No hay mejor título para resumir, en primer lugar del tema que quiero tratar hoy, y en segundo lugar, de la opinión que me merece la lamentable astracanada conocida como Las Barbacoas del Carranza, que se celebrarán, si nadie lo impide, en breve en Cádiz, muy a mi pesar.

Lo que empezó como una necesidad allá por los años 60, se convirtió en una gracia a mediados de los 90, y si no, nada más que hay que recordar a Teo la inefable celebrando con júbilo y exagerada teatralidad, el lamentable y dudoso honor de ingresar en el libro Guiness de los Récords, como la celebración que más barbacoas reunió jamás. ¿Sabéis? Se me ocurren unos cuantos más de récords que podría ostentar la Ciudad de Cádiz, los gaditanos de pura cepa y sus dirigentes, pero me voy a callar por el temor a ser excomulgado.

Los defensores a ultranza de dicha barbarie ecológica y social esgrimen excusas de lo más variopintas:
-“Es que se trata de una tradición que no debe perderse”: Es verdad, niñato, al igual que la tradición de tirar una cabra desde un campanario, o la ablación de clítoris en África.
-“Es que es beneficioso para el sector turístico”: Pues qué queréis que os diga, no me creo que en un día, la Chon saque suficiente dinero, vendiendo litronas, Franjosé y hielo, como para vivir el resto del año… y si no lo hace la Chon, ¡no lo hace nadie!
-“Es que esto es obra de unos pocos, no culpemos a todos”: ¡¡Mentira cochina y podrida!! Cuatro tíos no pueden dejar la playa como en las fotos en una sola noche, no, no y no. Esto es culpa de cuatro tíos, y de más. Es culpa de T-O-D-O-S.

Litoral o Estercolero?

Litoral o estercolero?

En vez de organizar un certamen de música y cine que deslumbre al mundo en tan bonita ciudad, tenemos que aguantar, año tras año, y sin visos de su eventual erradicación, un armaggedon chabacano, antiecológico, insolidario, con gente acaparando espacios desde las 12 de la mañana y con un amplio abanico veraneantes cutres y bajunos (tenemos lo que nos merecemos) y pestes a meado durante semanas.

Esto se ha ido de las manos completamente, por parte de todos. Confundir los términos pasar un buen rato con “dejar hecha una auténtica mierda la playa porque sí” es una característica que nos define. Como no existe la campaña de concienciación que nos haga para fomentar el cuidado de las playas por parte de todos, sólo nos queda seguir pasándolo bien hasta que no podamos más que llorar una playa esquilmada y yerma. No pararemos.

La basura se recoge, cierto, y el dispositivo de limpieza hace lo que puede, pero las meadas, carbón usado, colillas, vomitauras y mojones variados quedan rezumando en la arena, día tras día… un peligro del que realmente no estamos concienciados, que nos afecta tanto a nosotros, como a tan bonito litoral gaditano, el mayor tesoro de la ciudad, causando un daño irreparable, y un clarísimo ejemplo de pan para hoy…

Y si este año se vuelve a poner esa valiente señora recogiendo firmas en contra de las barbacoas, firmaré, como el año pasado. Si no, rezaré porque un tsunami arrase esa noche con esta “tradición” de una vez por todas.

Y es que no quiero que las lágrimas vuelvan a mis ojos cuando contemplo cómo se comete semejante brutalidad a una playa que nos lo ha dado absolutamente todo.


  1. El Atlante dijo,  

    Yo estuve una o dos veces en mis años mozos, hoy en día no me atrae en absouto la idea y me parece una gran guarrada, como bien describes. La culpa por supuesto del ayuntamiento, la gente, si se le deja lo hace, como yo mismo lo he hecho. Pero les da yuyu, no se atreven, porque hay ciertas cosas que a los gaditanos no se les puede tocar… lamentable.

  2. La Coñeta Enmascarada dijo,  

    Es cierto. La playa queda fatal. Los dispositivos de limpieza hacen milagros, pero no son suficiente.

    Sin embargo, es curioso como hace unos años ninguno de nosotros lo veíamos así. La barbacoa del Carranza, aparte de la Feria de San Fernando y la Velada de los Ángeles, era el acontecimiento social del verano: el ir a comprar, el nº astronómico de participantes, llevarse la guitarra para cantar, las tajás graciosas, la oportunidad del coñeteo, el baño para los más valientes, volver a encender la barbacoa a las tantas de la madrugada, regresar a casa ya amaneciendo… Todos hemos vivido eso en nuestra playa y ahora me parece injusto negárselo a los que no. Y no me vale decir que eso ya no es como antes, que ahora sólo hay angangos y gente cafre. Porque ese tipo de argumentos me suena a los que nos decían nuestros padres. En nuestra mano está no caer en los mismos errores.

  3. Pettenman dijo,  

    El punto de inflexión estuvo en la memez que se le ocurrió a Teófila con eso del Record Guiness.

    Con eso justificó lo injustificable.

    Y tienes razón, nosotros la vivimos… Pero ese motivo de “me parece injusto negárselo a los que no”, no comparto del todo. ¿Porque nosotros vivimos el botellón ahora debe seguir? Se entra en una espiral que al final no trae nada bueno.

    Hay que cortar, y por lo sano, se joda a quien se joda. Y a los que vienen detrás, que se jodan, igual que nosotros nos hemos jodido con la masificación universitaria, por ejemplo.

  4. La Coñeta Enmascarada dijo,  

    Te recuerdo que el botellón sigue, en zonas habilitadas pero sigue.

    Es complicado en la sociedad actual realizar algo que satisfaga a todo el mundo por eso se tiende a alcanzar un punto medio. En las barbacoas hace tiempo que se abren los servicios públicos durante toda la noche, guardias de seguridad en todas las bajadas evitan que se bajen mobiliario y enseres evitando cafradas de otros años y controlan el tema de las tablillas, se está fomentando el reciclaje con zonas habilitadas para el carbón y el dispositivo de limpieza es mucho más tremendo que años pasados. El acotamiento de zonas de playa también está prohibido de unos años para acá. Y este año se ha limitado, parcialmente, el sitio para realizar barbacoas.

    Soluciones incompletas, que no satisfacen a todos, pero intentan adaptarse a los nuevos tiempos. Algo es algo.

  5. Sr. Peludo dijo,  

    Yo creo que, como dice La Coñeta Enmascarada, hay que encontrar el punto justo para todo. El problema de la barbacoa es la extrema masificación y, desde luego, que hay gente muy guarra a la que le da igual cagarse en la arena o dejar el carbón tirado por ahí. Pero no creo que prohibirla sea la solución. Hay que ir proponiendo medidas para evitar que la playa se quede hecha un basurero, y entre esas medidas no hay que descartar las multas a quienes no cumplan las reglas higiénicas que se propongan. Claro que esto de las multas tampoco es fácil de llevar a cabo. No creo que haya suficientes policías municipales para controlar la marabunta.

  6. zopaias dijo,  

    Yo no soy de la Atlántida, pero aquí en Sin City pasa algo parecido. Se llama La Pandorga y la cosa consiste en ponerse hasta el mismo ojete de vinarro con limón (vulgo, zurra). Antes se hacía en un céntrico parque de la ciudad, e imaginaros la que se armaba, poco menos que lo que contáis aquí que sucede en la playa atlante. Aquí, el olor a vino, las miasmas varias y los restos de la fiesta duraban un mes largo sino más. Por tanto, se decidió, el año pasado o al otro, cambiar de ubicación la historia hacia une especie de solar para que la gente campara a sus anchas.
    Yo estoy con vosotros, el tema no es prohibirlo, porque yo también he sido un chavea y he ido a la Pandorga y, si hubiera sido Atlante, seguro que hubiera ido en mi juventús a las Barbacoas, pero, claro, el problema parte de la cantidad de cabestros incivilizados que se llegan a juntar en una celebración de este tipo. He ahí el problema, que la cantidad de cabestros suele ser sensiblemente superior a la de la gente normal y civilizada.

  7. erwillillo dijo,  

    … y no habéis hablado de los preservativos llenos de leche condensada que tiraba uno que yo me sé desde la azotea de su casa del paseo…

  8. El Atlante dijo,  

    jojoojo qué cabrón! menuda cara pondría el que le cayera cerca y se llevara un salpicón :)

  9. zopaias dijo,  

    jjojojojojojo!! Puede ser eso considerado como Bukake??

  10. La Coñeta Enmascarada dijo,  

    Como si de un misterio digno de estudio por Iker Jiménez se tratara, todos los años una lluvia de proyectiles diversos azotaba las barbacoas del Carranza.

    Curiosamente por el mismo sitio y misteriosamente a la misma hora, decenas de huevos, globos de agua y los mencionados preservativos atacaban a los incautos por allí asentados. Los focos de la playa, la dirección de los lanzamientos(intencionadamente desviados) así como la rapidez y eficacia de los mismos originaban el absoluto desconcierto entre las barbacoistas.

    Posteriormente, los francotiradores se paseaban entre las víctimas con increible sangre fría, contemplando su obra e intercambiando palabras con alguno al que el plan de ligar se le había acabado nada más empezar la noche: “Sí, sí, yo he visto tirar huevos a uno por allí. Qué cabrón…”

    Erwillillo sabe tan bien como yo quiénes eran esos tiradores…

  11. elmonoloco dijo,  

    Realmente asqueroso ver como dejan las playas la gran cantidad de desgraciados que se mueven por la arena. Desgraciadamente no solo es cuestión de botellones, barbacoas, que si es verdad que parece que el marranismo se potencia infinitamente en este tipo de fiestas. Basta con dejar la playa al atardecer después de que hayan pasado las hordas de cerdos en bañador tirando colillas, latas, papeles…
    Saludos

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