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Crónicas del Rey Silvestre: Esperada Visita |
Pettenman
29 Mayo 2009 |
Todo el mundo ya conoce la noticia: Turrón parió, y no han sido ni uno, ni dos, ni tres gatitos ¡hoygan!… hasta siete vástagos ha tenido la felina, criados y paridos uno a uno en ese cuerpo tan enjuto. Y eso que la media son cinco crías. Ya lo dije yo en su día, la comida seca Coshida del LIDL es mano de santo.
Familias numerosas aparte, y teniendo en cuenta el quebradero de cabeza que supone tanto para la madre sacar adelante semejante prole, como para mí, que dentro de un mes los tengo que colocar si o si, todo está yendo sobre ruedas, siendo unos gatitos sanos, mamones y bastante ruidosos.
Como no podía ser de otra forma, las crías de Turrón son de diverso pelaje y constitución, que paso a pormenorizar con todo lujo de detalles:
- En primer lugar tenemos a dos hembras clavaítas a la mare (tal y como se chapurrearía en Cádiz)
- Luego, un caso bastante extraño, puesto que se trata de un gato blanco impoluto, del que creíamos que podría ser albino, hasta hace poco, que vimos cerca de casa un gato bastante feo y gordo, y parecido a él, del que sospechamos que es fruto de su simiente
- Dos gatos blancos y negros, que son la vida imagen de su progenitor, el Rey Silvestre, leif motiv de algún que otro post de este blog de culto.
- Un gato tigre: Recordemos, para los neófitos en estas batallas por la corona, que el gato Tigre es un disidente al reinato ejercido, no sin cierta represión, por nuestro aclamado Rey Silvestre.
- Un gato de manto blanco y atigrado. Es decir, un híbrido entre Silvestre y su archi-enemigo, el mentado anteriormente gato tigre.
Los avezados lectores habrán caído en la cuenta de que, tal y como todo el mundo sospechaba, Turrón no es una gata monógama, ni una víctima de los caprichos de la genética, sino que más bien tira hacia una cierta ligereza de cascos que espero sepa llevar con dignidad. Para que todos nos entendamos… todo el que pasaba por allí, se la zumbaba sin remisión, de ahí la cantidad de gatitos y su diferente origen.
Y hablando del bueno de Silvestre, este fin de semana, por fin ocurrió el ansiado por todos encuentro entre uno de los padres y la abnegada madre. Llegó como suele hacer, con grandes maullidos, avisando de que había llegado, y de repente, al girar la cabeza, vio a los gatitos y a la progenitora. Turrón salió de la caja en la que daba de mamar a las siete crías, se apartó, y dejó a Silvestre allí delante, a unos 30 cm. de las crías.
Permaneció inmóvil durante casi tres minutos, observando a las crías, sin maullar, sin moverse, quieto como una estatua, sin tan siquiera mover la cabeza para ver lo que Turrón o yo estuviéramos haciendo. El escenario era fascinante ¿Qué extraño ritual era ese? ¿Por qué se apartó Turrón y no hizo el ademán de acercarse? ¿Por qué empleó Silvestre tanto tiempo en observar a las crías? ¿Por qué no se acercó a ellas?
Por fin se giró, maulló a Turrón y se marchó por donde había venido, sin tan siquiera probar la comida.
Ya no lo hemos vuelto a ver más. La vida sigue igual, Turrón sacando adelante su familia numerosa monoparental, y Silvestre enfrascado en intrigas palaciegas de las que él sólo sabe. Y yo, preguntándome desde aquél día qué significó aquella fugaz visita.
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El otro día, ante la proximidad de las elecciones europeas, me topé con varios carteles electorales, en este caso del PSOE; en estos carteles, con aire futbolístico, ponía algo así como “Trabajar por la Paz (PSOE) Vs. Sembrar el miedo (PP); Este partido lo vamos a ganar”… Madre mía, no sé en qué estaría pensando el creativo de publicidad del PSOE. Y este cartel me dio bastante que pensar, verdaderamente no sé a dónde vamos a llegar, ya que, como el cartel bien insinuaba, unas elecciones politicas ya no son eso, unas elecciones, sino un mero partido de fútbol, un reclamo publicitario donde unos son muy buenos (trabajan por la paz) y otros son malos como el sebo (siembran el miedo). Cuanto más agresivas sean las campañas, cuando más descrédito haya a la parte contraria, mejor que mejor.


El otro día al pasar al lado de un kiosko vi, para mi gran pasmo, que todavía seguían vendiendo la Superpop. Es increíble que una publicación como Superpop haya sobrevivido al paso de los años; de hecho, yo llevo viendo esa revista en los kioskos desde que era un chavea y el tío que estaba de moda entre las quinceañeras mojabragas eran artistazos de la talla de Glenn Medeiros (homenaje soterrado al Deivid) o de Kirk Cameron.





