Al contrario de lo que puedan creer, la Navidad es una de las épocas del año favoritas de este Sombrerero, además desde siempre. Siempre me ha gustado el ambiente navideño, las luces, la paz y la calma que se viven en ciertas noches navideñas… Pero como en este blog nos gusta tanto quejarnos (si no, este blog no existiría, no tendría razón de ser), he de decir que hay una serie de cosas que aborrezco de estas fechas navideñas:
- Las comidas y cenas por cojones: Éstas son esas comidas y cenas a las que van sin ninguna gana y que son una especie de suplicio chino que hay que pasar en estas fiestas. Pueden ser tanto comidas familiares como comidas de empresa a las que tienes que ir por cojones porque si no vas “quedas mal”. En cuanto a las comidas familiares por cojones, reconozco que me costaba mucho ir; veías a familiares a los que hacía justo un año que no veías y a los que tampoco tenías mucho que decirles porque no te unía nada a ellos, si quitamos el apellido; además, llegó un momento que ni siquiera el Ñu acudía ya y con él me reía porque hacíamos concursos de familiares feos y cosas así y nos echábamos unas risas que nos ayudaban a pasar el trago mejor. Afortunadamente esas comidas familiares por cojones ya no las hacemos, así que eso que me he quitado de encima. En cuanto a las comidas de empresa, este Sombrerero tiene la suerte de que acude encantado a éstas y deseando que se celebren, ya que se lo pasa pipa en ellas. De ser el caso contrario, no iría.
- Los tíos a los que les toca el Gordo de Navidad: No aguanto la escena esa en la que salen los tíos a los que les ha tocado el Gordo de Navidad, y están ahí con el champán y enseñando el décimo, pegando voces. Muchas veces, cuando están ahí enseñando el décimo premiado, me dan ganas de que llegue una ráfaga de viento y les cuele el décimo por la alcantarilla o que llegue uno por detrás y se lo quite. Sí, esto que me ocurre es de persona envidiosa, pero como me gustan tan poco estas demostraciones públicas (y exageradas) de alegría, pues me pongo como un mono. Además, me hace gracia cuando sale el lotero que ha vendido el décimo diciendo que está muy contento de que se haya vendido el premio en su administración, pero sé que por dentro se está cagando en sus muelas por no haber comprado para él uno de esos décimos. Les aseguro que si algún día me toca la lotería, no me verán en los informativos pegando saltos y descorchando el champán. Búsquenme en las Bahamas ese día.
- Los especiales de televisión: En los 80 y 90 eran Martes y 13. Ahora es el tío de Cruz y Raya. Da igual, el caso es que hay que hacer un programa de cachondeo para acabar el año. Una cosa que me intriga es que cuando yo era un muchacho, había que ver por cojones el especial de Martes y 13, y, además, en un silencio religioso. Ay de quien osara cambiar de cadena… Además, parecía que existía la obligación endémica de grabar en vídeo dicho especial. Luego, claro, todo el mundo se lo conocía de pe a pa de verlos una y otra vez… Con el tiempo he descubierto que Martes y 13 no eran tan buenos: Es que no había otra cosa. También por huevos hay que hacer, tras las campanadas, el especial con actuaciones musicales casposas de turno, un especial probablemente grabado en el mes de Agosto y que se emite en Nochevieja y que consiste en tirarse una pechá de horas viendo actuaciones de Juanes, de Paulina Rubio y de Amaral y así sucesivamente. También recuerdo unos horrorosos especiales que hacían antes en los que salían presentadores de TVE cantando. Era algo horroroso, algunos de ellos cantaban peor que yo incluso. Afortunadamente se apiadaron de la humanidad y acabaron quitando semejante esperpento. Menuda noche eligieron los de TVE para que se nos atragantara la cena…

- Los tíos que van con motivos navideños en la cabeza: Lo siento, no aguanto a esos tíos que van por la calle como si nada con orejas de reno, con gorros de Papá Noel o con pelucas. Sobre todo nunca he entendido a los que van con pelucas: ¿Qué tiene que ver una peluca a lo afro con la Navidad? Ya sé que no hacen daño a nadie poniéndose esos accesorios navideños en las testas, pero ¿qué le voy a hacer yo si me parece una chorrada? Pero, por mí, como si se ponen un portal de Belén entero en todo lo alto.
- Los cotillones: Cuando era un muchacho imberbe, no eras nadie si no ibas a un cotillón de estos. Encima, no ibas de cualquier manera: Yo recuerdo ir con mi grupo de amigos vestido de traje y corbata. Descacharrante, hoygan. De eso se valían los organizadores de cotillones, de tangar a pobres esperpentos como nosotros: Nos cobraban una pasta, que dificilmente podíamos permitir gastarnos con esa edad, para hacer exactamente lo mismo que hacíamos cualquier viernes o cualquier sábado, esto es, soplar y escuchar la misma música de siempre, aunque había algunos miembros de nuestra pandilla que defendía a ultranza estos cotillones ya que de esta manera “podían conocer gente nueva” (¿recuerdas, Hobbit?), aunque la única gente nueva que conocían era el tío que les servía las copas en la barra. La única diferencia entre un cotillón y un sábado normal estribaba en que a la entrada del garito nos daban una bolsa en la que ponía “felices fiestas” en varios idiomas y que contenía serpentinas, matasuegras y gorros para hacer el moñas por allí y dejar el local como la cama de una ciega. Eso no impidió para que un par de años organizáramos los amigos un cotillón de estos, de los de cobrar entrada; cotillones estos en los que si bien sacamos pingües beneficios, también produjo que hubieran varios intentos de asesinato entre nosotros. Actualmente la noche de Nochevieja es de las pocas noches festivas en las que me niego a salir, por simple orgullo: Parece que es una noche en la que todo el mundo tiene que salir por cojones y ponerse hasta el culo. Pues yo no, hala.
- Papá Noel Vs Reyes Magos: Todos los años la misma histora, que si ahora los yankis nos quieren meter a Papá Noel, que si los Reyes Magos es la tradición de toda la vida, que si viva el Belén, que le den por culo al árbol, que si ahora voy a poner un mantón con un Niño Jesús en la fachada para contrarrestar a esos insurrectos que cuelgan un Papá Noel subiendo por la ventana… Como ven, el aburrimiento también acecha en Navidad…
- El mensaje de Navidad del rey: Nunca he entendido este mensaje de Nochebuena del rey. Y no porque no entienda lo que dice, que también porque yo cada vez entiendo menos lo que habla el rey, sino porque no sé para qué tiene que hacer un mensaje y en esa fecha en concreto; además, que se ve que el tío lo hace “fatás”, lo lee sin ganas y como no creyéndose lo que le han escrito. Al menos estos mensajes regios me traen buenos recuerdos: Yo me he pasado más de 20 años celebrando la Nochebuena en Madrid con mis abuelos y era un auténtico cachondeo ver allí el mensaje navideño del rey… Seguro que el Ñu recordará que cuando empezaba el mensaje, mi abuelo nos mandaba callar a todos de manera fulminante. El Ñu y yo, que éramos dos cabronías de tomo y lomo, le preguntábamos a mi madre alguna “tontá” en mitad del mensaje, para que, como máquina de hablar que es, empezara a chaspar sin parar, y era justo ahí cuando se desataba la tragedia y el regocijo a partes iguales… Me apuesto lo que sea a que mi abuelo tampoco entendía una mierda de lo que decía el rey, como nosotros, pero al igual que era tradicional ver el mensaje navideño del rey, también era una tradición arraigada desatar el caos familiar en ese momento.
- Morterá de gente en los grandes almacenes: Parece mentira, pero por mucho que nos lo digan no aprendemos. Tenemos que comprar los regalos con antelación, pero no, nos esperamos a última hora y la morterá de gente que puedes ver comprando juguetes y regalos son de ésas que son como para mear y no echar gota. Yo he llegado a ver el cadaver putrefacto de algún pobre mangurrino que no ha sido capaz de superar tantas horas de espera en alguna cola de esas apocalípticas que se forman para pagar o para envolver los regalos. A este paso, voy a empezar a comprar los regalos en Agosto.
Y ahora es su turno, queridos Somberereros y Comentaristas, para que nos ilustren sobre qué es lo que no aguantan de estas fechas.