Entrada para Enero, 2010

Vaya Añito

Zopaias
29 Enero 2010

Nuestra Sombrerera favorita, Alfonsina, nos ofrece un descacharrante repaso sobre sus descubrimientos musicales del año pasado.

31 de Diciembre, 23:55h; en la televisión Belén Esteban explicando los cuartos, la bola que baja, su Fran (hay que tener cuajo…); momento de hacer recuento del año que se acaba…

En mi caso ha sido uno de mis años más fructíferos musicalmente hablando. Gracias a compañeros, amigos, familiares y vecinos he conocido y reedescubierto un buen puñado de grupos/grupas, cantates/cantantas.

El GRAN descubrimiento del año: la banda de rock inglés MUSE. La primera vez que en casa sonó la canción “Host“, se le pusieron los pelos como escarpias hasta al perrillo. Y aunque Maky piense que suenan como un saco de gatetes chicos, para mí es de lo más original que ha entrado en mis orejas. A destacar la “Intro” y el tema “Knights of Cydonia” del álbum “H.A.A.R.P”.

Gracias al primo Diegüagustín escucho a Pearl Jam (peras con jamón) y gracias a su insistencia (rozando la cansinería) me acaban gustando. Pero, lo siento primo, aunque insistas en que es mejor ésta y la otra, mi favorita sigue siendo “Animal”.

Bendito pendrive el que trajo el primo Diegüagustín a casa, estaba “petao” de cosas chulas: Muse, Soundgarden, Killers, Robert Plant, The White Stripes…; geniales, cada uno en su estilo.

Mil gracias primo Zo por tu selección de canciones de David Bowie, Queen y Police; Queen es algo más que el “We Are The Champions”. El “Love Of My Life” de Queen y la canción del astronauta Tom de David Bowie ya forman parte de la banda sonora de mi vida y estate tranquilo que no le voy a contar a nadie que me pasaste los “Grandes Éxitos de Bob Esponja”, soy una tumba.

Para el que piense que los hombres tiene menos sensibilidad que una patata, lo desmiento tajantemente ya que es por mi compañero a la par que amigo Replicante por el que conozco a Zenet y a Alondra Bentley (entre otras alhajas). Muy dulces, todo sentimiento, cuando oyes a Zenet diciendo “Déjame esta noche soñar contigo…” se te convierte la sangre en Baileys.

Y gracias, Paco, por llevarme a un concierto “jivi”. Ir al concierto de Metallica ha sido una experiencia desfogadora, divertida, alucinante. Me encantan las canciones rarejas que me pones en el ordenador entre sorbo y sorbo de Budweiser, como “Esta Noche” de Barricada o “Lo De Fuera” de Extremoduro.

Una última recomendación, la versión de la canción “Billie Jean” de Chris Cornell del CD “Carry On“; no sé si será sacrilegio, pero a mí me gusta más como la canturrea el Chris que el desaparecido Michael.

Me encanta conocer música nueva, diferente, música que no se escucha en los 40 Principales, ni en Operación Triunfo, ni en Radio Ole, ¿alguna recomendación?.


… estábamos todos con las gónadas por corbata debido a una epidemia ¿qué digo epidemia? ¡Catástrofe! ¡Apocalipsis! ¡Cataclismo!, llamada Gripe A.

Lo consiguieron , consiguieron desviar nuestra atención ante tal aterradora coyuntura. Y yo, por más que me pregunto una y otra vez lo mismo, no encuentro respuesta:

¿Dónde está la Gripe A?

¿De dónde querían desviar nuestra atención?

¿Quién se lo ha llevado calentito a costa de nuestra ingenuidad?

¿El famoso virus de las 24 horas es la segunda temporada de este culebrón?

Hoy, en lo más crudo del crudo Invierno, aprovecho, más que nunca para cagarme en tó.


Hoy me ha acaecido una vivencia cuanto menos curiosa. Iba deambulando en dirección a la sucursal de Correos cuando me dispongo a cruzar la calle religiosamente por un paso de peatones. Sin embargo, algo perturbó mi quietud espiritual, puesto que a lo lejos retumbaba, con bastante estridencia para la lejana distancia a la que circulaba, un vehículo tuneado de grandes faldones y alerones recargados.

Mi sentido arácnido me alertó inmediatamente de que si intentaba cruzar, probablemente tendría que estar unos cuantos meses de baja debido a un atropello con agravantes, así que decidí esperar, con cierto cabreo, a que el retrasado mental del Seat Ibiza pasara de largo.
Desde luego el volumen de la música (si al reggaeton se le puede llamar música) era escandaloso, haciendo que los transeúntes se giraran para mirar de reojo el descerebrado que iba molestando de esa manera. Pero ese detalle no me llamó la atención… cuando el coche pasó de largo, en su luna trasera (convenientemente tintada) alguien, supongo que el propio dueño del vehículo, había escrito con el dedo sobre la capa de ligera mierda que impregnaba el vidrio:

SOY UN NINI

Si hubiera tenido un bazooka, lanzallamas o rifle de plasma a mano, ese indeseable estaría llorando ahora mismo sobre las cenizas de su coche, o algo peor aún.

La generación NiNi: Tuvo que venir la tele para darle un nombre a ese conjunto de personas que Ni estudia Ni trabaja. Pero yo aún diría más, yo la definiría como la generación NiNiNi, es decir, ni estudian, ni trabajan, ni tienen intención de ello. Qué lejos quedan aquellos hippys de lo sesenta, los mullets y los pintas de los ochenta, y sobre todo, la famosa generación X de los 90 con la que nadie sabía qué hacer.

Lacra, estigma, escoria, improductivos, parásitos, insolidarios, inútiles… todos los adjetivos que se me ocurran se quedan cortos acerca de lo que pienso de toda esta chusma. ¿De qué vivien? ¿No tiene preocupaciones acerca del futuro? ¿Hay vida inteligente debajo de la gorrita o tras el piercing? ¿Quienes son los responsables de esto?
Pero lo más triste no es que las respuestas a las preguntas anteriores sean casi utópicasr, lo preocupante es que esto de la generación NiNi no se trata de un fenómeno puntual con fecha de caducidad, sino todo lo contrario. Poco a poco todos estos cretinos, como el mentecato del Seat Ibiza, están haciendo legión, día a día, de forma que están llegando incluso al punto de jactarse de pertenecer a dicha generación. Yo me quedo de piedra, hoygan.

Continué mi paseo hacia Correos, pero con una nueva preocupación. Si seguimos a este paso, va a haber cierta confusión sobre quién es realmente la generación NiNi, porque desde mi punto de vista, me sé de algunos cuantos, mis queridos lectores, quienes en un futuro, Ni nos podremos jubilar, Ni podremos cobrar la pensión. ¿Son ellos o nosotros la generación NiNi?


Serpientes gigantes, minotauros ávidos de sangre, colosos indestructibles, dragones salidos del mismísimo Averno, brujas y hechiceras vengativas, meretrices perversas, devoradores de hombres de Zamboula… ninguno de estos villanos ha estado a la altura de uno de nuestros héroes favoritos, Conan el Cimmerio.

De entre las sombras, de una de las cuevas más recónditas de Aquilonia, ha surgido un engendro, una bestia legendaria que amenaza con reducir a cenizas todo atisbo de vida reduciendo la Era Hiboria a sólo un vano recuerdo.

En manos de Conan, el Bárbaro, dejamos nuestras vidas… ¡Por Crom!


Tal y como prometí en este artículo, Zopaías y yo hemos perpetrado un vídeo reportaje de nuestra estancia en la capital de la pérfida Albión. Decir que estuvieron también Carmen, Flunchita y Pío Twist (esta simpática raterilla que ataviada con su gorra Dickensiana birlaba periódicos a los Apus londinenses, ha sido la encargada del montaje de los vídeos), pero sin duda el peso de grabar y decir las (grandes) polladas recayó en mi hermano Zopón y en mí.

Temblad, productores de Lonely Planet, editores de las guías de El País-Aguilar, una nueva tendencia os va a desbancar: la Vídeo Guía Tontuna de Viaje Para Mangurrinos por Zopa y Atlante.

Sin más os dejo con lo importante, los vídeos. Os advierto que aún en el caso de que este simpar producto os provoque aburrimiento no os deberíais perder la entrevista a un personaje muy conocido en el tercer vídeo…

DÍA 1

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DÍA 2

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DÍA 3

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DÍA 4

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¡MÁS PITRACO! ¡ES LA GUERRA!


Esta semana que he estado de vacaciones he aprovechado para acostarme tarde resarciéndome así de todos los madrugones que me pego y, por curiosidad, algunas noches he visto el programa de Buenafuente. Antes, cuando estaba en Antena 3, lo veía algunas veces, así como cuando fichó por La Sexta.

Recuerdo partirne el culo con El Neng. Antes de que este personaje fuera tan conocido (ahora la era Neng ha pasado, por fortuna) la verdad es que a mí me pareció todo un descubrimiento, un descacharrante retrato de un angango un tanto desfasado que pueblan las discotecas y los macrobotellones de nuestras comarcas y terruños. Luego ya El Neng se convirtió en un fenómeno que casi se come a su propio autor, y resultó ser una cansinería de muchísimo cuidado. Por suerte, El Neng ya es sólo un buen recuerdo.

Por no hablar de Rodolfo Chikilicuatre. A mí, toda esa movida que se formó con este tío me pareció una jugada maestra por parte de Buenafuente y la aplaudí hasta la extenuación. Al final, Chikilicuatre cansaba igual o más que El Neng, pero reconozco que me emocioné y todo cuando ganó la preselección para ir a Eurovisión y me tragué el festival enterito (cosa que no hacía desde décadas atrás).

Esos personajes y otros muchos, hacían de Buenafuente un programa con el que realmente te reías, novedoso, con buenas ideas y con una cantera de “nuevos talentos” en lo que el mundo del descojone se refiere, pero ahora… ¿En qué se ha convertido el programa de Buenafuente ahora?

Pues se ha convertido en el típico programa “late night” un programa tan manido y tan copiado de los americanos que ya hasta produce asco: El presentador sentado ante una mesa gigantesca y detrás de él el decorado que simula una ventana donde se ve la ciudad iluminada de noche. El presentador del “late night” tiene que ser graciosete, como Buenafuente, y ha de tener con él, y esto es imprescindible, una taza. El contenido de la taza, vete tú a saber cuál sea (¿Será whiskey? ¿Será “Lehendario” con Coca Cola? ¿Será Colacao? ¿Será sebo de burra?), pero lo de la taza es fundamental. Imaginación al poder, sí señor.

Pues esto es ni más ni menos Buenafuente ahora: Al principio sale haciendo un monólogo (este tío es gracioso, sí, pero hay que reconocer que los monólogos le salen muy largos, hay que rellenar programa) y luego el programa se lo ventila haciendo la típica entrevista chascarrillosa y pelotillera al invitado de turno que viene a promocionar lo que sea; luego aparece el tal Berto (al que Buenafuente ha metido en La Sexta hasta con calzador) a decir cuatro patochadas y a disfrazarse, junto con su jefe, de Íker Jiménez y de la tía que sale con él (una con dientes); luego sale una tal Ana con menos gracia que yo, suelta tres “tontás” y de vez en cuando el músico de la banda (otro ingrediente fundamental en un “late night”, la banda en directo) también suelta alguna patochada muy poco graciosa y fin del programa. Toma ya.

¿Dónde están el resto de colaboradores? ¿Dónde están esos personajes y esas ideas que hicieron famoso al programa? Supongo que haciendo su propia vida y haciendo sus propios programas con más o menos (más bien menos) éxito. Sin embargo, Buenafuente, lejos de reciclarse e ir en busca de nuevas ideas, se ha ido por la dirección más cómoda y se ha convertido en un programa de lo más inocuo, aséptico, poco original y soso.

Así, Buenafuente ha quedado reducido a un programa en donde cuatro mangurrinos sueltan la patochada padre y hacen una inocua entrevista; así de simple y así de triste. En mi opinión, el programa de Buenafuente no es más que un cadáver televisivo, renqueante y en decadencia, que alarga su agonizante vida sin necesidad alguna y que sigue en antena porque la cadena que lo emite, La Sexta, es propiedad, en parte, del propio Buenafuente. Creo que ese programa, que fue muy solvente hace muy poco tiempo, necesita la visita de un cura que le dé la extremaunción ya: Es hora ya de que desconecten la máquina que le está dando vida artificialmente a este programa.


Pasé la Nochebuena en casa de mis suegros. Toda la familia, incluyendo los niños, pasamos una noche bastante agradable, cenando las cosas típicas que se comen en ese día especial, y bebiendo un poco más vino de la cuenta.

La mañana de Navidad comenzó con una llamada al telefonillo del portal. Al descolgar, se escuchó una voz que decía “Sí, buenos días, soy la forense”.

-¿La forense?- inquirió mi cuñada sin salir de su asombro. No todos los días se encuentra uno con una llamada así.

-Vengo a ver el cadáver.

Ante la estupefacción de mi cuñada, la forense subió. Toda la familia extrañada se asomó a la terraza para ver dos coches de la policía en el portal. Pronto subieron los agentes y la forense a examinar al fallecido. Resultó ser el vecino del portal de enfrente. Un hombre de unos cincuenta y tantos, que ya había protagonizado algún que otro escándalo en el portal debido a sus excesos con el alcohol. El típico vecino que sufría depresiones y montaba espectáculos de gritos y destrozos. En fin, un desastre que se veía venir desde lejos.

Según la viuda, un ataque al corazón había acabado con la vida del pobre infeliz, pero los rumores surgieron rápidamente por todo el bloque. ¿Se habría suicidado? ¿se habría caído bebido y partido la crisma?

En fin, una historia truculenta que se quedaría en eso, si no fuera porque dos días más tarde la viuda recibe una llamada. El dueño del bar de la esquina quiere darle el pésame por el fallecimiento de su marido, entrañable parroquiano del local, querido y respetado (la pasta que se dejaría). El hombre, un poco apurado, le comenta que su marido se había apuntado a una rifa de esas de Navidad en que se sortea una cesta, y que, caprichos del destino, le había tocado. Le llamaba para preguntarle que si quería el premio.

La viuda, cuya pena no era incompatible con el jamón serrano, dijo que vale, que se la llevaran. Al poco, la señora monta en cólera y pide que devuelvan la cesta, indignada con la falta de tacto del dueño del bar.

Porque, manda cojones, el hombre se “olvidó” de informar a la mujer que la cesta de Navidad no llevaba salchichón ni queso ni turrón, sino que era una rifa de cachondeo, y toda la cesta estaba llena de consoladores, condones, anillos, muñecas hinchables y demás “guarrerías españolas”…

Esto es España.


Hacía muchos años que no visitaba Portugal, ni Lisboa. Es más, cuando he estado allí me daba la sensación de ser la primera vez que la visitaba, puesto que todo había cambiado tanto, o al menos el recuerdo que tenía de la cuidad no concordaba con la realidad.

Hubo muchísimos aspectos que me llamaron la atención de la capital, como ciudad, y de los portugueses, como vecinos nuestros. En primer lugar, el aspecto de Lisboa, caótica y cuadriculada, esplendorosa y decadente, preciosa y deplorable a la vez. No es que sea persona de mucho viajar, pero desde luego, Lisboa es una ciudad que merece ser recorrida a pie, pasando por el Castillo de San Jorge y viendo a tus pies la ciudad entera, el Barrio Alto, los puentes sobre el río, sus grandes plazas, el impresionante monumento al Marqués de Pombal. No en vano, y a pesar del desprecio de nosotros, los españoles, hacia los portugueses, Lisboa también fue la capital de un imperio vasto y boyante, con multitud de colonias y con gran riqueza, económica y cultural… y ya se sabe, quien tuvo, retuvo…

Con respecto a los portugueses, me he asombrado sobre la cantidad de cosas que nos separan, más que nos unen. Son gente muy seria, quizás contagiados por la melancolía del ambiente, ya que rara vez sonríen y la ironía y las bromas no son para ellos. De todas formas ¿Qué se puede esperar de un pueblo cuyo canto nacional es el Fado?

Tratando con ellos, sientes que, aunque se alegran de conocer a algún español, recelan a hablar sobre ellos, quizás porque piensan que los miramos por encima del hombro. Nada más lejos de la realidad; desde que nos entraron esos aires de grandeza a finales del Siglo pasado, hemos tratado a los portugueses como desgraciados catetos con poca cultura y menos educación. Pero las tornas se han vuelto, y vaya cómo lo han hecho.

El último día, antes de volver a terreno patrio, estaba disfrutando de un buen bacalhau fumado en un restaurante cuando pusieron en las noticias portuguesas aquel estudio en el que se destacaban las tasas de paro de la Unión Europea, y en el que a España le metían un repaso considerable poniéndonos a la cola en todos los aspectos. En aquel momento pude observar cómo un par de portugueses esgrimieron media sonrisa, supongo que en dulce venganza por la de años que los españoles hemos ido hacia Portugal en plan nuevo rico, avasallando y tratando con desdén a aquellos que, como poco son vecinos, y si me apuran, casi hermanos, a pesar de nuestras diferencias culturales.

Tengo ganas de volver a visitar Lisboa, de perderme por sus estrechas calles, de coger esos vetustos tranvías… y por supuesto, para ponerme morado a comer, porque aunque no estén bañados por el Mare Nostrum, su dieta sigue siendo Mediterránea, y por tanto, deliciosa.


Dicen que cuando el tonto sigue la linde, la linde acaba y el tonto sigue. Pues eso es lo que pensé yo ayer cuando vi en el Corte Inglés un libro que respondía al título de “Lazarillo Z: Matar Zombis Nunca Fue Pan Comido“. Les aseguro que se me cayeron los palos del sombrajo cuando vi el librillo. Me dieron ganas hasta de comprármelo (era una edición de bolsillo, valía cuatro duros) para poder hablar con propiedad de él, pero deseché la idea al instante.

Inmediatamente me acordé de ese otro libro de “Orgullo y Prejuicio y Zombis” y me dije “madre mía, estamos gilipollas o qué” y es que ya me parece demasiado esto que nos ha dado a todo el mundo con los zombis… No sé de dónde ha salido esta manía, no sé cuál fue el libro o película precursor para que el año pasado (y el inicio de éste) tengamos zombis hasta en la mismísima sopa: Novelas, películas, juegos… ¡de todo!

Pero a mí, lo que me ha sobrepasado fue lo del Lazarillo: Lo mismo es un libro de futa madre y te hinchas a reír leyéndolo, pero no lo creo, la verdad. Y es que, ¿tan faltos estamos de imaginación?, ¿tanto nos gusta seguir la moda y el rebaño para que un autor (anónimo, por que en la portada sólo pone Lázaro González-Pérez de Tormes) copie la idea de “Orgullo y Prejuicio y Zombis” de conjugar una obra clásica con que aparezcan unos mangurrinos momificados a intentar comerse cerebros de rancias señoritas inglesas (o pícaros del siglo XVI en este caso)?

Y es que cuando nos da por algo, dense por jodidos… Lo que es yo, empiezo a estar de zombis hasta los mismísimos cojones. No sé qué será lo próximo: ¿El Monstruo de Frankestein y los Picapiedra? ¿El Hombre Lobo contra Don Quijote? Venga ya…


La Música es sonido y el sonido por sí solo no significa nada. Cualquier intento de significar la Música viene tras su asociación con elementos de la vida que puedan recrearse con un patrón rítmico o una línea melódica. En realidad es la Música la que imita a la vida. Y cuando el hombre recrea la vida con el sonido es cuando realmente comienza la Música. La primera Música que oímos es el latido del corazón de nuestra madre. Así, con la aceleración y deceleración de su ritmo cardíaco aprendemos uno de los recursos más básicos, más “vitales” y más coherentes para expresar musicalmente la excitación, la tranquilidad, el estrés o el reposo. Su voz, con su linealidad melódica, hará lo mismo con elementos expresivos más sutiles. La naturaleza también nos sirve de modelo, como en la recreación musical que hace de ella Monteverdi en su madrigal “Ecco Mormorar L’onde”, imitando el canto de los pájaros o dibujando linealmente los picos de un paisaje montañoso; o como en el caso de “El Mar” de Debussy, una de mis obras orquestales favoritas. En el terreno simbólico, la señal de la cruz es fácilmente recreable con una línea melódica cruzada, como en el “Stabat Mater” de Vivaldi. La asociación del habla con la frase melódica y cómo ambas se rigen casi de la misma manera parece evidente. Apurando un poco la cosa, una pieza musical se desarrolla a lo largo del tiempo igual que la vida de una persona, con su nacimiento o presentación, crecimiento o desarrollo y su muerte o cadencia.

El problema viene cuando no encontramos fácilmente una asociación, o simplemente no la hay. Y sin embargo, la Música funciona, sigue funcionando. Si buscamos un motivo para que la Música naciera, fuera donde fuera y fuese cuando fuese que nació, se nos ocurre pensar en el deseo de expresar con el sonido algo que el lenguaje no llegaba a matizar. O por el contrario era simplemente una herramienta artificiosa para captar la atención y lograr el efectismo necesario para impresionar a los demás humanos en las primeras manifestaciones religiosas, empezando a utilizar la música como elemento que “eleva” a quien la practica sobre los demás, como si estuviese dotada de poderes mágicos. Hasta la fecha.

La utilización de la Música para fines no musicales da para mucho. Desde los padres que desean enseñar a las visitas cómo su hijo toca el piano o se dejan ver en la ópera con sus mejores galas hasta el adolescente que aprende los tres acordes de la balada del momento para intentar mojar el churrito. Dando el paso de quienes tienen un trato más intenso con la música, están los que citan con pelos y señales el número de opus, la tonalidad, la duración y el año de grabación con tal orquesta y con cual director de cualquier obra que se precie, como si de ello dependiera el disfrute y sobre todo la comprensión de la misma. Con los intérpretes pasa lo mismo: están los que se muestran a sí mismos sin preocuparse tanto de la obra o las intenciones del compositor como de hacer un buen papel en el escenario, tanto virtuosístico como de imagen. Y es que en general, para lo bueno y para lo malo, la Música da para mucho. Tenemos Música específica de todos los pueblos, desde todas las épocas y para todos los acontecimientos humanos. Tenemos la posibilidad de un acercamiento a la Música a través de su audición (la más importante en mi opinión), a través de su estudio o lectura, a través de la interpretación, composición, dirección, crítica…

Todos usamos, entendemos y hablamos de Música, pero no creo que nadie haya sido capaz de entender de dónde surge la Música. Quizá sea porque a diferencia de otras artes, la Música se desarrolla en el tiempo, y en su asimilación intervienen a la vez muchos mecanismos, tanto perceptivos como psicológicos, y tiene siempre un carácter perecedero, instantáneo e irrepetible, afectado además por la necesidad del uso de la memoria (no escuchamos de igual manera la misma pieza por segunda vez), dando lugar a un terreno extraño donde la apreciación y valoración varían según muchos factores. De hecho, solemos llevarnos por opiniones generalizadas a la hora de animarnos a escuchar una determinada música. Y a partir de ahí cada uno hace sus preferencias.

En diciembre me invitaron a tocar el violín en una residencia geriátrica en Cádiz. Se trataba de una sorpresa para animar en estas fechas “tan complicadas” a la gente que, voluntaria o involuntariamente, vive allí. También actuó el coro “Amanecer”, que después de mí animó bastante a los ancianos. Intenté preparar un popurrí lo más alegre posible con villancicos populares, sin caer en sentimentalismos que pudieran hacer estragos en personas que realmente deben pasarlo mal en Navidad. A pesar de ello, algunos no pudieron evitar soltar alguna lágrima. No se trataba de que tocara bien o mal, sino de que probablemente recordarían muchas cosas.

Y yo sigo sin entender qué carajo es la Música.