos tomos documentados con imágenes a todo color sobre juguetes para todo tipo de sexos, razas y edades.

Me encanta hojear estos catálogos, y reparar en los juguetes con los que los niños del Siglo XXI deleitan sus juegos y momentos de esparcimiento.

Aparte de la consabida Nintendo DS, la PSP y toda suerte de artilugios electrónicos, debe de haber juguetes que causen furor entre las hordas de niños, tal y como lo fue el Madelman en nuestra época.

Evidentemente, en SombrereroLoco™ vamos a cargar las tintas en esta serie de artículos sobre aquellos juguetes que nos parecen infames y execrables, por motivos basados en opiniones totalmente subjetivas, y por supuesto, inconsistentes.

¿Quién, a estas alturas de la película, no sabe de la existencia de las Bratz?

Las muñecas Bratz, caracterizadas por sus cabezas grandes al igual que sus enormes ojos, labios anchos, carnosos y repintados cual fulana en esquina, nariz muy pequeña, cuerpo corto, y abundante maquillaje, para realzar las cualidades femeninas, son el centro de nuestra furia basilisca hoy.

Se trata de la iconización en forma de muñeco de una noni, o niñata en su defecto de esas que nos encontramos hoy en día en cualquier sitio, desde Seattle a Puertollano, de Moscú al Mentidero, haciendo que en este caso, el fenómeno de la globalización consiga que todos los niños del mundo compartan, a través de las Bratz, un mismo patrón estético, desbancando así a un esquema obsoleto y bastante rancio para los tiempos que corren, la Barbie, la muñeca microcéfala y desnutrida cuya máxima aspiración es no perder tan envidiable figura tras un embarazo y parto sin complicaciones.

Las adoradoras de Barbie coleccionaban sus modelitos y crecían envueltas en la fantasía rosa y blandengue de la figura anoréxica que ha marcado durante décadas una estética global. Y, de repente, ese monopolio mundial, ese canon de belleza infantil y juvenil –el mal gusto no tiene límites ni fronteras- se rompió para dejarle un espacio a las Bratz, más inconformista y, para entendernos todos, más guarras que las gallinas de Jericó, que aprendieron a nadar para cepillarse a los gallos de Tebas.

Pero bueno, al igual que la Barbie, las Bratz son mayores de edad (aunque yo siempre he sospechado que se tratan de unas pre-teens un poco salidillas), y pueden hacer con su neumático cuerpo lo que le salga de la pergoleta, que para eso les queda un año para terminar la E.S.O. repitiendo dos años por curso, y a mucha honra.

Lo que me irrita sobremanera, es cuando, rizando el rizo, nos encotramos a Bratz Babyz, supuestas hermanas pequeñas de las infames Bratz, y en cuyas imágenes proyectan el prototipo de mujer ideal a alcanzar, lo cual desemboca en el escalofriante disparate de descubrir que el juguete de moda no son más que unas niñas chicas, pintadas como meretrices de muy dudoso gusto, que toman el protagonismo de los juegos, y hasta de las ensoñaciones de millones de niños de todo el mundo.

No me extraña que el índice de frustración entre las jóvenes adolescentes sea alarmantemente elevado; Con un patrón de belleza así, o eres como ellas, o estás totalmente excluida de la sociedad.

Y es que ya lo decía Santiago Segura, cuando interpretaba a un político corrupto hasta las cachas en la película “Airbag”, liberando un pensamiento filosófico popular, que todo el mundo tiene presente, pero que nadie se atreve a citar “¡Es que las visten como putas!”


Macario

Saqman
16 Diciembre 2008

No es que vaya a hablar del insigne muñeco del no menos insigne Jose Luis Moreno. Aunque, no crean, algún día dedicaré un post a mis filias y fobias con Rockefeller, Macario y Monchito, el puto niño de la gorrita. No, he utilizado este título en referencia al Cine Macario, ubicado en El Puerto de Santa María, patria de Alberti (o de la abuela de mi cuñado, que es clavadita).

Cualquiera que haya visto el film Cinema Paradiso puede comprobar en sus carnes el amor que se puede llegar a sentir por el viejo cine de barrio, ya deslucido y con algunos neones estropeados, pero que tantas aventuras te regaló de pequeño. Y como vivimos en la época del retro-guay, más de uno hablará de cómo de maravillosos eran esos cines, cuando las salas eran grandes, y se iba en familia, y uno veía las películas los sábados por la tarde, con el cine repleto de gente. Y no les falta razón, el Cine Macario y, por extensión, todos los cines de barrio eran a los multicines actuales como el Vinilo al CD. Es decir, la hostia, un cúmulo de sensaciones y una calidez que no se encuentra hoy en día. Pero yo, como Sombrerero Cojonero, debo decir la absoluta verdad respecto a los mismos:

LOS CINES DE BARRIADA ERAN UNA PORQUERÍA.

Sin embargo, a mí, de pequeño, me flipaban. Cuando pasaba por su acera me quedaba embobado con esos posters en vitrinas con el cartel que anunciaban “HOY” y al lado otro que ponía “PROXIMAMENTE“. Lo mejor del asunto es que la película del hoy era “Stallone: Cobra“, que la habían estrenado hacía tropecientos años, y la película del mañana era “El Guerrero Americano 2“, cuando ya iban por la 4, con un Michael Dudikoff en su mejor y único momento. De hecho, en las películas del Macario, Bruce Willis todavía lucía pelucón. Y yo no se por qué en estos cines casi todas las películas que se proyectaban eran de acción cutre, de esas a las que va con su padre el delincuente juvenil que extorsiona a los niños de trece años. “Comando“, “Acción Jackson“, “Perseguido” y demás bazofia ochentera, hoy injustamente reivindicada. Allí no ibas a ver a Scorsese, ni mucho menos a Milos Forman. Allí se iba a lo que se iba, es decir, a liarla y a meter mano.

Porque si algo tenía estos cines, y hablo de la época de máximo fervor del VHS, era que la gente que asistía, o demostraban ser unos amantes incondicionales del séptimo arte, o simplemente les sudaba el primo pequeño Esteban. El perfil era acojonante. Y ya no hablo del Macario en particular, sino del cine que había en el pueblo de mi abuela. Antes de la proyección ya volaban por encima de las cabezas toda suerte de envoltorios, palomitas, escupitajos y algún que otro bocata de morcilla patatera. En la primera fila todos los enanos liándola y el tito Francisco en el fondo tomándose un cubatazo de ginebra con dos gotas de Fanta. Las madres evitaban completamente pisar semejante lugar, porque no aguantaban al marido, ni al niño pelón, ni la de mierda que generaba la gente, y sobre todo porque les daba tiempo de descansar de tanto varón hijoputa en la casa. Así que eso era la selva, y con la pantalla aún en blanco.

Otra cosa que nunca entendía cuando iba era por qué coño siempre aparecía el mismo trailer de una película de El Zorro del año de la pera, de Alain Delon, que jamás proyectaron (y menos mal). Supongo que era el único que tenían propiedad de la casa. Pero lo mejor era la proyección en sí. Yo no he visto copias en un estado tan lamentable en mi vida. En la pantalla no se veía prácticamente un carajo. Entre la lámpara del proyector, de las de 125 voltios, que se iba de vez en cuando, hasta la cantidad de rallones y suciedad en el celuloide, por no hablar de los continuos cortes y círculos en pantalla, que hacían parecer hasta guapo a Luke Skywalker (y hablo de Mark Hamill después del carajazo). Lo mejor era que, inevitablemente, siempre había una secuencia completamente boca abajo, digno de “La Gran Superproducción”, de Superlópez, y a la gente le daba por montar un taco espectacular entre silbidos y gritos, para avisar al proyector (que también estaba de cubatazos con el tío Francisco), y de paso algún vándalo aprovechaba para escupir un gargajo dos filas más para delante, o sacarse la churra a oscuras y mear, por eso de no levantarse. Porque, no se engañen señores, el liquidillo que rozaban sus pies no era producto del vaso de Coca-Cola que se le había caído al niño, no.

Porque el peor defecto de estas “salas” siempre ha sido que no se escuchaba un carajo. En plena época del THX o del Dolby Digital, el sonido era monofónico y las voces eran más huecas que mi billetera. Recuerdo, y ya me retrotraigo al Cine Nuevo, en Cádiz, que aunque multicines era otra porquería, que viendo “Creepshow 2“, no conseguí entender un mojón de los diálogos (ni falta que hacía, la verdad) de lo imposible de descifrar que era. De hecho, en la única psicofonía que he hecho en mi vida (y que funcionó, hoygan), al espíritu en cuestión, que era un cabrón de tomo y lomo, se le escuchaba mejor que a Terminator en el Cine Nuevo.

El como poco a poco éstos cines han ido desapareciendo en pos de las grandes multisalas es una desgracia a medias. Pena por el dueño, generalmente un particular que no podía hacer frente a las poderosas corporaciones de multicines, y que en el fondo, dentro de su cutrez y mal gusto seleccionando películas, amaba el séptimo arte. Pero por otro lado, es de entender que en la era del DVD nadie vaya a esos cines (yo me atrevería a decir que nadie debería ir a ningún cine).

Termino así una terrorífica historia que tendremos que contar a nuestros nietos, que verán las películas mediante lentillas desechables o implantes retinoidales. Y acabo la cuestión lanzando al aire dos preguntas:

¿Por qué todos los viejos cines cutres ahora son supermercados?

¿Por qué ahora, con todos los adelantos y tantas chorradas, las salas de los grandes multicines siguen d-e-s-e-n-f-o-c-a-d-a-s? ¡¡¡ CARAJO !!!


American Dream

Saqman
15 Diciembre 2008

Subiendo a Central Park, por la Quinta Avenida, poco antes de alcanzar FAO Schwarz, nos tropezamos mi señora y yo con una cola de gente que daba la vuelta a un rascacielos. Nos llamó bastante la atención puesto que allí se congregaba una multitud bastante peculiar, muy trajeada y con un aspecto llamativo y vanguardista. Casi todos llevaban algo encima. Unos un libreto grande, otros unas perchas enormes y enfundadas, estaban los que llevaban plásticos con trajes en su interior, y también los que portaban carpetas de dibujo. De pronto salió una muy elegante señora, de traje caro y moño de cien dólares, que hizo pasar a algunos de ellos.

Nuestra curiosidad nos llevó a preguntar a un tipo que al parecer andaba siempre por allí. Se sonrió y nos contó que en ese edificio estaba la central de una gran multinacional del sector de la moda, de ropa en particular. De esas que promueven desfiles en Paris, Milán o la misma NYC. Una vez cada cierto tiempo, abría sus puertas a todo aquel diseñador que quisiera mostrar sus trabajos, y así abrirse camino en el dificultoso mundo de la moda, pasando a formar parte de la corporación y, quizá algún día, pudiendo alcanzar el Olimpo mediático que tanto ansían.

- Por algo dicen que América es la tierra de las oportunidades. - finalizó el tipo, muy sonriente, mientras nos despachaba un par de perritos calientes y murmuraba canciones de su Cuba natal.


Ya Estoy Nervioso…

Saqman
15 Diciembre 2008

Acabo de leer que John Williams ha reescrito gran parte de las bandas sonoras de La Guerra de las Galaxias para un próximo concierto titulado Star Wars: A Musical Journey, que interpretará junto a la Royal Philharmonic Orchestra el próximo Abril en Londres. Es una iniciativa que parte del propio Lucas y que se realizará con carácter oficial, acompañado de una gran pantalla que irá mostrando las escenas relacionadas con la música que se interprete en ese momento.

Pero realmente me han temblado las piernas cuando he leído que este concierto es el inicio de una gira por toda Europa trayendo la música de La Guerra de las Galaxias a todos los corazones. Ya me tiemblan las piernas a la espera de que anuncien los conciertos en España…


De entre toda la basura publicitaria, sobre todo de televisión, que en estas fechas nos amenazan con hacernos la vida extremadamente feliz, y que denosto, pero a la vez admiro a partes iguales, son los anuncios de perfumes y/o placebos sustitutivos.

Bien es cierto que una imagen vale más que mil palabras, y que es imposible demostrar la bondad de un perfume por televisión, pero no hay ni punto de comparación entre aquel spot en el que la celebérrima pechugona espetaba aquella frase breve, pero impactante de “Busco a Jacq’s“, comparado con uno que vi ayer, no sin cierto estupor, sobre una señorita con un peinado imposible que sube sobre un montón de manzanas rosas a coger no se qué de un arbol diseñado por el mismísimo Tim Burton. Entre ambos anuncios hay un abismo, y lo más preocupante, es que todo parece indicar que la raza humana roza el encefalograma plano.

Por mucho empeño que pongan las casas publicitarias, en maridal coyunda con las de perfumes, me juego el tipo a que TODOS saben que NADIE en esta campaña navideña, ni en las venideras, vaya a comprar el bidón de 5 litros de Acqua Brava, porque este año el spot lanzado sea una sinergia ecléctica sobre las tesis de Kierkegaard y Michael Moore, protagonizadas por la esquelética y feísima modelo de turno (¿Por qué ahora las top-models son tan deleznables?) vestida con un modelo de Agatha Ruiz de la Prada para la ocasión.

¿No se dan cuenta de que es un esfuerzo baldío? Es admirable tanto tesón.