Entrada para Febrero, 2009

Aunque parecía mentira que se cumpliera el calendario previsto, al final mi señora, mi nene y yo conseguimos la misión a la que tanto empeño habíamos puesto. Llegar a ver la Star Wars Exhibition que actualmente (y le queda poco) se encuentra en Madrid. Todos los lectores de SombrereroLoco saben lo desesperadamente fanático que soy de las películas del tito Lucas (que no de las novelas, comics, y demás basura del universo expandido). Llevaba yo años deseando ver una exposición de este tipo, sobre todo después de que mi hermana pudiera asistir a la que se exhibía en Washington allá por el 97, que fue de las buenas. Recuerdo que me trajo un libro de la misma, y una chulísima camiseta de Darth Vader imitando replicando el famoso “I Want You” del Tío Sam, que aún guardo por ahí.

De la exposición que hay en Madrid lo primero que puedo decir es que me sorprendió por la acogida popular que tuvo. Es increíble la cantidad de gente que se ha pasado a verla; una auténtico éxito. La planificación por parte del Centro de Arte Canal, imitando el interior de la nave Tantive IV, una auténtica esquisitez. La entrada no puede ser más espectacular: un enorme letrero anunciando la exposición y una réplica a tamaño real del Caza de Naboo que Anakin Skywalker pilotara en La Amenaza Fantasma.

La entrada a la exposición viene acompañada de la presentación de los dos anfitriones, que no podían ser otros que C3PO y R2D2. Expuestos al principio de la sala, uno no puede evitar emocionarse al ver a la pareja de droides más famosa del celuloide. Y se sorprende de las dimensiones de los mismos, y cómo de hermosos son vistos frente a frente. Y, sí, la pierna de C3PO es completamente plateada.

La exposición se divide en varias secciones cada una de las cuales representa un planeta de la galaxia Star Wars. En cada uno de ellos se suele encontrar una breve representación de las maquetas utilizadas durante la filmación de las escenas correspondientes, el vestuario de los personajes en ese planeta, bocetos o storyboards de las secuencias que cuentan y monstruos, alienígenas y demás especies que aparecen por allí.

Es asombroso ver la magia del cine. Si bien es cierto que los trajes diseñados por Trisha Biggar para lucir a la Reina Amidala son impactantes en pantalla, en la realidad resultan muy sencillos, incluso a veces bastante pobres. Hay algunos excepcionalmente hermosos, como el famoso traje rojo de las luces. Pero otros, como puede ser el vestido de celebración de el Episodio I, son un poco decepcionantes. Sin embargo lo contrario ocurre con los trajes Jedi. Resultan mucho más hermosos que en pantalla, puesto que se puede apreciar a la perfección la tela utilizada. Tejido propio de monje de monasterio, tal y como fue concebido que fuera un Jedi. Las botas y los adornos so muy llamativos, y uno se queda con las ganas de llevarse uno a casa, por eso de salir de Jedi en los Carnavales, y que le reconozcan (y así se quita de encima una espinita clavada). Resultan harto decepcionantes los trajes de Bobba y Jango Fett, sobre todo el de este último, que parece de papel de aluminio. Sin embargo, de todo el vestuario que pude ver allí, destaco dos trajes realmente maravillosos. Los dos cazarrecompensas que llevaban la Princesa Leia y Lando Calrissian en el palacio de Jabba el Hutt. Son fascinantes, y rápidamente trasladan al visitante a la magia de la oscura sala de cine y la proyección de El Retorno del Jedi.

Con las maquetas pasa más o menos lo mismo. Los de Industrial Light & Magic no tienen un pelo de tontos, y no invierten dinero, tiempo y dedicación en aquellas maquetas que no necesitan más definición en pantalla. Así pues, algunas son realmente curiosas de ver por su sencillez, como por ejemplo las gradas de la carrera de vainas. Sin embargo, otras son extremadamente definidas. Un auténtico despliegue de detalles y una complicada solución artística para envejecerlas y darles un aspecto real. Destacan los palacios de Naboo, y sobre todo aquellas maquetas de la trilogía original, las más apreciadas, que emocionan a los padres, más que a los hijos. Me quedé pasmado con algunas de ellas, como puede ser el B-Wing, el AT-AT (mucho más sencillo que en pantalla), o el TIE-Interceptor, con enorme parecido a la réplica de Hasbro que puedes encontrar en Toys’R'Us. Pero no sólo de maquetas vive el hombre. También se exhibían piezas a tamaño real: las vainas de Anakin y Sebulba, el mencionado caza de Naboo, la nave de Zam Wessell, o el increíble Speederbike de El Retorno del Jedi. Sin duda, la pieza que más llamó mi atención y la del señor Pettenman. Casi nos imaginábamos montados en esas motocicletas voladoras recorriendo a velocidad infinita los intrincados bosques de la luna de Endor.

Hubo momentos gloriosos, como fue la aparición de Chewbacca. Fue justo cuando Jr. se puso contentísimo a mover las piernas en el aire, para acercarse al insigne habitante de Kashyykk. ¿Será porque reconoció su muñeco preferido de la estantería de Mighty Muggs? ¿O simple casualidad? El tiempo lo dirá. Chewie fue toda una revelación, sobre todo por la altura del mismo, y el excelente diseño de producción que conlleva. Realmente está bien hecho, parece real. Mucho más que los Ewoks, que, como mi señora bien dice, son más bonitos en la exposición que en la pantalla. Pero de todos, quien se llevaba todas las miradas era el malvado lord Sith, el mítico Darth Vader. Tampoco debía ser bajito David Prowse, puesto que el traje impresiona. El Vader que estaba expuesto allí pertenecía a El Imperio Contraataca. Quizá puede sorprender por su sencillez. Se nota ya el paso del tiempo, y no da tanto miedo e impresión como en pantalla. Pero claro, uno se encuentra frente a frente a un mito del cine, y se deja embargar por la emoción.

Pero, no nos engañemos. Ya conocemos al viejo George, un hombre cuyo primer principio es “de cualquier cosa que hagas, saca dinero”. Así pues, es fácilmente detectable la maniobra del tito Lucas. Si esta exposición tiene éxito ¿por qué no una segunda, y una tercera?. De ese modo, faltaban piezas valiosísimas y muy interesantes, que todos nos hemos quedado con ganas de ver. No había ni un X-Wing, ni la maqueta de La Estrella de la Muerte (al menos la que está a medio construir). No estaba el traje de Luke, ni el de Han Solo, ni este último congelado en carbonita. Faltaban casi todas las armas y sables de luz. No había Tie-fighters, ni el muñegote de gom dentro del cual se metían los actores para representar a Jabba el Hutt.

Incidiendo en este último tema, al final de la exposición uno se puede encontrar con una tienda repleta de productos Star Wars. Camisetas, sables, figuras, muñecos, libros de pegatinas. Todo bastante caro, por cierto. Si usted busca alguna exclusividad, obvie directamente esta tienda, pues casi todo se puede encontrar fuera.

Pero al final, al salir, nos quedamos con lo mejor. El momento de excitación de ver a los droides, a Vader, las vainas, etc. Una auténtica catarsis emocional de una galaxia muy, muy lejana, que se aloja en Madrid.


Ahora que acaba de pasar San Valentín (otra celebración que es una pollada como la copa de un pino) me ha dado por reflexionar sobre las webs estas que sirven para ligar, las webs del “amol”. Desde el máximo respeto que les debo a quienes hagan uso de estas webs para encontrar pareja, he de decir que a mí me parecen una pollada, pero además como un piano.

Desde siempre se ha dicho que el amor no se busca jamás, sino que éste sale a tu encuentro. Obviamente no puedes estar esperando mano sobre mano sin hacer nada a que ese amor te caiga del cielo (¿Quiénes de los que estamos aquí no nos lo hemos currado más de una vez con alguna chica, o quiénes en alguna ocasión no hemos desplegado nuestras armas de seducción (las que buenamente tengamos)?), pero lo que sí tengo claro es que no se puede ir a buscar el amor por cojones, sino que éste ha de salir de manera natural, igual que no sales a buscar amigos por cojones, sino que la amistad surge sola.

Sin embargo, ahora hay una auténtica morterá de webs del “amol”, o sea, esas páginas que existen en Internet donde metes tu perfil y la propia maquinita te busca a un montón de candidatas acordes a tu perfil y gustos como si de un casting de Operación Triunfo se tratase. Antes, cuando no había Internet y ni siquiera se concebía su invención, existían las agencias matrimoniales, que servían para lo mismo que las webs de ligue. Siempre he tenido la sensación de que allí acudían pobres amargados que se sentían muy solos y que más que amor buscaban compañía a toda costa para no sentirse tan solos o para sentirse parte de una sociedad donde los “solterones” no eran muy bien vistos. Y me daba mucha tristeza. Lo mismo me ocurría cuando leía algún anuncio en el periódico donde se buscaba pareja, y yo me preguntaba: ¿Pero el amor no tiene que surgir? ¿Cómo puede alguien poner un anuncio en el periódico buscando pareja?

Ahora, con las webs para ligar, tengo el mismo sentimiento de tristeza; lo que pasa es que antes la gente acudía a las agencias matrimoniales o ponían un anuncio casi en plan clandestino y sin embargo ahora es muy “cool” estar registrado en una página de estas de ligar o meterse en un chat a conocer gente para quedar. Será muy “cool”, pero, en mi opinión, también es muy frío, muy aséptico, amén de que te la pueden meter doblá: Frente a un ordenador no pueden florecer, en mi opinión, sentimientos verdaderos, sino simples espejismos. En algunos casos las relaciones estas que se fraguan a través de Internet pueden ir bien, por qué no, pero creo que en muchos casos, y más cuando se está buscando pareja ex-profeso en una de estas webs, la cosa es difícil que prospere, porque lo considero como algo forzado, algo que se busca, no que surge con completa naturalidad.

Pienso que el amor es, como la vida misma, algo natural que surge, crece y, si ha de morir, muere de forma completamente espontánea, sin buscarse ni forzarlo; y, si es amor de verdad y no una mera ilusión (la típica ilusión y euforia que todos tenemos al principio de comenzar una relación), estoy plenamente convencido de que este amor perdura por los siglos de los siglos. No sé si pecaré de romántico y de ingenuo, pero yo sí que creo en el amor para toda la vida, ése que se va cultivando día a día, ése en el que la chispa, por muy tenue que parezca, no se apaga jamás. Y nos nos esforcemos en buscar esa chispa por cojones: ella misma te encontrará a ti, si tienes esa inmensa suerte, claro… ¡¡Y si encima eres correspondido no te digo ná y te lo digo tó!!


El miércoles pasado tuve mi primer accidente de coche. Iba yo al trabajo, a eso de las seis y cuarto de la mañana, cuando un descerebrado se saltó un semáforo en rojo, en un cruce, dobló, y se situó delante mía en un espacio de tiempo de dos segundos. Evidentemente, mi coche fue incapaz de frenar al ritmo al que mi pie le pedía, y le embestí por detrás.

Ni que decir que el frontal de mi coche quedó para el arrastre, peor incluso que el suyo. Tengo el faro roto, la aleta abollada, no abre una puerta y el morro metido para dentro. Cuando le dije que se había saltado un semáforo, simplemente dijo: “…mmm no se, me pareció en verde”.

Firmamos un parte amistoso en el que el hombre reconocía su culpa y aseguraba que no había habido consecuencias físicas a ocupantes de los vehículos.

Ayer me llamaron del seguro diciendo que el hombre reclama lesiones físicas, y que ha presentado una versión distinta de los hechos. Lo que me temía. La chica del seguro me dice que probablemente tengamos que ir a juicio y que lo tengo muy complicado.

A todo esto tengo el coche inmovilizado, un dolor de cabeza brutal desde hace tres días y la sospecha de que me voy a arruinar arreglando el coche. Y es que nos hemos convertido en unos bárbaros. Se ha perdido la educación, el honor y la honradez. Y aquí el que no corre vuela para pillar un pellizco de pasta con la que solventar sus deudas, sin importarle el daño que pueda hacer a terceras personas.

¿Qué se merece este hombre? ¿Que le rajen las cuatro ruedas del coche? ¿Que se lo quemen? Mejor, digo yo. Se merece tener un gran accidente donde quede inomvilizado de cuello para abajo para toda su vida. Por saltarse semáforos en rojo, y por ser un cabrón de tomo y lomo.

Y por otro lado, ¿para qué valen pues los partes amistosos? ¿Carecen de valor legal? Entonces, si uno no llama a la policía en un siniestro (y no siempre acuden), no existe posibilidad de que se haga justicia. Las compañías de seguros evitan costes de juicios, pero luego se lavan las manos. Muy mal. Muy mal.

En esas estamos. Con un problemón por culpa de un bastardo que ni siquiera se disculpó.


… aquí tenéis una pequeña sugerencia que esperamos os saque del atolladero de todos los años, esa pregunta que ronda por Cuaresma a más de uno ¿Qué disfraz me pongo este año?

Definitivamente, este año se llevan los Transformers.


Ya tenemos a la Pe como una de las mejores actrices del panorama mundial, siendo felicitada por propios y extraños.

Es cierto que hubiéramos disfrutado más con la Pe de Pe…rdedora, pero bueno, que no cunda el pánico. Desde SombrereroLoco™ continuamos con nuestra incansable cruzada contra las actrices chungas, creídas, bajunas antipáticas y/o bigotonas, de forma que seguiremos agazapados, esperando la caída de Pe, que para regocijo de más de uno, esperemos que cumpla aquello de “…más grande será la caída”.

Allá estaremos informando, pero hoy sólo podemos decir… me cagontó.


From Hell

El Atlante
20 Febrero 2009

Quiero hablaros del que para mí es el mejor cómic jamás creado: From Hell, del guionista Alan Moore y el dibujante Eddie Campbell. Cualquier aficionado al cómic tiene su preferido, evidentemente algunos no estarán de acuerdo conmigo al situarlo en lo más alto, pero me extrañaría que muchos pusieran en duda que merece estar en el Olimpo de los Grandes Cómics. Para todos los que se han deleitado con la lectura de esta magna obra, este artículo no va a proporcionar nada nuevo, está dirigido a los que aún no lo conocen, en un intento de que se decidan a degustarlo. Me arriesgo a decir que pocas piedras me caerán por parte de los que sigan mi recomendación, y quizá sí muchos “coño, está genial, coincido contigo, gran cómic”.

La historia es la de Jack el Destripador, solo que en este caso, a diferencia de la multitud de versiones anteriores, no se intenta mantener ningún misterio al respecto de quién se trata, se sabe desde el principio. Y ese es uno de los grandes aciertos de Alan Moore, el dedicar la mitad de la historia a la investigación de los asesinatos y la otra mitad a William Gull, médico de la familia real y ejecutor de los asesinatos. La historia está totalmente documentada, existiendo un apéndice de unas cuarenta páginas referenciándonos las situaciones planteadas en el cómic con los libros publicados al respecto. En este caso Alan Moore ha tomado como punto de partida la teoría expuesta en Jack el Destripador, la solución definitiva, de Stephen Knight, en la cual se intenta demostrar que los crímenes fueron encargados por la Reina Victoria a William Gull para acallar el hecho de que el príncipe Albert Victor alias Eddie se había casado a escondidas con una tendera y la había dejado embarazada. Tal teoría al parecer está muy lejos de haber quedado demostrada, pero Alan Moore la eligió (acertadamente a mi entender) por las fascinantes posibilidades narrativas que despliega.

Así encontramos a un Alan Moore, posiblemente el mejor guionista de cómics con una carrera plagada de joyas, desgranándonos los distintos niveles sociales de la época Victoriana. Desde los entresijos de la familia real, con su orgullo y sus miserias, al paupérrimo barrio del East End, repleto de borrachos, putas, vividores y malvividores, con sus propios códigos de conducta, como un microcosmos dentro de Londres. En esos escenarios tan bien recreados transcurren las dos historias principales, una la del investigador Frederick Abberline, quien tras trabajar durante años en el East End consiguió salir de allí, y tras serle encomendado el caso de Jack tiene que volver, muy a su pesar, al barrio. Abberline no es ningún héroe novelístico, ni siquiera es demasiado avispado, aunque sí razonablemente honrado y sensato; en el barrio elaborará una línea de investigación con bastante poca fortuna, en el transcurso de la cual se enamora de una de las prostitutas. Finalmente la historia más apasionante, sin demérito alguno del resto de líneas argumentales, la de William Gull, Jack el Destripador (apodo adoptado por un periodista bastante amarillista en una nota enviada a la policía donde se hacía pasar por el asesino), donde se nos cuenta su pertenencia a la masonería, lo que causa su preocupación por el simbolismo en cada uno de los asesinatos. Una vez completados los mismos, el personaje queda totalmente vacío, sin ganas de vivir, dándole exactamente igual que le atrapen, pues su gran misión ya ha sido completada y no encuentra otro objetivo en la vida.

El guión es literariamente impecable, con una preocupación por el detalle exquisita, los personajes son uno de sus grandes logros, no siendo para nada estereotipos, sino personas que viven dentro de la historia; y los cabos están todos perfectamente atados, en definitiva, insisto, un trabajo de guionización de una calidad excelente. Además, como gran obra que es, admite varias relecturas que sirven para encontrar nuevos detalles y son tan placenteras como la primera. El dibujo de Eddie Campbell reconozco que en un principio no me atrajo demasiado, pero a medida que me sumergía en la historia estaba cada vez más convencido de que se trataba del dibujante perfecto: al finalizar la obra no me la podía imaginar con otros trazos que no fueran los de Campbell. Su cuidado por la ambientación y su sentido del ritmo en la narración van a la par con respecto a su compadre guionista, además resulta fascinante su alternancia entre dibujos al detalle y meros esbozos, así como el buen uso que hace de la oscuridad. No conozco más obras de este artista, pero sin duda lo tendré en cuenta si alguna vez me lo encuentro en la portada de otro cómic.

Lo dicho, si ya habéis leído From Hell poco os habré aportado, pero si no… hacedme caso, y luego me contáis.


¡Por fin! ¡Albricias! ¡Aleluya! ¿Qué le pasa al Zopón? ¿Le ha tocado la lotería? ¿Ha pasado una noche de pasión con Scarlett Johansson y Pilar Rubio? No, no, no es para tanto, es que simplemente este Sombrerero por fin ha visto una película que le ha gustado. Y eso, para mí, es increíble, después de la gran cantidad de sebo puro en forma de celuloide que me he tenido que tragar últimamente.

La película en cuestión se titula “Bienvenidos al Norte”. Se trata de una sencilla película francesa (no conozco a ninguno de sus actores y ni tan siquiera a su director, Dany Boon, pero por lo visto son bien conocidos todos ellos en Francia), sin pretensiones, una película normalita y yo creo que precisamente es eso lo que la ha hecho tan atractiva para mí.

La cinta trata sobre un tío que trabaja en Correos y que quiere pedir traslado a la Costa Azul francesa ya que es ése el deseo de su mujer, que es más bien cansina y depresiva. Hace todas las artimañas y trampas posibles para conseguir puntos para el traslado, pero en una de sus tangadas le pescan y, a modo de sanción, le trasladan forzosamente al sitio al que ningún empleado de Correos quiere ir: A Lille, en el norte de Francia. Una vez allí conoce a sus compañeros de trabajo, una caterva de auténticos esperpentos humanos, que le enseñan las particularidades y singular idiosincrasia de la región, entre las que destaca el peculiar dialecto que se gastan los lugareños.

Ésta es una de las pocas películas que, en mi opinión, merece la pena ver dobladas, porque uno de los “protagonistas” de la cinta es el precisamente el modo de hablar que tienen los lugareños de la región de Lille, que queda perfectamente ilustrado en el doblaje de la película. Si la viésemos en versión original, a no ser que fueras de por allí, no distinguirías un dialecto del otro: Para mí, todo es francés. Es como si un francés sin tener ni puta idea de español viera una película sobre un tío de Valladolid que se va a Cádiz, por poner un ejemplo; al gabacho, todo le sonaría igual.

La película, que ha sido la película más vista en la historia de Francia, no es ninguna maravilla, por supuesto, no esperéis una obra maestra ni interpretaciones desgarradoras y brillantísimas. Esperaros únicamente una hora y media de desenfado, de situaciones descacharrantes y a la vez costumbristas y de polladas por doquier. Además, es una película que, aunque extranjera, no se nos hace ajena, ya que retrata la vida de los lugareños de un pueblo que no se diferencia en mucho de los que muchos de nosotros conocemos. El único punto negativo que le pondría a la película es el exceso de ñoñería del final que aniquila completamente el buen ritmo cómico de la cinta; una auténtica lástima que al final el film se estropee. En definitiva, “Bienvenidos al Norte” no es más que una película para pasarse un rato divertido, sin más pretensiones, que tal y como está el patio, se agradece y mucho.


La “igdinación” no conoce límites… sin ir más lejos hoy me he quedado absolutamente de piedra al leer una noticia que ya ha conmocionado a prácticamente toda Inglaterra, Reina Madre alcohólica incluída: Alfie Patten, un niño británico de 13 años que acaba de tener un hijo, convirtiéndose en uno de los padres más jóvenes del país.

La irresponsable madre, una fulana de 15 años, que está en su mismo colegio, llamada Chantelle Steadman, reconoce que cometieron un error (¡faltaría más!) pero que no cambiaría nada. Evidentemente la niña no es tonta, puesto que con esa cara de mongol que calza, pocas oportunidades más de disfrutar del sexo a costa de pardillos como Alfie le quedan en esta vida.

Las familias de Alfie Patten y Chantelle aseguran que sacaran a su hija Maisie adelante a pesar de sus dificultades económicas. Para ello, se han asegurado, al menos, un ingreso de 28.000 euros por la exclusiva de la noticia. ‘The Sun ‘, el tabloide que dio la noticia, pagó esta cifra por las imágenes de los dos jóvenes en el hospital y que aquí reproducimos sin ningún pudor.

Lejos de llegar esta locura a su fin, las familias de los dos jóvenes piensan seguir explotando la prematura paternidad de sus hijos. Ni más ni menos que 15 televisiones andan detrás de la exclusiva para rodar un documental (tóquese Vd. los testículos) sobre la historia, por un precio que no bajaría de las 80.000 libras.
Pero el olor del dinero fácil atrae a gran cantidad de alimañas de todo tipo, y en toda buena historia, siempre hay quien revolotea para sacar tajada. Chantelle y Alfie tienen a sus propios moscones: Richard Goodshell, de 16 años, y Tyler Barker, de 13, han asegurado en un medio local que ellos podrían ser los padres de esa niña, porque también mantuvieron relaciones sexuales con la joven de 15 años. ¡Anda con la  Chantelle! ¡Con la carita de buena que tiene el angelito!.

Goodshell, incluso ha pedido una prueba de ADN para determinar si es el padre de Maisie, “si soy el padre, tengo derecho a saber”, afirma el adolescente. “Sé que podría ser el padre. Todos piensan que lo soy. Mis amigos me dicen que el bebé tiene mis ojos”, ha declarado a un diario británico. Es triste comprobar cómo el dinero convierte en seres despreciables hasta incluso a niños, manejados por sus propios padres.

Por su parte, Tyler, estudiante de secundaria, afirma haber sostenido relaciones con Chantelle Steadman, sin haber utilizado método alguno de contraconcepción. “Espero no ser yo. Todos mis amigos me han estado molestando todo este tiempo, pero no es divertido”, dice el estudiante al tabloide ‘News of the World’. Al fin alguien con cierta cordura, aunque el detalle de haberlo hecho a pelo con la Chantelle y su peligroso historial tampoco dice que el sentido común del joven Tyler sea extraordinario.

De todas formas, y con los tiempos que corren, al parecer, tener un hijo con 13 años puede resultar muy rentable. A la vista de los pingues beneficios que está reportando a la familia de la pequeña Maisie, tatarabuelos incluidos ¿Cuánto tardaremos en ver un caso semejante en España? Espero no enterarme jamás.


City of Ember

Saqman
17 Febrero 2009

Hoy en Sombrerero Loco estamos ante el típico caso de película de fantasía que sólo me gusta a mí. City of Ember, o Ciudad de Brasa, como bien han elegido no traducir, se enmarca dentro de ese pequeño género de películas fantásticas destinadas a preadolescentes, que tanto éxito han logrado con la saga de Harry Potter, Narnia o la mismísima Crepúsculo.

Tras un desastre apocalíptico, el planeta Tierra queda inhabitable. Es cuando un grupo de científicos decide construir una ciudad bajo tierra donde se alojarán las futuras generaciones de humanos que aún resisten las imposibles condiciones de vida. Guardan en un cofre las instrucciones necesarias para salir de la ciudad cuando el clima se haya regenerado, al menos doscientos años después. Dicho secreto pasa de alcalde a alcalde hasta que un momento del tiempo se pierde… años después, la jovencísima Lizzie descubre el gran secreto.

La diferencia de este film con los anteriores reside en que el director, consciente del mediano presupuesto al que se enfrenta, no intenta explotar las posibilidades visuales de la historia para mostrar un espectáculo infame y mediocre, sino que prefiere centrarse en narrar coherentemente la historia ateniéndose a los medios disponibles. Y el resultado le queda fantástico, puesto que una vez decidido utilizar sólo decorados y grabar en plató, y obviar casi al cien por cien los efectos digitales, salvo las pequeñas escenas con animales mutantes. El diseño de producción es, por tanto, muy importante en el devenir del film, y la sensación de realidad que transmiten los decorados no la puede conseguir el Tito Lucas, por mucha pantalla azul que introduzca.

Otro factor que me ha llamado la atención es el vestuario. De nuevo, una vuelta de tuerca a la máxima “menos es más”. Una mezcla entre diferentes épocas y tonalidades, que imprime muy bien el ambiente de decadencia de la ciudad, sin caer de nuevo en los excesos, pero sin dejar de cumplir su función. Por supuesto, un primer vistazo al vestuario lleva al espectador a preguntarse cómo es posible, bajo las condiciones en que sobreviven, crear esos colores para las telas sintéticas.

Pero lo realmente importante de la película es el guión. Sobre todo porque no pasa de ser un sencillo cuento sin muchas pretensiones, y eso es de agradecer. De hecho, City of Ember es el típico film para ver recostado en el sofá comiéndose uno un paquete de pipas. La historia a veces da la sensación de estar recortada en exceso. Probablemente la sala de montaje se llevó gran parte del metraje, diálogos que profundizan más en los personajes, pero que son intrascendentes en la narración. Quizá es un poco apresurada, y los protagonistas no tienen demasiadas dificultades para llegar al climax final. Uno se lleva la sensación de que el film no ha sido visto con buenos ojos en los Test Screeners y ha habido que darle un par de vueltas más al montaje. Pero, aunque el resultado final se pueda alejar de las intenciones, no queda mal. No pasará a la historia como un gran film de fantasía (de hecho, es prácticamente desconocido), pero es agradable de ver.

Finalmente, es una alegría ver que el director optó por actores desconocidos para los papeles principales, reservándose a Tim Robbins, Martin Landau y (un aburridísimo) Bill Murray como secundarios de lujo para ayudar a la composición de los habitantes de la Ciudad de Brasa. Otro punto a su favor es evitar conscientemente que sus protagonistas sean los típicos adolescentes de facciones perfectas que suelen abundar en cualquier producto yanqui. Incluso apostaría que la falta de talento de ambos beneficia a la historia. Le da un realismo casual e inesperado.

En resumidas cuentas, City of Ember es un film que resulta simpático y agradable de ver, aunque uno se olvide de él pasadas dos semanas. No se por qué, pero esta película recuerda en varios aspectos a la magnífica Stardust, aunque sin llegar a esa cota de calidad.


A lo largo varios posts, nuestro queridos lectores han podido deleitarse con un podio de animales execrables, odiados hasta por el mismísimo Creador (no me cabe duda de ello), y de los que hemos dado buena cuenta de ellos. La medalla de bronce se la colgamos hoy, y sin más dilación, a la mosca cojonera.

El motivo por el que la mosca común (Musca domestica) queda relegada a un deshonroso tercer puesto, en favor de nuestras queridísimas ratas con alas, o las cucarachas rojas, en muy sencillo: su presencia sólo en determinadas temporadas. En las fechas en las que estamos, prácticamente nadie se acuerda de la mosca común, o mosca cojonera… pero si este post fuera publicado en pleno verano, probablemente más de uno discutiría el tercer puesto en el que la situamos en nuestro ranking.

Pongámonos en situación, en una plácida tarde de veraniega y/o sus postrimerías, después de haber saboreado con extremo placer un suculento salmorejo con el 100% de sus atavíos, culminando, como guinda al pastel, con tres o cuatro higos chumbos bien frescos. Ni que decir tiene que es de obligado cumplimiento la siesta en nuestro rincón favorito al que nos dirigimos con fruición vaticinando una tarde memorable.

Con quien no contamos es con la invitada a tan magno evento, nuestra díptera braquícera de la familia Muscidae, que se dedicará, a lo largo de toda la tarde de revolotear alrededor nuestra, impidiendo nuestro descanso ineludible, y obligándonos a hacernos preguntas de calado como:

-¿Qué persigue este animal? Está claro que hay más gente en la casa, así que, ¿Se tiene que venir con aquella persona que está durmiendo?

-¿Tiene que posarse en lugares delicados y sensibles? El cuerpo humano, en comparación con el de una mosca es vasto y variado ¿Tiene que posarse en la nariz, en la planta de los pies? ¿No se podía pasar la tarde entera sobre la tela de los calzoncillos, conviviendo ambos en perfecta simbiosis?

-Eso de frotarse las patas, ¿Es una señal de victoria o de mofa?

-¿Por qué es tan difícil matar a una mosca? Saqman, hace años ya, formuló una teoría acerca de este hecho, y es que las moscas controlan, aparte de las dimensiones espaciales, las dimensiones temporales, de manera que pueden ralentizar o acelerar el acontecimiento de los hechos a su antojo.

Es francamente admirable el tesón que pone un animal tan pequeño en incordiar a uno tan grande en momentos tan delicados y críticos como una siesta veraniega.

Aparte, de todos es conocido la afición de las moscas por la materia fecal y la carne en descomposición, implicándose éstas con la transmisión de cerca de 100 enfermedades patógenas, tales como las fiebres tifoideas, la cólera, la salmonella, la disentería de bacilos, la tuberculosis, el anthrax, y gusanos parásitos. Me da a mi en la nariz que las amistades de la mosca no tienen que estar muy contentas con sus hábitos de salud.

Pues ahí queda, queridos lectores, esta breve pero intensa disquisición acerca de la musca domestica, y sus peculiares habilidades… aprovechad y sestear ahora que podéis, porque dentro de un par de meses, vuelven a visitarnos.