Entrada para Enero, 2009

… fuera más fea que yo no tendría el éxito que está teniendo. Esto parece de Perogrullo, pero me da mucho que pensar. No es por hacerme el snob, pero lo único que ve este Sombrerero en la tele (si quitamos Muchachada Nui cuando lo echan y algún informativo) es la sección de Ángel Martín en “Sé lo que Hicistéis“, porque reconozco que me parto el culo con ese tío, por que suelta verdades como puños y por que a veces me recuerda a mí mismo. El resto del programa me parece sebo puro, pero su sección me encanta. En mitad de esta sección suele aparecer Pilar Rubio mostrando un reportaje con entrevistas a diferentes famosetes que se va encontrando por ahí.

Cuando veo esos reportajes se me cae la cara de vergüenza porque la verdad es que la tía lo hace muy mal: Quiere caer bien a toda costa, se nota que está superforzada, o sea, que tira mucho de guión, las preguntas que hace son una auténtica chorrada, mete en compromiso a la gente de seguridad que también está haciendo su trabajo… Y lo bueno de todo es que la gente a la que entrevista (sobre todo los tíos), salvo rarísimas excepciones, le siguen la corriente y le ríen las gracias, aunque éstas sean malísimas. Creo que no lo hacen por que la chica sea una profesional como la copa de un pino, o sea super-simpática, sino por que esta buenísma, eso es innegable.

Pero, ¿y si Pilar Rubio hubiera sido más fea que un perro? ¿Estaría trabajando ese programa como reportera, cuando no es periodista ni es nada? ¿La gente le estaría riendo la poca gracia que tiene? ¿Le darían papeles en películas (aunque éstos sean ínfimos)? La respuesta es claramente “no”. En mi más humilde opinión Pilar Rubio como chica está buenísima, se la ve una tipa simpática y sencilla, pero es una pésima actriz y reportera. Pero pésima de verdad. Y al igual que ella sabe que está tremenda, a poco lista que sea, también sabe que está donde está por su careto y no por sus especiales habilidades.

En los informativos pasa lo mismo: Prima más poner una “cara bonita” dando las noticias que una tía más normal aunque ésta las dé mejor que la guapa. Como siempre, hay excepciones, porque todas las mujeres que presentan los telediarios tienen su título de periodismo y salvo una tal Pilar Galán que da las noticias de Antena 3 al medio día y que considero que lo hace mal tirando a fatal, creo que el resto de presentadoras guaperas dan las noticias bien o bastante bien, pero parece que sólo pueden presentar estos telediarios tías que están bien. A mí, obviamente, esta circunstancia no me disgusta en absoluto (si la periodista encima de ser buena profesional está tremenda, mejor que mejor), y, por ejemplo, ver las noticias de La Sexta es un espectáculo, la verdad, pero me parece éste un enfoque bastante superficial. Veo las noticias para informarme, para ponerme palote me voy a ver Playboy TV. Seguro que más de un callo malayo se ha quedado en puertas de presentar un programa o un informativo, teniendo mejor preparación que la guapa, precisamente por no ser tan guapa como a la que le dieron el programa.

Y eso me da mucho que pensar: ¿Tan superficiales nos estamos volviendo? ¿Por qué se prima mucho más la belleza que el verdadero talento? En fin, algún día los esperpentos del mundo nos rebelaremos frente al sistema y el planeta será nuestro.


Hablar hoy de Victor Manuel San José me va a traer, sin duda, muchas peleas con mis amigos Sombrereros. Más que nada porque al artista Asturiano se le ha relacionado desde hace un tiempo con dos elementos francamente negativos de este país: Zapatero y la SGAE. Y bien es cierto que la poca ideología política que conservo me lleva irremediablemente a odiar a nuestro mal electo presidente, así como a censurar las desmedidas acciones sobre el famoso canon digital instauradas por la sociedad (privada, ojo) de autores.

Por si fuera poco, Victor Manuel cuenta en su haber con una lacra que le persigue desde hace años. Una leyenda urbana que circuló durante mucho tiempo por la red, siendo objeto de coleccionismo: la canción que compuso en homenaje a Francisco Franco, “Un gran hombre”. Poco importa si la letra fue escrita cuando tenía dieciocho años y no había leído lo suficiente para entender los crímenes del dictador, y comprender que España vive a través de su paisanaje, no de las ideologías extremistas de dos bandos enfrentados. Resultó que la leyenda era cierta, y que desde entonces se ha visto con otros ojos al compositor de Mieres del Camino.

La politización de Victor estuvo determinada por la coyuntura del momento, en una España pendiente de la muerte de un dictador y enfrentándose a una transición que no entendía, pero que necesitaba. Un factor decisivo fue la constante persecución a la que se vio sometido por la censura, que le obligaba reescribir sus canciones una y otra vez, sin descanso, vetándolo en las cadenas televisivas, e incluso encerrándole durante un tiempo. También sus constantes manifestaciones con Pilar y una obra de teatro ofensiva les llevó al exilio durante un tiempo. Todo agravado con la bomba que un grupo extremista colocó en el hogar de la familia a modo de aviso mientras realizaban un viaje.

Sin embargo, hay algo en Victor que siempre me ha fascinado. Quizá porque nunca levanta la voz en una entrevista, porque parece no perder nunca la compostura, ser un hombre de gustos sencillos, e incluso mantenerse siempre en segundo plano ante la llamativa sobreactuación de Ana Belén ante los medios. En cambio, subido a un escenario, se transforma en un intérprete desgarrador, que consigue estremecer, llenando el escenario con su sola presencia. Su castigada garganta y sus limitaciones vocales no le impiden entregarse de lleno en una actuación y encandilar al público.

Hay tres elementos claramente diferenciados en las composiciones de Victor Manuel. El político, el romántico y, cómo no, Asturias, su tierra. Y es curioso señalar que es el primero el que le otorga la fama, el segundo el que le hace vender discos, y el tercero el que deja huella en su público. Todos construyen y realimentan al artista, pero es cierto que en la actualidad, en una España con necesidades menos evidentes, el componente reivindicativo de sus canciones queda deslucido, a pesar del esfuerzo. Poco a poco va cambiando las denuncias, quizá haciéndolas más fáciles, menos arriesgadas. Claro que ahora vive en un pais de su lado, donde cualquier resquicio conservador es atacado por una nueva censura progresista.

Victor ha compuesto canciones de amor que forman ya parte de la historia colectiva. Es probablemente uno de sus fuertes, puesto que sabe combinar letras sencillas con hermosas melodías. Su “Canción para Pilar”, una auténtica declaración de amor, sin tapujos, sin vergüenza, siempre me ha cautivado por la humildad con la que contempla a su amada. Luego están sus grandes éxitos. “Sólo pienso en ti”, “Ay, amor”, “Quien puso más”, “La madre”, “A dónde irán los besos”… todas ellas recordadas y tarareadas por el público en cada concierto. A mí, será por eso de sentir una complicidad con el artista, siempre me han gustado más los temas menores, los menos conocidos. “Agua de la fuente clara”, “Los amantes de Ávila”, o mi preferido, “Qué pena”, por aquel solitario otoño en Madrid que me costó tanto superar.

Hace un par de años viajé a Asturias, por primera vez, para asistir a la boda de unos amigos, y entrando en la provincia, ante esa belleza “verde de montes y negra de minerales”, tuve que poner en la radio el poema de Pedro Garfias, “Asturias”, musicado por Victor. Qué lástima que mi tierra no tenga un himno así. Viajar por Asturias ese verano fue reencontrarme con los parajes que Victor describía en sus canciones, con el río Negro, con Mieres del Camino, con aquellas abandonadas minas y su “Planta 14″, con la amabilidad y generosidad del asturiano y con unos bosques y unos precipicios que daban miedo. Victor impone una imagen romántica y nostálgica de su tierra. Canta a sus pueblos y aldeanos, aquellos con común denominador en toda la geografía ibérica, el alcalde, el cobarde, el cura del pueblo, el abuelo, los niños de la plaza. Recrea esa visión infantil con la que se fue de Mieres. Son esas canciones, “La Romería”, “El Abuelo Vítor”, “Pastor que estás en el Monte” las que más me gustan. No se por qué. Puede que me trasladen a los viajes al pueblo de mi infancia, o puede que la pequeña porción de sangre norteña que tengo se rebele ante las demás.

Mi amigo Zzero, fervoroso admirador del compositor, e hijo de familia numerosa de las de antes, me contaba que recibió su nombre por culpa de unos hermanos hippies que, atisbando una transición inminente, adoraban al artista asturiano por aquel entonces vetado.

Me hace gracia, hasta cierto punto, que el propio Victor haya caído en las garras del más reseco capitalismo, y contradiga su propio pasado al respecto. Quien soy para juzgarlo. No dejo de admirar al compositor, al cantante, al escritor de letras, que me suele acompañar por la autopista, cuando regreso del trabajo.

Os dejo aquí un vídeo del año 1986 (con el asombroso look de la época) con la mejor interpretación en directo de su mítico tema…

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Esta máxima parece que es la que han tomado como suya las editoriales a la hora de publicar un libro histórico. Y es que hay que ver qué daño le ha hecho “El Código da Vinci” a la literatura, y en particular al género de literatura histórica. No es que necesariamente la famosa obra de Dan Brown sea sebo puro, pero quienes la hayan leído estarán de acuerdo con este Sombrerero en que este libro tampoco es para tanto. De hecho, aún me sorprende la enorme polvareda que se montó con este libro, pero claro, como a la gente le gusta más el morbo que a un tonto un lápiz, y en cuanto la Iglesia dijo esta boca es mía, pues hala, a vender libros de “El Código Da Vinci” como si fueran churros, y mientras Mr. Brown (parece un nombre de personaje de curso de inglés por entregas) y los editores a frotase las manos viendo cómo subían los ceros en su cuenta corriente.

“El Código da Vinci“, como he apuntado, ha hecho muchísimo daño al noble género de la literatura histórica. A mí me gusta mucho ese género literario, cuando está bien escrito y sobre todo cuando no hay Templarios y enigmas religiosos de por medio. Por que fue estallar el “boom Da Vinci” y empezar a salir una auténtica morterá de libros sobre Templarios, sobre misterios relacionados con la religión, sobre órdenes secretas, sobre papiros del año 4 que profetizaban no sé qué ostias y cosas por el estilo, que era verdaderamente indignante. Y claro, la gente compraba estas novelas-sebo, ávidas de más Templarios… ¡Venga, dadme Templarios por un tubo, dadme cálices sagrados y papiros en arameo, que no decaiga! Y, cómo no, los editores tan contentos.

Tan contentos estaban los editores con este “boom cutre-histórico” que ya publicaban cualquier novela sobre estos temas escrita por cualquiera que supiera enlazar vocales con consonantes. Hace un tiempo me leí la que, yo diría, es probablemente una de las peores novelas que he tenido la desgracia de leer en mi vida. Se llamaba “La Tumba de Colón” y si bien creo recordar que no salían Templarios, la acción y el esquema de la novela era estilo “davincero” total: Investigador que se topa con un enigma histórico-religioso. Investigador que investiga con una compañera de buen ver. Investigador que se zumba a la compañera de buen ver. Los malos se intentan cargar al investigador. El investigador investiga de puta madre y resuelve el misterio.

Lo peor de “La Tumba de Colón“, de Miguel Ruiz Montáñez, ya no es sólo la trama, que también, sino que es un libro, en mi opinión, pésimamente escrito. Se ve que está redactado por alguien que evidentemente, la literatura no es lo suyo, por no decir que no tiene ni perra idea de escribir. Y eso lo puede ver cualquiera, no es cosa mía. Desde aquí os invito que os leais unas cuantas páginas de ese libro (no se os ocurra leerlo entero si en algo estimáis vuestra salud) y me daréis la razón. Desgraciadamente no es el único, ya que hace poco leí otro libro que seguía la misma senda. Cuando pensaba que no iba a leer nada peor, en literatura histórica, que “La Tumba de Colón“, me topé con “La Cuarta Alianza“, de Gonzalo Giner. Leyendo estos libros, me di cuenta, con estupor, de que ya todo valía en el mundo editorial, que cualquier excusa era buena para seguir exprimiendo a la gallina de los huevos de oro, y que mientras haya gente ávida de “davincadas”, Templarios y enigmas históricos cualquiera va a poder publicar sebo puro.

De hecho, y viendo el percal, yo tenía pensado mandar a alguna editorial un manuscrito que escribí cuando tenía 9 ó 10 años titulado “Polo Cardeña y los Tres Investigadores” (claro plagio a los libros que yo leía de chavea de “Alfred Hitchcock y los Tres Investigadores“) en la que mi tío Polo hacía las veces de Hitchcock y mi hermano, el Ñu, este Sombrerero y otro más hacíamos de investigadores; pues yo ese manuscrito lo dejo tal como está, escrito por un crío de 9 años, le meto a algún Templario en la trama, algún papiro en arameo y alguna pollada místico-religiosa y no descarto que me la publiquen… Si Gary Jennings levantara la cabeza….


Todos los hombres son unos calzonazos. Todos. Sólo hace falta encontrar la mujer que los domine.


Después del verano y en esta época los kioskos aparecen completamente tapizados con una tonelada de coleccionables de todo tipo. Tanto es así que al kioskero le tienes que buscar con un casco minero entre toda la maraña de coleccionables de las más diversas frikadas que te puedas imaginar.

Y es que hay que ver qué gran pollada es esto de los coleccionables (y se lo dice un Sombrerero que ha hecho cuatro colecciones completas, a saber, la de las películas de Laurel & Hardy, la de las películas de los Hermanos Marx, la colección de cómics de Los Pitufos y de Tomás el Gafe) y sobre todo me asombra la gran capacidad de inventiva que tienen las editoriales para sacar al mercado las colecciones más delirantes, es como intentar el más difícil todavía, algo que no haya sacado nadie antes, por que la verdad es que quedan pocas cosas ya que coleccionar.

En los últimos tiempos he visto colecciones que rozan la demencia, como una colección de bichos momificados, de relojes pequeños, de relojes grandes, de rosarios para rezar el ídem, de figuritas de dragones, de casitas de muñecas decimonónicas, de cromos de la liga de fútbol de la época de maricastaña… y así hasta los límites de la chifladura más total e irreversible.

Los spots televisivos que intentan incitar a la gente a comprar estas colecciones son como para mear y no echar gota: “Crea tu propia casita de muñecas en sólo 800 entregas. La primera entrega a sólo 1 euro”… (claro que la voz en off del spot no cuenta que el resto de las 799 entregas cuestan 20 euros cada una).

Además, una vez que empiezas una colección de éstas tienes que llegar a una especie de pacto de sangre con el kioskero, casi le tienes que vender el alma para que te guarde todas las entregas, porque como un día compres una entrega en otro sitio, despídete del resto de la colección, no la vas a acabar en la vida. Con un poco de suerte y si tu explicación le parece digna de ser creída, te seguirá guardando los números que irán viniendo “pero porque sólo compra esta colección usted y se la tengo que pedir directamente al editor, que si no…”, y el tío te lo suelta así, en plan Harry el Sucio, como perdonándote la vida.

Pero, de verdad, con el corazón en la mano, ¿quién coño quiere en su casa una colección de bichos momificados y metidos en un pedrulo, o quién coño quiere toda una colección de rosarios? ¿O quién se tira una pechá de meses juntando una casita de muñecas si te sale más a cuenta comprarte un apartamento en Torrevieja?

Y la última y trascendal pregunta… ¿Por qué el primer número de todas la colecciones viene con un pedazo de cartón como una pista de tenis? Seguro que es nada más que por dar por culo, porque saben que la mayoría sólo se va a comprar ese número.


Por todos es de sobras conocidas nuestra antipatía más profunda hacia la más estrábica del panorama cinematográfico mundial, nuestra Pe de España; Antipática, insoportable, irritante, creída, vanidosa, orejona… muchos calificativos para una señorita que siendo mala actriz, es aún peor persona.

Debe ser una macabra broma del destino, pues aquí estamos de nuevo, hablando de Pe, y de su candidatura para los Oscar de 2009, por un papel en la última película de Woody Allen, “Vicky, Cristina, Barcelona”, de la que también nos hemos despachado a gusto, puesto que una de nuestras parejas favoritas de actores infames, Bardem y la Pe(…tarda), copaban el protagonismo.

¿Os imagináis por un solo momento, que Pe(…tulante) lograra alzarse con la estatuilla dorada? Las trompetas del Apocalipsis sonarían más fuerte y, en cierto modo, ya tendría meridianamente claro que realmente el mundo se acaba… Ratzinger de Papa, un negro… perdón, afroamericano, en la Casa Blanca, y la crisis llamando a la puerta de todos…
¿Qué nos podía faltar ya? Pues tener a Bardem y a Pe, dos chulos de tomo y lomo, como ganadores de un Oscar.

Ya me estoy imaginando el discurso que dará, con esa voz chillona enojosa, salpicada con algún que otro gallito (pésimamente simulado, para convencer al auditorio que es presa de la emoción del momento), y lágrima contenida, una disertación sobre lo dura que ha sido su vida como actriz, incomprendida y castigada injustamente.

Los medios de comunicación, tan vilmente chaqueteros, estarán todos a partir un piñón, con aseveraciones tan categóricas como “Avisamos de que esta chica llegaría lejos”, y se apuntarán al carro con la frase que encaja perfectamente en cualquier situación :“Ya lo decía yo”.

Y si la Pe(…sada) no se lleva el Oscar, me alegraré tanto que probablemente escriba un post describiendo la cara que se le queda cuando, alguna rival, infinitamente mejor que ella, en calidad profesional y personal, le arrebate el Oscar delante de sus inmensas narices…
Me imagino esa cara de envidia insana, esa envidia verde que corroe el alma, aplaudiendo de forma forzada, a regañadientes mientras Viola Davis (’La duda’), Marisa Tomei (’El luchador’), Amy Adams (’La duda’) o Taraji P. Henson (’El curioso caso de Benjamin Button’), sube a recoger el premio.

Que los lectores estén tranquilos, que aquí la animadversión sigue patente, y Pé(…sima actriz) no se ha vuelto una intocable de la noche a la mañana.

No quiero despedirme sin apoyar sin lugar a dudas, a la candidatura de Mickey Rourke, y eso que no he visto la película de “El Luchador”. Espero (y si no me sentiría extremadamente decepcionado), que llegue a la ceremonia colocado hasta el tapón de cualquier sustancia estupefaciente, y que en el discurso de recogida del premio, monte un taco que sea recordado por los siglos de los siglos… amén.


El día después de nacer Anhulkito, me fui directamente a Toys’R'Us a ver qué encontraba para decorar su recién inaugurada habitación. entra la cantidad de juguetes con los que pude toparme, me llamó la atención unos pequeños muñecos redonditos que imitaban a los personajes de Star Wars. El estilo era muy infantil, y me conquistó desde el principio. Compré los de Luke Skywalker, Darth Vader y C3PO, y confieso que me quedé con ganas de más.

Lo que en principio no pasaba de ser un mero detalle anecdótico resultó toda una revelación. Anhulkito, día a día, mostraba un interés creciente por ellos, hasta el punto de que, actualmente, lo primero que hace al despertar es mirar directamente a la repisa donde se encuentran colocados. Será porque le encanta cogerlos y llenarlos de baba.

Mighty Muggs, que así se llaman los muñecos, son una línea exclusiva que Hasbro ha sacado no hace mucho. Todos los muñecos parten del mismo molde, y se distinguen por su sencillez y su falta de aristas, lo que les convierte en objeto del deseo de los niños, puesto que pueden manejarlos a su antojo. Mantienen un estilo uniforme, y es sorprendente cómo están dibujados para reflejar a la perfección cada personaje. La mayoría incorporan un pequeño accesorio que les hacen únicos, y sin embargo su mayor potencial reside en la simplicidad de los mismos. Los artífices de Hasbro, conscientes del gran momento que vive el merchandising a nivel mundial, decidieron sabiamente que, siendo los padres los grandes mecenas con los juguetes, lo lógico sería enforcar la temática de los muñecos a aquellos mitos americanos que perviven en la memoria colectiva y, sin embargo, siguen siendo atractivos para los pequeños. Esto, en la cultura yankee se traduce en Star Wars, Marvel, Indiana Jones y GIJoe.

El éxito de la propuesta ha sido tan devastador que se ha llegado a auténticas burradas en subastas on line. Hasbro lo ha potenciado de manera inteligente lanzando al mercado un Mighty Muggs básico (sólo el molde) que puede ser pintado y alterado al gusto del consumidor. Esto ha provocado que un sector de lo más freak se dedique a reproducir personajes como Barak Obama, Marty McFly o Bilbo Bolsón. Se pueden encontrar por internet auténticas chulerías que los usuarios han creado, manteniendo el estilo de dibujo, y con resultados muy logrados.

Estas pasadas Navidades decidimos que los Reyes Magos trajeran un Mighty Muggs de Chewbacca al pequeño Anhulkito. El problema es que su papá también quiere tener alguno, y nadie se lo regala, así que habrá que buscar el modo en que alguien se lo regale… Como muestra, los que más me han gustado.


ella-fitzgeraldEl Sr. Saqman y yo teníamos en EGB un profesor que decía que la vida era como una sardina que había que comerse entera, con espinas y todo. Decía que hay gente que se come primero la carnita tierna y deja las espinas para el final. Mala táctica. Lo ideal es ir alternando las espinas con la carne, ir pasando los malos tragos poco a poco, rodeándolos de buenos momentos. Las personas tenemos la habilidad de destacar los mejores momentos de nuestra vida, y de alguna manera los agrandamos mitigando los malos. Puede ser por la extraña manía de rodear los recuerdos de cierta melancolía por la cual añoramos lo que no tenemos, lo que perdemos y ya pasó, pensando que era estupendo. Así digerimos mejor las espinas, o nos da esa impresión.

Se ve que Ella Fitzgerald se tragó casi todas las espinas al principio. Nace en Virginia en un ambiente humilde. Siendo muy niña su padre las abandona a ella y a su madre, por lo que se trasladan a Nueva York y pasan a vivir con el nuevo novio de ésta. Allí tienen otra hija, pero un accidente de tráfico en el cual muere su madre y las sospechas de abuso por parte de su padrastro separa a las hermanas, viviendo Ella con su tía y su hermana Frances con el padre. La muerte de éste, debida a un ataque cardíaco, vuelve a juntar a las hermanas poco tiempo después. El resultado de este ambiente desarraigado es absentismo escolar y problemas policiales, con continuos ingresos en reformatorios y sus consiguientes escapadas de éstos y del propio hogar.ella2

Siempre suelo llevar, consciente o inconscientemente, algún tema en la cabeza, algún fragmento de alguna pieza o canción, o simplemente, una melodía o ritmo que se repite, a veces machaconamente, mientras realizo cualquier actvidad. En momentos de estrés, ese ritmo se acelera, creando un bucle que acentúa el estado de nerviosismo y que no puedo eliminar a no ser que encienda la radio o ponga algún disco que me libere de esa presión. Otras veces, simplemente me paro y recuerdo algún fragmento de otra música que me ayude en esa situación. Sólo en algunas ocasiones ese fragmento que se “crea” inconscientemente me resulta interesante e intento retenerlo o escribirlo en un trozo de papel.

No puedo evitar imaginarme a Ella saltando algún muro o descolgándose de una ventana y corriendo sola en mitad de la noche con la única compañía de algún tema de sus admiradas “Boswell Sisters” dando vueltas en su cabeza, sin poder predecir que realmente ése iba a ser el medio por el cual iba a poder escaparse de la continua encerrona en que se había convertido su vida: la música. Y es que en su mirada y en el tono de su voz pueden apreciarse a la vez la grandeza y la humildad de alguien que conoce la dureza de la vida. Una humildad que sólo la convierte en una diva subida en un escenario y que le permite afrontar con honestidad y sinceridad los eternos y recurrentes temas de amor y desamor, de alegría y de pena que siempre se han desarrollado en las canciones.ella1

No sé por qué, pero siempre me la he imaginado como una madre cariñosa y tierna, con una sonrisa siempre dispuesta y tarareando una nana a su hijo. No me preguntéis.

Una larga carrera llena de éxitos, abordando muy diferentes géneros y siempre con una asombrosa solvencia, le permitieron disfrutar de la ternura de la carne, y sólamente la espina final de una diabetes que le costó la pérdida de la vista y las piernas, pudieron amargar sus últimos años.

Tenéis muchas páginas de consulta para conocer datos de su carrera: estilos abordados, discografía, músicos con los que trabajó, premios, etc. Buscaros la vida. Aquí sólo os dejo las palabras que le dedicó Duke Ellingston, que aparece completamente embelesado en la foto de en medio: “Ella Fitzgerald está más allá de cualquier categoría”.


¿Es necesario poner este rótulo para meternos por los ojos cualquier producto que nos intenten vender?

¿Triunfaría en España una serie sobre la vida de Babe Ruth, Emmylou Harris, o Ronald Reagan?

¿Qué pensaría un yanqui si le intentaran encasquetar “Ana y los 7” con calzador y mediante una medalla superpuesta en la imagen que advirtiera de que dicho excremento es una serie Nº1 en España?

Definitivamente poco a poco perdemos nuestra capacidad de decidir, nuestro libre albedrío.


I Love BBC (I)

Macman
21 Enero 2009

No es ningún secreto, por lo menos para los que tienen la mala fortuna de conocerme, que soy un apasionado de las series. Sin duda vivimos una época dorada del género y nadie cuestiona ya que ha superado en calidad e interés a las producciones cinematográficas. Hace ya muuuucho tiempo que no siento un cosquilleo cuando se acerca el estreno de una película, sobre todo después del mazazo que supuso Indiana Jones y lamadrequeparióalputolucas. Sin embargo espero ansioso el reinicio de la cuarta y última temporada de BattleStar Galactica o el inicio de la quinta de Lost.

Esteril es la disputa entre los doctorados en “Lost y la paradoja espaciotemporal”, y los que se sacarían los ojos antes de ver un capítulo. Lo mismo que predicar Battlesatar Galactica, si no la has visto allá tú, no será porque no se te ha advertido. Hace relativamente poco que un nuevo especimen ha surgido con fuerza, alimentado por la sangre fresca derramada por Dexter. Y los amantes del serial sabemos que por mucho que se tuerzan las cosas, nuestras novias nos arranquen de cuajo el corazón o la crisis nos deje con el culo al aire, siempre nos quedará FireFly.

¿A que viene todo esto?, pues muy sencillo, después de mis últimas fracasadas recomendaciones, este sombrerero, que no ha aprendido la lección, imprudentemente ha decidido volver a intentarlo y aconsejar a todos los que quieran ser aconsejados que les den una oportunidad a las series de la BBC. A mi me han enamorado.

¿Qué tienen las series de la BBC que no tienen las americanas? Pues quizá lo que no tienen, que es un gran despliegue de medios, así que lo suplen con originalidad y buen gusto, dando como resultado un trabajo excelente. Además son cortitas, con temporadas de 6 u 8 capítulos y capítulos que van de los 20 a los 40 minutos, por lo que no tienen ningún relleno, cosa que es agradecer. Empezaré recomendando el plato fuerte, lo mejorcito para mi gusto, “Life on Mars”.

Sam Tyler es inspector jefe de la policía de Manchaster, tras sufrir un accidente en el año 2006 se despierta en el año 1973, siendo el mismo Sam Tyler policía, en la misma comisaría de Manchester, pero 33 años antrás. Pronto descubre que los métodos empleados en su comisaría en los 70 no son los mismos que los que él aplicaba en el siglo XXI, chocando frontalmente con el Inspector Jefe al mando, Gene Hunt, sin duda el mejor personaje de la serie. Son dos temporadas de 8 capítulos, 16 en total, la primera temporada del 2006 y la segunda del 2007, aunque realmente la narración de la historia es como si de una sola temporada se tratase. Pero no aburriré al personal con datos y datos que se pueden encontrarse facilmente en internet.

No creais que la serie se centra exclusivamente en resolver qué le ha pasasdo a Sam Tyler, esa es una trama casi secundaria, lo mejor es la interacción de unos personajes magnificamente construidos que en pocos capítulos se harán casi de la familia. Tiene capítulos inolvidables y los últimos 15 minutos de la serie son, sin lugar a dudas, lo mejor que he visto nunca en una serie, para ver más de una vez.

Desgraciadamente se intentó prolongar la gallina de los huevos de oro con una secuela que no estuvo a la altura. Y aún peor, los yankis no supieron respetar el buen trabajo de los ingleses e intentaron una réplica americana, que tuvo que suspenderse a los pocos capítulos. ¡Y ahora viene lo peor!, Antena 3 emitió la serie en su cadena digital terrestre y está perpetrando una versión española que se emitirá en breve, ambientada en la época de la transición, para echarse a temblar.

Yo ya os lo he dicho, así que vosotros veréis si quereis o no queréis perderos una de las buenas. Y por si todo esto no os ha convencido, añadir que el título hace referencia a una canción de nuestro admirado Duque Blanco, y durante la serie podemos disfrutar de algún que otro éxito suyo. ¿Para qué más?.