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A Long Time Ago, In a Madrid Far, Far Away… |
Saqman
28 Febrero 2009 |
Aunque parecía mentira que se cumpliera el calendario previsto, al final mi señora, mi nene y yo conseguimos la misión a la que tanto empeño habíamos puesto. Llegar a ver la Star Wars Exhibition que actualmente (y le queda poco) se encuentra en Madrid. Todos los lectores de SombrereroLoco saben lo desesperadamente fanático que soy de las películas del tito Lucas (que no de las novelas, comics, y demás basura del universo expandido). Llevaba yo años deseando ver una exposición de este tipo, sobre todo después de que mi hermana pudiera asistir a la que se exhibía en Washington allá por el 97, que fue de las buenas. Recuerdo que me trajo un libro de la misma, y una chulísima camiseta de Darth Vader imitando replicando el famoso “I Want You” del Tío Sam, que aún guardo por ahí.
De la exposición que hay en Madrid lo primero que puedo decir es que me sorprendió por la acogida popular que tuvo. Es increíble la cantidad de gente que se ha pasado a verla; una auténtico éxito. La planificación por parte del Centro de Arte Canal, imitando el interior de la nave Tantive IV, una auténtica esquisitez. La entrada no puede ser más espectacular: un enorme letrero anunciando la exposición y una réplica a tamaño real del Caza de Naboo que Anakin Skywalker pilotara en La Amenaza Fantasma.
La entrada a la exposición viene acompañada de la presentación de los dos anfitriones, que no podían ser otros que C3PO y R2D2. Expuestos al principio de la sala, uno no puede evitar emocionarse al ver a la pareja de droides más famosa del celuloide. Y se sorprende de las dimensiones de los mismos, y cómo de hermosos son vistos frente a frente. Y, sí, la pierna de C3PO es completamente plateada.
La exposición se divide en varias secciones cada una de las cuales representa un planeta de la galaxia Star Wars. En cada uno de ellos se suele encontrar una breve representación de las maquetas utilizadas durante la filmación de las escenas correspondientes, el vestuario de los personajes en ese planeta, bocetos o storyboards de las secuencias que cuentan y monstruos, alienígenas y demás especies que aparecen por allí.
Es asombroso ver la magia del cine. Si bien es cierto que los trajes diseñados por Trisha Biggar para lucir a la Reina Amidala son impactantes en pantalla, en la realidad resultan muy sencillos, incluso a veces bastante pobres. Hay algunos excepcionalmente hermosos, como el famoso traje rojo de las luces. Pero otros, como puede ser el vestido de celebración de el Episodio I, son un poco decepcionantes. Sin embargo lo contrario ocurre con los trajes Jedi. Resultan mucho más hermosos que en pantalla, puesto que se puede apreciar a la perfección la tela utilizada. Tejido propio de monje de monasterio, tal y como fue concebido que fuera un Jedi. Las botas y los adornos so muy llamativos, y uno se queda con las ganas de llevarse uno a casa, por eso de salir de Jedi en los Carnavales, y que le reconozcan (y así se quita de encima una espinita clavada). Resultan harto decepcionantes los trajes de Bobba y Jango Fett, sobre todo el de este último, que parece de papel de aluminio. Sin embargo, de todo el vestuario que pude ver allí, destaco dos trajes realmente maravillosos. Los dos cazarrecompensas que llevaban la Princesa Leia y Lando Calrissian en el palacio de Jabba el Hutt. Son fascinantes, y rápidamente trasladan al visitante a la magia de la oscura sala de cine y la proyección de El Retorno del Jedi.
Con las maquetas pasa más o menos lo mismo. Los de Industrial Light & Magic no tienen un pelo de tontos, y no invierten dinero, tiempo y dedicación en aquellas maquetas que no necesitan más definición en pantalla. Así pues, algunas son realmente curiosas de ver por su sencillez, como por ejemplo las gradas de la carrera de vainas. Sin embargo, otras son extremadamente definidas. Un auténtico despliegue de detalles y una complicada solución artística para envejecerlas y darles un aspecto real. Destacan los palacios de Naboo, y sobre todo aquellas maquetas de la trilogía original, las más apreciadas, que emocionan a los padres, más que a los hijos. Me quedé pasmado con algunas de ellas, como puede ser el B-Wing, el AT-AT (mucho más sencillo que en pantalla), o el TIE-Interceptor, con enorme parecido a la réplica de Hasbro que puedes encontrar en Toys’R'Us. Pero no sólo de maquetas vive el hombre. También se exhibían piezas a tamaño real: las vainas de Anakin y Sebulba, el mencionado caza de Naboo, la nave de Zam Wessell, o el increíble Speederbike de El Retorno del Jedi. Sin duda, la pieza que más llamó mi atención y la del señor Pettenman. Casi nos imaginábamos montados en esas motocicletas voladoras recorriendo a velocidad infinita los intrincados bosques de la luna de Endor.
Hubo momentos gloriosos, como fue la aparición de Chewbacca. Fue justo cuando Jr. se puso contentísimo a mover las piernas en el aire, para acercarse al insigne habitante de Kashyykk. ¿Será porque reconoció su muñeco preferido de la estantería de Mighty Muggs? ¿O simple casualidad? El tiempo lo dirá. Chewie fue toda una revelación, sobre todo por la altura del mismo, y el excelente diseño de producción que conlleva. Realmente está bien hecho, parece real. Mucho más que los Ewoks, que, como mi señora bien dice, son más bonitos en la exposición que en la pantalla. Pero de todos, quien se llevaba todas las miradas era el malvado lord Sith, el mítico Darth Vader. Tampoco debía ser bajito David Prowse, puesto que el traje impresiona. El Vader que estaba expuesto allí pertenecía a El Imperio Contraataca. Quizá puede sorprender por su sencillez. Se nota ya el paso del tiempo, y no da tanto miedo e impresión como en pantalla. Pero claro, uno se encuentra frente a frente a un mito del cine, y se deja embargar por la emoción.
Pero, no nos engañemos. Ya conocemos al viejo George, un hombre cuyo primer principio es “de cualquier cosa que hagas, saca dinero”. Así pues, es fácilmente detectable la maniobra del tito Lucas. Si esta exposición tiene éxito ¿por qué no una segunda, y una tercera?. De ese modo, faltaban piezas valiosísimas y muy interesantes, que todos nos hemos quedado con ganas de ver. No había ni un X-Wing, ni la maqueta de La Estrella de la Muerte (al menos la que está a medio construir). No estaba el traje de Luke, ni el de Han Solo, ni este último congelado en carbonita. Faltaban casi todas las armas y sables de luz. No había Tie-fighters, ni el muñegote de gom dentro del cual se metían los actores para representar a Jabba el Hutt.
Incidiendo en este último tema, al final de la exposición uno se puede encontrar con una tienda repleta de productos Star Wars. Camisetas, sables, figuras, muñecos, libros de pegatinas. Todo bastante caro, por cierto. Si usted busca alguna exclusividad, obvie directamente esta tienda, pues casi todo se puede encontrar fuera.
Pero al final, al salir, nos quedamos con lo mejor. El momento de excitación de ver a los droides, a Vader, las vainas, etc. Una auténtica catarsis emocional de una galaxia muy, muy lejana, que se aloja en Madrid.
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Ahora que acaba de pasar San Valentín (otra celebración que es una pollada como la copa de un pino) me ha dado por reflexionar sobre las webs estas que sirven para ligar, las webs del “amol”. Desde el máximo respeto que les debo a quienes hagan uso de estas webs para encontrar pareja, he de decir que a mí me parecen una pollada, pero además como un piano.




¡Por fin! ¡Albricias! ¡Aleluya! ¿Qué le pasa al 

