Entrada para Septiembre, 2009

Musssshaaashoooo

Saqman
30 Septiembre 2009

Era justo cuando mi mujer había entrado en una mercería a comprar unos calcetines para Anhulkito. Justo enfrente, un pequeño parque de esos que hay en todas las ciudades con tobogans y suelo de caucho. Tres o cuatro niños descalzos se dedicaban a berrear por allí, tirándose de cabeza, subiendo por donde no debían, en fin, lo normal.

Dos mujeres, mejor dicho, dos auténticas chonis de barrio en chándal de esos rosas con rayas en los brazos, miraban a los niños jugar, mientras escupían ordinarieces por la boca y disfrutaban de una fresquísima litrona compartida. Un gran ejemplo para los niños muy común por allí.

En esas que me ven pasar por allí con el niño en brazos, paseando, jugando con él y riéndonos. La rubia, la más joven y menos consumida por el alcohol y las drogas, entonó, con una portentosa voz de Ducados -”Musssshaaashoooo.”- Cogiéndome desprevenido, las miro y va la choni y me suelta -”¿No tieeenne tú dos amigos asín como tú pa nozotras?”.

“Que buen padre, hija, que cosssa”- saltó la otra, con la voz de Leonard Cohen. -”No como el mío, que está arriba ahín tomando cervessa el mu cabrón”.

“Tu muhé estará contenta ¿en? ¿a que jín?”- Y cuando le respondí que yo creo que sí, que supongo que lo debe estar, me respondió la titi -”y ensssima de buen padre, tan altooooo y tan guapooo”.

Anhulkito, que iba a lo suyo, no percibió en absoluto el tono escarlata que de pronto tomó la cara de su padre. Y yo, que me las iba pirando rápido, porque las nonis seguían a lo suyo, es decir, combinando piropos con tragos a la litrona, pensé que, a pesar de los años, del lugar donde viva y de la gente que me rodee, ese Cádiz profundo y decadente, que adoro y detesto por igual, me perseguiría toda la vida.


Yo no sé a vosotros, pero a mi me da que la historia vuelve a repetirse. En el Colegio, Don Jesús nos enseñó que La Bastilla, fortaleza convertida en prisión estatal durante el reinado de Luis XVI, y considerada por la turba de parisinos de clase media y baja como un símbolo del despotismo de la monarquía de los Borbones, fue tomada por el pueblo llano en un arrebato de furia por todas las injusticias cometidas durante muchos años.

Y es que por aquella época campaba a sus anchas e impunemente un gobierno inepto y autocrático, cubierto de deudas. La población de clase media y baja al borde de la desesperación, debido al incremento de los precios de los alimentos, las condiciones de trabajo injustas y una nobleza y clero opresivos y exentos de pagos de impuestos.

Con este plan, era lógico pensar que miles de parisinos, con poco ya que perder, tomaran las calles, marchando a la Bastilla, tomando el control del edificio, y por ende, del país. Este evento marcó el principio de la Revolución Francesa, que abolió la monarquía y estableció la Primera Republica de Francia.

Hoy he leído que el Gobierno de España ha presentado ayer una subida de impuestos histórica que endosa el 96% del aumento de recaudación a los contribuyentes de clases medias y bajas de la población española. El fin de la rebaja de los 400 en el IRPF y el incremento del IVA centran la decisión gubernamental, destinada a intentar tapar un agujero presupuestario que ellos mismos han creado.

Para más recochineo, de los 10.950 millones de euros que se espera recaudar con la medida, sólo 430 millones procederán de los que obtengan rentas de capital superiores a los 90.000 euros. ¿Este es el esfuerzo que aportarán “las rentas más altas”?.

Hace ya unos meses nos subieron un impuesto especial, el de la gasolina, y el pueblo, ni mú. Ahora siguen apretando a los de siempre con más impuestos, para seguir pagando a corporaciones apestosas, sindicatos chupadelbote, flojos muy flojos, Bibiana Aído e Isabel Coixet.

Con esta reforma no pagan mas quienes más tienen/pueden/ganan, con estas medidas, el pato lo pagamos todos. El IVA es un impuesto universal, que afecta de igual manera a todas las rentas, a las más altas y a las más bajas, pero ya se sabe ¿Qué son 10€ para aquel que gana un millón? ¿Qué son 10€ para aquel que gana diez?

En 1789 tomaron la Bastilla, en 2009, nos echamos a la calle, pero para celebrar el triunfo de España en el Eurobasket.

Nos lo tenemos merecido.


Pues sí, ésta, para mí, quizá sea la más grande pollada perpetrada por el ser humano… Pero antes de nada, y para que no pase como en ocasiones anteriores, vaya por delante que respeto al que fume (mientras no me eche el humo en el careto) y que cada uno es libre para hacer con sus pulmones lo que le venga en gana. Pero también me gustaría que se viera esta serie de “Grandes Polladas” como algo completamente subjetivo, que yo no soy el Papa Roma y que lo que yo digo no va a misa, sino que ésta es sólo una opinión más.

A lo que iba, el tabaco. Jamás me ha gustado fumar. Nunca me ha llamado la atención y eso que he intentado probarlo, pero ni por esas. Las únicas veces que he fumado ha sido completamente borracho y los resultados, tras dos caladas, fueron devastadores, así que me dije que una y no más.

Tampoco he entendido mucho qué placer existe en el fumar. Es decir, si el tabaco supiera a fresa o a limón, pues podría entenderlo, pero es que como dijo alguien que no recuerdo, fumar es como si chuparas un cenicero usado. No hay cosa más terrible que darle un beso de alguien después de que esta persona haya fumado, no hay cosa más desagradable que entrar a un sitio atestado de humo de tabaco, pero eso son futesas comparado con lo que el tabaco puede hacer con tu salud. Y si no que se lo pregunten a mi mismísmo padre, que gracias a todo el tabaco que se ha fumado en su vida, en la actualidad habla como El Padrino y encima dando gracias.

También me alucina la cantidad de medicamentos que hay actualmente para dejar de fumar, un montón de gente intenta dejar de fumar pero no puede. Aunque hay gente que verdaderamente disfruta fumando y no quieren dejar el tabaco por nada del mundo. Aún sabiendo que les está haciendo polvo por dentro, pero dicen que sarna con gusto no pica…

Creo que en la actualidad hay que ser muy tonto, con la cantidad de información que hay al respecto, para empezar a fumar desde cero. Pero claro, los que empiezan a fumar desde cero son jovencillos, que lo hacen para ir de guays, para impresionar a la chica o para hacerse los mayores… Y luego, cuando se hacen mayores, ya es demasiado tarde: Cáncer, problemas respiratorios coronarios… “Ya, pero lo mismo te mueres tú antes que yo”, podría decirme un fumador: Sí, pero tú te lo estás buscando el cascar, yo no, mi cascamiento ha sido mera casualidad, ahí he tenido mala fortuna…

Respecto a la Ley Antitabaco, yo estoy completamente de acuerdo con ella. Me encanta que en los sitios de trabajo y en los sitios públicos no se pueda fumar o los fumadores tengan su propio espacio para poder fumar, que tienen todo el derecho del mundo a hacerlo, pero yo no quiero ser fumador pasivo por cojones, como lo era antes.

En fin, lo siento por mis amig@s fumadores, pero no estaría de más que el tabaco desapareciera de la faz de la tierra. A la larga, muy poca gente lo echaría de menos.


El Mérito de Melody

Pettenman
25 Septiembre 2009

Hay ciertos acontecimientos en la vida que a uno le empiezan a suceder de repente, y que indican irremisiblemente que andamos más cercanos de la tercera edad que de la adolescencia. Una de esas situaciones se da cuando algún chaval, al cruzarse contigo en la calle, te pregunta cortésmente “¿Tiene usted hora?”.

La otra, ver a Melody en la tele. Si, si, esa Melody chiquitilla y poquita cosa, pero de una voz chillona y estridente, que cantaba aquello de “¡¡¡Soy una rumbeeeraaa!!! ¡¡¡rumbeeeraaa!!!” en todas las atracciones de cualquier feria de medio pelo que se preciara.

Pues esa niña impertinente y resabidilla ha crecido, y vaya como ha crecido. No solo me refiero a que ya es toda una mujerona Racial, Recia y Renegría, sino que parece que ha madurado bastante y saca discos bastante más serios, intentandose alejar de la música chunda chunda, apropiada para circuitos feriantes.

Yo, desde luego, no daba ni un duro por ella hace ya ocho años, pensando que ésta mocosa iba a ser artista de un solo éxito, y que se trataría de otra niña más explotada por unos avariciosos y holgazanes padres a los que sólo les interesa ver engordar su cuenta corriente a base del trabajo de otros. Estaba convencido de que después de los gorilas vendría otra niña repelente más, y, en otro giro de tuerca, acabaría ganando el Eurovisión Junior. Y después otra, y otra…

Pero no, Melody parece que ha sabido sobreponerse a todo esto, y aparte de que el vozarrón no lo ha perdido (aunque sí el timbre estridente, afortunadamente), ha madurado increíblemente bien, teniendo incluso la sangre fría de ir al programa de Jesús Quintero a que la entreviste, que para eso hay que tenerlos bien puestos para no quedarse dormido.

Por lo visto, esta chica, con 18 años ya, va su sexta producción musical llamada “Los buenos días”, y aunque no comulgo con este tipo de música, que cada vez que veo a esta muchacha, he de reconocer el mérito que tiene todo lo se lo está trabajando, desde que era una impúber con bigote, hasta estos días, mujer y artista hecha y derecha. A eso le llamo yo ganarse el pan con el propio sudor de su frente.

Ella si es un ejemplo a seguir para esta juventud de hoy en día, acostumbrada al pelotazo fácil en Operación Triunfo y luego a vivir de las dádivas y la mendicidad.

Por eso me siento un auténtico viejo cuando, hace unos días volví a ver a Melody por la tele cantando, porque digo cosas de viejos mientras la miro de reojo como: “¡Hay que ver cómo ha crecido esta niña!”. Y es que hay que ver cómo ha crecido la Melody.

Espero que te siga yendo muy bien, porque tú si que te lo mereces (y ahora voy a comportarme como el viejo verde que soy), guapa!!!


Hermanos

Saqman
23 Septiembre 2009

Quizá una de las historias más conocidas de la Biblia es la de Abraham. El profeta, el patriarca del judaísmo. Según nos cuenta el Antiguo Testamento, Sarai, su esposa, vivió una larga existencia de infertilidad que, a pesar del amor que profesaba a su esposo y las escrituras, era objeto de conflicto.

Abraham tenía derecho de nacimiento sobre las sagradas escrituras, sobre los textos religiosos que estudiaba y conformaban la creencia en el único Dios. Derecho que se perdería irremediablemente si Sarai no le daba un primogénito.

No queda muy claro si parte de Sarai o de Abraham, o es mera conjetura el hecho de que, tardíamente, el profeta tiene un hijo fuera del seno matrimonial, con Hagar (que se cree era esclava en la tribu de la propia Sarai). Aún siendo ilegítimo, Ismael crece con derecho de nacimiento.

Es ya adolescente cuando, según la Biblia, Sarai queda en estado y engendra el primogénito de Abraham, Isaac. A partir de ese momento, Isaac, siendo hijo legítimo a ojos del Dios único, recibe el derecho de nacimiento, e Ismael queda en segundo plano, terminando por marcharse de la tribu (para tristeza del padre) con su madre Hagar.

Es una pena que en España no nos hayan enseñado más religión. Y no me refiero a católica, sino a una visión global de las religiones como parte de la historia del mundo. Pues si hasta la saciedad nos enseñaron que Isaac engendró a Jacob, y en varias generaciones nació el Rey David, y luego, José, María y Jesucristo, jamás nos dijeron que Ismael fue bendecido, y construyó un imperio, y doce príncipes fueron sus hijos, y de ellos, en varias generaciones, nació Mahoma, el profeta del Islam.

Y la paradoja se da en que trístemente los cristianos, los judíos y los islamistas, somos tan hermanos que sólo podemos amarnos, odiarnos y asesinarnos como lo hacen los hermanos.


Los españoles sólo nos echaremos a la calle cuando nos suban la cerveza…


Aliviado el luto por Turrón, que por cierto, se ha convertido en la soberana del descampado anejo a su cabaña, era necesario dedicarle un post a Ripley, la gata oficial de la morada (recordemos que Silvestre y compañía son refugiados políticos en el patio delantero).

Ripley es una gatita de pelaje gris con un año y medio de edad, que apareció abandonada cerca de mi casa una noche de verano. Era muy pequeñita, no llegaría ni a los tres meses de edad, y estaba en un estado lamentable, prácticamente ciega y comida por la sarna. Eso si, hasta en esa calamitosa situación, ya poseía el orgullo y coraje suficiente para echarme genio, y eso que la quería cuidar.

Las primeras noches las pasamos en blanco, con maullidos intempestivos, plantas que aparecían devoradas, y alguna que otra micción fuera de su lugar pertinente.

Quizás porque Vane y yo aún no estábamos preparados para una “paternidad” tan temprana e inesperada, desde el primer día barajábamos la posibilidad de que, en cuanto se recuperara la gatita, la ofreceríamos en adopción.

Pero aunque ya se sepa la historia de antemano, uno está condenado a volverla a repetir: al felino se le coge cariño, y ya poco queda por hacer. Fue entonces cuando la bautizamos con el nombre de Ripley, en honor a la Teniente Ellen Ripley, protagonista del clásico Alien, el 8º pasajero, ya que ambas se caracterizan por tener una valentía y unas ganas de sobrevivir dignas de mención.

El resto es una historia de sumisión a esta gata que finalmente, y como todos los gatos que conozco, se ha quedado con la casa, sin prisa pero sin pausa, y que si nos deja vivir en ella es porque le caemos simpáticos, o siente lástima porque seguramente piensa que no tenemos a dónde irnos.

La relación contractual es bien sencilla; a cambio de que Ripley nos deje vivir su casa, nosotros estamos obligados a darle de comer, a jugar con ella y con su juguete favorito, un alambre de la bolsa de pan bimbo, y a no molestarla mientras duerme. Reglas sencillas y concisas.

Creo que ella es feliz, aunque no es consciente de la lotería que le tocó hace un año y medio ya, cuando sus posibilidades de sobrevivir tres días más eran muy limitadas. Pero supongo que todas las penurias que pasó durante aquellos días ya ni las recuerda, llegando incluso a veces a darme la sensación de que ella no se considera gata, dada la áspera relación que tenía con Turrón cada vez que salía al patio delantero. Y con Silvestre, galán felino por el que suspiran cientos de gatitas a la redonda, su relación es de “hola y adiós”, el desafecto es mutuo, sobre todo porque Ripley está castrada, y el interés por tanto se pierde por ambos animales.


Y no solo por todo lo mencionado anteriormente, sino tambien por las miradas que arroja, por las reacciones que tiene, me da a mí la sensación de que Ripley no se considera gata, sino más bien una humanoide-felina.

Por todo esto, y porque me encanta compartir el silencio de mi habitación con ella, porque me encanta cruzar la mirada con Ripley, haciéndonos ambos la misma pregunta “¿Qué estará pensando este animal?”, por lo discreta (cuando quiere), inteligente (cuando quiere) y ocurrente (cuando quiere) que puede llegar a ser…compartiendo esos momentos con Ripley me doy cuenta de lo cierto que es aquello que dijo Víctor Hugo acerca de estos animales: “Dios hizo al gato para ofrecer al hombre el placer de acariciar un tigre”.


Parece que la inmortal novela de Mary Shelley es un tema recurrente en este blog. Y no es por pura casualidad, puesto que tanto el señor Pettenman, como yo, nos hemos sentido siempre fascinados por la obra, y ha sido motivo de conversación y discusión durante muchos años.

Siguiendo con la serie de artículos que comenzó con Releyendo ‘Frankenstein’, y pasó por Revisionando ‘Frankenstein’, nos centramos ahora en la que ha sido, hasta la fecha, la última adaptación del mito, la llevada a cabo para la pequeña pantalla por Kevin Connor, y quizá la más fiel al original.

Esta nueva versión, adapatada por Mark Kruger, parte del propósito de plasmar con la mayor exactitud la obra de Shelley. Y eso puede suponer una ventaja y, a la vez, una lacra en la puesta en escena. El problema de Frankenstein y sus numerosas adaptaciones es el mismo que tiene Drácula. El cine ha dado por sentado elementos que, poco a poco se han ido heredando de película en película, pero que no son parte del original. Ya hemos hablado de que Frankenstein es un hombre joven, de grandes sueños y esperanzas. Un hombre cuyo único propósito es el bien, pero cuya ambición le lleva a olvidar que sus estudios tienen por finalidad ayudar a la humanidad, y llevado por la locura se quiere convertir en un benefactor de la misma. Nada que ver con el científico pedante, malvado y alejado del mundo que tanto se ha visto en pantalla. Por tanto, Connor intenta atenerse al máximo al libreto, pero claro, a costa de perder espectacularidad. La creación del monstruo, que tan impresionante resultaba en cine (con las tormentas, los rayos, etc.) en el libro es más íntima, más contenida, quizá un viaje interior a la locura, pero que se realiza con al mayor discrección. Y ese es el tono general de la serie televisiva. Querer que la pantalla sea un libro y viceversa. Y es normal que ahí fracase un poco el tempo de la narración, que a veces resulta algo tediosa.

Pero este producto televisivo debe ser abordado con mente despejada, y carente de prejuicios y comparaciones. Por primera vez se muestra a la criatura en todo su esplendor. Aquí se ha optado por eliminar el carácter repulsivo de la misma (las costura, los diferentes trozos en la cara) a cambio de dar un toque de realismo a un monstruo ya de por sí completamente irreal. Un excelente trabajo de maquillaje nos muestra una criatura hecha a partir de restos humanos, con la carne en inicio de putrefacción de los cadáveres recientes, desagradable, pero a la vez muy atractiva. Y es cierto. Hay algo de magnetismo en la figura del monstruo. Quizá por una muy cuidada elección de vestuario, que le hace parecer más tenebroso, y con el que el director se luce y monta unos planos en ángulo dignos de cómic. Pero sobre todo por la magnífica interpretación de Luke Goss. Sin duda el mejor mosntruo de Frankenstein que he tenido la oportunidad de ver. El actor despliega todo su talento (y su cuidada gesticulación) para mostrar la terrible existencia de la criatura, un ser condenado al rechazo por todos, y que no conoce piedad. Tal como le veía en pantalla afloraban mis recuerdos adolescentes leyendo la novela y llevándome la misma sensación de tristeza y abandono. Goss se esfuerza sobremanera en reflejar el patetismo del personaje. El tormento que es su vida por haber sido creado a imagen y semejanza del demonio. Un ser lleno de amor, generoso y dotado de piedad, cuya imagen despierta el odio del pueblo al que quiere y necesita amar. Luke Goss va dotanto al personaje de un contínuo crecimiento. Las primeras escenas en que casi ni consigue andar, pasando por los primeros razonamientos, y la evidencia de que no está aprendiendo nada, sólo recordando, de ahí la velocidad con que habla, con que lee, y con que aprende a odiar. Porque si la actuación triunfa en la desgracia, no desmerece en el odio. Cuando la criatura se ve abocada a la soledad por parte de un padre que le rechaza, el odio en su interior se hace sentir en pantalla.

El producto combina actores famosos con varios desconocidos al gran público. Así, a parte del mencionado Goss, los papeles principales recaen en Alec Newman, como Victor Frankenstein y Nicole Lewis como Elizabeth. Siendo Newman un actor con gran potencial, no parece arrancarle la fuerza necesaria al personaje, como sí puedo hacer Kenneth Branagh en su interpretación diez años antes. Victor queda un tanto anodino, y parece que pasa por la historia casi como si no fuera con ella. No es capaz de reflejar el dolor y el tormento de los remordimientos. Aunque quizá sea un probema en cuanto a la dirección de actores, puesto qeu ya habíamos visto a Newman como Paul Atreides en la serie Dune, y estaba magnífico. Sin embargo, Nicole Lewis, siendo una actriz con una cortísima trayectria, refleja el papel a la perfección. Quizá porque también el personaje sirve simplemente de réplica al protagonista, y es más sencillo de abordar.

Destaca sobre todo Donald Shutherland como el capitán Walton, en una interpretación infinitamente mejor de la que hizo el insufrible Aidan Quinn. Siendo este personaje el confesor de Frankenstein en sus últimos momentos, ve su vida y sus abiciones reflejadas en éste último. Impresionante el diálogo final entre Waldon y la criatura, a los pies de un Victor muerto, cuando el primero le reprocha al mostruo la venganza que se ha tomado libremente por el rechazo al que se vio sometido. Le recuerda que Jesucristo, al ser entregado a la muerte por su propio pueblo, no optó por la venganza. “Tenía un padre que le amaba…” responde la criatura.

Meramente anecdótica es la presencia de William Hurt como el porfesor Waldman, y curiosa su aparición, pues también actuaba al lado de Newman en Dune.

La serie en sí revela una cierta carencia de presupuesto, pero un aprovechamiento de los pocos recursos. Los decorados a veces parecen fuera de época, y las secuencias del barco en el Polo Norte son demasiado estáticas. Lo que destaca es la lamentable dirección de la segunda unidad, así como la interpretación de los extras. Realmente mal facturado todo. Jarras que se notan vacías, pueblerinos de manos alzadas que increpan a Justine, con cara de guasa… un desastre eso, la verdad que, como uno se fije demasiado, resta credibilidad al film.

La música de Roger Bellon es un mero intento de plagiar la impresionante partitura que hizo Patrick Doyle para el Frankenstein de Branagh. Es una pena, puesto que un músico de más talento hubiera dotado de una intensidad draática mayor al conjunto, sobre todo a las escenas de venganza y desesperación a la que se ven abocados los personajes.

Pero, a pesar de las carencias, es de merecer el esfuerzo, sobre todo por la actuación de Goss como criatura, y la fidelidad a las páginas que se respira en cada fotograma. Otra adaptación más de nuestro libro fetiche que hay que tener en cuenta.


Este largo verano, por motivo de la realización de diversas chapucillas en casa, ha sido de esos en los que hemos tenido que visitar, para fortuna o desgracia (según se mire), varios centros comerciales, en busca de los aperos necesarios.

Aparte de estar todos hasta la bandera, lo cual me hace preguntarme una y otra vez dónde está la crisis, hay un aspecto que cada vez me llama la atención, dada la creciente, a niveles alarmantes, generalización del incivismo de la sociedad actual. Me refiero a aquellos que aparcan ocupando dos plazas de parking. Como lo oye, hoygan…y como lo ven en la foto.

Supongo que a más de uno le ha ocurrido la típica e irritable situación de estar buscando aparcamiento en un centro comercial abarrotado, y observar, con estupor, y no sin cierta igdinación, como un capullo integral, ha ocupado dos plazas, con su Jeep Volkswagen Tuareg, su Mercedes SLK, o su Audi ranchera con todos los extraordinarios ¿Por qué suelen ser coches de lujo o ultratuneados? ¿Qué lleva a este tipo de retrasados mentales a hacer esto? ¿No les pitan los oídos durante su estancia en el centro comercial?
El primer impulso, aunque reprimido, es el de sacar la barra de desatornillar ruedas de coche y reventarle los seis cristales al vehículo aparcado, al igual que haría Michael Douglas en “Un día de furia”. El siguiente impulso, más comedido, es el de seguir buscando aparcamiento bajo ese sol abrasador típico del verano.

Menos mal que, por esta vez, no estamos solos. Aparcascomoelculo es una página para que los ciudadanos damnificados por esta conducta antisocial puedan dejar notas a los conductores de coches mal aparcados, en vez de reventarle los cristales con un bate de béisbol, que sería realmente lo suyo. La multa en cuestión, se puede descargar de internet y en ella se explica el motivo de la ‘denuncia’, e incluso habilitan un sitio para subir las fotos de los coches mal aparcados.

Todo el mundo sabe que esta web no va a hacer que este tipo de conductas se erradique, ni tampoco creo que sea su intención, tan solo la de facilitar una vía de escape ante la mala uva que a uno se le pone. Eso si, la última vez que vi un coche aparcado como el culo, un todoterreno Volvo XC90, tenía un lapo del tamaño de un CD (con caja incluída) en la luna delantera, en la parte del conductor, para más señas. Lo a gustito que se habría quedado el que lo hizo, aunque no encontrara aparcamiento en todo el día.


La Feria

Zopaias
16 Septiembre 2009

¿Existe una tradición más cañí y entrañable a la par que demencial y delirante que las ferias que se celebran en nuestros pueblos y ciudades?

¿Quién no se ha sentido alguna vez al borde del aplastamiento cuando pasaba entre los puestos ambulantes, repletos de gente a la busca de la pollada más grande e innecesaria, interpelados, a grito pelado, por los étnicos vendedores de dichos puestos?

¿O quién no ha depositado toda su confianza en los doscientos boletos que compra en la tómbola, esperando que te toque la bici o el peluche gigante? ¿O a quién no se le ha puesto la cabeza como un bombo con la diatriba que suelta el tío que está al micrófono en la tómbola, esos iluminados creadores de tantos adagios clásicos como el de “la muñeca chochona” o “el perrito piloto” y que manda, con mano de hierro, sobre ese subalterno suyo que da las papeletas al respetable y que responde al nombre de “secretario”?

Y es que en las ferias te puedes hinchar a ver y a hacer cosas. Por ejemplo, puedes practicar deportes de riesgo… Ni puenting, ni rafting ni hostias. Si quieres sentir el verdadero peligro basta con que te acerques al puesto de patatas asadas más cercano y le digas al tío que te eche todas las salsas y guarnición que haya disponibles: Si eso no es riesgo, que baje Dios y lo vea, porque la cagalera que te puede dar te puede llevar junto al mismísimo Carracuca.

¿Y qué me dicen de esas atracciones montadas con las últimas y punteras tecnologías existentes en la industria? Ni Terra Mítica, ni Isla Mágica ni su futa madre… Como las atracciones de las ferias de los pueblos no las hay, hoygan, con ese morbillo añadido de que ese viaje en el Canguro Loco puede ser el último que hagas en toda tu vida… Pensar en que tu vida depende de que el tío que haya montado la atracción estuviera sobrio la noche anterior y que pusiera los tornillos en el sitio correcto es un subidón de adrenalina que no se logra ni tirándose por un puente atado a una cuerda.

Además, hay una gran cantidad de atracciones que, pasen los años que pasen, siguen siendo las mismas: El antes citado Canguro Loco, atracción que consigue que se te quiten las almorranas en un par de viajes, la Noria, tanto la grande como la pequeña, ésta última con animadores lascivos y con rasgos pederastas (”rojo, que te la cojo”, “amarillo que te la pillo”… ¿Te acuerdas, Hobbit?), los célebres Coches de Choque (donde tenías que rezar para no encontarte al tío al que le caías mal en clase o al bestia del colegio, porque, irremediablemente, iba a por ti, y ver cómo se acercaba como una bala un auto de choque montado por un tío con el encefalograma plano y con mirada asesina es algo que no se lo deseo ni a mi peor enemigo). Qué recuerdos más entrañables…

Por no hablar de las atracciones para los más pequeños, como esos Excalestrics en los que los niñardos se dan de hostias para montarse en el camión de bomberos porque es el que tiene la campana, o ver a esos ponys (o bonys, para la suegra de Alfonsina) dando vueltas y más vueltas alrededor de un palitroque dejando un surco en la arena con su descomunal quinta pata, o el Tren de la Bruja, esa demencial atracción que consiste en montarse en un tren y dejar que un tío con una máscara más fea que yo te dé de hostias hasta, literalmente, crujirte el hato. Algunas veces he visto a algún viajero del Tren de la Bruja bajarse de la locomotora con expresión furibunda e intentar meterle por el orto la escoba al tío enmascarado.

¿Y cómo no hablar de la cantidad de manjares exóticos que podemos degustar en las ferias? Poder degustar comidas tan extrañas como una tortilla de patatas, unos choricillos, o pinchos morunos por el doble o triple del precio que te costaría en un bareto normal es algo que todo el mundo debería probar. Ah… Esos pollos asados dando vueltas en el espetón, ahí al aire libre, a merced de las moscas, de los escupitajos y demás humores corporales de los viandantes, o esas berenjenas metidas en enormes y profundas cubas en las que sólo Dios y el berenjenero saben lo que hay en su interior.

Y también hay sitio en las ferias para jóvenes y angangos que, por fin, hacen algo diferente que el resto de fines de semana, ya que, al menos en la feria de  Ciudad Real, les habilitan una especie de gigantesco corral, con cabida para una auténtica morterá de muchachada, para que hagan botellón. Hombre, ya que no van nunca de botellón, por un día que lo hagan no va a pasar nada, ¿no? Y, además, con lo limpios que son, que no dejan nada por el suelo, que todo lo recogen y lo dejan como la patena, ¿qué menos que dejarles que hagan botellón y que se pongan hasta el culo?

Y no hay que olvidar la música, claro que no. En las ferias nos encontaremos a grandes estrellas internacionales que deleitarán al público feriante: ¿Quién no ha soñado alguna vez, antes de morir, con acudir a algún concierto de David Civera, El Canto del Loco o El Barrio? Pues estas actuaciones, que ningún ser humano que se precie de serlo debería perderse, pueden encontrarlas en la feria de su pueblo y si no en la del pueblo de al lado…

¡¡Vivan las ferias, ostien!!