Pues llegó el esperadísimo día, alegre por un lado y triste por otro. Sin duda, es un acierto que las series televisivas tengan un final, no se alarguen en demasía para degenerar en productos de baja calidad (como pueda ser E.R. o Los Serrano). Pero, que quieren que les diga, que se acabe Galactica me obliga a echar una lagrimita.
Porque sin duda, y a excepción de Firefly, esta es la serie que más he disfrutado en los últimos diez años. Mi mujer y yo hemos esperado, semana tras semana, el capítulo correspondiente, que nos narra los devenires de esa humanidad a punto de extinción, que busca desesperadamente un hogar.
Y el final ha llegado de la mejor de las maneras. Battlestar Galactica ha sido, desde el principio, una serie con dos objetivos: narrar un drama en proporciones mayúsculas, sin atisbo de humor; y sorprender al espectador con giros inesperados y engaños cinematográficos. Es decir, cuando uno está viendo el transcurso del capítulo, la experiencia televisiva le hace sospechar un final, o un giro argumental que, subconscientemente está acostumbrado a recibir por parte de los guionistas hollywoodienses. Aquí Battlestar Galactica se sale y rompe los esquemas del espectador, ofreciendo soluciones alternativas, generalmente muy realistas, pero completamente inesperadas.
Y esa circunstancia la aprovechan los creadores de la serie en este magnífico final. Puesto que, para qué engañarnos, nos están dando las claves de la historia casi desde el principio. La gran genialidad del asunto es que uno no se espera que todo eso pueda ser verdad, y finalmente lo es.
Es curioso como desde los primeros capítulos, el doctor Baltar, dialogando con la número seis de vestido rojo, se pregunta si está viendo un espíritu, un ángel, o un cylon. Incluso Cáprica defiende la existencia de un plan divino que hermane las dos colonias existentes (humanos y cylons). Todo el acompañamiento mesiánico que rodea a Gaius Baltar tiene al final una razón de ser, y no queda forzado ni comprometido. Es más, la profecía que se arrastra desde las primeras temporadas resulta cierta, lógica, pero mal interpretada por los personajes.
Los creadores de la serie demuestran un atrevimiento sin igual en un final de este tipo. El público, acostumbrado a que las series Scifi se desarrollen en un futuro lejano, presupone mediante indicios que La Tierra fue una de las colonias existentes, que sufrió un cataclismo o algo parecido, y que pertenece al pasado de la humanidad. Al final no se trata de mundos paralelos, pero sí de una gran vuelta de tuerca que, en los créditos de unos de los primeros capítulos de la temporada, quedaba anunciada: “Esto ya ha pasado”. La genialidad absoluta.
No menos sorprendente es la explicación del origen de Starbuck, de la importantísima implicación de la secuencia musical, clara alusión al Encuentros en la Tercera Fase de Spielberg (no lo olvidemos, en la música está la clave). Aunque puede quedar inicialmente chocante, una meditación posterior lleva a aplaudir el riesgo tomado por los guionistas para explicar la muerte y posterior resurrección de Starbuck (¿no hay algo aquí de Gandalf el Gris?).

En otras palabras: la inserción de Dios, de los ángeles y del destino en el final de la serie es un auténtico acierto, por muy desproporcionado que pueda resultar. Repito, Battlestar Galactica tiene como máxima sorprender al espectador. Lo que nos lleva al personaje de Hera, que cumple la profecía, nacida de la unión entre cylons y humanos, y se conforma, metafóricamente, en la madre (y por tanto, el destino) de la humanidad (y por tanto, de la tierra).
También me gustaría destacar el divertido apunte final de este capítulo doble, que nos lleva a un Nueva York actual donde se pasean los “otros” Baltar y Cáprica discutiendo sobre la inevitable rueda del destino, que lleva al ser humano a cometer los mismos errores. Nueva sorpresa de los guionistas para incluir el único toque de humor de las cuatro temporadas justo en la última escena de la serie, y acabarla con un toque de cachondeo al estilo “¿nos atreveremos algún día a hacer otra?”.
Otro de los grandes aciertos de este final es dedicar el tiempo necesario para narrar el ocaso de los personajes. Una serie de desencuentros y despedidas con claras reminiscencias a la obra de Tolkien. Impactante la interpretación de Mary McDonell y los úlimos momentos de la presidenta Laura Roslin. No menos impresionante la despedida con el doctor Cottle. Curioso el destino de Galen, como una criatura de Frankenstein, tan dañada por los humanos, y por los cylons, que decide romper con todo. Sorpresa total con el final del Coronel Saul Tigh, un personaje que vive las cuatro temporadas en permanente amargura, cuyo final le lleva a la paz interior y la felicidad, de la mano de su esposa. Porque los personajes principales, una vez acabada su labor, se van apagando en soledad, salvo aquellos que conforman el destino de la humanidad. Son muy emotivas también las escenas de despedidas, la de un Apollo reconciliado al fin con su padre, con la admiración mutua y la unión que surge entre los dos. en especial la de Kara Thrace, consciente de lo limitado de su existencia terrena, que desaparece sin más, sin dejar rastro, y cuya melancolía muestra la bondad, la fragilidad y “la divinidad” del personaje.

A nivel técnico, cabe destacar que en el doble capítulo final de la serie, los productores tiran la casa por la ventana y ofrecen un espectáculo sin igual de efectos especiales, paisajes, montaje y diseño de producción. Fieles a una planificación coherente, llevan la tensión hasta el límite desde los primeros minutos del metraje, y realizan la clásica puesta en escena de batalla en diversos frentes, liderado por cada personaje principal, muy al estilo de los primeros Star Wars de Geoge Lucas. La cadencia disminuye en la última media hora, acorde a los paisajes naturales que muestra, a las vistas aéreas, influyendo una paz y un sosiego a la serie que equilibra el temor, el nervio y el drama de las cuatro temporadas.
Estupendísimos todos los actores. Jamie Bamber, Tricia Helfer, James Callis, Grace Park, Katee Sckhoff, Michael Hogan, Tahmoh Penikkett, la mencionada Mary McDonnell, Aaron Douglas, Michael Trucco. Mención especial a Edward James Olmos, como el mejor almirante Adama que uno pudiera imaginar. Un actor que no duda en llevar al límite los defectos y las virtudes de su personaje, que ha sido capaz de dirigir con maestría algunos capítulos, y que es sin duda el alma máter de la serie.
Battlestar Galactica se acaba. Se termina la sucesión de aciertos en una serie televisiva, galardonada con diversos premios como mejor serie dramática. Todo, absolutamente todo en el capítulo final me ha encantado, me ha sorprendido, y me ha dejado un gran sabor de boca. Pero, si tengo que elegir, me quedo con dos imágenes tan tristes como hermosas. Aquella en que Kara se despide de Sam Anders, el personaje con el más drámatico de los destinos, y por el que se siente más piedad. Un momento digno de recordar, junto con la imagen de todas las naves de la flota, dirigidas por el propio Anders, y lideradas, como no, por la Galactica, de camino al Sol terrestre, a su destrucción, al son de una emotiva versión musical del tema principal de la serie original. Dos imágenes poéticas, extremadamente conmovedoras, que muestran el amor y el respeto que todo el equipo ha tenido hacia Battlestar Galactica, la mejor serie dramática que he visto en años.