Entrada para Diciembre, 2009

…Sin Ramontxu

Saqman
31 Diciembre 2009

El señor Ramón García era el tipejo aquél que le abría la ducha a la Ana Obregón, cuando al final de cada programa se metía un duchazo que le transparentaba la ropa interior, y ponía palote a media España. Quizá lo único decente que ha hecho en su vida, y eso que gana una pasta el tío. Lo que se puede ingresar en nómina con un programa en que una pechá de gente del pueblo va a correr delante de un toro y meter carajazos de gomaespuma.

Llegados ya al final de este año 2009, lo único que encuentro positivo es que por fin vamos a dejar de ver al Ramontxu con la capa del Conde Drácula comiendo uvas en pantalla. Un espectáculo denigrante, dantesco y que me produce acidez. ¿No puede el nota ir vestido normal, carajo? Si que es que luce un aspecto extraño, mezcla entre Jack el Destripador y el tripitidor de la tuna de medicina. En fin, menos mal que lo dejan en casa con su señora esposa (más guapa que Ramón, por cierto) y su familia. Por contra nos ponen a Manuel Bandera (aún dentro del armario), un actorazo que la primera vez que lo vi fue paseando un caballo por las bridas por las calles de Madrid ¿?, y que su carrera se limita a hacer el ganso en ¡Mira Quien Baila!, el programa ese para pensionistas al borde del cianuro que emite La Primera, presentado por la insufrible Anne Igartiburu que, aunque todavía cañón, ya cansa. Cosas de la vida, resulta que ella también se va a comer las uvas delante de la pantalla. Eso sí, con mucho estilo y poderío la señora. Un cuello perfecto para tragar uvitas.

Por lo demás, desear a nuestros lectores un buen fin de año, y que eviten el coñazo que supone esperar las dos horas entre la cena y las uvas, cuando ya uno está empachado de comer gambas (a día de hoy más baratas que las tagarninas) y de beber rioja del malo. Y, si es posible, esquiven los cuñados, hermanas, niños y demás especímenes de homo sapiens que se dedican a fastidiar la noche dando por saco. Un consejo, cójanse un libro de Alfonso Usía y háganse los dormidos.

Recordar a TVE que dejen de dar el coñazo del 50 aniversario reponiendo las tetas de Sabrina, y empiecen otra vez a emitir programas chuflis donde hay desnudo final. ¡¡¡Viva la España post-transición con felpudo!!!

Disfruten señores, que el 2010 se presenta como un año lleno de cataclismos y destrucción, de odio, muerte y la certeza, más que probable, de que el mundo se acabará. O al menos este blog, eso es seguro.


“Alvin y las Ardillas 2″ es uno de los más graves errores de la humanidad. De hecho, opino que el visionado de esta película debería estar prohibido para los tiernos infantes. Así, sin paños calientes.

Se preguntarán ustedes, y con razón, qué coño hace este Sombrerero comentando una película de este calibre… La explicación es fácil: Todas las navidades voy con mi sobrina Laura al cine a ver la película que ella elija. El año pasado tocó “El Valiente Desperaux” y este año tocó “Alvin y las Ardillas 2″.

La cosa empezó a ir mal aún antes de que empezara la película, ya que la cola que había en el cine era inmensa, parecía el instrumento de trabajo de Mandingo, todo por culpa de “Avatar”, que se proyectaba en otra sala a la misma hora. Se ve que la gente que se quedó sin entradas para ver la última de Cameron de la Isla decidieron ir a ver “Alvin y las Ardillas 2″ ya que cuando Laura y yo llegamos al final de la cola, tan sólo quedaban entradas en la primera fila. Hay que decir que usé todo el tiempo que permanecimos en la cola para intentar convencer a Laura de ir a ver otra película, me daba igual si era la del “Reno no-sé-qué”, “Lluvia de Albóndigas” o la que fuera, pero ella mostró una ferrea determinación numantina de ver Alvin y mis intentos de soborno no sirvieron de nada.

Pues ahí tenían a este Sombrerero y a Laura a unos 4 metros de la pantalla, con los cuellos como dos alcayatas, viendo cómo empezaba a desfilar antre nuestros ojos una de las películas más infames de la historia del cine. Si los Hermanos Lumière levantaran la cabeza y vieran esta película, hubieran deseado meterse por el orto la cámara con la que grabaron la llegada del tren a la estación de La Ciotat.

Y es que esta película es sebo puro, ya que representa lo más indeseable de los adolescentes americanos. A grandes rasgos la cinta trata sobre la llegada de Alvin y sus amigachos ardillas a un instituto (?¿) y ahí ya saben, pues como “Física o Química” pero en plan yanki: No se folla, pero tontería hay para dar y tomar.

En la película se ensalza todo aquello que aborrezco de la cultura “teen” yanki: Ser el más popular de la clase, el tontaina tímido que se liga a la chica guapa de la clase, los concursos de bandas, el director enrollado, el adolescente malondrio, los héroes de los partidos de baloncesto y/o rugby, el ensalzamiento de grandes ideales y demás americanadas por el estilo.

Además, se presentan a tres ardillas “chicas” que conforman un grupo de música que rivaliza con el creado por el propio Alvin y sus colegas. Las ardillas “chicas” van vestidas para sus actuaciones como si de Britney Spears o Beyonce se tratara, haciendo los mismos movimientos y bailes “chechis” que ellas perpetran. Ver a tres ardillas hembras haciendo movimientos que pretenden ponértela como el pescuezo de Camarón es, cuanto menos, chocante.

Además, el personaje de Alvin (y también sus amigachos) es repelente hasta decir basta, así como sus voces de pito, que me ponían la cabeza del tamaño de un Boeing 747. Estaba deseando que en cualquier momento apareciera Saqman y le pegara un patadón al mangurrino de Alvin que le dejara seco.

Pero lo más despreciable del film no es todo esto que estoy comentando, sino que precisamente es una película dirigida al público infantil. Por que una película infantil puede ser mala como el sebo (estamos hablando de una película para niños, no de la última de Kusturica) pero no tiene por qué contener el cúmulo de despropósitos y ensalzamiento de la adolescencia más absurda de América que éste film contiene: Cuánto daño han hecho los “diosecillos” adolescentes estilo “High School Musical” o los cansinos de “Crepúsculo”.

Lo malo es que a cierta edad te crees que eres guay por comportarte como un adolescente yanki y te crees todas estas cosas y luego pasa lo que pasa. Y esta película, vista por algún niño o joven con el cerebelo reblandecido, tiene más peligro que un carro de indios. Voy a mandarle un email ahora mismo a la ministra González Sinde para que retire esta película de la circulación de manera inmediata.


No hace mucho tiempo que surgió de la nada uno de esos lectores esporádicos que entran, se desfogan a gusto y se van. En este caso, El Adulador, así se autoproclama, es, como su propio nombre indica, un pelotilla irritante y bastante hoygan que no opina sobre los temas tratados en los posts, sino más bien, acerca del aspecto físico y espiritual de los escritores.

El protocolo habitual en estos casos es siempre el mismo: pasar de él, meterle un repaso cuando se lo merezca y poco más… nada de úlceras ni noches en blanco.

¿Pero, quién es El Adulador? Esta pregunta ronda por los sombreros de muchos de nosotros, abriendo debates de forma pública y privada, investigando ciertos aspectos de su escritura, origen de sus comentarios, tendencias sexuales, y suscitando teorías, unas interesantes y otras descabelladas acerca del origen y pretensiones de nuestro comentarista favorito.

Unos hablan acerca de algún subordinado de nuestro ilustre Zopa, que, despechado, no sabe cómo decirle que está locamente enamorado de su rostro apolíneo y su cuerpo de Adonis, y su radiante juventud.

Otros empiezan a sospechar de familiares (en especial algún cuñado plasta) con rencillas irreconciliables que, en vísperas de estas fiestas navideñas, se está quedando a gusto diciendo a la cara aquello que no es capaz de hacer en plena cena navideña-familiar el día 25 de Diciembre.

Sin embargo, yo me decanto por un origen digno de un cuento corto Philip K. Dick, se trata de un programa (en fase de pruebas aún) que pretende emular el comportamiento de un comentarista asíduo de blog. Claro está, aún queda mucho por perfilar y la versión beta aún sólo trata aspectos relacionados con la belleza de los escritores y la jovialidad de espíritu que nos caracteriza (la verdad es que la máquina ha acertado de pleno con nosotros, guapísimos y jovencísimos).

Este programa, está siendo probado en este humilde blog, dada la inmensa variedad de temas que abarca (aunque el Atlante sólo diga que se habla de Puerta Tierra para adentro), así como la multitud de freaks que forman su legión de seguidores: Heavys, frikis, picados, abogados, empanados, algún que otro hoygan, estanqueros, maet-tros, coñetas de mar… en definitiva, el caldo de cultivo ideal para insertar el programa y dejar que desarrolle su inteligencia (si es que la tiene) artificial.

Sin embargo, El Adulador, aparece cada vez con menos frecuencia por este blog, quizás esté en fase de pruebas, y aunque no lo echamos de menos, siempre deseamos que el que venga detrás suya sea mejor y más divertido, aunque, para qué negarlo, nadie nos dirá lo jóvenes y guapos que somos con el tacto y la dulzura que lo hacía él.


Se estrena Avatar entre bombo y platillo. La más esperada película de ciencia ficción de la década llega a nuestras pantallas con un despliegue mediático abrumador y con la promesa de significar una revolución para el mundo del celuloide (bueno, digamos cine, porque el celuloide empieza a escasear).

El autoproclamado “Rey del Mundo” ha dedicado los últimos diez años de su vida a sacar adelante un proyecto a priori imposible. Sobre todo desde el punto de vista técnico, el film es el resultado de la propia ambición de James Cameron, un hombre acostumbrado a innovar y cuyo nombre viene ligado al vanguardismo de los efectos visuales.

El director de Titanic ha querido recrear un entorno planetario completo por ordenador. Un sistema vivo, con su atmósfera, sus elementos básicos, su naturaleza, su diversidad biológica, sus animales. Todo, pero al milímetro. Cameron no se conforma con mostrar texturas que simulen los paisajes, que den la impresión de ver lo que no hay. No intenta engañar al público, sino que se decide a crear piedra por piedra la imagen digital. No existe ningún elemento del entorno gráfico que no haya sido desarrollado explícitamente. Es por eso que las más poderosas compañías de efectos visuales “Industrial Light And Magic” y “Weta Digital” se embarcan mano a mano en el proyecto. La Fox, que ha invertido, según rumores, 500 millones de dólares, puede quedar contenta con el resultado visual, aunque probablemente no económico. James Cameron ha aprovechado para bien unos fondos casi ilimitados para desarrollar la tecnología necesaria (¿les suena esa frase?) para llevar a buen puerto el film. Es más, ha patentado su nuevo sistema visual, que en breve será utilizado por Steven Spielberg en “Las Aventuras de Tintín”.

Porque, si algo se ha publicitado de manera inusual ha sido el visionado en 3D del film. De hecho, es una película creada para ello. Es espectacular el realismo que se puede obtener combinando los dos sistemas. Viendo la película, el espectador no tiene sensación alguna de estar viendo gráficos computerizados. Cameron ha conseguido con creces su objetivo de mostrar realidad tras la pantalla. Por otra parte, el film evita conscientemente el uso forzado de las tres dimensiones. No hay objetos que salen hacia fuera de la pantalla, ni piedras que son disparadas al espectador. Si usted va al cine buscando eso, más vale que visite un documental de ballenas del Imax 3D. Aquí el 3D se hace de pantalla hacia dentro. Y con cierto sentido común. En los espacios abiertos se minimiza el efecto, igual que hace el ojo humano, y se potencia en los primeros planos y en las perspectivas dentro de las naves.

Pero claro, si bien el aspecto técnico del film es impecable, el artístico es realmente insuficiente. La película cuenta con un guión plano, muy trillado, donde se sabe desde el principio quién es quién, y como va a acabar cada personaje. Se intuye a ciencia cierta toda la trama, y no cuenta absolutamente nada que no se haya visto en películas de los últimos treinta años. Y, aunque la mayoría de los críticos (y critiquillos de mi sala) la comparan con “Pocahontas“, yo no encuentro grandes parecidos con el famoso largometraje de la Disney, y si un profundo y descarado plagio a “Bailando con Lobos“, el oscarizado film de Kevin Costner. El guión destaca por su ineficacia, pero también por su infantilización. Todo es demasiado light. La relación entre los Na’vi y el bosque recuerda a los Elfos Tolkinianos. Pero incluso la relación de amor es digna de película de adolescentes. Es más, todos los encuentros de Jake Sully con los aldeanos parecen sacados de películas ya hechas. ¿Acaso no es siempre el padre de la chica el jefe de la aldea? ¿Y acaso no siempre hay un varón que la pretende y se convierte en el enemigo, aunque al final se comporte dignamente? ¿Acaso el héroe no aprende todo lo que debe en tres sesiones y media, y luego comete la hazaña más increíble? El largometraje carece de sorpresas. Todas las situaciones en que se ve envuelto el protagonista tienen un propósito demasiado obvio y transparente. El desarrollo del último tercio del film es pura cacharrería de película de acción sin sentido. Y el final, que no voy a desvelar, sencillamente anodino.

El trabajo de los actores es correcto, pero ni mucho menos sobresaliente. Sigourney Weaver se convierte en la clásica “actuación estelar” en un papel demasiado visto, y sin sentido alguno. Tampoco el papel de Michelle Rodríguez es digno de mención. Como todos los demás, es plano y casi ridículo, al igual que el del Coronel Miles Quaritch, un fascista de tomo y lomo que se adivina el malo malísimo del film. Sam Worthington cumple, y quizá es lo más creíble dle film. No así Zoë Saldana, cuya interpretación parece sacada de “El Rey León“.

Si el problema principal es el guión, el segundo con que cuenta el largometraje es la acción. James Cameron, el hombre que nos regaló los Terminators, Abyss, y esa joya que es Aliens, parece haber olvidado como se hace cine de acción. Al igual que le ocurría a George Lucas con su trilogía nueva, aquí se limita a mover a los personajes por los diferentes peligros, pero sin hacer partícipe del mismo al espectador. Parece que los protagonistas no sufren nada para conseguir sus objetivos. Todo es demasiado sencillo, y Cameron no consigue transmitir tensión en el clímax final.

Y, para terminar, flaco favor le hace al film la partitura de James Horner. Un músico que pudo resultar brillante hace unos años, pero que sigue sumido en una crisis artística que lleva arrastrando casi una década. Horner escribe aquí una música fallida, que no aporta nada al film, incluso a veces lo desluce. Carente de los leit motivs que hubiera debido tener un film de estas características, el conjunto musical resulta aburrido, y parce siempre quedarse a las puertas de emocionar. Da la sensación de ser un trabajo apresurado que ha sufrido por culpa de los sucesivos montajes.

Avatar es, a mi entender, un film brillante en su aspecto técnico, pero terriblemente fallido en su propósito cinematográfico: contar una historia que interese al público y le haga emocionarse. Una película que no merece una segunda oportunidad, y la confirmación de que los grandes genios de los ochenta, léase Lucas, Spielberg, McTiernan o James Cameron, han perdido el talento artístico, en pos de perseguir sueños oníricos y egocéntricos.


La Navidad

Zopaias
17 Diciembre 2009

Al contrario de lo que puedan creer, la Navidad es una de las épocas del año favoritas de este Sombrerero, además desde siempre. Siempre me ha gustado el ambiente navideño, las luces, la paz y la calma que se viven en ciertas noches navideñas… Pero como en este blog nos gusta tanto quejarnos (si no, este blog no existiría, no tendría razón de ser), he de decir que hay una serie de cosas que aborrezco de estas fechas navideñas:

- Las comidas y cenas por cojones: Éstas son esas comidas y cenas a las que van sin ninguna gana y que son una especie de suplicio chino que hay que pasar en estas fiestas. Pueden ser tanto comidas familiares como comidas de empresa a las que tienes que ir por cojones porque si no vas “quedas mal”. En cuanto a las comidas familiares por cojones, reconozco que me costaba mucho ir; veías a familiares a los que hacía justo un año que no veías y a los que tampoco tenías mucho que decirles porque no te unía nada a ellos, si quitamos el apellido; además, llegó un momento que ni siquiera el Ñu acudía ya y con él me reía porque hacíamos concursos de familiares feos y cosas así y nos echábamos unas risas que nos ayudaban a pasar el trago mejor. Afortunadamente esas comidas familiares por cojones ya no las hacemos, así que eso que me he quitado de encima. En cuanto a las comidas de empresa, este Sombrerero tiene la suerte de que acude encantado a éstas y deseando que se celebren, ya que se lo pasa pipa en ellas. De ser el caso contrario, no iría.

- Los tíos a los que les toca el Gordo de Navidad: No aguanto la escena esa en la que salen los tíos a los que les ha tocado el Gordo de Navidad, y están ahí con el champán y enseñando el décimo, pegando voces. Muchas veces, cuando están ahí enseñando el décimo premiado, me dan ganas de que llegue una ráfaga de viento y les cuele el décimo por la alcantarilla o que llegue uno por detrás y se lo quite. Sí, esto que me ocurre es de persona envidiosa, pero como me gustan tan poco estas demostraciones públicas (y exageradas) de alegría, pues me pongo como un mono. Además, me hace gracia cuando sale el lotero que ha vendido el décimo diciendo que está muy contento de que se haya vendido el premio en su administración, pero sé que por dentro se está cagando en sus muelas por no haber comprado para él uno de esos décimos. Les aseguro que si algún día me toca la lotería, no me verán en los informativos pegando saltos y descorchando el champán. Búsquenme en las Bahamas ese día.

- Los especiales de televisión: En los 80 y 90 eran Martes y 13. Ahora es el tío de Cruz y Raya. Da igual, el caso es que hay que hacer un programa de cachondeo para acabar el año. Una cosa que me intriga es que cuando yo era un muchacho, había que ver por cojones el especial de Martes y 13, y, además, en un silencio religioso. Ay de quien osara cambiar de cadena… Además, parecía que existía la obligación endémica de grabar en vídeo dicho especial. Luego, claro, todo el mundo se lo conocía de pe a pa de verlos una y otra vez… Con el tiempo he descubierto que Martes y 13 no eran tan buenos: Es que no había otra cosa. También por huevos hay que hacer, tras las campanadas, el especial con actuaciones musicales casposas de turno, un especial probablemente grabado en el mes de Agosto y que se emite en Nochevieja y que consiste en tirarse una pechá de horas viendo actuaciones de Juanes, de Paulina Rubio y de Amaral y así sucesivamente. También recuerdo unos horrorosos especiales que hacían antes en los que salían presentadores de TVE cantando. Era algo horroroso, algunos de ellos cantaban peor que yo incluso. Afortunadamente se apiadaron de la humanidad y acabaron quitando semejante esperpento. Menuda noche eligieron los de TVE para que se nos atragantara la cena…

- Los tíos que van con motivos navideños en la cabeza: Lo siento, no aguanto a esos tíos que van por la calle como si nada con orejas de reno, con gorros de Papá Noel o con pelucas. Sobre todo nunca he entendido a los que van con pelucas: ¿Qué tiene que ver una peluca a lo afro con la Navidad? Ya sé que no hacen daño a nadie poniéndose esos accesorios navideños en las testas, pero ¿qué le voy a hacer yo si me parece una chorrada? Pero, por mí, como si se ponen un portal de Belén entero en todo lo alto.

- Los cotillones: Cuando era un muchacho imberbe, no eras nadie si no ibas a un cotillón de estos. Encima, no ibas de cualquier manera: Yo recuerdo ir con mi grupo de amigos vestido de traje y corbata. Descacharrante, hoygan. De eso se valían los organizadores de cotillones, de tangar a pobres esperpentos como nosotros: Nos cobraban una pasta, que dificilmente podíamos permitir gastarnos con esa edad, para hacer exactamente lo mismo que hacíamos cualquier viernes o cualquier sábado, esto es, soplar y escuchar la misma música de siempre, aunque había algunos miembros de nuestra pandilla que defendía a ultranza estos cotillones ya que de esta manera “podían conocer gente nueva” (¿recuerdas, Hobbit?), aunque la única gente nueva que conocían era el tío que les servía las copas en la barra. La única diferencia entre un cotillón y un sábado normal estribaba en que a la entrada del garito nos daban una bolsa en la que ponía “felices fiestas” en varios idiomas y que contenía serpentinas, matasuegras y gorros para hacer el moñas por allí y dejar el local como la cama de una ciega. Eso no impidió para que un par de años organizáramos los amigos un cotillón de estos, de los de cobrar entrada; cotillones estos en los que si bien sacamos pingües beneficios, también produjo que hubieran varios intentos de asesinato entre nosotros. Actualmente la noche de Nochevieja es de las pocas noches festivas en las que me niego a salir, por simple orgullo: Parece que es una noche en la que todo el mundo tiene que salir por cojones y ponerse hasta el culo. Pues yo no, hala.

- Papá Noel Vs Reyes Magos: Todos los años la misma histora, que si ahora los yankis nos quieren meter a Papá Noel, que si los Reyes Magos es la tradición de toda la vida, que si viva el Belén, que le den por culo al árbol, que si ahora voy a poner un mantón con un Niño Jesús en la fachada para contrarrestar a esos insurrectos que cuelgan un Papá Noel subiendo por la ventana… Como ven, el aburrimiento también acecha en Navidad

- El mensaje de Navidad del rey: Nunca he entendido este mensaje de Nochebuena del rey. Y no porque no entienda lo que dice, que también porque yo cada vez entiendo menos lo que habla el rey, sino porque no sé para qué tiene que hacer un mensaje y en esa fecha en concreto; además, que se ve que el tío lo hace “fatás”, lo lee sin ganas y como no creyéndose lo que le han escrito. Al menos estos mensajes regios me traen buenos recuerdos: Yo me he pasado más de 20 años celebrando la Nochebuena en Madrid con mis abuelos y era un auténtico cachondeo ver allí el mensaje navideño del rey… Seguro que el Ñu recordará que cuando empezaba el mensaje, mi abuelo nos mandaba callar a todos de manera fulminante. El Ñu y yo, que éramos dos cabronías de tomo y lomo, le preguntábamos a mi madre alguna “tontá” en mitad del mensaje, para que, como máquina de hablar que es, empezara a chaspar sin parar, y era justo ahí cuando se desataba la tragedia y el regocijo a partes iguales… Me apuesto lo que sea a que mi abuelo tampoco entendía una mierda de lo que decía el rey, como nosotros, pero al igual que era tradicional ver el mensaje navideño del rey, también era una tradición arraigada desatar el caos familiar en ese momento.

- Morterá de gente en los grandes almacenes: Parece mentira, pero por mucho que nos lo digan no aprendemos. Tenemos que comprar los regalos con antelación, pero no, nos esperamos a última hora y la morterá de gente que puedes ver comprando juguetes y regalos son de ésas que son como para mear y no echar gota. Yo he llegado a ver el cadaver putrefacto de algún pobre mangurrino que no ha sido capaz de superar tantas horas de espera en alguna cola de esas apocalípticas que se forman para pagar o para envolver los regalos. A este paso, voy a empezar a comprar los regalos en Agosto.

Y ahora es su turno, queridos Somberereros y Comentaristas, para que nos ilustren sobre qué es lo que no aguantan de estas fechas.


Después de varias pizpiretas aventuras por la lejana Namibia, nos regresa El Alejao, a pasar las vacaciones navideñas (allí veraniegas) con su familia y, cómo no, sus viejos amigotes de toda la vida. Y es que ha pasado un montón de tiempo desde que se fue y, si les digo la verdad, ni me he enterado.

El transcurso de los días, los meses, los años, empieza a alcanzar un ritmo vertiginoso al cumplir los treinta, y aseguran nuestras madres, y nuestras abuelas, que luego es peor. Pero es verdad lo que dicen, que inmersos en la vorágine laboral, ocupado en llevar una casa para delante, los niños, las hipotecas, los atascos y los días de guardar, el tiempo parece acelerarse.

Eso mismo nos lleva a entrar en una dinámica que es difícil de abandonar. Así, de pronto, empezamos a dejar de hacer cosas que siempre nos habían gustado, viajamos menos y reposamos más, caemos rendidos al ponerse el sol, y olvidamos prontamente lo que nos gustaba salir de noche hace pocos años. Lo que es peor, reducimos brutalmente las reuniones con amigos, y entramos en el tópico de verlos sólo en bodas, bautizos, comuniones y entierros.

Soy el primero que me dejo llevar, y poco a poco voy perdiendo contacto con muchísima gente a la que quiero. Así, al igual que nuestro Alejao, hay un número considerable de personas que estoy deseando ver, para tomarme unas cervezas con ellos, charlar, y ponernos al día. Es triste dispersar cada vez más esos encuentros sólo produce que el número de cosas en común descienda tanto que empieza uno a sentirse un extraño a lado de esa persona. Están lo que siguen ahí, al pie del cañón, proponiendo actividades, reuniones, salidas, excursiones. Pero siempre somos los mismos quienes encontramos una excusa para faltar, haciendo la distancia un abismo, cada vez más insalvable. Es normal que acaben aburriéndose, aclimatándose al entorno, o buscando otro tipo de amigos.

Y no, no va la edad en esto, aunque queramos excusarlo. Es pura conjunción entre hábito y predisposición. Muy difícil de empezar, pero que al final se mueve por pura inercia.

Este año 2010 debe empezar con el serio propósito de ver a mi gente, de organizar cosas con ellos, y pasar más tiempo juntos. Ni la distancia, ni los años, ni el tiempo, ni los hijos, nada. Nada debe evitar que nos veamos más a menudo. Es pura cuestión de cariño y amistad.


Ya están en mi poder dos entradas para el esperadísimo Star Wars In Concert que tendrá lugar en Madrid, este año que llega. Con excelentes críticas mundiales, el espectáculo promete ser toda una experiencia. Un concierto sin igual, relatado por el propio Anthony Daniels, y con proyecciones e iluminación digna de la saga galáctica.

El concierto será un repaso de temas elegidos por el propio John Williams (que pena que no está a la batuta), y patrocinado por Lucasfilm Ltd. Un repertorio de los más emblemáticos momentos musicales de las seis películas. El tema de Star Wars, la Marcha Imperial, el tema de Leia, la Cantina, El Duelo de Destinos, A Través de las Estrellas, la Batalla de los Héroes, todo lo que un fan de la saga soñó siempre con escuchar en directo.

Como complemento, el concierto vendrá acompañado de una nueva exposición, con nuevas figuras (ya he visto a Han Solo en carbonita por ahí) que no se pudieron ver en la muestra del año pasado.

El abanico de precios es enorme. Desde 20 hasta 80 euros para completar el enorme aforo del Palacio de los Deportes de Madrid. Recordad: el próximo día 20 de Marzo, a las 18:00 horas en la Fila 6, podréis encontrarnos. Esperamos veros a todos.


El no va más… la perplejidad me ha apoderado, dejándome en un estado de estupor bastante considerable.
He leído que, según el último estudio del Comité Científico de la Investigación Antártica, a pesar de sus consabidos efectos nocivos en cuanto a las radiaciones ultravioleta, los expertos sostienen ahora que el agujero en la capa de ozono lleva 30 años protegiendo a la Antártida del deshielo producido por el cambio climático.

Si, el agujero, han leído bien, el agujero, no el Ozono. Bizarro ¿no?

Total, que hace 25 años el mundo ponía en el punto de mira al recién descubierto agujero en la capa de ozono y los líderes de las grandes potencias se reunían en Canadá para frenar su expansión, tomando medidas contra los CFC’s y demás productos que calificaron de extremadamente maléficos y apocalípticos por aquellas fechas.

Hoy, cuando el tema del que trata Antena 3 en sus noticiarios es el del cambio climático y no el agujero de la capa de Ozono, comprobamos que los científicos revelan ahora cómo este fenómeno ha sido capaz de crear un escudo que amortigua el impacto del calentamiento global en la Antártida. Toma del frasco, Carrasco.

Ahora resulta que un fenómeno medioambiental creado por el hombre, y catalogado como la hecatombe final, un efecto perverso sólo comparable con la ascensión de Hitler al poder, resulta que ha sido capaz de aislar a la Antártida del calentamiento global. Me da a mi en la nariz entonces que este calentamiento global sea el que nos proteja de un mal mayor que aún está por cernirse sobre nosotros ¿Quizás el efecto 3000? ¿La candidatura de Jose María Aznar para 2012? ¿La desaparición del macho ibérico en pos de las feministas adoradoras de Isabel Coixet? Ya no sé a qué o a quién hacer caso, todo parece un puro despropósito.

Pero el estudio se remata, cómo no, con un aviso a navegantes; el artículo recuerda que a lo largo del presente siglo el agujero en la capa de ozono se irá “curando”, con lo que el efecto invernadero podría comenzar a acechar al continente blanco en las próximas décadas y provocaría el aumento de las temperaturas de la zona en 3 grados centígrados.

Al final Saqman tenía razón: reciclar es de mariquitas… y además no sirve para nada, puesto que el cambio climático es un cuento. Yo desde luego, no sé a quién creer ya.


Viento en Popa…

Saqman
9 Diciembre 2009

La semana pasada tuve la oportunidad de estar cinco días embarcado en un buque de la Armada Española. No se alarmen, que no me ha dado ahora por jurar bandera y defender la isla de Perejil, sino que tuve que estar allí para pasar una batería de pruebas del proyecto en que ahora trabajo.

Toda una experiencia esta de andar por la cubierta, con marejada y buenas olas, y un par de días de lluvia y tempestad. Tampoco es que navegáramos muy lejos, prácticamente nos quedamos por los alrededores de Cádiz y Huelva pero, al ser novedad, no carecía de un cierto romanticismo el asunto.

Las pruebas fueron bastante bien por nuestra parte, por lo que nuestro trabajo no se resintió demasiado. Pasamos los días relativamente relajados, visitando cocina y tomando algún que otro café. Ah, se me olvidaba, y chutándome biodramina por un tubo, porque está visto que soy un blandengue y al primer balanceo se me revuelve el estómago. Lo que más me impactó fue la calidad del cátering. Bueno, realmente había cocina, y la comida era recién hecha. Pero uno, acostumbrado a ver en las pelis los ranchos pestosos que servían a los soldados, se imaginaba ya removiendo la sopa y encontrándose un ojo, o un bigote de rata. Nada más lejos de la realidad. La comida era exquisita. Como si uno comiera en restaurante todos los días. Creo que no hubo ni uno de los diez menus que no me gustara. Sobre todo el último día, que para celebrar la despedida no scocinaron un chuletón que quitaba el sentido, acompañado de un plato de gambitas, langostinos, otro de jabuguito, caña de lomo y queso mortal de bueno.

Me relegaron, como era de esperar, a los camarotes de marinería, en el segundo sótano. Compartiendo habitación con cinco personas más. La verdad es que dormir en lo alto de una litera, con el movimiento del barco por las noches, era toda una aventura. Sobre todo porque, al ser un buque en pruebas, no habían terminado de acondicionarlo y la litera no tenía protección a los lados. Un giro inesperado o un mal movimiento podía derivar en un carajazo de muy señor mío. Mis compañeros de habitación eran los encargados de mantenimiento del barco. Los que limpian, apilan la basura, achican el agua, etc. De entre ellos me hizo especial gracia una pareja de gemelos que tenían toda la pinta de haber pisado muy poco la escuela, y de haber amargado al profesor de turno cada vez que aparecían por allí. “Pareeeeeee”, me llamaban. Y aunque en el barco técnicamente estaba prohibido el alcohol, la primera noche al llegar al camarote, habían montado un botellón que ni en la Plaza Mina. “Si usted lo desea puede servirse una ginebrita. Tenemos hielo y limón”, que me soltaron nada más entrar. Eran simpáticos mis compis, y agradecí tenerlos allí. Lo único que hacía insufrible bajar al camarote era el terrorífico pestazo a pies que allí se concentraba. Tanto que tuve que declinar una siesta merecida en pos de ventilar aquella habitación.

Recuerdo en especial las noches. Una en particular en que, sobre las doce, salí a cubierta a ver el mar. La luna, a través de las nubes, alumbraba el barco, y su difuminado reflejo, el mar. Una bandada de cientos de gaviotas nos seguía volando, en paralalelo, a ras del agua. El viento soplaba fuerte, y yo me acordaba de casa. Un espectáculo que quedará en mi memoria. La última noche no estuvo mal, cuando todos salimos a cubierta a tomar unas latas, y a charlar, soltar chistes guarros y reirnos un rato. Fueron momentos típicos de distensión que aliviaba un trayecto que empezaba a hacerse largo. Y es que parece mentira, pero ir vestido con mono y botas cansa mucho. Al final del día uno acaba con los pies reventados, y agradece unas zapatillas y el sofá de su casa. Entre otras cosas porque apenas había sillas. Como dije, era un buque en pruebas, y teníamos que pasar gran parte del día de pie.

De todos modos el viaje ha valido la pena. Laboralmente mucho, porque ver en la práctica todo aquello en lo que uno ha trabajado satisface. Porque además, para las pruebas hubo necesidad de colaboración con helicópteros, aviones, lanchas, y fragatas. Fue bastante instructivo y divertido. Repetiría otra vez, aunque fuera por la comida.


Si ya Saqman publicó, bajo este mismo título, el logro, no sin cierto sufrimiento, de alguna de sus joyas para su santuario de paz y tranquilidad (que pronto será arrasado por su vástago), a mi me gustaría compartir también ese sentimiento con nuestra deletérea feligresía.

Ya ha llegado Baltasar con mi regalo de Navidad, el busto de un Endoesqueleto T-800 a tamaño real, Combat Edition. Llevo desde hace años, muchos años, queriendo tener uno, pero las distintas circunstancias de la vida aplazaban lo que era inaplazable.
Aún recuerdo esa tarde de Agosto de este año que acaba, en la playa, hablando con Saqman sobre si ya era el momento de tener mi propio Terminator, y tras varios meses de peregrinación por California, Inglaterra, Bélgica, Madrid, Jerez y mi casa, aquí está, el último modelo lanzado por SideShow Collectibles, con la inestimable colaboración de los Stan Winston Studios, que conmemora de esta forma el 15 Aniversario de este clásico del cine de ciencia-ficción. Así da gusto.

Por primera vez, la figura está directamente extraída del molde que usó Stan Winston para hacer la película de Terminator 2, incluyendo también los ojos brillantes y su apagado “a lo Terminator”. Así que el resultado final es impecable, sobre todo si lo comparamos con otros bustos creados por otras franquicias, como Toynami, en el que la falta de detalles hace menos imponente al robot en cuestión, y de esto sé de lo que me hablo, que conozco al dedillo todos los creadores de figuras de este estilo.

Abreviando, ya que una imagen vale más que mil palabras, el busto es incluso más bello en la realidad que en las fotos, la cabeza del androide impone mucho más visto de frente con los ojos encendidos, no le falta ni el más mínimo detalle, pesa un quintal, y el acabado es digno del propio Stan Winston. Me he quedado un buen rato observándolo, tarareando Terminator Theme, de Brad Fiedel, y es que la ocasión la merecía. Por más que le de vueltas aún no le he encontrado un calificativo a semejante experiencia.

La figura nos ha encantado a todos, y eso que dudábamos entre el T-800 y la Thermomix, pero no hay color. Incluso me atrevo a decir que Ripley se ha enamorado del T-800, de manera que he tenido que regalársela. Pobrecita.

Así que no me llaméis friki, ha sido un antojo de la gata, y la pobre no es que sea una caprichosa, y para una cosa que pide, hay que regalársela. Yo sólo me deleitaré observando al T-800 una y otra vez, porque por fín está aquí.