Entrada para Octubre, 2009

Es una verdad universalmente reconocida que un zombi que tiene cerebro necesita más cerebros“. Así empieza Orgullo y prejuicio y zombis, una versión ampliada de la clásica novela de Jane Austen, sólo que con escalofriantes escenas de zombis que siembran el terror y devoran a seres humanos. Cuando esa misteriosa plaga llega a la apacible población inglesa de Meryton y los difuntos empiezan a resucitar convertidos en temibles muertos vivientes, la intrépida heroína Elizabeth Bennett tendrá que acabar con la amenaza y, al mismo tiempo, evitar que la llegada del altivo y arrogante señor Darcy la distraiga de su empeño. Reescritura en clave de solfa de un clásico fundamental, Orgullo y prejuicio y zombis es una comedia deliciosa, aderezada con civilizadas peleas entre los dos jóvenes enamorados y otras más violentas en el ensangrentado campo de batalla donde Elizabeth libra una guerra sin cuartel contra legiones de zombis que se alimentan de seres humanos. Orgullo y prejuicio y zombis, con sus desengaños amorosos, sus duelos, su canibalismo y sus cadáveres putrefactos, transforma una obra maestra de la literatura mundial en algo que realmente desearemos leer.


Esto tuvo que pensar el promotor del peculiar casting que se está organizando en Cádiz, cuando salió a contemplar una larga cola con centenas y centenas de personas esperando para tener su momento de gloria.

El buen gaditano siempre gusta de merodear en el mogollón, bien sea caótico, como el caso de los carnavales o las barbacoas del Carranza, bien sea medianamente organizado, como es el evento que ha atraído a semejante pechá de artistas de toda la ciudad.

El casting de selección de extras para el rodaje en Cádiz de la película “Knight & Day (Wichita)”, que protagonizarán Tom Cruise y Cameron Díaz, ha comenzado esta semana y desde primera hora de la mañana, eran miles los gaditanos que se agolpaban a las puertas del centro de reclutamiento para hacerse con un papel, por pequeño que sea.

Total, que tenemos a una manada de artistazos frustrados, angangos fugados del Instituto para la ocasión, marujas fisgonas, galanes otoñales recién jubilados, algún que otro ex de Astilleros, nonis bajunas de barrio pintadas como una puerta esperando dar el braguetazo… y “ange”, mucho “ange”, porque si no, no se puede explicar de otra forma tal aglomeración de personal.

Porque me juego el tipo a que se hace una convocatoria similar, pero para coger pico & pala, y el ambiente sólo podría calificarse de desolador. Y la culpa es de todos, desde los que nos gobiernan aquí o allá, hasta nosotros mismos por permitir que la ciudad esté repleta de tantas personas ociosas y sin empleo, o con empleo subterráneo (chapú, en gaditano) dando esta la lastimosa y decadente imagen. Y digo lastimosa y decadente desde mi punto de vista, ya que puede haber alguno que le parezca hasta divertido todo esto.

¡Ay! Si cada una de estas personas fueran en manifestación a pedir empleo, otro gallo cantaría. Mientras tanto, sólo cabe rezar para que la película sea buena, y haya una segunda parte… pero eso si, que sea prontito, que el paro dura lo que dura y no es plan de ponerse a trabajar.


Hace no mucho tiempo que me terminé de leer “Yo, Claudio”, de Robert Graves. Sin duda, una obra fantástica de la literatura histórica. Una narración magnífica, dotada de un sentido del ritmo increíble y bastante instructora. Durante varios días estuve recomendando a varias personas su lectura, alabando sus cualidades y minimizando sus defectos. Llevaba yo tiempo queriendo adquirir el libro, y fue este verano, en una feria del libro, que lo compré por tan sólo dos euros.

Lo que no quita valor al libro. Y ocurre que, muchas veces, casi prefiero leer un libro en papel malo, con una impresión irregular, y en formato bolsillo. ¿Y por qué? Depende de la narración. En casos como el que toca, probablemente sea porque le aporta un caracter antiguo que subconscientemente asignamos a un objeto del pasado. Y siendo la historia su principal leit motiv, la inmersión en la novela es como más sencilla y a la vez profunda.

Pues como siempre, las cosas me ocurren por bocazas. De tanto pregonar las cualidades de la obra, un compañero del trabajo (que ya ha sido mencionado en este blog), insistió en que se lo prestase. Y dicen por ahí que nunca jamás se debe prestar un libro, el coche o la mujer de uno. Con toda mi buena fe le presto un regalo sin parangón, es decir, la posibilidad de saborear una obra inteligente y perspicaz, con ironía y humor. Un regalo imposible de superar. Lo que todos sabemos, o deberiamos saber: el mejor de los regalos, sin duda alguna.

Dos meses ha tardado el buen hombre en leerse el libro, y todos los días tenía que escucharle decir que le parecía un poco lento, que no se explicaba cómo no contaba la vida de Claudio, sino de los que le rodean, que es un libro muy raro en su forma, que no termina de convencerle. Al final, después de tragarme tres o cuatro veces una respuesta inapropiada, que acabaría inmediatamente con nuestra relación más que cordial, pero que me dejaría más a gusto que una buena ventosidad tras un cocido de garbanzos, conseguí que me devolviera el libro.

Y cual fue mi sorpresa cuando el buen señor lo deja encima de mi mesa y se marcha apresuradamente. Y al rato, cuando me da por mirar el libro, resulta que me ha roto la portada. Pero no un poco, sino un “muy mucho”. No doy crédito. Se lo comento y, cual Steve Urkel me responde “¿he sido yo?”. No, han sido tu bisabuelo el bombero torero.

Si yo fuera un dios, y perdonen que me salga la vena fascista, dejaría inmediatamente ciego a todo aquel que sea capaz de maltratar a un libro. ¿Acaso vamos por la vida maltratando un perro, un hermano, o un frigorífico? ¿Acaso un, cuando le prestan un CD, lo devuelve con el libreto destrozado? ¿Cómo es posible que haya gente que relegue el valor de un libro al de simple lectura de letrina? Un libro es un amigo fiel, un objeto precioso que debe ser cuidado y conservado, independientemente de su calidad editorial, de su aspecto y su olor. Un libro viejo es como el abuelo al que visitas de vez en cuando, que vuelve a encariñar con sus historias de un pasado siempre mejor. Un libro nuevo, recién editado, es ese bebé que llega al mundo esperando deslumbrar, y perdurar en los demás.

Un libro prestado no es ni más ni menos que una muestra sincera y afectiva de amistad. Maltratar un libro prestado es renegar de un amigo, es traicionarlo y despreciarlo. Yo he prestado libros que han maravillado al receptor del mismo, que han alabado sus virtudes, y han significado algo en sus vidas. Tanto que al final he acabado por regalarlos. Y a mí me ha ocurrido igual. Hay libros que me han prestado que ya se impregnan de mí, y yo de ellos, y de un día para otro uno se acaba dando cuenta de que el verdadero dueño del libro es aquel que lo ame.


La institución de la Iglesia Católica es, probablemente, la única que alberga entre su rebaño a lo mejor y lo peor de la humanidad. No nos engañemos, puesto que no todo es malo. Conozco varios sacerdotes, y alguna que otra monja, que son magníficas personas, entregadas a los demás, y cargadas de una espiritualidad que contagia. Personas que, fuera del ámbito eclesiástico, aunque pertenecientes a una comunidad, trabaja día a día para asegurar alimento, alojamiento, o compañía a los necesitados, a los enfermos.

Quizá esa es la más brillante consecuencia del Evangelio. Que, por azar, por fe, o por mera simbiosis ética, los textos escritos inspiren a personas simples a hacer del mundo un lugar mejor.

La pena es que pagan justos por pecadores. Y en el seno del Vaticano, pecadores hay unos cuantos. Es de sobra conocida la indignación popular que sufrió el pueblo norteamericano al destaparse, en 2002, un sinfín de casos de abusos sexuales a menores por parte de miembros de la Iglesia. Fundamentalmente sacerdotes. No es nada nuevo que dentro del clero se aloja un gran número de depravados sexuales que merecerían ser encerrados de por vida. Hombres ajenos a Dios, y a su palabra que, apoyados en la bondad y en la buena fe de las personas, son capaces de realizar la mayor barbaridad que se le puede hacer a un niño. El perfil se repite: familias de pocos recursos, donde suele faltar la figura paterna. Niños pequeños que sufren una adoctrinación especial, que son considerados “especiales” para el cura de turno y que, poco a poco, sufren un acoso sexual del que no pueden salir. Generalmente, porque el miedo les invade. Y lo peor es que, cuando los familiares denunciaban el caso, era su propia comunidad quien les rechazaba. Por supuesto, es más fácil ser ciego que ver el infierno en casa.

En 1962 el Vaticano promulgó un documento secreto que llegó a todos los obispados del mundo. Crimen Solicitationis era un texto escrito en latín que abordaba el problema de los abusos sexuales en la Iglesia. Un documento que pudiera haber supuesto una oportunidad de redención para el catolicismo y que, desgraciadamente supone la confirmación de que la Iglesia está completamente podrida por dentro. El decreto tenía como misión mantener un secreto absoluto sobre los casos de supuestos abusos sexuales, bajo pena de excomunión a aquel que revelara algún dato. Las cajas fuertes de los obispados han albergado semejante vergüenza durante años. Lo que debiera ser una política de castigo civil y expulsión eclesiástica a estos individuos deplorables, se degrada a una política de autoproteccionismo absoluto.

En Norteamérica, se declaró una comisión de investigación para intentar determinar el alcance del problema. Y sorprendentemente detectaron que, en todos los estados, el porcentaje de abusos era prácticamente el mismo, y los métodos que los criminales eclesiásticos utilizaban, similares. En todos los casos, absolutamente en todos, la Iglesia silenció a las víctimas, y puso todos los medios de los que disponía para poner barreras a las investigaciones civiles. Los sacerdotes, en lugar de ser expuestos a las autoridades, eran trasladados de parroquia en parroquia, donde comenzaban una nueva vida en un entorno en el que eran desconocidos, y un nuevo intento de elección de presas infantiles. En todos los casos, el obispo de la congregación estaba al tanto del carácter criminal del cura, y aún así acataba las órdenes superiores. Bueno, hay algunos casos de antiguos sacerdotes, abogados del Vaticano, que vieron enfrentada su obediencia con su conciencia, y renegaron de la Iglesia, para aliarse con los defensores de las víctimas. Es curioso como, en Phoenix, el fiscal decía que jamás había encontrado tantas trabas en una investigación. Los documentos en propiedad del Obispo eran enviados al Nuncio que, en calidad de embajador, no podía ser requerido por las autoridades para entregar la información. El documental de la BBC que ha despertado mi curiosidad indica, como dato adicional, que varios sacerdotes buscados por las autoridades Norteamericanas, hoy en día prófugos, se refugian en pisos en Roma propiedad del Vaticano.

Actualmente los problemas de abusos sexuales en la Iglesia continúan exactamente igual. No ha habido cambios y ahora que el clamor popular se ha apagado, y los medios consideran la noticia pasada de moda, la Iglesia Católica se sale con la suya y se impone de nuevo la ley del silencio.

Esto es equivalente a decir que hoy, exactamente el día de hoy, habrá decenas de niños que están siendo sometidos a violaciones por asquerosos sacerdotes que viven impunes a ningún castigo civil, y clerical. Niños cuya vida estará destrozada para siempre. Niños que pueden ser como el suyo, o como el mío.

La Iglesia niega todo lo escrito arriba. Expone mil argumentos sobre la falsedad de las acusaciones vertidas, sobre la falsedad del proteccionismo canónico. Es una cuestión de fe creerles o no. Probablemente la BBC manipuló parte de la información, pero subyace, sin duda alguna, un transfondo real, que es la enorme cantidad de abusos en el seno eclesiástico.  

Crimen Solicitationis tuvo una modificación años más tarde, en 2001. Una revisión que no hacía más que confirmar esa política deleznable y proteccionista de la Iglesia. Durante más de veinte años, un hombre fue el brazo ejecutor de dicha ley secreta, y redactor de su revisión. Un hombre que se encargaba, personalmente, de silenciar los cientos de casos de abusos sexuales. De dejar desamparadas a las víctimas, y proteger, costara lo que costara, el buen nombre de la Iglesia Católica. Su nombre, claro está, es Joseph Ratzinger.


Así sin más, el nombre puede asociarse a cualquier majara de tres al cuarto de esos que pueblan nuestras urbes, pero si proporcionamos el nombre de pila, la neblina comienza a disiparse, Jose Ramón.
Y si ya, para completar la adivinanza mencionamos que era el protagonista de una sección en el programa Dabadabadá, las bombillas, y la nostalgia, por qué no, comienzan a encenderse.

¿Quién de nuestra generación no recuerda Dabadabadá, o Sabadabadá (dependiendo de si era sábado o no)? Este macro-programa infantil cuya presentación correspondía a la todoterreno Mayra Gómez-Kemp, y que como celebérrimos colaboradores tenía el lujo de contar con el showman Torrebruno, que se encargaba de los juegos y concursos, además de aportar su música al programa (especialmente popular se hizo el tema Tigres y Leones), la cantante Rosa León y sus proge-himnos que cantábamos con denodado fervor, y, por último, a la estrella de este post, el dibujante José Ramón Sánchez, también conocido en aquella época como el bigotes del rotulador.

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José Ramón Sánchez, siempre intentando inculcar cierta cultura a nuestros maleables cerebros, usaba su destreza con el rotulador, para retratar situaciones de lo más variopintas, un dibujo de Buster Keaton como Maquinista de la General por aquí, una caricatura de los Hermanos Marx por allá… La verdad es que tenía mérito ponerse a dibujar delante de todas aquellas fieras infantiles en directo con tan templado pulso. Y los resultados eran espectaculares, o al menos a mi me parecía eso.

Realmente, los dibujos de José Ramón conseguían transmitirme una cierta sensación de desasosiego, de angustia desbordada. Esos ojos diminutos y sin vida, esos dientes pequeños y afilados al más puro estilo de Los Chicos del Maíz, esos perfiles hirsutos y aguileños, esos colores vivos en contraste con la apatía del dibujo en si. Recuerdo que contemplar un dibujo de José Ramón era como tener la certeza de que pronto la vida iba a dejar de ser de color de rosa y que acabaría viendo las cosas de la manera en la que el tipo ese lo estaba retratando, todo un auténtico acierto, a la postre.

Y ciertamente, como dice Saqman, visto un dibujo de José Ramón, vistos todos. El estilo de este artista queda definido desde el primer momento, y es que los diseños de Jose Ramón me recuerdan a aquellos dibujos que años antes inundaron la portada del Yellow Submarine de los Beatles, y su correspondiente película como alegato a las drogas de diseño.

Sea como fuere, con mensajes subliminales en sus dibujos o sin ellos, el bigotes del rotulador se merecía por derecho propio un hueco en el Olimpo de este blog junto al resto de estrellas arrinconadas, pero nunca olvidadas, de nuestra infancia.


25 de Octubre

Zopaias
25 Octubre 2009

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“Algunas veces tengo la sensación de volver a los viejos días, hace ya mucho tiempo. Cuando éramos críos, cuando éramos jóvenes, las cosas parecían tan perfectas, ya sabes. Los días eran interminables, estábamos locos, éramos jóvenes; el sol siempre brillaba, vivíamos sólo para divertirnos. Últimamente algunas veces parece como si, no sé, el resto de mi vida no hubiera sido más que un show.

Aquéllos fueron los días de nuestras vidas, eran tan pocas las cosas malas en la vida. Aquellos días ya se fueron, pero una cosa es cierta, cuando miro y descubro que aún te quiero.

No puedes hacer volver atrás el reloj, no puedes hacer retroceder la marea, ¿no es una pena? Me gustaría volver, como en una montaña rusa, a donde la vida no era más que un juego. No merece la pena sentarse y pensar en lo que hiciste cuando puedes tenderte y disfrutar a través de tus chicos. Últimamente parece como si, no sé, fuera mejor sentarse y dejarse llevar por la corriente.

Porque éstos son los días de nuestras vidas, que vuelan en la fugacidad del tiempo. Estos días ya se fueron pero algunas cosas permanecen, cuando miro y descubro que no hay cambios.

Aquéllos fueron los días de nuestras vidas, sí, eran tan pocas las cosas malas en la vida. Estos días ya se fueron pero una cosa sigue siendo cierta, cuando miro y descubro que aún te quiero.

Aún te quiero”.

Muchas felicidades, princesa.


Recientemente se ha cumplido un cumpleaños que desde este inefable blog no podemos dejar pasar. Se trata de una onomástica especial, ya que hace medio siglo de la publicación del primer álbum de Astérix, que abría por primera vez con aquella introducción que muchos de nosotros se sabe de corrido como un padrenuestro: “Nos situamos en el año 50 a.C., toda la Galia está ocupada por los romanos, ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles galos, resiste todavía y siempre al invasor. Y la vida no resulta fácil para las guarniciones de legionarios de los campamentos fortificados de Babarórum, Acuárium, Laudánum y Petibónum…
Y de esta forma han resistido, hasta hoy el paso el tiempo estos aguerridos guerreros, creados por la mente calenturienta de René Goscinny y el gran dibujante Albert Uderzo.

Por todos es conocido el personaje de Astérix, y el universo de magníficos personajes que le apoyaban y seguían a través de los 32 libros publicados, 8 películas de animación, y hasta incluso un parque temático dedicado a Astérix y compañía.

Y es que también hay que reconocer que el mérito no sólo es de Astérix. Las aventuras del galo, con más de 300 millones de ejemplares vendidos y traducidas a más de 100 idiomas, no serían las mismas si no existieran los legionarios Monosabius y Romeomontescus, el corso Ocatarinetabelachitchix, el incombustible Edadepiédrix, el corrupto Cayo Coyuntural, el hispano Sopalajo Arrierez y Torrezno… Podría tirarme horas y horas hablando de esta o aquella historia, de aquel guiño de Goscinny, o de aquel hilarante diálogo que he releído infinidad de veces desde mi infancia y que aún hoy, siguen arrancándome una gran sonrisa: Astérix en Bretaña, El Combate de los Jefes, La Cizaña… todos y cada uno de ellos un ejemplo de genialidad, humor fino y diversión a raudales.

Pero si la muerte de Goscinny, en 1977, no supuso el fin de Astérix, si supuso un declive, desde mi punto de vista, en la fina ironía, y por qué no, en el chauvinismo y la mala leche que había en cada historieta de Astérix. Uderzo había caído en una infantilización de los guiones que no todos los seguidores supieron encajar muy bien (entre los que me incluyo), de ahí que los lanzamientos de las nuevas aventuras de Astérix y Obélix fueran espaciándose más y más en el tiempo.

Sea como fuere, este cincuenta aniversario es una ocasión espléndida para poner un broche de oro digno a la saga, de manera que, para celebrarlo, llega a las librerías de todo el mundo una nueva entrega de las aventuras de los galos: “El aniversario de Astérix y Obélix. El libro de oro“. Uderzo, que sigue firmando sus trabajos junto a Goscinny, nos presenta esta vez a nuestros héroes ya jubilados y con nietos a los que contarles las viejas batallitas con los romanos en un álbum compuesto de 56 páginas de dibujos inéditos de Uderzo que ilustran un texto que Goscinny no llegó a publicar antes de su fallecimiento en 1977, por lo que parece que, a priori, disfrutaremos de una gran historia con los irreductibles galos, y espero que así sea, ¡por Belenos!

Me siento muy orgulloso de haber crecido con Astérix y Obélix, es algo que ya siempre irá conmigo, y por eso, no puedo hacer otra cosa que felicitarlos como a un padre o a un abuelo… con muchísimo cariño.


El otro día estuve en Madrid, para encontrarme con Adela. Prácticamente, era el único motivo del viaje. Yo ya había oído hablar de ella y, aunque la había visto por fotos, el sábado por la noche tuve la oportunidad de conocerla en persona.

La experiencia fue impresionante. Adela es la menor de cinco hermanas, una joven morena con una ilusión y ansias enormes por vivir la vida. Lamentablemente, le ha tocado en suerte caer en una casa en la que su madre, recién erigida bastión familiar tras el fallecimiento del padre, domina con puño de hierro. El excesivo rigor materno, especialmente a la hora de mostrar luto al finado, sólo ayuda a atormentar las esperanzas de la rebelde Adela y sus hermanas, ya de por sí mermadas por una sociedad en que la figura masculina es el único referente.

Uno no puede tener sino compasión cuando observa a la pobre Adela, más aún cuando advierte que está locamente enamorada del futuro esposo de su hermana mayor. Ella sabe con certeza que Pepe no quiere a Angustias ¿cómo la va a querer, teniendo como la tiene a ella, a esa fuente de juventud que irradia energía por los cuatro costados?

Su locura es su desgracia. El destino de Adela está ligado a la vida y la vida no tiene sentido ni razón si no es al lado del hombre al que perdidamente ama. Es algo que, a pesar de los sabios consejos de la Poncia, Bernarda no quiere ni sabe ver, hasta que es demasiado tarde. Nadie puede consolar a la casa de Alba ante el fatal desenlace de la historia de Adela…

Esa misma noche, minutos después, apareció Almu. A diferencia de Adela, ésta es menuda y sencilla, pero con su misma frescura y ganas de vivir. Gaditana de pura cepa, lucha por hacerse un sitio en un mundo donde todo son dificultades y muchos son los que lo intentan y pocos los que lo consiguen. Pero ella ha dado un paso al frente. Y de qué manera.

Enhorabuena Almudena. Gracias por hacernos conocer tan bien a Adela.

Que siga la racha.

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FlashForward

Saqman
19 Octubre 2009

Hoy en día la publicidad lo es todo. Es una lección que aprendí en mi primer trabajo, y que me recuerda constantemente la óptica, el filtro por el que debo mirar las cosas. Uno puede tener el mejor limpia zapatos del mundo que, si no lo publicita adecuadamente, no venderá ni tres unidades.

Dedicar un altísimo porcentaje presupuestario a una campaña de publicidad no es ninguna tontería. Auténticas porquerías audiovisuales han tenido una gran acogida gracias a una fuerte inversión en su presentación mediática. Es el caso de Flashforward.

Todos nos hemos sentido intrigados con esos anuncios televisivos que, mostrando muy poco, intrigaban mucho. Una nueva serie televisiva que se anunciaba como la nueva “Perdidos” ¿Tan vieja es Lost como para tener que buscar una nueva? Todo una alarde de originalidad comparar una nueva propuesta con otra exitsa y consagrada (aunque un rollo, la verdad).

En el trabajo todo el mundo comentó ese primer capítulo tan molón, y tuve que hacer serios esfuerzos en esquivar los detalles del guión, que tanto tenían ganas de contar. Total, que al final acabé bajando el piloto subtitulado y me lo tragué de un tirón. Y el segundo y el tercero. Tras analizar estos primeros episodios deduje que no me había llevado una idea equivocada. La serie es bastante mala.

Claro, aquí entra de lleno la subjetividad. Podríamos decir que las series televisivas se dividen en tres tipos. Aquellas cuyos capítulos son autoconclusivos, muy de moda en los setenta y ochenta. Las otras, cuya trama se desarrolla episodio a episodio, y se establece una fuerte continuidad en los mismos. Y, finalmente, aquella que, emitiendo capítulos autoconclusivos, crea una subtrama que crece, episodio a episodio, y que al final predomina como leit motiv. Ésta última es, sin duda, mi preferida. Es por ello que series como Buffy, Battlestar Galactica, Life on Mars o Expediente X han obtenido una legión de seguidores. Un espectador se podía incorporar a las mismas en cualquier punto, e ir creciendo con ellas sin necesidad de ver los anteriores.

Desgraciadamente Flashforward pertenece al segundo tipo. La premisa es de sobra conocida. Un desvanecimiento de un par de minutos en la población mundial, donde cada persona puede entrever su futuro, sirve de arranque a una investigación por parte del agente Mark Benford, del FBI. Un intento de originalidad que realmente se queda en eso. El espectador rápidamente cae en la cuenta de que la serie será un continuo tira y afloja, donde irán dando pistas poco a poco para marear la perdiz, y cuyo principal aliciente será descubrir enel último capítulo qué ha producido el incidente. ¿Les suena a Lost? Porque a mí sí.

Lo lamentable es que la facturación de la sere deja mucho que desear. Y es curioso que su artífice sea David S. Goyer, aclamado guionista cinematográfico con muchísimas adaptaciones Marvel/DC a sus espaldas. Los personajes relacionan lo sucedido demasiado rápido, y caen en todos los tópicos (el que no ve nada, el que ve a su hija muerta, etc.) Además, la serie no deja ni un leve filón de suposición al espectador. Es tremendamente explícita. Cuando uno cae en la cuenta de que tal personaje o tal situación significa tal cosa, van los actores y lo sueltan tal cual. Y hablando de actores, todos fatal. En especial Joseph Fiennes, un hombre con dos muecas en su haber, que jamás debió pisar un plató. Si es que es hasta ridículo ver la relación de los padres con su hija, del policía con su novia, etc. Queda claro que están siendo manejados por un pésimo director de actores.

El tempo de la serie cae ya en el segundo capítulo, y en el tercero pierde todo su interés, a merced de inroucir personaje/pista. Es decir, personaje que entra, pista que añade. Además, la paradoja temporal es demasiado sosa. Pongo aquí la foto en el mural porque soñé que así estaba. No se, muy muy cogida por los pelos. Igual de ridículo es el hecho de que un departamento de cuatro personas del FBI monten una investigación, por su cuenta, y sean capaces de gestionar la extradición y puesta en libertad de un antiguo nazi. Así como la creación de una página web donde se relacionan todas las visiones y un algoritmo (que a saber que ruso endiabladamente inteligente diseñó) que encuentra pautas repetidas. Por no hablar de los personajes secundarios, la mayoría de los cuales sobran en la historia, y son mero relleno. Y para ridículo, que tropecientos aviones se estrellan y aquí como que no ha pasado nada…

No se, espero equivocarme, a pesar de todo, pero me da a mí que esto del Flashforward va a pasar a ser un coñazo muy, pero que muy pronto.


La otra noche decidí ver con unas amigas mías una película en mi casa. Tras un momento de duda, sin saber qué DVD escoger, me decidí por “Noche de Miedo”, una película de terror y comedia tan típica de los 80. Ahora, vista con 34 años esta película es poco menos que sebo, pero eso sí, muy entrañable; aún recuerdo cristalinamente la primera vez que vi “Noche de Miedo”.

Correría el año 1986 y yo tendría unos 11 años. Recuerdo que me llamó la atención ese cartel tan llamativo de la película y a mí, que me encantaban por entonces las películas de miedo y todo lo que tuviera que ver con el terror, no dudé un momento en proponer el ir a verla.

Esta afición por el terror me venía de lejos y mi Tío Socri recordará cómo acudía a su biblioteca a ver libros de ciencias ocultas y a intentar escudriñar en esos libros que incluso él, que a la más tierna edad me introdujo en los relatos de Edgar Allan Poe, me tenía censurados. También recordarán el Tío Socri y el Ñu ese descacharrante intento de obtener una psicofonía en la casa de mis abuelos en el pueblo, con resultados nulos, pero que sirvió para echarnos unas risas a costa de un primo mío al que le hicimos creer que habíamos conseguido grabar una psicofonía, aunque el sonido que se escuchaba en la cassette no era otro que la voz de Socri, poniendo voz de ultratumba y diciendo “No paiiiishhaa el tieeeeeempo”, jojojojojojojo.

Bueno, a lo que iba, al ver el cartel de “Noche de Miedo” decidimos ir al cine a verla el Ñu, nuestro amigo Andrew y este Sombrerero. Recuerdo que fuimos a la última sesión y casi no había nadie en el cine. No les digo “ná” y les digo “tó” cuando empezaron a salir esos bicharracos, esos vampiros y demás esperpentos. Recuerdo con especial pavor la imagen de cuando uno de los personajes, El Rata, convertido en vampiro, va a visitar a uno de los protagonistas, Peter Vincent, encarnado por Roddy MacDowall. Pues sí, me cisqué vivo viendo la película, pero de verdad. No sé la de noches que me tiraría sin dormir, ciscado perdido y eso que dormía con el Ñu al lado, pero daba igual, yo estaba que no me llegaba la camisa al cuerpo.

Pero aunque lo pasaba mal, a mí me daba igual, tenía una vena masoca que ya de viejuno se me ha ido pasando. Ahora no me gusta pasarlo mal como cuando era niño. Me acuerdo de leer, sobrecogido, “El Misterio de Salem’s Lot”, de Stephen King, y me tiré otra morterá de noches sin dormir. Me acuerdo que cerraba las ventanas en pleno verano no fuera a ser que algún chupasangres se colara y me mordiera en vaya usted a saber qué parte. Mi madre se dio cuenta y me quitó el libro por una temporada, pero yo di con su escondrijo y seguí erre que erre leyéndolo y ciscándome a la vez. Es un libro éste que me causó una honda impresión, ya que yo no tendría más de 9 ó 10 años.

Y después de ver “Noche de Miedo” la otra noche recordé tantas y tantas películas de terror que veía con el Ñu y Andrew unas veces y otras veces con el Hobbit en aquellos famosos maratones que hacían en los cines de Puertollano donde te echaban 6 ó 7 películas del tiron, empezabas a las 9 de la noche y acababas a las 7 de la mañana. El motivo de esta práctica esperpento-cinéfila, no lo sé, pero costaba poquísimo la entrada y al final te daban chocolate con churros.

Todos estos films de terror, casi sin excepción, hicieron que me ciscara en los pantalones, aunque, en retrospectiva, eran malas como el mismísimo sebo: “El Terror Llama a su Puerta”, “Ghost House”, “Witch Board”, “Inocentada Sangrienta”, “Aquella Casa al Lado del Cementerio”, “Slugs Muerte Viscosa”… Y algunas otras que no recuerdo; pero puedo decir que la película de terror que más me impactó fue la mencionada “Aquella Casa al lado del Cementerio” que hizo que incluso acudiera a la habitación de mis padres ciscadísimo y eso que creo recordar que ya tenía pelo en los huevos.

En fin, que qué recuerdos. Ahora, me gustaría mucho saber cuáles fueron sus terrores favoritos de los años de su juventud. Sírvanse a ponerlos, por favor, en los comentarios de abajo. Gracias.