Entrada para Mayo, 2009

Todo el mundo ya conoce la noticia: Turrón parió, y no han sido ni uno, ni dos, ni tres gatitos ¡hoygan!… hasta siete vástagos ha tenido la felina, criados y paridos uno a uno en ese cuerpo tan enjuto. Y eso que la media son cinco crías. Ya lo dije yo en su día, la comida seca Coshida del LIDL es mano de santo.

Familias numerosas aparte, y teniendo en cuenta el quebradero de cabeza que supone tanto para la madre sacar adelante semejante prole, como para mí, que dentro de un mes los tengo que colocar si o si, todo está yendo sobre ruedas, siendo unos gatitos sanos, mamones y bastante ruidosos.

Como no podía ser de otra forma, las crías de Turrón son de diverso pelaje y constitución, que paso a pormenorizar con todo lujo de detalles:

  • En primer lugar tenemos a dos hembras clavaítas a la mare (tal y como se chapurrearía en Cádiz)
  • Luego, un caso bastante extraño, puesto que se trata de un gato blanco impoluto, del que creíamos que podría ser albino, hasta hace poco, que vimos cerca de casa un gato bastante feo y gordo, y parecido a él, del que sospechamos que es fruto de su simiente
  • Dos gatos blancos y negros, que son la vida imagen de su progenitor, el Rey Silvestre, leif motiv de algún que otro post de este blog de culto.
  • Un gato tigre: Recordemos, para los neófitos en estas batallas por la corona, que el gato Tigre es un disidente al reinato ejercido, no sin cierta represión, por nuestro aclamado Rey Silvestre.
  • Un gato de manto blanco y atigrado. Es decir, un híbrido entre Silvestre y su archi-enemigo, el mentado anteriormente gato tigre.

Los avezados lectores habrán caído en la cuenta de que, tal y como todo el mundo sospechaba, Turrón no es una gata monógama, ni una víctima de los caprichos de la genética, sino que más bien tira hacia una cierta ligereza de cascos que espero sepa llevar con dignidad. Para que todos nos entendamos… todo el que pasaba por allí, se la zumbaba sin remisión, de ahí la cantidad de gatitos y su diferente origen.

Y hablando del bueno de Silvestre, este fin de semana, por fin ocurrió el ansiado por todos encuentro entre uno de los padres y la abnegada madre. Llegó como suele hacer, con grandes maullidos, avisando de que había llegado, y de repente, al girar la cabeza, vio a los gatitos y a la progenitora. Turrón salió de la caja en la que daba de mamar a las siete crías, se apartó, y dejó a Silvestre allí delante, a unos 30 cm. de las crías.

Permaneció inmóvil durante casi tres minutos, observando a las crías, sin maullar, sin moverse, quieto como una estatua, sin tan siquiera mover la cabeza para ver lo que Turrón o yo estuviéramos haciendo. El escenario era fascinante ¿Qué extraño ritual era ese? ¿Por qué se apartó Turrón y no hizo el ademán de acercarse? ¿Por qué empleó Silvestre tanto tiempo en observar a las crías? ¿Por qué no se acercó a ellas?

Por fin se giró, maulló a Turrón y se marchó por donde había venido, sin tan siquiera probar la comida.

Ya no lo hemos vuelto a ver más. La vida sigue igual, Turrón sacando adelante su familia numerosa monoparental, y Silvestre enfrascado en intrigas palaciegas de las que él sólo sabe. Y yo, preguntándome desde aquél día qué significó aquella fugaz visita.


Marvel Babies

Saqman
28 Mayo 2009

Anhulkito se hace mayor, ya está a punto de cumplir un año. Es el momento idóneo de frikizarlo como es debido. Pero como papi todavía no se atreve a prestarle sus cómics (y por mucho tiempo), ha encontrado el modo ideal de que se vaya haciendo a los personajes Marvel.

Esta serie que comienzo constituirá la decoración de la habitación del nene durante su primera infancia. Son dibujos realizados en tinta china con aplicación de color bajo Adobe Photoshop CS4. Espero que le guste…


Tengo cierta debilidad por Michel Gondry, tiene la desbordante imaginación de un niño unida a una larga experiencia. Tras innovar con geniales videoclips, se pasó al cine con la simpática Human Nature, una película que lejos de ser ningún peliculón resulta muy visible y simpática. Pero ahí no había dejado su impronta Michel Gondry; fue con The Eternal Sunshine of a Spotless Mind (fatalmente retitulada en España como Olvídate de mí) cuando mostró al mundo su creatividad, ese don que tiene para conseguir maravillosos efectos con objetos cotidianos, un artista de las manualidades en un negocio donde impera la infografía. A este largometraje le siguió La ciencia del sueño, protagonizada por Gael García Bernal (el actor mexicano que se haría famoso en Amores perros) donde nos contó una bonita historia romántica, hermosamente romántica pero nada sensiblera, unido de nuevo a un desparrame de imaginería visual, consiguiendo por segunda vez un producto personalísimo que se salía de lo cotidiano.

Recientemente vi el que hasta ahora es el último largometraje de Michel Gondry, Be Kind Rewind (Rebobine, por favor). No sabía de qué iba ni quien salía, así que me hizo muchísima ilusión cuando vi nada más empezar a un viejo Danny Glover (quién no se lo pasó pipa con Arma letal…), detalle que inmediatamente me produjo simpatía por la peli, empezábamos bien. El personaje que interpreta Danny Glover es el de un dueño de un video club de barrio, pero video club de toda la vida, con VHS vamos, y teniendo en cuenta que se desarrolla en la actualidad os podeis imaginar que su catálogo de pelis es totalmente añejo y que el negocio no le va muy bollante que digamos. Pues bien, nuestro amigo Danny se va a un viaje, dejando al cargo del negocio a un tío un poco encarajotao (Mos Def) con el que tiene una relación caso de padre e hijo. Este muchacho a su vez tiene un amigo llamado Jerry (interpretado por Jack Black) aún más tontuno si cabe además de conspiranoico, el cual decide sabotear una central eléctrica, llevándose como premio una enorme descarga eléctrica. Cuando Jerry vuelve al videoclub está totalmente magnetizado por la descarga y borra todas las cintas, con el consiguiente cabreo de los clientes al devolver las cintas en blanco.

Lo que esta amamoná pareja decide hacer para evitar que Danny el viejuno se entere del desastre es decirle a los escasos clientes que se pasan a alquilar una película que se pasen a última hora a recogerla, y durante el día ellos mismos graban las películas en plan cutre-amateur. Ante su sorpresa tienen un éxito tremendo y la gente no para de hacerles encargos, por lo que la película revisa y homenajea famosísimas películas, en su mayoría ochenteras de acción, como Robocop, Cazafantasmas, Hora Punta, etc. pero también otras como El rey león o Paseando a Miss Daissy pasan por el filtro de este peculiar francés.

Aunque es claramente inferior a las dos películas anteriores de Michel Gondry, es una película tremendamente simpática que se ve con una sonrisa en la boca, correctamente llevada de principio a fin, una película que puede fácilmente ser catalogada como tontorrona, pero también como desenfadada, loca e imaginativa, lo cual ya es más que suficiente si tenemos en cuenta el sebo que abunda en las carteleras. Yo por mi parte seguiré con interés la carrera de este hombre, al menos mientras el listón lo siga teniendo suficientemente alto, ya que es de lo más original del panorama actual a mi entender. Os dejo los trailers de los tres últimos largometrajes dirigido por Michel Gondry para que sirva de introducción al que aún no conozca a este peculiar cineasta.

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El otro día, ante la proximidad de las elecciones europeas, me topé con varios carteles electorales, en este caso del PSOE; en estos carteles, con aire futbolístico, ponía algo así como “Trabajar por la Paz (PSOE) Vs. Sembrar el miedo (PP); Este partido lo vamos a ganar”… Madre mía, no sé en qué estaría pensando el creativo de publicidad del PSOE. Y este cartel me dio bastante que pensar, verdaderamente no sé a dónde vamos a llegar, ya que, como el cartel bien insinuaba, unas elecciones politicas ya no son eso, unas elecciones, sino un mero partido de fútbol, un reclamo publicitario donde unos son muy buenos (trabajan por la paz) y otros son malos como el sebo (siembran el miedo). Cuanto más agresivas sean las campañas, cuando más descrédito haya a la parte contraria, mejor que mejor.

Vaya por delante que yo soy rojo hasta la médula y tengo unas ideas políticas bastante claras, pero cada vez creo menos en la política y en los políticos, sean del bando que sean. Ver esas campañas publicitarias agresivas a las que hacía mención antes, ver la de ostias verbales que se pegan los políticos en el hemiciclo, ver esas ganas de que un político, presidente o ministro meta la pata para enseguida hacer leña del arbol caído me parece deleznable.

Me parece infame que el Rajoy y el ZP (y su cohorte de ministros, portavoces y demás cargos) estén todos los días a la greña, llamándose el nombre del puerco, y cuando se ven cara a cara en la Moncloa, todo sean buenas caras y deseos de cooperación entre ambos partidos: No me jodan, si se están poniendo cual hoja de perejil todos los días tengan la suficiente decencia para llamarle cabronías a la cara al otro, y no aprovechen la tribuna de un mitin político para mentar a la madre del que no está delante.

Los mítines políticos y las campañas políticas, otro tema que me pone ligeramente nervioso. Hay que ver la que se monta cuando llegan las elecciones: Esos mítines políticos que parecen conciertos de estrellas de rock, con toda la morterá de gente allí con sus banderitas, aplaudiendo religiosamente, cual borregos, cuando el político de turno alza un poco la voz (hagan la prueba: cuando el tío que está hablando en la tribuna alza un poco la voz y empieza a descomponérsele el rostro, verán cómo empieza a aplaudir enfervorizadamente toda la sala), exponiendo lo que van a hacer (de lo cual sólo hacen el 5% si es que llega) y, cómo no, metiéndose todo lo que puedan y más con el contrario. En definitiva, que pienso que un mitin político es una tangada como un piano. Además, que ahorren todo el dinero que destinan a esas macro-campañas políticas y lo destinen para hacer cosas realmente necesarias.

Otro tema que me hace gracia: Las juventudes de los partidos, esas nuevas promesas que van a ser los que dirijan los designios de nuestro país… Madre mía. Yo puedo hablar por gente que conozco que muchos de ellos (no todos, por supuesto) son unos arribistas que quieren vivir del cuento, como ven en su referente, los políticos que se dedican profesionalmente a eso. Además, el perfil de estos chaveas, sobre todo en el caso del PP, suele ser bastante característico, sobre todo en la época Aznar: El típico pijín del jersey en el puescuezo que los fines de semana juega al paddle con Borja, equipado con su polo del cuello con los colores de la bandera de España y que papá le está pagando los estudios en Suiza. Por el lado rojo también las juventudes se las traen yendo desde el típico Perroflauta al Gafapasta cool, progre y cargante como una vaca en brazos.

Como digo, yo ya considero a la política y a los políticos con la gran pollada, al menos como yo veo la política ahora. En mi opinión tanto el partido del gobierno como el de la oposición tendrían que cooperar entre ellos, no tirarse los trastos continuamente. Creo en los ministerios realmente útiles, no en los ministerios creados para demostrar que uno es cool y moderno. No creo en el baile de ministros/as que tan pronto son ministros de defensa, como de interior como de vivienda… No creo en los/as ministros/as y portavoces de diseño que aparecen en portadas de revistas y en las listas de las más sexys. Creo en el compromiso y sobre todo en el trabajo y en la honradez para con la gente que vota a estos tíos. Sobre todo en la honradez, porque si nos ponemos a hablar de corrupción política empiezo y no acabo: Pelotazos, prevendas, chanchullos, pocas ganas de currar y mucha cara. Detestable.

Actualmente mi desencanto me lleva a no votar ni siquiera, por que la única opción que me convence un poco y que representa medianamente los ideales políticos en los que creo, que es Izquierda Unida, está bastante foski, pero no pierdo la esperanza de que un día el punto de vista de entender la poítica cambie, aunque no creo que viva para verlo.

Yo creo que, al final, habría que hacer lo que propugna el Hobbit: “¿Quieres ser político, no? Pues mira, te vas a tirar seis meses viviendo del cuento y haciendo polladas, pero los otros seis meses te los vas a tirar haciendo zanjas con Pico & Pala desde que amanezca hasta que no se vea un pijo… ¿Te interesa?” Yo creo que de esa manera más de uno se lo iba a pensar al meterse en política.


Rocamadour

Saqman
25 Mayo 2009

Jamás en mi vida en leído nada tan terrible como la escena en la que muere el niño…


Hace poco una sencilla melodía que entró por mi ventana abierta (ya aprieta el calor aquí en Híspalis) me hizo viajar años atrás en el tiempo, a cuando era un niño. La cancioncilla en cuestión era la del afilaó. Hacía años que no la escuchaba, y me quedé embobado, no podía creer que hubiera un afilaó pasando por la calle. Y no, no lo había, se trataba de una puta furgoneta que reproducía una cinta, en plan el tapicero llega a su casa.

Era una figura curiosa la del afilaó, supongo que los de mi quinta hemos sido de los últimos en conocer ese profesional de los cuchillos jamoneros y tijeras que parece sacado de una película de Garci. Ya de chico la cancioncilla que tocaba para anunciar su presencia, supongo que en una especie de flauta de pan, me llamaba la atención, y me asomaba a escucharle mientras pasaba, con una vespino arreglada para llevar los avíos de su oficio, y si alguien le llevaba algo (cada vez erán más los días que pasaba de largo sin que nadie se le acercara) me quedaba mirando las chispas que soltaba cuando afilaba los cuchillos (sí, sí, probablemente ya apuntaba maneras para quedarme carajote del todo…). Evidentemente se trataba de una persona mayor, el último de su estirpe por así decirlo, no es un negocio que a esas alturas pudiera dejar en herencia; la integración dentro de los centros comerciales de establecimientos donde afilan y venden cuchillos, unido a que ya no abunda mucho el tener buenos cuchillos y en su lugar la mayoría tenemos cuchillos malos y baratos que cuando se estropean los sustituimos por otro nuevo, supondrían la estocada final para los afilaores. Aunque dicen que en un pueblo de Córdoba aún hay un afilaó, y que a pesar de ser más miope que Benito Pocino no le faltan utensilios que afilar cada día.

Supongo que este oficio estaría en todas partes y todos lo habremos conocido, si bien probablemente en las zonas rurales habrá durado más, pero por asociación de ideas se me ha venido a la cabeza algo que echo de menos de esa época que probablemente no existía en muchos sitios: las cañas de azúcar. Y no me refiero evidentemente a esas pajitas de plástico rellenas de azúcar, sino a los trozos de verdadera caña de azúcar que vendían en los quioscos cuando estaba en la EGB. Aunque no podría afirmarlo, creo que no se trataba de ninguna empresa de golosinas, sino que se cultivarían en algún lugar cercano, quizá en el mismo Puerto Real, y el propio agricultor las vendería a los establecimientos. Ponías en riesgo la dentadura cada vez que tenías que partir la dura superficie, pero cuando se llegaba al blando y dulce interior… hmmmm, delicioso. Imagino que alguna normativa sobre higiene las haría desaparecer para siempre, pero os juro que tengo antojo desde hace años de comerme una de nuevo. Si alguien sabe de algún sitio donde se puedan conseguir, ya tarda en decir algo.


El otro día al pasar al lado de un kiosko vi, para mi gran pasmo, que todavía seguían vendiendo la Superpop. Es increíble que una publicación como Superpop haya sobrevivido al paso de los años; de hecho, yo llevo viendo esa revista en los kioskos desde que era un chavea y el tío que estaba de moda entre las quinceañeras mojabragas eran artistazos de la talla de Glenn Medeiros (homenaje soterrado al Deivid) o de Kirk Cameron.

Para mí el fenómeno fan es una de las polladas más intemporales y duraderas que existen, pollada a la que reconozco su mérito. Casi desde que el mundo es mundo el fenómeno fan ha existido. Ya sé lo que me van a decir: “Pues tú eres fan de Jean Michel Jarre, así que eres un pollón”. Bueno, esto hay que matizarlo, por que yo no me considero fan de nadie, y si alguna vez he utilizado esa terminología, pues mal hecho por mi parte, por que yo me considero “admirador” y no “fan“.

El fenómeno fan es ése que se vivía en los años 60 con los Beatles y se vive ahora con Tokyo Hotel. Ese fenómeno en que una caterva de niñatas quinceañeras (clónicas todas ellas) sufren un paroxismo de éxtasis cada vez que sale su ídolo por la tele, o cada vez que sale una canción suya por la radio. Y no te digo ná y te lo digo tó cuando acuden a un concierto del ídolo en cuestión. Ese día los guardaespaldas del pobre “ídolo juvenil” se gana los garbanzos a base de bien: Hay que tener muchos cojones para contener a una manada de jovencitas babeantes empujando, cual descomunal ariete con acné juvenil, las barreras y la seguridad que protegen al pobre muchacho de buen ver, amén de aguantar la serenata de gritos desmadejados proferidos por susodicha turbamulta.

Pero no sólo los cantantes o grupos musicales son los que atraen a dicha caterva de fans, sino también los actores tienen que aguantar lo suyo… Y si no, que se lo digan a un conocido de esta casa, “El Duque” o a la muchachada que sale en series de estas de institutos en las que actores que superan la veintena y que incluso rondan la treintena hacen de alumnos de instituto… Series, por otro lado, que tienen cojones por que en algún capítulo que he visto se retratan institutos repletos de tíos hormonados, de tías como trenes de mercancías y de profresoras de buen ver, con conflictos generacionales, tensiones sexuales entre alumnos y profesores… Cómo se nota que es ficción, porque tendrían que haber visto ustedes mi instituto: Esperpentos por doquier, empanamiento generalizado, profesores apolillados, y el único conflicto que se producía era para ver quién iba a por tizas.

Una nota característica del fenómeno fan es que se suele dar exclusivamente en chicas dentro de una franja de edad que oscila entre los 13 y los 17 años… Esto no es inamovible, pero por general es así. Y el modo de actuar en todos los casos es el mismo sea la década que sea: Sale el Glenn Medeiros (en los 80) los Backstreet Boys (en los 90) o el pelucón de Tokyo Hotel (en la actualidad) e inmediatamente la fan, armada con su pancarta casera con el nombre de su ídolo, se echa las manos a la cara, em pieza a dar saltitos incontrolados, a decirle a que tenga al lado “tíaaaaaaaaa, qué bueno que estáaaaaaaaaaaa”. Acto seguido empiezan los lloriqueos y los desencajamientos de careto. El enrojecimiento de la cara es visible y el temblequeo de sobaco empieza a hacer mella en la fisionomía de la adolescente en cuestión. A medida que Glenn Medeiros se acerca, la joven empieza a emitir los primeros berridos atávicos (siempre con las manos en la cara) que se hacen más sonoros a medida que el su ídolo se va a acercando. Una vez que éste se larga, la acnéica jovenzuela aún necesitará un galón de tila para calmarse y digerir el momento que ha vivido.

Pero lo que más me sorprende del fenómeno fan no es que estas actitudes que rayan la locura sigan dándose década tras década, ni que la Superpop, una publicación a la que si le pudieran hacer un electroencefalograma éste daría plano, siga existiendo, ni siquiera que siga existiendo OT, sino que dos tíos más feos que yo, Andy & Lucas, tengan una legión de fans mojabragas y produzcan en éstas el mismo efecto que el mismísimo Glenn Medeiros. Chapó, señores.


Los creacionistas son unos cachondones, si se juntaran tres para un cuarteto ganarían el primer premio en el Falla (para los que no sean de Cádiz indicar que no me he equivocado, en Cádiz tres son cuatro, y punto). Ray Comfort es un pastor (pero no de ovejas) evangelista neozelandés cuyo último libro se está vendiendo a mansalva en las librerías y en Amazon, acumulando una morterá de ediciones y habiendo estado el primero o entre los primeros en no sé cuántas listas. El título de tal joya literaria es You Can Lead an Atheist to Evidence, But You Can’t Make Him Think, lo cual traducido al caletero significa puedes mostrarle las pruebas a un ateo, pero no puedes hacerle pensar. Hay un fragmento absolutamente delirante sacado de esa obra pastoral en la que, según Comfort, se demuestra que el plátano es la pesadilla del ateo, la prueba absoluta de que hay un Dios creador. Atención, párpados abiertos, enumero las pruebas que hacen del plátano poco menos que el bastón de Dios:

1. Tiene la forma de la mano humana.
2. Su superficie no es resbaladiza.
3. Dispone de indicadores de la calidad de su contenido. Verde, demasiado pronto, amarillo, listo para consumir, negro, demasiado tarde.
4. Dispone de un agarre negro para poder ser abierto.
5. El agarre está ligeramente perforado.
6. El agarre es biodegradable.
7. Tiene la forma de la boca humana.
8. Su extremo permite ser ingerido fácilmente.
9. Su sabor es agradable.
10. Su curvatura hace que la ingestión sea sencilla.

No sé si esto lo escribió tras una erudita investigación en el archivo del Vaticano o tras una cogorza de vodka barato impresionante. O sencillamente es un humorista infiltrado y se está partiendo a costa de la peña mientras recoge buenos dólares por iluminar al personal. Francamente no vale la pena perder tiempo rebatiendo semejantes disparates uno por uno, lo que sí me pregunto es si este hombre no ha caído en que la gente puede pensar en otras frutas no tan adaptadas a la mano y a la boca humana: el coco o la piña deben de ser la prueba de la existencia del demonio o bien la confirmación de que Dios es también un cachondón, porque a ver quién coño coge un coco (o una piña) con una mano, lo pela y se lo mete en la boca…

Si ya quereis partiros la pipitilla del todo, ved como Ray Comfort lo explica en persona, sin descojonarse aunque con una sonrisilla sospechosa, acompañado nada más y nada menos que de Kirk Cameron, que para el que no lo sepa se ha metido a predicador salva-almas también. Mirad, mirad…

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Sin embargo esos mismos que son capaces de dar esos festivales del humor, luego se ofenden si un grupo de no creyentes se decide a bromear un poco. Hay un juego de flash llamado Faith Fighter, donde, en el más puro estilo Street Fighter, distintos dioses y profetas de varias religiones se enfrentan a piñazo limpio. Tras airadas protestas el juego se retiró… de su página oficial, claro, pero ya se sabe cómo es internet, ya está por todas partes. Simpático pero un poco facilillo, solo he jugado una vez, con Dios, y gané (claro).

Faith Fighter


Es de sobra conocida nuestra afición al humor guarro, salvaje y cafre. Grandes epitafios han salido de este blog, y grandes artículos, sobre todo en la sección “me cagoentó”, han ido perfilando a los colaboradores activos y pasivos de SombrereroLoco y al público al que está dirigido.

Pero que nadie se engañe, aquí en Sombrereroloco no hemos inventado la pólvora, ni mucho menos, y el impresentable al que hoy va dedicado este post tampoco creo que pase a los anales del humor blanco y elegante… pero tengo que reconocer que El Bananero ha sido todo un descubrimiento.

¿Quién es El Bananero? La verdad es que esos detalles poco importan. Lo trascendental es que llegó a nuestras vidas una fría mañana de invierno, como adjunto en ese típico correo para alegrar la mañana, que te envía el colega de los power points guarrones.

Y allí estaba como fichero adjunto… El Bananero y su antológico “Muñeca System”, con ese peculiar habla chocarrero y bajuno de Buenos Aires, con un humor chocante y mordaz que me ha desencajado, por lo menos a Saqman y a mi, la mandíbula más de una vez.

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Palabras como orto, sorete, la recontraconcha de tu madre, andate a garchar, indolora de Zidane, haceme un pete… han sido absorbidas por nuestro léxico con una facilidad pasmosa, empleando expresiones como “Deja de romperme las bolas y entrégame el orto” de forma casi inconsciente.

Una visita a los videos del Bananero nos muestran montajes a modo de trailers de películas de tirón, quedándome con “John… Salchichón”, y puteadas del estilo de “Muñeca System”, siempre fiel a su estilo y creando escuela a lo largo del mundo.

Pero claro, para gustos los colores, y al Bananero o lo veneras, o lo rechazas por repugnante. En cualquier caso, su página permite dejar tu comentario, y, aquí llega otro detalle curioso, tanto si es para bien como para mal, el insulto se estila demasiado a menudo, bien para crítica o alabanza.

Mi deseo, publicado en este blog ya, es que he ansiado comentarios ilustrados y ampulosos en nuestro blog, bien sean por hoygan deleznables, o bien parrafadas al más puro estilo del Capitán Haddock (pero adaptado al Siglo XXI). Para muestra un botón:

Gordo chupa pija, la concha de tu arrugada de tu abuela y la realísima puta de tu cerda y perrísima madre que te recontramil parió, pedazo de sorete mal cagado ¿Por qué carajo no seguís haciendo videos? ¡Gordo, tomá leche de hombre! No te hagas el pelotudo y mandate un trailerazo, puto. ¿O te rompen el orto tan seguido que no tenés tiempo? Chupa verga.
Cordiales saludos, mariconazo

Lo mejor que podéis hacer es pasaros por su página, ver algunos trailerazos, y dejad vuestro comentario.

De todas formas, Bananero, si algún día te da por pasar por aquí y nos lees, allá va esto:

La reconcha de tu madre que te parió por el orto, gordo de mierda, menuda mierda de videos, mejor haceme un pete y andate a chupar porongas ahí.


De todos es conocido que la imaginería hollywodiense se agota a ritmo frenético. Es por eso que el espectador medio empieza a fijar su punto de mira en filmografías de países antes infravalorados, y comienza a destacar las virtudes del cine oriental o hispano. Los grandes estudios se llevan las manos a la cabeza en un intento desesperado de rodar grandes superproducciones que atraigan al público. Conscientes (al fin) de que es imposible hacer una buena película sin un buen guión, optan por lo seguro. Es decir, repetir una y otra vez fórmulas aseguradas, actualizando los detalles a los gustos del público actual (y, entendámonos, para Hollywood el espectador que importa es el que ronda entre los trece y diecisiete años).

Así pues, hemos sido testigos de la resurrección de Superman, de Starky & Hutch, de Miami Vice y absurdos como Godzilla, El Inspector Gadget e incluso La Pantera Rosa. En muy pocas ocasiones, estas revisiones funcionan. Y fue Christopher Nolan quien dió en el clavo al entender que, puestos a contar lo mismo, lo mejor es hacer borrón y cuenta nueva, y eliminar de un plumazo las constantes propias del original que un remake obliga a mantenter. De ese modo nace el concepto de “Reboot” en el cine. Algo que no es nada nuevo, porque Marvel Comics lleva años haciéndolo en páginas impresas (y de paso, recomiendo encarecidamente leer Astonishing X-Men). Como Batman Begins y, sobre todo, la magnífica El Caballero Oscuro triunfaron en taquilla, las perspectivas de negocio quedaron claras.

Y con esas llega J.J. Abrams, el famoso creador de Lost, a demostrar que es el hombre más valiente del planeta. ¿Por qué? Pues porque no muchos directores se atreverían a coger un clásico como Star Trek, actualizarlo al siglo XXI y lanzarlo al mundo como la gran superproducción que merecía haber sido desde hace años. Cualquier otro, conociendo lo visceral del caracter Trekkie, sabría que, de hacerlo mal, tendría que convivir para el resto de sus días con amenazas e intentos frustrados de linchamiento. Vale, esto es un chiste que me permito como fan de Star Wars.

Ya se encuentra en todas las pantallas del planeta (y de los sistemas de la Federación) la nueva entrega de Star Trek. Y, háganme caso, mola mucho.

No cabe duda de que los guionistas, Roberto Orci y Alex Kurtzman, han hecho sus deberes en cuanto al modo de presentar la historia. Tras un preámbulo de cinco minutos, que es el mejor y más intenso prólogo que he visto en mucho tiempo, la trama se centra en la niñez y primera juventud de los dos personajes principales, por todos conocidos: James T. Kirk y Spock. El juego es el mismo de siempre, el contraste de caracteres, instinto frente a lógica y pasión frente a frialdad, que conjuga a la perfección para desarrollar una amistad futura. La trama se toma el tiempo preciso para la introducción de estos dos seres tan opuestos como complementarios, para narrar los días de la academia y, en un instante, verlos subidos a la USS Enterprise. Y, aunque existe un cierto desajuste entre la personalidad de ambos entre el clásico televisivo y esta nueva propuesta, no es fruto de la casualidad. Todo está cuidado, puesto que ni Kirk es el mismo Kirk, ni Spock, el mismo Spock. Un juego temporal al más puro estilo Chris Claremont para zanjar el tema que, además forma parte de la trama, y funciona a la perfección. Así, el espectador admitirá sin problemas que este es un Kirk más rastrero, más sinvergüenza (¿no recuerda a Han Solo?) y este nuevo Spock es más emocional que su predecesor. Magníficos Chris Pine y Zachary Quinto (Sylar, sigues dando un poco de miedo).

Otro de los grandes aciertos de la película es la presentación de todos los secundarios, realizado de un modo muy natural para el espectador profano, pero con auténtico deleite para el fan. Inolvidable la actuación de Karl Urban (casi irreconocible) como el Dr. McCoy, sin duda un punto de acidez y mala leche en la película. No hay que menospreciar la presencia de la muy erótica Uhura, que juega al despiste con nuestros dos protagonistas, así como las actuaciones de Scotty, Sulu y Chekov. Todos tienen su momento de gloria en el film, con escenas clave, consiguiendo el doble propósito que el director pretende: caer bien al público y explicar la importancia de su presencia en la Enterprise. Quizá quien sale más perjudicado es el actor Eric Bana, demasiado contenido e inexpresivo al llevar en la función el peso del malo de opereta, el romuliano Nero. Mención especial se lleva Leonard Nimoy, en su enésima encarnación de Spock (¿cómo, Nimoy es Spock? Pues claro, ¿cómo se iba a enlazar la historia?) para darle el toque de distinción al producto.

No hay que dejarse engañar. Es una película de pack grande de palomitas y Coca-Cola. Pero eso no la desmerece, porque tiene a su favor dos elementos claves: la acción y el humor. Es un defecto enorme utilizar planos fugaces y cámaras rápidas para mostrar la acción. El espectador no ve casi nada, se fatiga, y no consigue entrar en la película. Michael Bay demuestra constantemente su falta de talento con esta fea costumbre. Se agradece pues que J.J.Abrams tenga la capacidad de mostrar la acción con escenas largas, con visibilidad completa y, con esas y todo, conseguir el trepidante ritmo que he visto en Star Trek. Una vez la Enterprise entra en juego, el tempo de la película no decae ni por un instante. Cine de acción del bueno. Conjugarlo con una dosis alta de humor es, como todo el mundo sabe, un acierto. Sobre todo si está hecho con cierta inteligencia. Y en este caso el director bebe de las fuentes de Spielberg que sentó cátedra al establecer que, para que un protagonista de acción caiga bien al público, debe llevarse mamporros por todos lados. Así, el audaz James T. Kirk se ve sometido a toda clase de golpes y puñetazos, algunos consecuencia de su propio despiste. Y es en los secundarios donde cae el peso humorístico, sobre todo en McCoy, Scotty y Chekov.

Star Trek es de esas películas en que, a falta de diez minutos del fin, el espectador quisiera que se prolongara al menos dos horas más. Y, teniendo en cuenta la potencia del aire acondicionado en las salas de cine, creo que habla mucho en su favor. Larga vida y prosperidad a esta nueva saga…