El Carapán

Saqman
5 Abril 2008

Perfecto compañero carapánLlevo un par de semanas desesperado con un tipo de mi trabajo. Muy joven todavía, prácticamente recién terminada la facultad, pertenece a esa generación que recibió las licenciaturas y los bollycaos regalados por igual. La generación que no ha sufrido de los males de aulas masificadas, viajes en autobús interminables, entrevistas de trabajo largas y tediosas, sueldos infra-mileuristas en el primer, segundo y tercer tabajo, etc. En fin, es de esos tipos que nada más empezar a trabajar gastan el sueldo de tres años en un Seat León tuneado y con todos los extras, sólo por vivir una vida que no tienen o por lo menos aparentarla. Resumiendo: un mamón.

Sin embargo, no son todas esas características las que le convierten en un… ¡¡¡carapán!!!. Y es que los carapanes son de esa raza de personas que atacan a la prudencia y a la paciencia de los demás. Aquellos que, sin ningún tipo de miramiento, bombardean a sus interlocutores con preguntas indiscretas, de todo tipo de condición y vergonzosamente personales, con una parsimonia y un aplomo que deja pasmado y parado a todo aquel al que se dirija. No tienen inconveniente alguno en lanzarse a por una chica con novio, sin tener en cuenta la actitud de ésta. Tampoco tienen incoveniente en encabronarse y ponerse a la defensiva a la primera de cambio, cuando se les pide que trabajen, aunque sea cumplir los mínimos que el sindicato exige (es decir, aparecer por allí), aunque sea para disimular. Encima se dedican a tocar los cojones, y me perdonan la expresión, ante los ataques de susceptibilidad que les entran, apoderándose de la sensatez de los demás que se ven obligados a tratarlos con suma delicadeza, como si de la Reina Isabel II o de nuestra Reina Isabel Pantoja (tanto monta que monta tanto) se tratara. Y, por supuesto, cuando llegan las vacas flacas no dudan ni un instante en poner a buen recaudo su preciado orto implicando a los demás.

Pues este tipo del que les hablo es un carapán de los de verdad. De los que llevan escrito en su vigésimoquinta pareja de cromosomas las palabras “tío mierda“. Un chaval de veintimuchos, cuya jornada laboral se constituye de dos funciones claramente diferenciadas:

  1. Encender un botón
  2. Apagar un botón

Este hombre viene quejándose todo el día del sueldo que le pagan por tan laboriosa tarea. Sueldo que, tóquese usted los cojones, es prácticamente el doble del que pagaron a nuestra generación cuando estaba recién licenciada. Su queja viene ocasionada al compararse con otros sueldos, mediante preguntas indiscretas a los demás, preguntas que, cuando por fin se dirija a mí, deseando estoy zanjar con un “El doble que tú, so mamón, que se lo que ganas“. A ver que cara pone. En fin, lo peor es que encima el inefable carapán bordea constantemente a mi compañera de trabajo, por otro lado una chica muy prudente que no se atreve pararle los pies como debiera. Aunque quizá, con un poco de suerte, en lugar de los pies van a ser las piernas lo que le va a parar el novio de la chica. Pensando estoy regalarle el bate de béisbol y todo. Carapán es de esas personas que, haciéndose el tonto, y haciendo pensar a todo el mundo que es un inútil, pasa por la vida sin dar un palo al agua y riéndose de todos. Menos mal que la vida a veces es justa y el tío resulta ser más feo que Pifio, casi como el de la foto que les adjunto.

Grabado en mi retina queda la carrerita estilo Benny Hill (faltaba la música) que hizo el otro día detrás del jefe con un vasito de café, de esos de plástico, en la mano, que el hombre había olvidado, para que hiciera el favor de no dejar su lugar de trabajo lleno de tiestos y lo tirara a la papelera. Por un momento me pareció ver al viejecito de Benny Hill llevarse una colleja.

Me da a pensar este carapán que, con su cara dura y su poco trabajar cobra mucho más que esa compañera que ha de aguantarle, que es lista y trabajadora, y que produce en un día lo que el otro en un año. Pero claro, me acuerdo entonces de que estamos en el país de Operación Triunfo, del Diario de Patricia, del Programa de Ana Rosa, de Gente, de La Isla de los Famosos. Un país que permite que todo tipo de chusma se pegue la vida padre mientras los demás pagan impuestos por una Seguridad Social que cada día subvenciona menos medicamentos.

En fin, carapán, que creo que este lunes ya no voy a aguantar más y a la primera de cambio te voy a soltar un “tequiiiiparcarajoimbéssi” con el que me voy a quedar tan pancho. Y encima no tendré que escucharte más.


  1. Pettenman dijo,  

    Juo juo juo!! Esto me ha dado una idea sobre un artículo “Comparativa entre la generación del 75 y la de la carrera regalada”. Chispas iban a saltar!!

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