Entrada para Marzo 3rd, 2010

El Venazo

Zopaias
3 Marzo 2010

Nuestra querida sombrerera de arreboladas mejillas, Alfonsina, nos ofrece hoy una disquisición sobre un curioso fenómeno que todos hemos experimentado, en mayor o menor medida, alguna vez.

Definición: Venazo; cambio drástico y patente en una persona sin venir a cuento y sin causa aparente.

Sintomatología: El venazo es fácilmente detectable; de la noche a la mañana notas en la persona aquejada del susodicho venazo un cambio visible (vestimenta, complementos, pelo, agujeros corporales nuevos…) y/o invisible (al hablar con el personaje empieza a soltar una “tontá” tras otra con naturalidad).  Una característica muy frecuente en el venazo es que la persona que lo sufre es el último en ser consciente de lo que le está pasando, siendo las personas de su alrededor los que lo detectan antes que él. También es muy frecuente que sea la madre del “venazado/a” la primera persona en detectarlo y diagnosticarlo contundentemente  con un:  ”y a éste,  por donde le ha “dao”…”.

Temporalidad: Es muy variable, puede durar desde días hasta meses (en los casos de mayor gravedad). Lo que es muy significativo es su término brusco; igual que viene se va.

Gravedad: No suelen revestir gravedad ya que suelen ser inofensivos: De repente una pasión irrefrenable por la música reggae, lectura compulsiva de relatos de Sherlock Holmes. Sólo un 10% de los casos son graves; por ejemplo el caso del sujeto X que con 45 años, 1,60 de altura y 89 kilos de peso decide ser torero.

Caso Práctico: Ahora que la teoría está clara pasemos a un caso real-práctico con el fin de afianzar lo aprendido:

Llamemos al sujeto Bob con el fin de mantener el anonimato aunque las posibilidades de que  lea su caso, aunque aquí son bastantes insignificantes.

Bueno, el sujeto en cuestión suele ir a trabajar con un estilo “arreglao” a la par que informal: Vaquero, camisa y zapatillas deportivas, aseo adecuado, olor agradable.

Un día, sin más, viene al trabajo pulidísimo: zapatos castellanos, pantalón de pinzas, camisa metida muy correctamente por dentro. Un día de “pulición” no se puede considerarse venazo.

Día 2, 3, 4, 5… Pulidíiiiiisimo. Ya es venazo. Este diagnóstico se confirma cuando a la pregunta de: “¿Qué te está pasando? ¿Estás cambiado, no?”, el supuesto Bob responde: “¿A mí? No sé, no me pasa nada”.

Reflexión: “No te pasa nada y de repente parece que trabaja aquí el Conde Lecquio…”. Menos mal que, como ya se ha comentado anteriormente, el final del venazo es brusco;  un día sin más, Bob volvió a su ser.

Finalizaré contando mi venazo adolescente. Mi “venazo hippie”, una amiga y yo decidimos viajar por el mundo tocando la flauta y la pandereta y viviendo de lo que la gente nos quisiera dar. A Dios gracias, la “tontá” se me pasó antes de hacer las maletas (con lo ricamente que vivía en el piso de mis papis).