Entrada para Marzo, 2009

… ya que tan concienciados están todos los capillitas con el tema del aborto ¿Por qué no sacan lazos rojos apoyando la lucha contra el SIDA? Y ya puestos ¿Por que no se ponen tambien lazos azules contra el terrorismo? ¿Y lazos rosas contra el cáncer de mama? ¿Y verdes contra el cambio climático? ¿Y ese que es de color violeta contra los malos tratos?

¿O todo eso no importa?

¡Ya está bien de dar la nota, con esos golpes de pecho, tan falsos como sonoros!

Que os den.


Como es habitual en Sombrereroloco.net, nos despedimos con honores de aquellos que nos hicieron vibrar con su música. Se nos ha ido Maurice Jarre, el del Doctor Zhivago, el de Lawrence de Arabia, Pasaje a India, El Club de los Poetas Muertos, Jesús de Nazaret y tantas otras bandas sonoras.

Aunque llevaba años retirado de la composición cinematográfica, y para mí nunca fue un músico predilecto, he de reconocer que tiene magníficas obras, que insuflaba de romanticismo y épica a su música y que debe ser considerado uno de los grandes del cine.


Tres Años

Roarrum
30 Marzo 2009

Casi tres años han tenido que pasar hasta que hoy por fin he visto el Palacio Real por dentro. Casi tres años viviendo en Madrid, teniéndolo a diez minutos andando de casa, viéndolo cuando salgo a comprar el pan, pasando prácticamente a diario por delante de su fachada y no había logrado encontrar un hueco para verlo… No he tenido tiempo para ver uno de los palacios más impresionantes e importantes del mundo y que, para más inri, tengo tan al alcance de la mano… que situación más absurda, ¿no? Pero siendo sinceros ¿a alguien le sorprende?

El ser humano es extraño, estúpido incluso. Podemos no ver un monumento, un museo que tenemos a dos pasos pero que nunca hemos visto, quizás por pereza, quizás porque sabemos que no se va a mover de donde está. Y sin embargo, no nos cuesta nada recorremos medio mundo para asombrarnos con otros palacios y otros museos que, en la mayoría de los casos, se quedan en bragas cuando lo comparamos con lo que tenemos aquí al lado. Solemos despreciar lo que tenemos cerca, lo que está demasiado a mano, lo que suponemos estará siempre allí y sobrevaloramos todo lo lejano, lo inalcanzable o pasado.

Ese es nuestro mal. Solemos idealizar lo desconocido porque sí y despreciar lo cotidiano por la misma razón. Y ya no estoy hablando de museos o monumentos. A veces hace falta recordar que las flores de nuestra ventana también huelen, que la vida es el presente, que los pequeños detalles, esos que son capaces de alegrarnos el día, son como esos monumentos que tenemos a dos pasos. Están siempre ahí, pero lo solemos olvidar demasiado a menudo.


¡Que suenen las trompetas! ¡Que cante un coro de ángeles celestiales! ¡Albricias! ¡Que el júbilo se derrame por doquier! ¡Ya tenemos una fecha de inauguración del Metro de Sevilla!

Ya se ha hecho oficial el anuncio de que la primera línea del Metro de Sevilla se abrirá al público a las 14.00 horas del día 2 de abril, aunque con ciertos matices, porque no todo iba a ser el no va más, como por ejemplo, que sólo funcionarán 17 de sus 22 paradas, entre las estaciones de Ciudad Expo y Condequinto. Typical Spanish.

El metro estará pues, listo para lo que los sevillanos llaman SUS Fiestas de Primavera, es decir, Semana Santa y Feria de Abril, fiestas que de abolirse, sin ir más lejos, y conocido por todos del carácter chauvinista del sevillita, harían fenecer de apoplejía fulminante casi al 90% de esos sevillanos de pura cepa, esos de camisa de marca, jersey en hombro, y pelo repeinado.

Son muchos años los que todos hemos hablado del Metro de marras. En concreto, el bueno de Saqman y yo, siempre hemos coincidido en un aspecto irrenunciable: EL METRO VA A SER UN SONORO FRACASO.

En primer lugar porque su trazado recorre Sevilla, y sus barrios pijos en particular. Sevilla, la cuidad de la doble, triple y cuádruple fila, la cuidad acomodada y atascada, acostumbrada a coger el coche para cruzar la calle, acostumbrada a aparcar a CERO metros del destino elegido, esa cuidad que piensa que aunque haya sitio libre dos calles más para allá, yo aparco justo en la puta puerta, aunque sea en tercera fila. Sevilla, la ciudad de los infames gorrillas, bien sean sindicados o bien sean agitanados. Sevilla, la cuidad mal administrada, la cuidad mal trazada… ahora con Metro, ¡Temblad catetos!

Me he echado a reir cuando he leído los horarios de tan pomposo estreno: En Semana Santa funcionará todos los días de 7.30 a 02.00 horas, y el Jueves Santo, las 24 horas. En la Feria de Abril funcionará las 24 horas de lunes a sábado. ¡24 horas abierto! ¡Por Dios, que alguien ponga fin a este delirio!

Aquello va a ser una auténtica ciudad sin ley, y es que todos los que hemos vivido en Sevilla conocemos la calaña que se mueve por allí, y que están viendo en el Metro la nueva Tierra Prometida, el Far West de la metrópoli, la recién estrenada Ciudad Sin Ley subterránea.

Muy bien van a tener que hacer las cosas para que, transcurrida tan solamente una semana de abrir el Metro, no tengan que volver a cerrarlo, y no me refiero por motivos o problemas de infraestructuras, mantenimiento o técnicas, me refiero a la bajundad que va a circular por allí y que potencialmente pueden hacer la vida imposible al ciudadano de a pie, a ese Sevillano que SI respeto, y al que le muestro todo mi apoyo. ¿O es que los gorrillas van a dejar perder sin luchar su trozo de pastel por culpa del Metro de Sevilla?

Yo, por si acaso, ya aviso, con el Metro de Sevilla, no hay nada que hacer, ni siquiera es necesario plantearse la línea 2, la 3, la 4…

Ya estaba muerto antes de nacer.


Bird Girl

Saqman
26 Marzo 2009

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I am a bird girl now
I’ve got my heart
Here in my hands now
I’ve been searching
For my wings some time
I’m gonna be born
Into soon the sky
‘Cause I’m a bird girl
And the bird girls
go to heaven
I’m a bird girl
And the bird girls can fly
Bird girls can fly

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Antony & the Johnsons


Casí “ná” “Gran Torino”… Menuda decepción que me llevé al ver la última película del aclamado (para mí demasiado) Clint Eastwood. Yo nunca he sido un acérrimo fan de Eastwood pero reconozco su buen hacer en bastantes géneros distintos y en los diferentes roles que toma, como actor y director, aunque últimamente se incline demasiado al almíbar y a la lágrima fácil. Es un poco lo que criticaba este Sombrerero hace no mucho en la película “Siete Almas“, cuando apuntaba que era una película que estaba hecho para mover al espectador a la lágrima fácil, para hacerle lloriquear por lloriquear (y si cae algún premio, mejor que mejor). Bien, pues de esta falta adolece, en mi opinión, “Gran Torino“.

La película, a grandes rasgos, cuenta la historia de un tipo cascarribias y “duro” (interpretado por un sobreactuadísimo, casi rozando el ridículo, Clint Eastwood) que se queda viudo y vive solo en un conflictivo barrio del medio oeste americano. El zanguango en cuestión, veterano de Corea y facha redomado, amén de racista y misántropo, ha de ver cómo al lado de su casa se instala una familia china, con el consiguiente disgusto para una joyita racista como él. Poco a poco, Eastwood va conociendo a la familia china, aparecen unos pandilleros (que son como el Gang del Chicharrón) y… Ya no cuento más de este esperpento fílmico, el que quiera que vaya a verla, aunque yo no me rascaría el bolsillo para ver esta pollada, me esperaría al vídeo o directamente no la vería.

Cualquiera que haya visto el cartel o el trailer de la película, como yo, puede acudir “engañado” a verla pensando que va a ver al mejor Eastwood, al Clint duro de “Harry el Sucio” o de alguno de sus westerns, pero quien vaya con esa idea se va a quedar con el culo “torcío”, como se quedó el de este Sombrerero, cuando vea que “Gran Torino” es una demencial mezcla entre “Karate Kid”, “Harry el Sucio”, la típica película de barrios marginales y una de Walt Disney. Y la decepción para mí fue tremenda, por que las expectativas que me había creado se vinieron abajo poco antes de llegar a la mitad de la película, cuando veía que la cinta rezumaba almíbar por sus cuatro costados. Y, aunque por supuesto el final no os lo voy a contar, éste fue como para mear y no echar gota. Es ese final hecho para que la peña se eche unas lagrimitas y que digan “joder, qué buen tipo es este Clint Eastwood, snif, snif”.

Y es que demasiada sensiblería a mí me toca los cojones y con este film, Clint me los ha tocado (los huevos) pero a base de bien. Pero como la peli es de Clint Eastwood seguro que no pasa nada, y el mundo mundial la alabará y le darán premios a cascoporro, pero si está película hubiera sido protagonizada por “viejunos duros” como el Nuck Norris (como le dice mi madre), el Charles Bronson o Van Damme, éstos serían corridos por todo Hollywood a gorrazos por haber hecho semejante mojón y la película se hubiera estrenado directamente en DVD. Clint, te has “colmao”, menuda pollada has perpetrado, macho…


La verdad es que es una auténtica lástima y un verdadero desperdicio de talento, puesto que el cuartetero de lujo que se ha perdido el Carnaval de Cádiz por el nimio detalle vivir en el Vaticano, nos ha privado de grandes noches en el Falla por parte de Joseph Ratzinger, también conocido como Palpatine el Magnánimo.

El último pasodoble que se ha marcado este artista conocido como “El Beni del Vati”, ha sido en una comparecencia ante medio centenar de periodistas que le acompañan durante esta semana a lo largo de un viaje por África, continente asolado por el hambre, pobreza, enfermedades y guerras sin sentido.

La fina ironía de este sujeto le ha hecho afirmar que el SIDA “no se puede superar con la distribución de preservativos, y que, al contrario de lo que se puede pensar, aumentan los problemas“… plan, plan, plan, estribillo y ovación del público del Falla.

Mi opinión, le duela a quien le duela,  es que alguien debería pararle los pies, puesto que ya se está columpiando de manera peligrosa. Algún osado debería explicarle la magnitud que pueden alcanzar sus declaraciones, ya que su influencia sobre miles de millones de infelices africanos es patente, y sobre todo, su total responsabilidad, como cabeza de la Iglesia Católica que es, en relación a los cientos de miles de contagiados que van a morir gracias a su esfuerzo por mantener en la inopia a todas esas personas respecto a temas tan trascendentales.

Por favor, Beni, si no tienes nada más mejor que decir, abstente de hacer semejantes afirmaciones… y si las haces, y pretendes prohibir el uso del condón, por favor, propón una alternativa, otra opción real que pueda llevarse a cabo. Y no me vale, ni supongo que a ninguno de esos africanos que están pasando las de Caín, rollos espirituales ni sandeces de misa de Domingo, sólo apta para gente del primer mundo.

Pero claro, para ti es más fácil pedirle a alguien que permanezca sexualmente inactivo a que use un condón, y así le va al continente negro y uno de sus grandes flagelos: el SIDA, que afecta ya a 27 millones de personas, y con pamplinas como ésta, a muchas más.


Pues llegó el esperadísimo día, alegre por un lado y triste por otro. Sin duda, es un acierto que las series televisivas tengan un final, no se alarguen en demasía para degenerar en productos de baja calidad (como pueda ser E.R. o Los Serrano). Pero, que quieren que les diga, que se acabe Galactica me obliga a echar una lagrimita.

Porque sin duda, y a excepción de Firefly, esta es la serie que más he disfrutado en los últimos diez años. Mi mujer y yo hemos esperado, semana tras semana, el capítulo correspondiente, que nos narra los devenires de esa humanidad a punto de extinción, que busca desesperadamente un hogar.

Y el final ha llegado de la mejor de las maneras. Battlestar Galactica ha sido, desde el principio, una serie con dos objetivos: narrar un drama en proporciones mayúsculas, sin atisbo de humor; y sorprender al espectador con giros inesperados y engaños cinematográficos. Es decir, cuando uno está viendo el transcurso del capítulo, la experiencia televisiva le hace sospechar un final, o un giro argumental que, subconscientemente está acostumbrado a recibir por parte de los guionistas hollywoodienses. Aquí Battlestar Galactica se sale y rompe los esquemas del espectador, ofreciendo soluciones alternativas, generalmente muy realistas, pero completamente inesperadas.

Y esa circunstancia la aprovechan los creadores de la serie en este magnífico final. Puesto que, para qué engañarnos, nos están dando las claves de la historia casi desde el principio. La gran genialidad del asunto es que uno no se espera que todo eso pueda ser verdad, y finalmente lo es.

Es curioso como desde los primeros capítulos, el doctor Baltar, dialogando con la número seis de vestido rojo, se pregunta si está viendo un espíritu, un ángel, o un cylon. Incluso Cáprica defiende la existencia de un plan divino que hermane las dos colonias existentes (humanos y cylons). Todo el acompañamiento mesiánico que rodea a Gaius Baltar tiene al final una razón de ser, y no queda forzado ni comprometido. Es más, la profecía que se arrastra desde las primeras temporadas resulta cierta, lógica, pero mal interpretada por los personajes.

Los creadores de la serie demuestran un atrevimiento sin igual en un final de este tipo. El público, acostumbrado a que las series Scifi se desarrollen en un futuro lejano, presupone mediante indicios que La Tierra fue una de las colonias existentes, que sufrió un cataclismo o algo parecido, y que pertenece al pasado de la humanidad. Al final no se trata de mundos paralelos, pero sí de una gran vuelta de tuerca que, en los créditos de unos de los primeros capítulos de la temporada, quedaba anunciada: “Esto ya ha pasado”. La genialidad absoluta.

No menos sorprendente es la explicación del origen de Starbuck, de la importantísima implicación de la secuencia musical, clara alusión al Encuentros en la Tercera Fase de Spielberg (no lo olvidemos, en la música está la clave).  Aunque puede quedar inicialmente chocante, una meditación posterior lleva a aplaudir el riesgo tomado por los guionistas para explicar la muerte y posterior resurrección de Starbuck (¿no hay algo aquí de Gandalf el Gris?).

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En otras palabras: la inserción de Dios, de los ángeles y del destino en el final de la serie es un auténtico acierto, por muy desproporcionado que pueda resultar. Repito, Battlestar Galactica tiene como máxima sorprender al espectador. Lo que nos lleva al personaje de Hera, que cumple la profecía, nacida de la  unión entre cylons y humanos, y se conforma, metafóricamente, en la madre (y por tanto, el destino) de la humanidad (y por tanto, de la tierra).

También me gustaría destacar el divertido apunte final de este capítulo doble, que nos lleva a un Nueva York actual donde se pasean los “otros” Baltar y Cáprica discutiendo sobre la inevitable rueda del destino, que lleva al ser humano a cometer los mismos errores. Nueva sorpresa de los guionistas para incluir el único toque de humor de las cuatro temporadas justo en la última escena de la serie, y acabarla con un toque de cachondeo al estilo “¿nos atreveremos algún día a hacer otra?”.

Otro de los grandes aciertos de este final es dedicar el tiempo necesario para narrar el ocaso de los personajes. Una serie de desencuentros y despedidas con claras reminiscencias a la obra de Tolkien. Impactante la interpretación de Mary McDonell y los úlimos momentos de la presidenta Laura Roslin. No menos impresionante la despedida con el doctor Cottle. Curioso el destino de Galen, como una criatura de Frankenstein, tan dañada por los humanos, y por los cylons, que decide romper con todo. Sorpresa total con el final del Coronel Saul Tigh, un personaje que vive las cuatro temporadas en permanente amargura, cuyo final le lleva a la paz interior y la felicidad, de la mano de su esposa. Porque los personajes principales, una vez acabada su labor, se van apagando en soledad, salvo aquellos que conforman el destino de la humanidad. Son muy emotivas también las escenas de despedidas, la de un Apollo reconciliado al fin con su padre, con la admiración mutua y la unión que surge entre los dos. en especial la de Kara Thrace, consciente de lo limitado de su existencia terrena, que desaparece sin más, sin dejar rastro, y cuya melancolía muestra la bondad, la fragilidad y “la divinidad” del personaje.

A nivel técnico, cabe destacar que en el doble capítulo final de la serie, los productores tiran la casa por la ventana y ofrecen un espectáculo sin igual de efectos especiales, paisajes, montaje y diseño de producción. Fieles a una planificación coherente, llevan la tensión hasta el límite desde los primeros minutos del metraje, y realizan la clásica puesta en escena de batalla en diversos frentes, liderado por cada personaje principal, muy al estilo de los primeros Star Wars de Geoge Lucas. La cadencia disminuye en la última media hora, acorde a los paisajes naturales que muestra, a las vistas aéreas, influyendo una paz y un sosiego a la serie que equilibra el temor, el nervio y el drama de las cuatro temporadas.

Estupendísimos todos los actores. Jamie Bamber, Tricia Helfer, James Callis, Grace Park, Katee Sckhoff, Michael Hogan, Tahmoh Penikkett, la mencionada Mary McDonnell, Aaron Douglas, Michael Trucco. Mención especial a Edward James Olmos, como el mejor almirante Adama que uno pudiera imaginar. Un actor que no duda en llevar al límite los defectos y las virtudes de su personaje, que ha sido capaz de dirigir con maestría algunos capítulos, y que es sin duda el alma máter de la serie.

Battlestar Galactica se acaba. Se termina la sucesión de aciertos en una serie televisiva, galardonada con diversos premios como mejor serie dramática. Todo, absolutamente todo en el capítulo final me ha encantado, me ha sorprendido, y me ha dejado un gran sabor de boca. Pero, si tengo que elegir, me quedo con dos imágenes tan tristes como hermosas. Aquella en que Kara se despide de Sam Anders, el personaje con el más drámatico de los destinos, y por el que se siente más piedad. Un momento digno de recordar, junto con la imagen de todas las naves de la flota, dirigidas por el propio Anders, y lideradas, como no, por la Galactica, de camino al Sol terrestre, a su destrucción, al son de una emotiva versión musical del tema principal de la serie original. Dos imágenes poéticas, extremadamente conmovedoras, que muestran el amor y el respeto que todo el equipo ha tenido hacia Battlestar Galactica, la mejor serie dramática que he visto en años.


  1. Nunca jamás firméis un parte amistoso. Llamad siempre a la policía. No vale para nada, y con AXA Seguros, menos.
  2. Cuando vayáis a contratar un seguro de coche, no dudéis en Línea Directa o la Mutua Madrileña. Pero jamás, jamás, lo hagáis con AXA Seguros.

… y no me refiero al último film erótico-grupal de Rocco Sifredi, sino al pequeño milagro que tuvo lugar este Sábado en la playa, en Cádiz.

Hacía muchísimos años ya, creo que desde la temporada 91/92, en la que no se reunía tanta gente para jugar un partidito playero matutino, con amplias porterías, balón reglamentario, y camisetas amarillas de rigor…

Han transcurrdio muchos años desde aquellos grandes derbys, protagonizados por bachilleres, acnéicos y gamberretes, pertenecientes a los institutos de Columela y San Felipe, donde se jugaba mucho más que un partido; patadas por doquier, rifirrafes, juego raso y tobillero, peloteo subterráneo, goles fantasma… Un partido de aquellos que tardaba tiempo en olvidarse, sobre todo porque los cardenales no desaparecían de un día para otro.

Organizar partidos de tamañas magnitudes no tenía gran mérito, puesto que la mera excusa de un examen a dos días vista, era un acicate más que justificado para echarse a la playa “a preparar el examen”. Estábamos los de siempre, Antonio Moreno, el palomero de la Sirla, los Moratalla, el chupón del Lolo, el Serra, el Jaime con su letal disparo uñero, Periko, el Igna con su camiseta del Inter, Ladior, Nando y su parecido a Bodo Illgner… hasta incluso alguna vez que otra aparecía por allí Tsehio, en busca de alguna espinilla virgen.

De todo aquello sólo quedaba el recuerdo de esas mañanas interminables, de las polémicas jugadas, de lo mal que había jugado tal o cual persona (curiosamente, siempre estaba en el ojo del huracán), o de la (merecida) tarascada que se había llevado Lolo por parte de Serra o Ladior, que se turnaban para darle para el pelo al delantero más llorica de la provincia de Cádiz.

Y este Sábado, prácticamente sin quererlo, se plantan 22 tíos, entraditos en años para jugar en la playa. De aquellos chavales que tantas mañanas echábamos en la playa, sólo estaban unos cuantos, pero los suficientes como para recordar con cariño los partifranjosédos de antaño, y el mérito que tenía, casi 15 años después, reunir a tanta gente; y es que las novias/mujeres absorbentes, hijos y/o sobrinos enfermos, suegros ineludibles, guardias de farmacia/juzgado, horarios de trabajo imposibles… hacen de nosotros personas mucho menos libres de lo que pensamos, pero desde luego, sabemos apreciar estos pequeños momentos de felicidad que tanto nos cuesta encontrar hoy día.

Este Sábado, un día maravilloso, soleado y primaveral, volvimos a jugar un once pa once de los que hacen época, siendo el resultado lo de menos, ya que lo habíamos conseguido, organizar un partido en condiciones (¡¡Un aplauso por el Salva!!). Además, el tercer tiempo aderezado con unas Franjosé y unas cervezas, hace olvidar las agujetas y la verguenza de ir arrastrando nuestro michelines por el terreno de juego.

Ojalá se repita pronto, porque ha merecido la pena la espera.