|
Cuento de Navidad |
Saqman
18 Enero 2010 |
Pasé la Nochebuena en casa de mis suegros. Toda la familia, incluyendo los niños, pasamos una noche bastante agradable, cenando las cosas típicas que se comen en ese día especial, y bebiendo un poco más vino de la cuenta.
La mañana de Navidad comenzó con una llamada al telefonillo del portal. Al descolgar, se escuchó una voz que decía “Sí, buenos días, soy la forense”.
-¿La forense?- inquirió mi cuñada sin salir de su asombro. No todos los días se encuentra uno con una llamada así.
-Vengo a ver el cadáver.
Ante la estupefacción de mi cuñada, la forense subió. Toda la familia extrañada se asomó a la terraza para ver dos coches de la policía en el portal. Pronto subieron los agentes y la forense a examinar al fallecido. Resultó ser el vecino del portal de enfrente. Un hombre de unos cincuenta y tantos, que ya había protagonizado algún que otro escándalo en el portal debido a sus excesos con el alcohol. El típico vecino que sufría depresiones y montaba espectáculos de gritos y destrozos. En fin, un desastre que se veía venir desde lejos.
Según la viuda, un ataque al corazón había acabado con la vida del pobre infeliz, pero los rumores surgieron rápidamente por todo el bloque. ¿Se habría suicidado? ¿se habría caído bebido y partido la crisma?
En fin, una historia truculenta que se quedaría en eso, si no fuera porque dos días más tarde la viuda recibe una llamada. El dueño del bar de la esquina quiere darle el pésame por el fallecimiento de su marido, entrañable parroquiano del local, querido y respetado (la pasta que se dejaría). El hombre, un poco apurado, le comenta que su marido se había apuntado a una rifa de esas de Navidad en que se sortea una cesta, y que, caprichos del destino, le había tocado. Le llamaba para preguntarle que si quería el premio.
La viuda, cuya pena no era incompatible con el jamón serrano, dijo que vale, que se la llevaran. Al poco, la señora monta en cólera y pide que devuelvan la cesta, indignada con la falta de tacto del dueño del bar.
Porque, manda cojones, el hombre se “olvidó” de informar a la mujer que la cesta de Navidad no llevaba salchichón ni queso ni turrón, sino que era una rifa de cachondeo, y toda la cesta estaba llena de consoladores, condones, anillos, muñecas hinchables y demás “guarrerías españolas”…
Esto es España.
|
|

Manda huevos, la verdad. Pero tampoco creo que sea típico de España. La gente suele tener más tacto con estas cosas. El nota del bar es un mamarracho.
JAJAJAJAJAJA!!! Ole ole y ole!!!
La historia me recuerda al monólogo aquel de Gila del Forense y Sherlock Holmes… Sus acordáis??
Pues a la viuda le iban a venir muy bien los artilugios.. A rey muerto, rey puesto, ¿no se dice así? Jeje.
Inserte un Comentario